Burundi-Bureau
Dossier de análisis nº 36
Bujumbura/Bonn
17.02.00
Un observador atento del ahogamiento de la democracia burundesa debería comprender pronto que lo que pasa en Burundi en torno a la sociedad AFFIMET podría constituir una verdadera novela digna de la mafia siciliana. Las revelaciones caen gota a gota, pero la historia acabará reuniendo todas la piezas del puzzle para que el pueblo burundés sepa lo que realmente ha pasado y quienes eran los actores.
Cuando el periodista italiano Roberto Cavalieri podía aún hacer revelaciones sobre Burundi, había participado en la producción de una libreta que introduce a la comprensión de la élite del juego político de Bujumbura (Bujumbura: città dell'odio, Alfa zeta, Parma 1995; en colaboración con Angelo Turco, Angelo Ferrari, Aluisi Tosolini y Stefano Squarcina). En su artículo sobre "la guerra del oro", revelaba que Burundi es una base de apoyo para traficantes de varios tipos que incluyen marfil y oro. Bujumbura se encontraba así en conexión con Amberes, capital del diamante y de muchas otras cosas. Cuando el gobierno de Buyoya I se abrió a la política de unidad nacional y de apertura democrática, los traficantes mundiales pensaban finalmente encontrar una zona de estabilidad con un puerto y aeropuerto de una eficiencia más que apetecible. Mediante diversas negociaciones oficiosas, el régimen de Bujumbura creó una zona franca para una serie de productos, entre otros el café, frutas, pescado, legumbres y oro. El grupo AFFIMET de "Tony GOETZ e Hijos" de Amberes recibió así la acreditación en este nuevo marco con el certificado nº 001/93. Respecto al oro, Affimet se encontraba así privilegiado en comparación con otras dos sociedades pakistaní y francesa por razones que habrá que aclarar un día.
El tráfico de minerales y piedras preciosas procedente de Uganda, de Rwanda y de Zaire pasaban de esta forma por Bujumbura, y particularmente el oro que representaba, en aquel momento, 97% de las exportaciones mineras locales. Esta producción "local" de oro era estimada en 25 toneladas al año. Con la creación de la zona franca, la multinacional de oro "Gold Field Minerals" estimaba que la producción pasaría a 50 toneladas al año. Bujumbura se convertía así en el epicentro del comercio de oro en la región. Las factorías de Bujumbura podían trabajar con mayor holgura dado que no existía ningún dato oficial sobre las exportaciones de oro desde el suelo burundés. Sin embargo, había por lo menos 9 factorías de oro cuyos domicilios se confundían con las residencias de los propietarios, lo que favorecía infinitamente las dificultades de control y las operaciones de fraude.
Con la adquisición de la licencia de importación-exportación por "Tony Goetz e Hijos", se crea la sociedad Affimet en febrero de 1993 dirigida por Alain Goetz con sus hijos Sylvain y Sven. Su proyecto era monopolizar el tránsito de oro. Las instalaciones de refinaciones de Bujumbura podía producir en aquel tiempo 9.300 Kg al año de lingotes de oro que entonces eran enviados, a través de Bruselas, hacia los bancos suizos mediante un desvío que implicaba a Alemania, Holanda, Francia y Singapur. Del 14 de abril al 8 de mayo de 1993, Affimet ha exportado 503 Kg de oro por un valor de 5 millones de dolares americanos.
El golpe de estado llegó en octubre de 1993 con el asesinato del presidente Melchior Ndadaye y sus próximos colaboradores. El periodista R. Cavalieri entrevistó a Alain Goetz y he aquí sus confidencias: "Alain responde nerviosamente a la cuestión que le hago. Llegamos directamente al nudo de la cuestión: "¿Habría financiado Affimet el golpe de estado de octubre de 1993?" Goetz responde defendiendo a Melchior Ndadaye: "Era un hombre muy amable, de gran talla política, un líder. Ha caído en una red de caimanes". Nadie quería dejar a la suerte del juego democrático las riquezas acumuladas gracias a una red fina de corrupción. Pero Alain reconocía que el país estaba mejor con Buyoya y que nadie esperaba una victoria de FRODEBU en las elecciones democráticas" (p.56).
El dossier "oro" había servido ya de tapadera cuando Adrien Sibomana era aún primer ministro. Ndadaye heredó cuestiones candentes. En un informe realizado por una comisión creada el 30 de julio de 1993, se señala que el tiempo que va desde abril hasta julio de 1993, Affimet exportó 1079 kg de oro por un valor de 12 millones de dolares americanos. También está señalado que Affimet había empezado ya las negociaciones para importar oro desde Mali y del Banco de Zaire.
Para ver esto un poco más claro, el consejo de ministros del gobierno de Ndadaye decidió el día 17 de agosto de 1993 suspender el certificado que habilitaba Affimet para trabajar en zona franca. La cuestión de la zona franca cae entonces en una niebla densa. Poco después, Burundi entra en una gran inestabilidad que culmina en la catástrofe del 21 de octubre de 1993.
El Banco Mundial enviará una misión de evaluación respecto al desarrollo de la zona franca que promovía, misión confiada a la sociedad "Amex International". Esta comisión estaba compuesta por Jean Michel Wong Sin Wai, jefe de misión y experto en zonas francas, Jocelyne Zinsou, experta en derecho de negocios, Damien Mbonicuye, geólogo. Como parecía haber diferencias de puntos de vista en dirección de la corrupción y de mala interpretación de la ley que regula la zona franca, las polémicas entorno a Affimet son confiadas al ministro de energía y minas, Mr. Ernest Kabushemeye, que tiene también en sus atribuciones el seguimiento de las factorías de oro. Es asombroso ver como el mismo ministro Kabushemeye es asesinado en pleno día en Bujumbura el día 11 de marzo de 1995, dos días después de marcharse el equipo de "Amex International". No habrá ninguna investigación. Y para que todo desaparezca, se le otorgarán un entierro de honor junto con los mártires de la democracia sin que las milicias protestaran.
Los viejos barones del régimen de Buyoya, los dignatarios de UPRONA, los oficiales del ejército, los grandes comerciantes y hombres de negocios tenían grandes intereses en el negocio del oro.
Cuando el ministro del comercio quitó la licencia comercial a Affimet el día 29 de mayo de 1995, Affimet puso en jaque al ministro de la justicia, a "Amex International", al embajador de Bélgica en Burundi, al representante del Banco Mundial y al primer ministro. Proponía la distinción de sus actividades en dos: la producción de lingotes de oro bajo el régimen comercial común y el trabajo de joyería que se consideraría bajo el régimen de la zona franca. Si la proposición no estaba aceptada, Affimet amenazaba de recurrir a CIDRI (Centro Internacional para el Reglamento de los Litigios relativos a las Inversiones) que estaba aceptado en las cláusulas de los acuerdos como mediador en caso de conficto. Affimet anunciaba ya una demanda contra el gobierno de Burundi de 5 mil millones de Francos Belgas por daños e intereses. La Embajada de Bélgica en Bujumbura tenía todos los documentos y pensaba poder encontrar una solución reconciliadora.
En realidad, estos intentos de solución fracasaron. Mientras tanto, el mayor Buyoya volvió a tomar el poder y las viejas amistades se reanudaron. El periódico "Le Soir" de Bélgica puede incluso escribir en su edición del 12 de febrero de 2000: "Promesas hechas. Veámos, en diciembre de 1998, el gobierno de Burundi acabó por reanudar muy oficialmente con los Goetz, un acontecimiento recibido en la prensa económica especializada como participando en el renacimiento de un Burundi listo para salir del embargo impuesto en su momento por los Estados africanos después del golpe militar que había permitido a Buyoya regresar al poder". ¿Es para decir que Buyoya consultó todos sus amigos excepto los jefes de los Estados de la región antes de llevar a cabo su golpe de Estado? Su gobierno, entonces, aceptó de pagar lo que era "debido" a Affimet. Se ignora aún las condiciones en las que todo esto ha ocurrido igual que se ignora quien financió el retorno de Buyoya al poder. El periódico "Le Soir" revela esto: "Affimet es ahora, por convención especial y por decreto presidencial, una empresa "convencionada", que goza de exoneración de derechos y aranceles para la importación, de una exoneración total de impuestos immobiliarios y fiscales. En resumen, una réplica perfecta de la zona franca de antaño, hecha a la medida para Affimet" (p.18).
¿Por que entonces los alborotos actuales?
El día 27 de enero de 2000, el gobierno de Burundi ordenó cerrar "por transacciones ilegales en divisas del African Bank of Commerce (ABC), un banco belga con sede en Bujumbura, en manos de la sociedad belga AFFIMET". El día 12 de febrero, el diario belga "Le Soir" revelaba que "la justicia belga lleva bloqueadas las cuentas bancarias del Estado de Burundi en Bélgica desde final de diciembre de 1999 por razón de una deuda no saldada de 132 millones de francos belgas (3,3 millones de euros) hacia el exportador de oro".
Se dice que el dinero debido a Affimet no ha llegado! La razón parece débil para justificar todo lo que está pasando. ¿Por qué los Goetz envían los miembros de su familia en seguridad en Bélgica? ¿Por qué Alain Goetz se empeña, él también, a abandonar Burundi? ¿Por qué los servicios de informaciones que dependen directamente de Buyoya no quieren verlo salir? ¿Por qué un dossier tan importante para el pueblo burundés se estudia a escondidas y por qué el ministro de la justicia va a negociar a Bruselas sin que el país sepa la verdad? ¿Por qué el Parlamento nunca tomó cartas en el asunto para que el pueblo burundés decida soberanamente sobre su futuro?
Se concibe mal el peso de este dossier en las negociaciones que se llevan a cabo ahora en Arusha. Cualquier acuerdo de paz que reajuste las cartas políticas en Burundi tendrá inevitablemente incidencias sobre las redes mafiosas burundesas. Los Goetz tienen razón para inquietarse cuando se sabe que la corrupción y las malversaciones económicas son ya una plaga nacional. Numerosos son los operadores económicos que son cortejados por el círculo del poder de Buyoya para financiar tal proyecto o tal otro, como fue el caso durante la campaña electoral del mayor Buyoya en mayo de 1993. Aquellos también están inquietos. La nomenclatura de UPRONA tiene razón de inquietarse porque los cambios políticos son cargados de consecuencias en diversos ámbitos.
Solo un acuerdo de paz podrá crear condiciones favorables a la apertura de los operadores económicos tanto burundeses como extranjeros, en un Estado respetuoso de la ley. Del mismo modo, haría falta que los operadores económicos se implicaran en la búsqueda de una solución duradera al conflicto de Burundi, en vez de acomodarse a los regímenes dictatoriales y corrompidos. [...] la cuestión de saber porqué el mayor Buyoya ha decidido de romper con sus alianzas con la familia Goetz, mientras firma un acuerdo sobre el Nickel de Musongati con la Sociedad de Andover.
Fuente del documento: www.burundi.org (dossier d'analyse nº36: Burundi-Economie. La filière de l'or et le drame burundais)
Traducción: Prosper Kamwenubusa.