Helmut STRIZEK
Berlín (Alemania)
06.04.99
Cinco años después del genocidio en Rwanda, este artículo intentar hacer un balance. Aborda varias cuestiones y establece lazos de unión entre diferentes acontecimientos sangrientos que se han sucedido en la región. Los problemas de la Región de los Grandes Lagos parecen ligados entre sí; cualquier solución debería plantearse desde un prisma regional, de otro modo el mal corre el riesgo de perdurar durante mucho tiempo.
El presente estudio se propone establecer con algunos años de perspectiva un primer balance del atentado político que ha influído de manera nefasta en el decurso de la historia en Africa Central. Tres oleadas de horribles matanzas, con aproximadamente 2 millones de muertos, tienen como directo punto de partida este hecho. Pero merece la pena recordar que los acontecimientos -los que causaron la toma del poder por parte de Juvénal Habyarimana en 1973- poseen una ligazón directa con el genocidio selectivo contra los hutu evolucionados, hechos que han sido descritos de manera incontestable por René Lemarchand (1), cometidos por el ejército burundés bajo el mando del coronel Michel Micombero, durante el verano de 1972.
No se trata aquí de hacer el panegírico de las víctimas del atentado del 6 de abril de 1994. Juvénal Habyarimana, el blanco central pero no el único para quienes son responsables del mismo, representaba la estructura de un estado en crisis desde el golpe de estado frustado preparado por el coronel Kanyarengwe (2) y el major Lizinde (3), a comienzos del año 1980. Los procesos contra Lizinde y sobre todo contra Donat Murego (4) empañaron por primera vez la imagen del presidente Habyarimana, que se hacía pasar por el sabio "Padre de la nación".
Durante la segunda mitad de los años 80, el régimen de Habyarimana se degradó más por el efecto de una superpoblación alarmante y del descenso de los precios del café. Bajo la presión de Francia, Habyarimana estaba obligado en 1990 a democratizar su régimen. Se dieron los primeros pasos, cuando el FPR lanzó un ataque militar desde Uganda, país dirigido desde 1986 por Yoweri Museveni. Bajo el impulso de las diferentes agresiones del FPR, la democratización, aunque proseguía, no tenía posibilidades reales de éxito. Los demócratas se dividían entre partidarios y contrarios a un compromiso con el FPR. Habyarimana perdía cada vez más sus prerrogativas presidenciales y el control de la situación. Las primeras grandes matanzas de la población Bagogwe en 1992 van a mobilizar a la opinión internacional contra él y su familia. Tras el asesinato de Melchior Ndadaye, el 21 de octubre, por el ejército tutsi del Burundi, el equilibrio regional queda perturbado y el proceso de paz iniciado por los acuerdos de Arusha del 4 de agosto de 1993, queda hipotecado. Curiosamente Habyarimana y su colega burundés son asesinados justo en el momento en que habían decidido poner en práctica las disposiciones de estos acuerdos.
Nadie puede negar que este atentado es el punto de partida de las matanzas sistemáticas que tuvieron lugar en verano de 1994 contra la minoría tutsi en la parte de una Rwanda defendida por un Estado en disolución y dirigida por un gobierno interino en plena huída.
El investigador belga Filip Reyntjens insiste además -hecho a menudo ignorado- que al mismo tiempo se produjeron matanzas graves de poblaciones hutu en las zonas controladas por el ejército del FPR (5).
Es evidente que la desetabilización de toda Africa central tras la victoria del FPR está ligada a los acontencimientos que siguieron al atentado del 6 de abril de 1994. Sin embargo, una investigación seria sobre el fondo de la cuestión no está más que en sus inicios. Los hechos permanecen en la sombra.
Además de la cuestión sobre la responsabilidad del atentado del 6 de abril de 1994, el texto presente aborda:
* Las causas del abandono de los tutsi de Rwanda.
* La interconexión entre los acontecimientos de Burundi y de Rwanda.
* La cuestión de los refugiados ruandeses desaparecidos.
* La guerra del Zaire y la caída de Mobutu.
* Los resultados/éxitos del los nuevos regímenes de Kigali y Bujumbura.
* El papel de la comunidad internacional.
Hace justamente cinco años, el presidente Juvénal Habyarimana y el presidente Cyprien Ntaryamira de Burundi, elegido poco antes por el Parlamento de Burundi, encontraron la muerte en el derribo del Falcon 50, que Francia había entregado al Estado ruandés y que era pilotado siempre por tripulación francesa.
El atentado del 6 de abril de 1994 no sólo privó a dos estados de su dirección y decapitó al ejército ruandés, sino que aniquiló al mismo tiempo toda la oposición contra los acuerdos con el Frente Patriótico Ruandés (FPR). Hasta el presente no hay respuesta definitiva a la pregunta sobre la responsabilidad del atentado. Dado que este hecho fue el detonador de la mayor catástrofe humanitaria después de los crímenes cometidos por los Khemeres Rojos en Camboya, resulta extraño que ni el informe de la "Comisión de investigación parlamentaria concerniente a los acontecimietos en Rwanda" creada por el Senado belga en diciembre de 1997, ni el de la "Misión de información sobre Rwanda" (6) de la Asamblea Nacional francesa (publicado en enero de 1999) no investigaran a fondo sobre la responsabilidad del atentado del 6 de abril de 1994.
Antes al contrario, los dos informes examinan de una manera mucho más detallada la cuestión del contexto psico-social del genocidio. Estos resultados deben servir como prueba de que las matanzas cometidas por los Interahamwes, Impuzamugambi y sus aliados en verano de 1994 habrían sido preparados con mucho tiempo y se habrían desarrollado según un plan minuciosamente elaborado por las fuerzas que sostenían al régimen del general Habyarimana. Se cita frecuentemente el caso del general Nsabimana que pasó a su primo Jean Birara una lista de más de mil personas destinadas a ser asesinadas, para que previniera a Bélgica (7).
Esta lista prueba que el asesinato político se convirtió en moneda corriente en Rwanda, a partir de la agresión del FPR, en octubre de 1990. En efecto, un gran número de personas que figuraban en esta lista fueron asesinadas los días posteriores al atentado. Pero, ¿ésta lista es una prueba de genocidio planificado? Los dos informes están convencidos de ello. Además, hacen pensar que las víctimas del atentado eran los instigadores del genocidio cuyo desencadenamiento tenía, sin embargo, como cuestión previa la muerte de esos mismos instigadores. ¿Es esto verosímil?
Ya un primer análisis de la lista de víctimas debe sembrar dudas respecto de la hipótesis de la responsabilidad de la derecha ruandesa en el atentado, hipótesis avanzada inmediatamente tras el atentado por el FPR y defendida hasta ahora por personalidades de diferentes filiaciones políticas(8).
Aunque se puede comprender el argumento de que los ultra hutu querían impedir que Habyarimana aplicara por fin los acuerdos de Arusha del 4 de agosto de 1993, hay que plantear la cuestión de saber si estos extremistas tenían interés en el aniquilamiento de tres militares que eran notoriamente reticentes respecto de los acuerdos de Arusha (9), concretamente después del asesinato del presidente burundés Melchior Nadadaye el 21 de octubre de 1993. Encontraron la muerte en el avión presidencial los militares siguientes:
* el general Déogratias Nsabimana, Jefe de Estado-Mayor de las Fuerzas Armadas (FAR)
* el coronel Elie Sagatwa, Jefe del gabinete militar del Presidente Habyarimana (hermano de la esposa del Presidente Habyarimana) (10)
* el mayor Thaddée Bagaragaza, responsable de la casa militar del Presidente ruandés (antiguo jefe de la Guardia Presidencial).
Se ha avanzado el argumento de que Habyarimana les llevó a Dar es Salaam porque se creía protegido contra un atentado si se encontraban con él en su avión. Juvenal Renzaho, consejero para asuntos exteriores del presidente ruandés, era el único pasajero a bordo que -según un folleto escrito por un miembro alemán (11) del movimiento del Prayer Breakfast (12)- empujaba a Habyarimana a aceptar la puesta en práctica de los acuerdos de Arusha. Algunos observadores han hecho notar que los servicios del general Nsabimana no eran exigidos y que él mismo no ocultaba su extrañeza por encontrarse en Dar es Salaam.
¿Cuáles habrían sido los motivos de un grupo de conjurados hutu de derecha para querer deshacerse de estos militares?. Gérard Prunier ha expresado la opinión ante la Comisión parlamentaria francesa que Nsabimana y Sagatwa se habían unido a Juvénal Habyarimana contra "La Señora y sus hermanos" (13) y que por esta razón los extremistas hutu, responsables del atentado del 6 de abril de 1994, no habían planteado objeciones a su muerte (14). Esta hipótesis contradice fuertemente la apreciación de otros muchos observadores.
Otra hipótesis considera a los coroneles Serebuga y Rwagafilita como el núcleo duro de la oposición. Desde el asesinato del coronel Mayuya en 1989, se sopechaba que Seguruba estuvo implicado en él, porque consideraba a Mayuya como uno de los posibles "príncipes herederos" de Juvénal Habyarimana. Ello explicaría porqué Habyarimana había deseado -según informaciones facilitadas por James Gasana (15)- la marginación de los coroneles Serubuga, Rwagafilita y Bagosora. Tras el pase a la reserva de los dos primeros, sólo Bagosora pudo conservar un puesto de responsabilidad en el Ministerio de Defensa. La implicación de Serebuga y Rwagafilita al lado de Bagosora (16) en un golpe de Estado es sin embargo casi imposible, dado que los dos jubilados ni siquiera estaban presentes en Kigali la tarde del atentado.
Muchos observadores consideran a la Sra. Kanziga-Habyarimana y su akazu (17) como una especie de espíritu rector de la oposición contra la cooperación estrecha con el FPR. ¿Aun si hubiera favorecido un cambio político, hay que creer que no habría estado al corriente de la preparación de un atentado o hay que creer que verdaderamente ella preparó la muerte de su marido (18) para hacer posible el genocidio planificado por ella y sus amigos? Es la tesis sostenida en los medios próximos al FPR y también igualmente por una serie de investigadores pertenecientes a la "escuela histórica franco-burundesa" (19).
Filip Reyntjens ha tenido el mérito de haber reconstruido minuciosamente los hecho de la noche del 6 de abril y de los tres días siguientes (20). Nada indica que los miembros del famoso akazu hayan desplegado acciones sospechosas. Sindikubabwo y Kambanda, Presidente y Primer Ministro interinos a partir del 9 de abril de 1994 están también fuera de sospecha. ¿Quiénes, pues, pueden ser esos extremistas que habrían preparado un atentado tan refinado y no aparecer (y no aparecieron) en escena después de su éxito? Nadie ha podido identificarlos hasta el momento.
Si, por el contrario, no se excluye la hipótesis de las responsabilidad del FPR, se puede concluir que el atentado servía objetivamente a sus intereses:
* Sólo el FPR podía estar seguro de que nadie quería tomar el poder inmediatamente después del atentado. Por el contrario, si el Akazu fuera el responsable, hubiera habido enseguida una declaración en la radio!) (21)
* "El FPR poseé misiles tierra-aire y sabe manejarlos" (Informe francés).
* Dado que Francia "ya no estaba presente militarmente sobre el terreno" (Informe francés), el FPR podía estar seguro de que el ataque posterior al atentado no podía ser contrariado militarmente por los franceses, como había sucedido en febrero de 1993.
* Sólo una situación caótica en Rwanda permitiría al ejército del FPR avanzar militarmente sin correr además el riesgo de chocar con una opinión pública internacional desfavorable; otra razón por la que el FPR tuvo que interrumpir su avance sobre Kigali en febrero de 1993.
* Sólo el FPR podía tener interés en eliminar al mismo tiempo que al Jefe de Estado ruandés al presidente burundés (22).
* Sabiendo que las milicias hutu reaccionarían de manera asesina contra los tutsi del interior, el FPR podía estar seguro de que la opinión pública internacional se inclinaría a su (del FPR) favor.
* Por este hecho el FPR podía estar seguro de que la muerte de tres pilotos franceses no podía ser vengada inmediatamente (dado que la derecha hutu no podía poner en peligro el apoyo de Francia, no se habría atrevdo a matar tres pilotos franceses). Por otra parte, el FPR conocía la reticencia de una gran parte de la clase política francesa, la del Primer Ministro en concreto (23), con relación a un nuevo compromiso militar en Africa.
* Nadie puede negar que las elecciones previstas en los acuerdos de Arusha representaban un riesgo de envergadura para el FPR. La eliminación de los presidentes ruandés y burundés y de la dirección militar de Rwanda crearía inevitablemente un desorden político que excluiría cualquier idea de elecciones generales en un futuro previsible.
* Sólo el FPR podía estar seguro de que los EE.UU. no pedirían inmediatamente después del atentado una investigación de las circunstancias del atentado (24).
Merece la pena subrayar que cuanto precede no tiene la cualidad de prueba jurídica. Uno esta obligado a trabajar sobre una base hipotética. Pero una cosa está clara: ni Paul Kagame ni la parte americana han hecho hasta el presente esfuerzos por investigar seriamente los hechos -antes al contrario, han impedido tales investigaciones. ¿Se puede hacer reproches a quienes consideran este silencio como prueba de complicidad? (25). La recomendación nº 52 de la Comisión belga de finales de 1997 tiene interés actual: "Las Naciones Unidas deben tomar la iniciativa de llevar a cabo una investigación internacional sobre el asesinato de los presidentes del Burundi y de Rwanda en abril de 1994" (26).
Los horribles hechos del verano de 1994 -al menos los que se desarrollaron en el territorio bajo influencia del gobierno interino- son conocidos y suficientemente bien documentados. Los diferentes grupos de defensa de los derechos del hombre habían informado igualmente a la opinión pública internacional sobre las extorsiones cometidas contra los tutsi del interior antes de 1994. Todos los documentos disponibles permiten además afirmar que todo el mundo era cosnciente del peligro de que se produjeran matanzas de tutsis en caso de deriva política.
El telegrama del general Dallaire, jefe de los cascos azules de la ONU, del 11 de enero de 1994, indica claramente que la ONU estaba igualmente informada del peligro. Nadie puede pretender haber sido sorprendido por las matanzas que siguieron a la explosión del avión presidencial. Y todo el mundo sabía, desde la misma mañana del 7 de abril de 1994, lo que sucedía en Kigali y en el territorio bajo responsabilidad del gobierno interino. El genocidio se desarrolló bajo la mirada del público internacional. Desde el punto de vista legal, el estado interino era el responsable del orden público. Como no podía garantizarlo, Sindikubabwo y Kambanda deberían haber dimitido. No lo hicieron.
Por eso, el antiguo Primer ministro Jean Kambanda ha sido honesto al declararse culpable ante el Tribunal Penal Internacional para Rwanda en Arusha. Cuando dispongamos de sus memorias, se sabrá mejor cómo justifica el comportamiento del gobierno interino. ¿Habría podido controlar la situación, este gobierno? ¿Quién tuvo realmente en mano el poder? Una cosa es segura: la comunidad internacional no intervino para atajar las matanzas. Los EE.UU. ni siquiera quisieron perturbar las emisiones de la Radio RTLM, como lo pidió el senador Edward Kenedy. El presidente americano ha reconocido cierta co-responsabilidad, al decir con ocasión de su paso por Kigali en marzo de 1998: "No actuamos lo bastante deprisa tras el inicio de las matanzas" (27), ¿por qué no se reaccionó? ¿por qué se dejó a las bandas desbocadas de jóvenes desenraizados realizar su "trabajo" asesino?.
Y sobre todo ¿por qué el FPR no pidió una intervención en favor de los tutsis amenazados después del inicio de las matanzas y por qué, muy al contrario, amenazó con considerar a los cascos azules belgas -hasta entonces odiados en concreto por las Fuerzas Armadas Ruandesas (FAR)- como enemigos si no se retiraban inmediatamente tras la evacuación de los blancos? (28).
Los informes del Senado belga y de la Asamblea Nacional francesa -mencionados arriba- están consagrados concretamente a las causas del genocidio y de la eventual implicación de los dos gobiernos respectivos. Representan un trabajo considerable y están en adelante a disposición de los investigadores. Los dos informes buscan aclarar por qué las fuerza militares enviadas a Rwanda para velar por la aplicación de los acuerdos de Arusha no lograron cumplir con su tarea de mantenimiento de la paz. Describen por qué su mandato era insuficiente y por qué los soldados fueron retirados ante el peligro, en vez de ser reforzados, como lo habia pedido el general Dellaire. Pero, ¿dan respuestas convincentes?
El mensaje del Informe belga es claro: no debería haberse retirado el contingente belga unilateralmente, tras el asesinato, el 7 de abril de 1994, de los diez cascos azules belgas.
El Informe constituye una especie de confesión de culpabilidad colectiva por haber dejado a los tutsi sin protección. En concreto, la retirada de los cascos azules belgas de la Escuela Técnica Oficial (ETO, el 11 de abril de 1994, que dejó sin refugio a los tutsis que allí se habían refugiado bajo su protección, es criticada severamente.
El Informe francés retoma igualmente la información de interés dada en el informe belga, segun la cual la CIA, al analizar la primera serie de acuerdos de Arusha, concluía que fracasarían y estimaba que iban a estallar violencias que provocarían el asesinato de medio millón de personas. El Informe belga fecha, sin embargo, este análisis, en 1994. Herman Cohen, sub-secretario de Estado para Asuntos africanos del gobierno americano entre abril de 1989 y abril de 1993, lo sitúa a finales de 1992 (29).
Influído por el anticlericalismo del senador Alain Destexhe, el "padre" liberal de la Comisión de investigación, el Informe belga concede una gran prioridad al examen de la cuestión de una eventual responsabilidad de la Internacional demócrata-cristiana en la preparación del genocidio, al haber sostenido mucho tiempo al Presidente Habyarimana (30).
El acento, excesivamente puesto sobre la cuestión de saber si se estaba al corriente de un clima anti-belga se comprende ante todo por la muerte de los cascos azules belgas. Sin acusarlo directamente, el Informe atribuye al Presidente Mitterrand una gran responsabilidad en la catástrofe ruandesa. Por eso la comisión belga recomienda: "Aunque ello no sea de su competencia, la comisión piensa que debería examinarse de cerca el papel jugado por Francia antes, durante y después de los acontecimientos" (31). Justamente es este clima anti-Mitterrand -muy extendido igualmente en la izquierda francesa y europea- lo que está en la base de la misión de información de la Asamblea Nacional francesa.
El Informe de la Asamblea Nacional francesa analiza claramente cómo el gobierno francés "no apreció -lo más tarde a partir de 1992- en su justo valor la deriva política del régimen ruandés y se encontró arrastrado, en nombre de la preservación de las condiciones de negociación diplomática, en la lógica del apoyo a las FAR" (32). Después del genocidio, mantiene demasiado tiempo la ficción de la posibilidad de un arreglo negociado y reconoce al efecto todavía el 20 de junio de 1994 al gobierno interino como representante legítimo del Estado ruandés "sea no tomando en cuenta la realidad del genocidio, sea no analizando las responsabilidades del gobierno interino en este terreno".
El Informe defiende la posición de Francia en el seno del Consejo de Seguridad al optar claramente por el mantenimiento de la MINUAR y de una ampliación de su mandato. La Misión de información da también un juicio positivo en lo concerniente a la Operación Turquesa. La carta dirigida por Edouard Balladur al Presidente de la República expresa su temor a ver a Francia más aislada y explica claramente su posición en el sentido de que no quería comprometer a Francia en una acción tendente a impedir la victoria del FPR (33). La comisión rechaza cualquier reproche en cuanto que Francia habría podido favorecer la creación de las milicias.
Por otra parte, se nota fuertemente que los parlamentarios franceses no querían perturbar las relaciones establecidas con el FPR y que trataban de no crear nuevas disensiones con los EE.UU. Los análisis sobre el FPR no son, es lo menos que se puede decir, muy profundos. El informe ni siquiera busca responder a la cuestión si los EE.UU. y Gran Bretaña sostuvieron -directa o indirectamente- los esfuerzos militares del FPR (34). La decisión del Consejo de seguridad del 21 de abril de 1994 es denunciada por el informe como un aliento a las milicias interahamwe para que prosiguieran con "su trabajo". Se cita al Presidente tanzano Mwinyi que la calificó como "una de las más desastrosas decisiones jamás tomadas por el Consejo de Seguridad".
Las carencias de la ONU son claramente puestas de relieve por los documentos disponibles. La cuestión de por qué los miembros del Consejo dejaron sin protección a las personas amenzadas de genocidio no ha encontrado todavía respuesta definitiva. Los historiadores tienen un trabajo importante que realizar. ¿La elaboración por la nueva administración Clinton del famoso Presidential Decision Directive nº 25, evocado por Herman Cohen, el "Señor Africa" de la administración Bush, era una explicación pertinente de la inactividad americana? ¿Por qué los europeos se unieron gustosos a esta posición? (La Operación Turquesa no contradice esta constatación, visto su limitado mandato).
Los informes parlamentarios no aportan sin embargo ningún elemento para apreciar las acciones del FPR concernientes al genocidio. ¿Paul Kagame hizo esfuerzos por salvar a los tutsi? El argumento avanzado a menudo en su favor según el cual sólo la victoria militar del FPR pudo terminar con el genocidio sostiene la idea de la inevitabilidad de éste. ¿Pero no es el rechazo a dialogar con las autoridades interinas y la amenaza contra los cascos azules evocada más arriba lo que hizo que el genocidio fuera inevitable, dado que los asesinos tenían las manos libres hasta la victoria del FPR?. Kagame tuvo que ser consciente de este hecho. Sin embargo, no dudó. Prosiguió con su estrategia militar. Una estrategia, que servía a los intereses de los tutsis emigrados, ha condenado a muerte -es duro decirlo- a los tutsi del interior. El análisis de la CIA, de 1992, prueba que al menos una parte de la administración americana conocía el peligro. ¿El riesgo que corrió el FPR estaba justificado? Paul Kagame hizo creer a sus aliados anglófonos que la victoria de sus tropas sería alcanzada rápidamente y que en consecuencia los riesgos de su estrategia eran limitados. Se equivocó. Aun conociendo la debilidad de las FAR desde el ataque de 1993 y sabedor de que estaban sin dirección tras el atentado del 6 de abril de 1994, sin embargo, subestimó la resistencia de las FAR. Pero, como muy tarde a finales de mayo, ya no había duda posible: las matanzas tenían el carácter de un genocidio. La Comunidad internacional estaba obligada a intervenir, de acuerdo con la Convención de las Naciones Unidas de 1948 contra el genocidio.
Desde el punto de vista de quienes consideran a los hutu como una raza estructuralmente genocida, el sacrificio de una parte de los tutsi en provecho de la salvación de la comunidad en general puede paracer justificada. Pero la pregunta sigue siendo si esta apreciación era justa y sobre todo si no había otras soluciones para garantizar la supervivencia de la comunidad tutsi. ¿O los EE.UU. no habrían estado prestos en acudir en socorro del FPR, si Paul Kagame les hubiera transmitido un vibrante llamamiento?. No existe documento alguno que pruebe que lo haya hecho.
El FPR rechazó repetidas veces el ofrecimiento de cooperación con el general Dallaire, jefe de los cascos azules de la MINUAR. Sin embargo éste estaba probablemente bajo la influencia de la esposa canadiense del ministro de trabajo Landoald Ndasingwa, más bien pro-FPR al principio. Pero se convirtió en adversario cuando se vio obligado a constatar que el FPR no quería cooperar en el salvamento de los tutsis del interior de Rwanda. Es inevitable una triste constatación: Paul Kagame era probablemente el único hombre que habría sido capaz de salvar al menos a una parte de la comunidad tutsi del interior de Rwanda. Ni siquiera emprendió los pasos necesarios. Para él la prioridad absoluta era la victoria militar.
Los dos informes parlamentarios no estudian -como casi todas las investigaciones sobre el genocidio ruandés- el caso del presidente burundés. Todo el mundo parece estar de acuerdo con que Cyprien Ntaryamira fue la víctima del azar. Sin embargo la muerte de su predecesor, Melchior Ndadaye, asesinado el 21 de octubre de 1993, y la suya tenían un siginificado importante en la guerra civil ruandesa. Se puede incluso pensar que la fecha del desencadenamiento de la agresión del FPR en el mes de octubre de 1990 estaba ligada al proceso de democratización del Burundi. Una vez establecida la democracia en Burundi el riesgo corrido por un ataque a Rwanda habría sido incalculable.
Se puede afirmar que el asesinato de Ndadaye y las turbulencias en el interior del Burundi que le siguieron fueron el golpe de gracia a los Acuerdos de Arusha del 4 de agosto de 1993. Puesto que este asesinato no puede atribuirse a los hutu, hay que preguntarse si no eran los ultras tutsi quienes querían que los acuerdos fracasaran. Habyarimana se aprestaba a firmar justo después de la llegada a la Presidencia del Burundi de un hutu moderado, elegido democráticamente por la gran mayoría de los burundeses, el 1 de junio de 1993.
La oposición a estos acuerdos en Rwanda se reforzó tras el asesinato de Melchior Ndadaye por militares del ejército monoétnico burundés, porque esta muerte sembró dudas sobre las intenciones del FPR. ¿Podía confiarse en su voluntad de compartir el poder? El asesinato de Melchior Ndadaye hizo dudar a Habyarimana sobre la aplicación de los acuerdos de Arusha. Como los acuerdos le quitaban una parte considerable de sus prerrogativas anteriores, Habyarimana quería correr el riesgo de compartir plenamente el poder con el FPR solamente con la condición de que en Burundi hubiera una cierta estabilidad democrática. Esta condición parecía cumplirse con la elección por el Parlamento de Bujumbura de Cyprien Ntaryamira, el 5 de febrero de 1994. Dado que Ndadaye había estado presente con ocasión de la firma de los acuerdos de Arusha, la presencia de Cyprien Ntaryamira era exigida en la conversaciones que debían mantenerse en Dar-es-Salaam el 5 de abril de 1994, para su puesta en aplicación. Quienes querían hacer desaparecer a Habyarimana tenían evidentemente interés en desembararzarse igualmente de su aliado Ntaryamira, para impedir que el Burundi pudiera convertirse en el santuario de los "vengadores" eventuales de Habyarimana.
Si se toman en serio las informaciones -y no hay muchos argumentos para no tomarlas en serio- según las cuales el presidente Mobutu anuló su participación en la conferencia de Dar es Salaam porque recibió un "soplo" (35)para que rechazara la invitación hecha por Habyariamana para realizar el trayecto Kigali-Dar Es-Salaam-Kigali en el avión presidencial ruandés, puede concluirse que el atentado estaba preparado por "profesionales de alta cualificación". Si hubieran querido habrían podido prevenir a Cyprien Ntaryamira. La elección de Sylvestre Ntibantungaya como Presidente de la República del Burundi, el 30 de septiembre de 1994, no podía estabilizar la región, dado que el ejército burundés, de común acuerdo con los nuevos dueños de Kigali, no quería cooperar con un presidente hutu. Su derrocamiento el 25 de julio de 1996 por el ejército y el regreso a la cabeza de Pierre Buyoya no tenía, en consecuencia, nada de extraño. Puede considerarse el nuevo golpe de estado en Burundi como un paso previo a la "solución final" del problema de los refugiados ruandeses en el Zaire.
Uno de los mayores problemas del gobierno puesto en pié tras la victoria del FPR, el 16 de julo de 1994, era el destino de los refugiados ruandeses que vivían en el exterior. Recuérdese que una gran parte de la población hutu se dirijió por un lado hacia Tanzania y por otro, con el ejército en retirada y el gobierno interino, hacia el Zaire. Honoré N'Gbanda, el último consejero de Mobutu para asuntos de seguridad, acaba de describir este hecho de manera clara: "Prácticamente fue una invasión del Zaire por un ejército que huía. Más de tres cuartas partes del equipamiento militar de las FAR fueron llevadas con las tropas en su huída (...) Buen número de militares de las FAR se replegaron con armas individuales en los bosques y montañas, que por otro lado conocían bien, para esconder allí las armas (...) A pesar de todo, una enorme cantidad de armas individuales, municiones, armas pesadas e ingenios de combate muy modernos fue recuperada, por las buenas o por las malas, por los elementos de las FAZ enviadas como refuerzos a la región para hacer frente a esta situación de inseguridad." (36)
Es del todo comprensible que el gobierno de Kigali, dominado por el FPR, estuviera inquieto por la presencia de militares y refugiados -incluídas las milicias responsables de las matanzas del verano de 1994- en enormes campos próximos de la frontera. Tenía interés por controlar esta situación. Kigali sospechaba que Mobutu colaboraba con el gobierno en el exilio y con los ex-Far. N'Gbanda tenía probablemente razón cuando afirmaba que los militares ruandeses pudieron esconder parte de sus armas, pero hay que insistir también en el hecho de que Mobutu tenía igualmente interés en hacerse con su armamento.
Por este hecho, el antiguo ejército ruandés fue desarmado (37). Kigali tenía un interés capital en afirmar lo contrario. Si Paul Kagame, vicepresidente y ministro de defensa, hubiera podido convencer a sus aliados sobre el peligro real de una reconquista, habría podido encontrar un apoyo para la solución radical del problema. Se ha podido observar que no propugnaba un retorno masivo de los refugiados. Hizo mucho para disuadirlos. La disolución por la fuerza el 24 de abril de 1995 del campo de refugiados de Kibeho (en la ex-zona de protección de la Operación Turquesa) es, con más de dos mil muertos, el caso más espectacular (38).
En 1996, la situación es considerada por Kigali como insostenible. La muerte previsible de Mobutu (tras una operación de cáncer) hace sonar la voz de alarma. ¿Qué pasaría si Etienne Tshisekedi se convertía en Presidente, elegido democráticamente, del Zaire? Kigali, Bujumbura, Kampala, la Etiopía de Zenavi, todos esos regímenes militares sentían horror ante un eventual contagio democrático. Además, Kigali temía que Tshisekedi aplicara realmente la línea preconizada por el primer ministro zaireño, Kengo wa Dongo.
Este solicitó del gobierno americano su apoyo a un traslado de los refugiados de Rwanda a campos protegidos por soldados internacionales. Kigali saboteó siempre semejante solución, sin rechazarla oficialmente (39). Kagame pudo finalmente convencer a Washington -probablemente durante su visita en verano de 1996- de que los campos de refugiados en el interior de Rwanda constituirían un gran peligro y que sería conveniente dar con una solución radical. La solución preconizada por Kengo wa Dongo fue descartada. La cotización de Kengo bajaba visiblemente en Washington. La carta de Kabila entró en juego. Una propaganda internacional contra los refugiados fue lanzada para preparar el terreno de la eliminación por la fuerza de los campos.
No obstante, el presidente Clinton estuvo durante cierto tiempo de acuerdo con la solución Kengo y envió incluso al general Smith con un contingente de militares americanos a Goma. Cuando los refugiados, que estaban ya en camino hacia el interior del Zaire, se enteraron de esta noticia, una parte de ellos pudo dar media vuelta para regresar al país.
En una acción espectacular, concertada por Roger Winter (40), quien estaba desde hacía años en contacto con los emigrados tutsi, en Uganda, en su función de jefe del US-Committee for Refugees, Kabila y Kagame pudieron convencer a sus aliados de Washington que retiraran las tropas americanas. La "caza de los refugiados" que todavía se encontraban en el Zaire y la guerra para derrocar a Mobutu podían comenzar. El destino de los refugiados estaba sellado.
La declaración del embajador americano en Kigali del 21 de enero de 1998 significa una clara indicación de ello: "Las agencias humanitarias deben marcharse y cesar de alimentar a los asesinos. Estos se volatilizaran entonces en la naturaleza a la búsqueda de lo que comer dejando tras de sí a los rehenes. Si no actuamos así, estaremos intercambiando niños de Tingi-Tingi con niños que serán matados o se convertirán en huérfanos en el interior de Rwanda" (41). En lo que respecta a los refugiados en Tanzania, Rwanda se encontraba ante un hecho consumado cuando el gobierno tanzano decidió enviarlos por la fuerza a Rwanda a partir del 16 de diciembre de 1996.
Tras la eliminación de los campos de refugiados en el Kivu, los dirigentes de la Alianza de Fuerzas Democráticas para la Liberación del Congo-Zaire (AFDL) se dieron cuenta de la debilidad del ejército del mariscal Mobutu. Museveni, Kagame, Kabila y sus aliados anglófonos debían concertarse sobre el objetivo de su operación. Al principio, Museveni y Kagame consideraron suficiente "liberar" a los dos Kivus y contemplarlos como zonas de seguridad. Pero la retirada de las Fuerzas Armadas Zaireñas (FAZ) invitaba a seguir más lejos y a permitir a Kabila la realización de su sueño eterno, derrocar a Mobutu (42) y ocupar su lugar. Como Honoré N'Gbanda, el último consejero de Mobutu para asuntos de seguridad lo ha revelado, la debilidad de su ejército era consecuencia en parte del hecho que sus generales habían desviado las armas que el ejército ruandés había tenido que darles en 1994. Ello explica igualmente por qué los ex-FAR no pudieron resistir más a las fuerzas de la AFDL.
Durante mucho tiempo, Kagame y Museveni negaron su participación en esta guerra, pero el 9 de julio de 1997, Kagame lo reconoció en una entrevista al Washington Post. También es algo incontestable que la mayor parte de los refugiados ruandeses (43) que pudieron huir hacia los alrededores de Kindu y Kisangani perecieron. La versión que Kabila dió en agosto de 1998, tras su ruptura con sus antiguos aliados parece juiciosa. Dijo que los responsables de las matanzas sólo eran los soldados ruandeses, dado que él no disponía de suficientes tropas. Sigue resultando poco comprensible por qué los EE.UU. y Gran Bretaña eligieron a Kabila como aliado. ¿Por qué no hicieron el mínimo esfuerzo para encontrar una solución democrática tras la previsible muerte de Mobutu? Honoré N'Gbanda nos transmite una escena casi conmovedora. Cuando Bill Richardson transmitió a Mobutu el ultimatun del presidente Clinton para lograr la dimisión del Mariscal, éste habría respondido: "Es extraño cómo su mensaje coincide con el de Kabila. ¿Qué hace usted con la democracia que ha sostenido en este país? ¿Legaliza usted ahora la toma del poder por la fuerza?" (44).
Le legalizaron y han debido darse cuenta que Kabila no quería jugar el juego de sus aliados ruandés y ugandés. Despachó a los soldados ruandeses y a sus consejeros. Estos contestaron -instigados por el ex-ministro de Asuntos Extranjeros Bizima Karaha- con la organización de una revuelta que estalló el 2 de agosto de 1998.
Desde entonces, la inestabilidad reina en toda la región. Colette Braeckman, cuyos juicios no siempre son acertados, puede tener, en esta ocasión, razón, cuando escribe el 10 de marzo de 1999 en el diario Le Soir: "El conflicto en la República Democrática del Congo (RDC), que debería haber sido una guerra relámpago, entra en su séptimo mes y no se atisba salida alguna todavía, a pesar de las múltiples mediaciones. Ninguno de los dos campos en presencia parece presto a bajar los brazos, a pesar de las presiones políticas y económicas que se ejercen sobre todos los protagonistas."
Se ha dicho y escrito mucho sobre el carácter del nuevo Estado ruandés a partir de julio de 1994. El genocidio se ha convertido en la razón de ser del nuevo régimen.
En una dialéctica histórica, las milicias han engendrado una justificación para el nuevo régimen militar. Existen controversias sobre la significación de la composición étnica del nuevo régimen. Si se analiza el gobierno, cabe constatar que la mitad de las carteras se atribuye a hutus. Si por el contrario uno se refiere a la composición del centro del poder, en consecuencia, al ejército, el caso es claro: la mayoría de los puestos de mando están reservados a los ex-emigrantes retornados de Uganda. Paul Kagame es "el hombre fuerte", al ocupar los puestos de Vicepresidente del Estado y de Ministro de la Defensa y de Presidente del FPR. EE.UU. y Gran Bretaña, en concreto, le son fieles. Los ingleses le procuran incluso ayuda presupuestaria, lo que le permite procurarse armas, que necesita, sobre todo, para la guerra en la República Democrática del Congo (RDC).
Desde el establecimiento del nuevo Estado, una buena parte de sus aliados hutu han muerto (Lizinde, Nkubito, Sendashonga (45) o se encuentran en el exilio (Twagiramungu, Nzanzuwera, J.M.Ndagijimana) o han perdido sus puestos (Kanyarengwe, Birara). Unicamente Pasteur Bizimungu sigue ocupando el puesto de Presidente de la República, sin que por ello tenga capacidad de influir en la política. Incluso el historiador Gérard Prunier, que al principio defendía la toma del poder por el general Paul Kagame, expresó, según las actas de la Comisión de información, su decepción: "Ha tenido interés en señalar que los americanos se encontraban respecto del gobierno ruandés exactamente en la misma relación, y presos del mismo tipo de manipulación, y ello con la misma ingenuidad" que Francia respecto de Habyarimana. El poder en Kigali se ha convertido efectivamente en "un bunker étnico tutsi" (Prunier).
Las nuevas autoridades sólo controlan parte del territorio y siguen manteniendo en las cárceles mas de cien mil hutu, considerados genocidas, sospechosos de haber cometido matanzas de la población civil.
El 25 de julio de 1996, el major Pierre Buyoya tomó de nuevo el poder después de dar un golpe de Estado militar. La democratización de Burundi fracasó definitivamente. El régimen tuvo que alinearse con sus vecinos militares ruandeses y ugandeses. Era una medida de precaución en la planificación de la invasión del Zaire, en otoño de 1996. El embargo contra Burundi nunca ha sido respetado eficazmente. Es un enigma histórico por qué Francia fue el primer Estado que ofreció abiertamente su apoyo a Buyoya. El embajador americano Krueger, por el contrario, representó durante cierto tiempo una especie de resistencia contra los nuevos dueños. Pero ello cambió con su traslado y la salida del State Department de Warren Christopher. Este había denunciado otra vez el putsch en un discurso pronunciado el 10 de octubre en Addis Abeba: "Las advertencias que hacemos hoy en el terreno de la democracia son susceptibles mañana de tener que actuar en situaciones de emergencia. Este verano los dirigentes de los paises de la región de los Grandes Lagos han reaccionado del mismo modo frente al golpe de Estado en Burundi: han impuesto sanciones contra este país y han reclamado la formación de un gobierno democrático, así como el mantenimiento de negociaciones entre todas las partes. Animo a la OUA a inspirarse en este precedente para tomar firme y públicamente postura en favor del gobierno legítimo."
¿Se trataba de cinismo por parte de un gobierno que sostiene el régimen militar en Rwanda?. No es seguro. Otra hipótesis puede ser válida. Warren Christopher, que ya no quería pertenecer al próximo gobierno, sabía que la "solución Kabila" para suceder a Mobutu estaba discutiendose en medios secretos y su discurso en Addis Abeba representa probablemente un último intento de prevenirla. Buyoya sigue en el poder y tras la marcha de Warren Christopher ya no tiene adversario de su envergadura en Washington.
Africa sigue sufriendo de las secuelas de la era colonial. Las independencias de los años 60 y 70 no han desembocado todavía en una soberanía completa. Desgraciadamente Africa sigue siendo el campo de batalla de las grandes y medianas potencias. Es un hecho. Pero los africanos tienen igualmente una gran responsabilidad sobre su destino y no pueden atribuir sus grandes males contemporáneos únicamente a las potencias extranjeras.
Francia está especialmente implicada en los asuntos de la zona francófona de Africa. Pero el mundo aglosajón juega igualmente un gran papel. La crisis de los Grandes Lagos es un ejemplo instructivo de ello. Puede seguirse el análisis de Herman Cohen que fue durante algunos años "el africano" de Georges Bush. Ha confirmado que los EE.UU. no poseían una estrategia para Africa y en 1990 todavía estaban contentos con la llegada de soldados franceses a Rwanda (47). Al principio no sostuvieron a Museveni en ayuda del FPR a conquistar el país de sus antepasados. De las actas de su audiencia, se retiene: "El señor Herman Cohen ha confirmado que los EEUU eran muy favorables a Uganda y al presidente Museveni por varias razones. (...) Es verdad que los EEUU temían una desestabilización proveniente del Sudán, pero siempre rechazaron, al menos cuando Herman Cohen estaba en estos asuntos, vender armas a Uganda, a pesar de que Museveni decía temer una invasión de fuerzas sudanesas (...) El señor Herman Cohen ha relatado que el presidente Museveni pensaba, con razón, que los EEUU serían reticentes en criticar públicamente a Uganda respecto de la invasión de Rwanda por parte del FPR. Fue sin duda un error de Washington que no pidiera que la invasión terminara y que los invasores se retiraran a Uganda. Los EEUU pensaron sobre todo en utilizar esta invasión como un medio para impulsar las negociaciones entre ruandeses hacia una transición democrática."
Las cosas, sin embargo, cambiaron tras la marcha del francófilo Herman Cohen y la llegada de George Moose en 1993. Luego ya no hubo concertación entre Francia y los EEUU. En Washington dos grupos se peleaban a propósito de la mejor estrategia. Por una parte se ponían bridas a la administración creando la Presidential Decision Directive nº 25 en 1994, y por otra un grupo, que se interesaba ante todo por la contención del Islam sudanés, se veía obligado a actuar en secreto para dar la vuelta a esta directiva.
El apoyo a Museveni, para aplicar su estrategia regional dirigida contra Khartoum, en la que la victoria del FPR era un elemento clave, no podía discutirse en público. Ni siquiera se podía deliberar sobre ello con Francia, dado que ésta era considerada excesivamente blanda con Khartoum. A partir de 1993, se puede observar que el lenguaje democrático pierde su hegemonía en favor del término eficacia en la lucha contra el terrorismo islámico.
Los nuevos "mosqueteros" dominan desde entonces el escenario. El punto culminante lo constitu'a el impulso pœblico dado por Madeleine Albright, en Kampala el 10 de diciembre de 1997, a John Garang para derrocar al régimen de Khartoum. En ese momento la alianza se completaba. Desde Eritrea hasta Kinshasa, regímenes militares basados en minorías étnicas estaban en el poder y un ataque contra Sudán era susceptible de triunfar. Pero el punto culminante se convirtió en el punto de partida para la caída. El mundo árabe en su totalidad sintió el desafío. Frente a la amenaza de ver Khartoum bajo la influencia de Africa negra, se crearon nuevas alianzas. La guerra en la RDC es la clara demostración. Un día u otro los EEUU se verán obligados a aliarse con las fuerzas democráticas para lograr una estabilización duradera y auténtica; lo cual debería constituir su principal interés.
Volvamos al "testamento" de Warren Christopher del 10 de octubre de 1996: "Varios gobiernos siguen sordos ante las aspiraciones de su pueblo, pero nadan contra la ola democrática que barre su continente. La mejor estrategia de prevención de los conflictos reside en la democracia."
Una vez establecidos unos gobiernos aceptados, Rwanda, Burundi y el Este del Congo, podrían afrontar el gran desafío que constituye la erosión de los suelos y garantizar la seguridad alimentaria de sus poblaciones mediante el cultivo en terrazas de sus colinas. Esta transformación profunda de la base de la producción agrícola podría ser llevada a cabo por medio de un esfuerzo colectivo, apoyado por la Comunidad internacional en favor de la joven generación, abocada de otro modo al paro.
El atentado del 6 de abril es el punto de partida de la mayor catástrofe africana después de la trata de esclavos y del selectivo genocidio contra la élite hutu en Burundi de 1972. La muerte de los pasajeros del avión presidencial ruandés desencadenó una avalancha de atrocidades que sobrepasan a la imaginación humana. La Comunidad internacional tenía los medios para parar la violencia desatada. Con su decisión del 21 de abril de 1994, el Consejo de Seguridad rechazó ponerlos en práctica y abandonó a la población tutsi en manos de sus secuestradores.
La Comunidad internacional defiende su inactividad recurriendo a un determinismo histórico que pretende que la catástrofe era inevitable pues estaba planificada por una parte de las víctimas del atentado (48). Los gritos de alarma y las propuestas del general Dallaire prueban que la inevitabilidad no era tal. Se lanzó la teoría de lo inevitable para apaciguar las conciencias ante el rechazo de asistencia a persona en peligro.
Los resultados de los dos informes parlamentarios y de la investigación científica -sin embargo sólo incipientes- permiten constatar que el peligro era conocido y que los autores conocían el riesgo de un genocidio. Visto desde esta perspectiva, el atentado constituye un crimen contra la humanidad. Habyarimana se encontraba en el camino hacia la democracia, dubitativo efectivamente, pero los mandatarios de su asesinato no tenían interés por el establecimiento de un orden democrático. Han causado daño a Africa entera.
El otro día, Filip Reyntjens procedió a una puntualización (49) contra quienes le hacen un proceso de intenciones. Ha escrito: "Más de cuatro años después del genocidio ruandés, el debate sobre la región de los Grandes Lagos de Africa central sigue tan emocional y polarizado que lo substancial cede el lugar a menudo a los procesos de intención, a la presentación algo menos que honesta de los puntos de vista de unos y de otros y a eso que se llama en inglés 'character assassination' en lo que se juega al hombre y no al balón. No soy sólo yo el objeto de esos procedimientos (...)."
Habiendo denunciado los crímenes de ambos lados en mis publicaciones (50) desde 1994, sé bastante sobre ello. Rechazo acceptar la lógica militar del FPR y del ejército burundés. El asesinato de Seth Sendashonga en Nairobi, el 16 de mayo de 1998, fue para mí la señal definitiva que Kigali rechaza todo compromiso razonable con los representantes de la sociedad civil ruandesa. Un verdadero compromiso entre los dos grandes grupos sociales me parece, sin embargo, indispensable en Rwanda y Burundi. Quienes quieren impedir esta solución me tratan, en consecuencia, de "racista hutu". Al haber criticado la posición de los ultra hutu, he sido objeto de desconfianza por ese lado. Sin embargo, no soy ni prohutu ni protutsi. Lucho en favor de una paz justa y equitativa. Busco la verdad y creo profundamente en los valores democráticos. A los militares en el poder no les gusta ni una cosa ni otra. "Espero, al menos, que mis esfuerzos puedan contribuir un poco -recogiendo de nuevo las palabras de Filip Reytjens - a reorientar el debate hacia los hechos, los análisis y la búsqueda de la verdad. Sólo así llegaremos a salir del violento impasse en el que se encuentran Rwanda y toda la región de los Grandes Lagos."
Carta del Primer Ministro Balladur dirigida al Presidente Mitterrand (21.06.1994)
Señor Presidente de la República:
Nos hemos puesto de acuerdo en considerar que Francia no podía permanecer pasiva ante el drama de Rwanda, porque se trata de Africa, porque se trata de un país francófono, porque se trata de un deber moral.
Hemos decidido juntos enviar soldados franceses a la región. Las condiciones para el éxito de la operación me parecen las siguientes:
- Autorización del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Hoy lo comprobaremos.
- Limitación en el tiempo a algunas semanas, a la espera de la llegada de la MINUAR. También se ha decidido esto, pero no se puede ocultar que nos será difícil salir si la MINUAR no llega, y su llegada no es nada cierta.
-Limitación de las operaciones a acciones humanitarias (poner al abrigo a niños, enfermos y poblaciones aterrorizadas) y no dejarnos arrastrar a lo que sería considerado como una expedición colonial en el corazón mismo del territorio de Rwanda. Toda ocupación duradera de un lugar o de una parte del territorio ruandéds presentaría grandes riesgos, teniendo en cuenta la animosidad que suscitaría y la interpretación política que se le daría.
-Posicionamiento de nuestras fuerzas en proximidad de la frontera, en territorio zaireño, el único disponible.
- Desencadenamiento de las operaciones, en cuanto contigentes significativos nos serían proporcionados por otros países, salvo quizá tal o cual operación en la frontera que podríamos llevar a cabo solos.
Creo que deben tomarse todas las precauciones examinadas y que todas las condiciones planteadas por nosotros deben ser respetadas, porque si no nos veríamos arrastrados mucho más lejos de lo que queríamos y con riesgos incalculables en un conflicto que corre el peligro de tener repercusiones en toda la región.
Estoy extrañado por nuestro aislamiento. Sí, las buenas palabras de ánimo no nos faltan. Pero de ningún modo debemos empantanarnos solos, a 8.000 kilómetros de Francia, en una operación que nos conduciría a ser tomados como blancos en una guerra civil.
Le ruego, Señor Presidente de la República, reciba la expresión de mi más elevada consideración y deferencia
Edouard Balladur
1) Lemarchand, René, Burundi, Ethnocide as discourse and practice. Cambridge/New York/Melbourne, 1994, 204 pag., -ISBN 0-521-45176-0.
2) Kanyarengwe pudo escaparse al exilio y se convirtió años más tarde en el presidente político del Frente Patriótico Ruandés (FPR), la organización cuyo núcleo duro estaba formado por los descendientes de los emigrados tutsi de los años sesenta.
3) Lizinde fue liberado de la prisión de Ruhengeri en 1991 y se convirtió en un estandarte hutu del FPR. En 1996 fue asesinado en Nairobi, tras separarse del FPR.
4) No había pruebas de la participación de Murego en la preparación del putsch. El público tuvo la impresión de que estaba en la cárcel por insubordinación a un presidente omnipotente. Después de pasar 10 años en la cárcel se convirtió en co-fundador del MDR. Era uno de los críticos contra la cooperación con el FPR y probablemente encontró la muerte con los refugiados ruandeses en las selvas del Zaire, en 1997.
5) Esta cuestión no es tratada aquí. El FPR pudo impedir las visitas de periodistas independientes durante el verano de 1994 y tras la victoria rehusa dar cualquier información. La revista Dialogue ha publicado uno de los escasos testimonios oculares de las exacciones cometidas por los soldados del FPR. "Cuando el FPR llegó al municipio de GITI (prefectura de Byumba), encontró a hutu y tutsi unidos. Fueron los inkotanyi (los soldados del FPR) quienes comenzaron a seleccionar a los hutu para exterminarlos, comenzando por los intelectuales y los que tenían una responsabilidad", DIALOGUE, nº 200 - Septiembre/octubre 1997- p.9.
6) La forma de una Misión de información en vez de una Comisión de investigación habría sido impuesta para impedir que el Parlamento tuviera derecho a reclamar testimonios de los agentes de los servicios secretos.
7) Prunier ante la Comisión de información: Birara, jefe del Banco Central "las trasladó para conocimiento de los belgas -es el famoso episodio que ha sido señalado por la comisión de investigación del Senado belga- pero los belgas habían rehusado creerlo o le manifestaron un interés educado pero sin dar crédito a sus advertencias. No teniendo contactos con el exterior, el general Nsabimana había comunicado a su primo una lista de más de mil personas destinadas a ser asesinadas, lista de la que tuvo conocimiento a causa de sus relaciones con extremistas pertenecientes a los servicios secretos. Le había pedido, dado que viajaba frecuentemente al extranjero, que explicara a los blancos la gravedad de la situación".
8) En concreto por el historiador Gérard Prunier que, el 30 de junio de 1998, con ocasión de su audiencia ante la Misión de información "ha precisado que seguía convencido de que fueron estos extremistas quienes lo asesinaron (...), al mismo tiempo que añadía que disponía de elementos que desgraciadamente no podía comunicar a la misión de información por razones de sguridad personal. El Presidente Paul Quiles puso de relieve entonces que sobre este tema el Sr. Gérard Prunier era el primero en afirmar que tenía convicciones, mientras todos los que la misión había escuchado no habian formulado más que hipótesis. Le hizo observar que, si no podía aportar los elementos sobre los que fundaba su certeza, sus palabras no tendrían valor alguno. (...) El Sr. Pruier añadió que era perfectamente consciente de la importancia del papel de este atentado en el desencadenamiento del genocidio y que si le le fuera posible presentar elementos precisos sobre esta cuestión, lo haría."
9) Esta hipótesis sugiere que la Sra. Habyarimana es responsable del atentado contra su marido.
10) Sagatwa es considerado normalmente como hermano de la Sra. Kanziga-Habyarimana. Sin embargo cabe señalar que Gérard Prunier emitió, en su audición ante la Comisión de información, dudas sobre el parentesco del coronel Sagatwa con la familia Kanziga. Extracto de la audición: "El Sr. Bernard Cazeneuve preguntó entonces a Gérard Prunier si, como se había dicho varias veces en la misión de información, el coronel Sagatwa era hermano de la Señora Kanziga-Habyarimana. El Sr. Gérard Prunier respondió que no era de ningún modo y recordó que el término 'hermano' es utilizado de manera muy laxa en la cultura africana. Precisó que, personalmente, no pensaba que el Coronel Sagatwa tuviera el más mínimo lazo familiar con la Sra. Kanziga y añadió que no había duda alguna que se convirtió en hombre del presidente en el invierno de 1993-1994."
11) Rudolf Decker tomó parte con el futuro embajador americano en Kigali, Rawson, en casi todas las reuniones importantes preparatorias de los acuerdos de Arusha. Se hizo amigo de la familia Habyarimana y previno a Habyarimana contra la derecha hutu susceptible de preparar un atentado contra el presidente. Esto explica que Habyarimana ya no subía a un avión sin un representante de esas fuerzas polóticas.
12) El movimiento Prayer Breakfast puede ser considerado como una asociación de protestantes conservadores que cada año emprende un National Prayer Breakfats presidido por el presidente Clinton (a principios de 1999 Yasser Arafat era el invitado de honor de este acontecimiento).
13) Alusión a la esposa del presidente Habyarimana y al clan familiar de ésta.
14) Prunier ante la Comisión de información: "Evocando en primer lugar el caso del general Nsabimana, el Sr. Gérard Prunier lo presentó como un opositor que, en la primavera de 1994, había dado importantes informaciones sobre la preparación del genocidio a su primo Jean Birara, en la época director del Banco central de Rwanda (...) Explicando que el general Nsabimana no estaba de ningún modo de acuerdo con los proyectos de genocidio, concluyó que no existía problema alguno en que desapareciera junto con el presidente. Respecto de Elie Sagatwa, lo describió como un verdadero extremista, un hombre calculador que había elegido el campo de Habyarimana contra la subida del CDR y de los interahamwes. Se oponía de este modo al clan de la Señora, esto es Agathe Kanziga, de quien subrayó que había recibido los honores de una recepción oficial cuando llegó a París, y de sus hermanos, clan que estimó que había estado en el corazón mismo de la organización del genocidio."
15) Gérard Prunier es citado en el informe de la Asamblea Nacional como sigue: "En 1992 el presidente Juvénal Habyarimana había pedido a James Gasana que le desembarazara de cierto número de hombres de su entorno a los que juzgaba poco seguros. Entre estos figuraban los coroneles Rwagafilita, Serebuga, Sagatwa, antes de que cambiara de campo, y Bagosora (...) Aunque Gasana lo logró con Rwagafilita, Serebuga y Sagatwa, fracasó en el caso del coronel Bagosora que representaba el último punto de resistencia de la Señora y sus hermanos."
16) Sin darle excesiva importancia a la observación de Gérard Prumier, es ciertamente interesante que creyera que Bagosora, "parecía, por decirlo así, haber perdido los pedales en la noche del 7, y que cuando había ido a ver al embajador de EEUU, M. Booh-Booh, representante de las Naciones Unidas, parecía en un estado de gran emoción." ¿Esta imagen corresponde a la del hombre decidido al que se le cree capaz de semejante atentado?.
17) Akazu significa casita. Se acostumbró a llamar así al grupo de miembros de la familia de la Sra. Kanziga-Habyarimana y amigos, acusados de sostener las tendencias racistas hutu..
18) Es interesante las sospechas que Herman Cohen, subsecretario de Estado americano entre 1989 y 1993, expresa ante la Comisión de información: "Pero el Sr. Herman Cohen no pudo hacer comentarios sobre esta cuestión, dado que el atentado tuvo lugar después del abandono de sus funciones. Sin embargo, ha estimado que la familia Habyarimana había organizado este atentado, en todo caso es lo que él había oído decir a miembros de la embajada de los Estados Unidos en Kigali. Su familia reprochaba a Habyarimana de ser demasiado blando y de querer alcanzar compromisos con el FPR. No obstante, el sr. Herman Cohen declaró que no tenía prueba alguna de esta suposición."
19) René Lemarchand ha calificado así a un grupo de historiadores alrededor de Jean-Pierre Chrétien y Emile Mworoha, que afirman que la existencia de Hutus como grupo "étnico" fue creada artificialmente por el poder colonial.
20) Reyntjens Filip, "Rwanda. Trois jours qui ont fait basculer l'histoire". Paris, l'Harmattan, 1995, 150p.
21) A pesar de que la Sra. Agathe Uwilingiyimana, Primer Ministro, sí quiso declararse Jefe de Estado interino en la radio, hay que excluir que fuera responsable del atentado, a pesar de la reunión con militares del sur del 4 de abril de 1994 en la que se hablaba de un derrocamiento posible de Juvénal Habyarimana. Las circunstancias de la muerte de la Sra. Uwilingiyimana permiten considerarla creíble cuando dijo telefónicamente unas horas antes de ser asesinada: "Nosotros los civiles no somos los responsables de la muerte de nuestro Jefe de Estado".
22) Matar al Presidente Ntaryamira habría sido un contrasentido por parte de la derecha hutu. Por eso puede excluirse esta hipótesis. Sin embargo, no puede excluirse en el supuesto de que los extremistas hutu responsables del atentado ignoraran la presencia del presidente burundés en el avión ruandés.A la vista del refinamiento del atentado esta hipótesis parece poco probable.
23) Esta reticencia era conocida y está confirmada por la carta (ver anexo) que Balladur envió al Presidente François Mitterand, el 12/6/94.
24) ¿Cinco años después del atentado, los EE.UU. de América no han exigido todavía tal investigación!
25) La explicación dada por G.Prunier no es nada convincente: Respondió a la pregunta de Paul Quiles sobre cómo explicaba que el FPR no hubiera jamás dado pruebas formales de las responsabilidades de los extremistas hutu "que cuando se hablaba de pruebas se trataba de elementos factuales admisibles ante un tribunal, como documentos, objetos, testimonios oculares, el Sr. Gérard Prunier estimó que el FPR no disponía de ellas".
26) El Secretario General de las Naciones Unidas, Kofi Annan, ha sometido la cuestión al Consejo de Seguridad, a finales de marzo de 1999. Será interesante observar qué respuestas dará el Consejo a esta solicitud.
27) Marchés Tropicaux, 3 de abril de 1998, pag.692.
28) El ministro Claes: "¿Se dan ustedes cuenta de que el FPR nos había planteado un ultimatum diciendo que si no salíamos el jueves, atacaría! El FPR nos había dicho muy claramente que estaba de acuerdo con una operación de evacuación humanitaria de corta duración, pero que no había que intentar transformar el 'peace keeping' en un 'peace making', si no, nos consideraría como enemigos (...) En el informe que acabo de hacerles y en mi contacto con la ONU, he mencionado este elemento que era de una importancia militar capital. Toda la evacuación se hacía por avión, saliendo de Kigali, y nada hay más fácil que derribar un avión. Era un elemento capital que jugó en la toma de decisiones gubernamentales y en la concertación con la ONU."
29) Herman Cohen ante la comisión de información: "La CIA hizo un análisis, a finales de 1992, según el cual sería imposible aplicar los acuerdos". Debe tratarse de la parte de los acuerdos ya firmados. La fecha "finales de 1992" parece más probable, ya que en 1994 los EE.UU. insistían ante el Presidente Habyarimana en favor de la aplicación de los acuerdos, tal y como fueron firmados en Arusha el 4 de agosto de 1993.
30) Se tiene la impresión de que la Sra. Rika De Backer, antigua ministra cristiano-demócrata, es acusada de ser una especie de ideóloga del racismo, lo que desborda un tanto la reglas del fairplay democrático.
31) Introducción del cap.4. Bajo una forma genérica esta sugerencia es retomada en la Recomendación nº 50 "Es deseable que cada uno de los países que de una manera u otra han estado asociados a los hechos de Rwanda y las Naciones Unidas mismas realicen un análisis y evaluación profundos. Por ello el Senado de Bélgica pide a los parlamentos de los diferentes países que examinen este problema."
32) Capítulo II A 1.
33) Ver en anexo la carta, del 21 de junio de 1994, del Primer Ministro Balladur al Presidente Mitterrand.
34) La pregunta le fue planteada a Herman Cohen, cuando declaró. "Herman Cohen ha desmentido al respecto que los EE.UU. hayan entregado armas a Museveni para que las comparta con el FPR. Sí es cierto que EE.UU. decidió abastecer de material militar a Uganda, pero no se trataba de armas, sino simplemente de camiones y uniformes. El Presidente Paul Quilés ha preguntado si el sr. Herman Cohen poseía informaciones sobre la fuentes de aprovisionamiento de armas y municiones del FPR. Herman Cohen ha precisado que que éstas habían sido tomadas de los stocks de Uganda."
35) François Soudan, uno de los periodistas más de fiar de JEUNE AFRIQUE escribe el 22 de noviembre de 1997, que André Atundu Liongo desaconsejó a Mobutu, por medio de un telefonazo desde París, que subiera al avión ruandés. Un militar belga le habría pedido que transmitiera el mensaje a Mobutu.
36) Honoré N'GBANDA Nzambo Ko Atumba, "Ainsi sonne le glas! Les derniers jours du Maréchal Mobutu, éditions Gideppe, Paris 1999. Citado a partir de un extracto publicado por Jeune Afrique économie, nº 279, enero 1999, pág.15.
37) Esta cuestión, que jugará un papel importante durante la guerra del Zaire no es tratada aquí. N'Gbanda ha aportado las informaciones siguientes: "El general Tembele me decía, cuando yo verifiqué el asunto de las armas: 'Los generales Eluki y Baramoto han evacuado hacia Kisangani cerca del doble de lo que usted ve aquí. Incluídos helicópteros y vehículos blindados.' La verdad (...) explotó tres años más tarde, cuando estalló la guerra. Los generales gritaron por la falta de vehículos, equipamiento, municiones, fusiles...de todo. Pero ¿a dónde fue el impresionante arsenal ruandés? (...)Este detalle sacudió fuertemente al Mariscal Mobutu y pesó en su decisión de cambiar el mando del ejército en diciembre de 1996."
38) Para Seth Sendashonga, ministro del interior en esta época, (hutu y miembro del FPR) este hecho, según su confesión, constituyó el punto de ruptura con Paul Kagame. Se marchó al exilio, en agosto de 1995, y fue asesinado, el 16 de mayo de 1998 en Nairobi.
39) N'Gabanda confirma esta apreciación al escribir: "El presidente Mobutu sabía que el retorno de los refugiados a Rwanda no le convenía a Kagame. Tenía pruebas de ello."
40) Winter confirmó este hecho cuando declaró ante la Cámara de Representantes del Congreso americano, el 4 de septiembre de 1996.
41) Citado según DIALOGUE, nº 196/Febrero 1997, p.1.
42) Mobutu era perfectamente consciente de ello. Envió a N'Gbanda a negociar con Museveni: "Mi misión consistía pues en presentar al Presidente Museveni todas las pruebas que poseíamos sobre los preparativos del ataque al Zaire por parte de Uganda y Rwanda, con el apoyo de Estados Unidos. En efecto, yo tenía un dossier completo sobre el traslado del arsenal de la marina americana que había servido en Somalia, en Uganda y que se encontraba almacenado en las bases ugandesas así como en las islas del lago Victoria."
43) Probablemente más de medio millón de personas.
44) Cita según Jeune Afrique économie, nº 269, (enero 1999), p.23.
45) La mayoría de los observadores es unánime al sospechar que su asesinato, el 16 de mayo de 1998, es obra de Kigali. Prunier ante la Comisión de Información: "Gérard Prunier ha citado las palabras de un hombre, a cuya memoria ha querido rendir homenaje, su amigo Seth Sendashonga, asesinado unas semanas antes, en Nairobi, muy probablemente por instigación del nuevo gobierno ruandés".
46) Traducción por la Embajada americana en París. Texto publicado en Jeune Afrique, nº 1869 (30/10/1996). p.32/33.
47) Herman Cohen subrayó ante la Comisión de información francesa "que, en primer lugar, Francia no era el único gobierno que había apoyado al presidente Habyarimana, el cual recibió en su tiempo el apoyo de EE.UU., de Alemania, de las Naciones Unidas, del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional. Todos consideraban el gobierno de Rwanda legítimo y merecedor de una ayuda. En Washington, la Agencia para el desarrollo internacional (USAID) concretamente estaba muy satisfecha de Rwanda, a causa del éxito de su programa de ajuste estructural. No es pues extraño que los EEUU se hayan alegrado de la llegada de soldados franceses. Esta intervención permitía estabilizar el frente, atenuar la catástrofe humanitaria y abrir un espacio para las negociaciones."
48) La teoría del genocidio planificado descansa en la afirmación que Habyarimana -concretamente por el papel que jugó en la radio extremista privada RTLM- y los militares ruandeses prepararon el genocidio. Por qué la muerte de esas mismas personas era necesaria para desencadenarlo, es algo jamas explicado. Por eso, puede avanzarse la teoría inversa. Dado que Habyarimana constituía el obstáculo mayor para la aplicación de las planificaciones, quienes tenían interés en su desencadenamiento estaban obligados a matarlo. Basándose en tal hipótesis podría concluirse: Con Habyarimana vivo el genocidio no habría tenido lugar. No resulta muy convincente, por ejemplo, que Michel Rocard califique al régimen de Habyarimana en 1997 de "fascismo tropical" (cfr. Marché Tropicaux, 12/9/1997, p.2115) mientras se sentía ogligado a confesar ante la Comisión de información que Rwanda no le interesó siendo Primer Ministro. "Michel Rocard ha subrayado que estaba tácitamente admitido que la acción diplomática y militar de Francia en Africa escapaba de las manos del primer ministro, y que esta restricción de sus competencias formaba parte de las reglas, de las que el Presidente François Mitterand no era el iniciador, puesto que eran anteriores a él. Ha indicado que el Ministro de Cooperación de su gobierno, Sr.Jacques Pelletier, no habría podido rendirle cuentas de su actuación sin poner en entredicho la confianza del Presidente de la República, y ha afirmado que jamás había oído hablar de Rwanda durante el período en que era Primer Ministro y que se había enterado del lanzamiento de la operación Noroit por la prensa."
49) "Proceso de intenciones y escapatorias en el tema de Rwanda. Una puntualización". Institute of Development and Management, Université d'Anvers, noviembre 1998, p.12.
50) - Frieden für Ruanda? Eine Denkschrift. Internationales Afrikaforum, Weltforum-Veriag, Koln,3/1994; p.255-260.
- Frieden für Ruanda und Burundi! Internationales Afrikanum. Weltforum-Verlag, Koln,1/1995,p.63-68.
- Der internationale Kontext der Ruanda-Burundi-krise. Internationales Afrikaforum, Weltforum-Verlag, Koln,3/1995, p.253-267.
- Ruanda und Burundi. Von der Unabhangigkeit zum Staatszerfall. München/Kol/London, Weltforum-Verlag,1996, (ifo-afrika-studien nº 124). 471 p. (ISBN 3-8039-0451-X).
- Le contexte international des crises en Afrique des Grands Lacs. Dialogue, nº 194. Nov/Dic.1996, Bruxelles, p.5-12.
- Politisierte Ethnizitat contra Demokratie? In: DAS PARLAMENT (Afrika-Schwerpuncktheft) Nr.9/1997, 21.2.1997,p.16.
- Vietnam in Afrika. Zwischenbilanz eines ungelosten Konflikts. Internationales Afrikaforum, Weltforum-Verlag, Koln/1997,p.69-74.
- Kongo/Zaïre-Ruanda-Burundi. Stabilitat durch erneute Militarherrchaft? Studie zur "neuen Ordnung" in Zentralafrika (Préface par Alois Graf von Waldburg-Zeil). München/Koln/Londo, Weltforum-Verlag, 1998 (ifo-afrikastudien nº 125). 245 p. (ISBN 3-8039-0479X).
- Die Lage in Gebiet des Groren Seen Afrikas fünf jahre nach Machtübernahme der Front Patriotica Rwandais (FPR) in Ruanda. Internationales Afrikaforum, Weltforum-Verlag, Bonn,nº 1199,p.57-63.
Traducido del francés por Ramón AROZARENA SANZBERRO
De DIALOGUE, nº 210, mai-juin 1999, p.35-68
Diciembre 1999