Zenit-Fides
Roma
26.11.99
No es la primera vez, ni será quizás la última, en que un sacerdote ruandés sube al honor de los titulares de los periódicos acusado de ser responsable del genocidio de 1994. Esta vez le ha tocado al padre Athanase Seromba, 36 años, quien en estos momentos ejerce el ministerio pastoral en una parroquia de Florencia (Italia). El periódico inglés "Sunday Times" lo "desenmascara" y relanza las acusaciones recogidas por la organización humanitaria inglesa "African Rights", cuyo director, Rakya Omaur, dice al periódico: "A las luz de los testimonios recogidos será seguramente imposible para la Iglesia en Italia y Ruanda, para la magistratura italiana y para el tribunal de La Haya sobre los crímenes de guerra, permitir al padre Seromba huir de su pasado".
Precedentemente, otros sacerdotes y religiosas ruandeses han sido objeto de acusaciones parecidas, obligados a salir de su país al ser perseguidos por amenazas y sospechas de colaboración en el genocidio. Es el caso, por ejemplo, de una lista de sacerdotes "genocidas" o colaboracionistas publicada en Francia por la revista "Golias" y por la organización "Human Rights Watch Africa", considerada por "Reporters sans Frontiers" en 1995 como un medio de desinformación.
Ahora, sin embargo, Luca Menichetti, del Movimiento Shalom, ha demostrado que dos de los sacerdotes acusados de colaboración en el genocidio, Deogratias Niyibizi y Wenceslas Karuta, que aparecen en la lista junto al padre Athanase Seromba se encontraban en Roma cuando fueron cometidos los terribles delitos que se les echan en cara.
"Nos encontramos ante un plan del régimen de Kigali para eliminar a toda la clase intelectual de los hutus, y ante una campaña de desprestigio contra veinte sacerdotes hutus", revela el grupo italiano Shalom. De hecho, ninguno de los religiosos de la lista está siendo investigado por el Tribunal Internacional de la ONU sobre Ruanda. Según revela la agencia "Fides" de la Santa Sede, Hakizabera Christophe, uno de los primeros afiliados al Frente Patriótico Ruandés (FPR), institución que reconquistó el poder en Ruanda después del genocidio, ha revelado que los hombres que conforman el actual régimen ya a primeros de 1991 habían decidido "calumniar a la Iglesia católica, porque predica la igualdad de los hombres y ha contribuido a la educación del pueblo; eliminar a muchos sacerdotes hutu, substituyéndolos luego con sacerdotes tutsi; causar terror entre los misioneros católicos para que salgan del país, pues son testigos incómodos y obstaculizan la actuación de los planes del FPR; asesinar a los sacerdotes ancianos que conocen la historia de Ruanda, y son responsables de lo sucedido en 1959, cuando los tutsis perdieron el poder dejándolo en manos de una élite hutu formada por los misioneros en los seminarios".