Una vez más des de INSHUTI, que precisamente quiere decir amigos, queremos manifestar nuestra amistad solidaria con todos los más grandes perdedores en la tragedia de Rwanda: las víctimas inocentes. Tutsis o hutus, da igual, ya que todas las víctimas eran personas con igual dignidad y ganas de vivir, como cada uno de nosotros. A través de unos fragmentos de dos cartas, de las muchas que hemos recibido des de Rwanda, podréis comprender el gran sufrimiento de aquellas víctimas del terror. Son textos auténticos, solamente hemos cambiado los nombres por miedo a represalias. La euforia represiva del actual gobierno , que ganó una guerra que él mismo había empezado en octubre de 1990, no da para sinceridades demasiado explícitas. El miedo es el aire que ahora se respira en la mayor parte del país de las mil colinas!
El primer fragmento es de una carta de la Teresa del 21-4-95. Es de la etnia tutsi i fué una víctima de aquel vergonzoso genocidio del 94. Nos explica: "Hemos sufrido mucho a causa de la guerra abierta que hubo entre el mes de abril y julio del pasado año. Mis padres y hermanos y también otros miembros de mi familia murieron ahogados en el río Nyabarongo, donde fueron tirados vivos. Yo soy viuda, como sabéis, des del 1993 en que murió mi marido de SIDA y quedé sola con los tres niños pequeños, dos niñas y un niño. Durante los tres meses del gran terror estábamos los cuatro escondidos en casa, saliendo solamente para aquello imprescindible. Nos robaron todo lo que teníamos, se comieron nuestras vacas y se nos llevaron las cosechas de los campos. En los últimos momentos, salimos para juntarnos al grupo de vecinos que iban hacia Zaire para refugiarse. Al ser yo tutsi, cuando ya estábamos lejos de casa, unos forasteros nos agarraron para tirarnos al río. Los dos hijos mayores corrieron y lograron escapar, mezclados con la multitud, yo en cambio quedé atrapada, con la niña pequeña colgada en la espalda, como acostumbran las madres rwandesas. El agua del río se nos llevó juntas. Más abajo, aprovechando que ya era un poco de noche, me agarré a una hierbas en la orilla del río para intentar salir. Entonces vi que la pequeña estaba muerta, ahogada y con mucho dolor, dejé que su cuerpo sin vida fuera río abajo. Debía salvarme para reencontrar a los otros dos. Intenté salir del agua y esconderme en unos arbustos, pero alguien todavía me vio y me volvió a tirar al medio del río. Al cabo de un rato de dejarme llevar por el agua, viendo que ya estaba más abajo y que la oscuridad era mayor, me pude esconder en unos matojos. Allí pasé tres días... Finalmente, pude volver de nuevo a nuestro terreno, donde una vecina conocida me guardó en su casa y cuidó durante cinco meses. Ahora ya vuelvo a estar en mi casa, que hemos podido arreglar con las ayudas que nos habéis hecho llegar. Mi hija de diez años, pudo llegar a Zaire con los otros refugiados, pero ahora ya ha vuelto a casa. Del niño, de seis años, no sabemos nada. Nos queda la esperanza de que quizás esté vivo en algún lugar, y algún día lo reencontraremos. (...) Ruego y perdono a los que en aquellos malos momentos se dejaron llevar por el mal. Deseo que la paz vuelva pronto a Rwanda". (Sabemos por unos vecinos suyos que la Teresa no ha acusado a nadie ni ha querido colaborar en las venganzas que ejecutan otros supervivientes de las masacres de aquellos momentos, y que ahora son causa injusta de muchas muertes).
Es un ejemplo entre miles, de lo que sufrieron los tutsi en el 94. Ahora vive, enferma y con mucha miseria, y con la pena de saber que otros de su propia etnia hubieran preferido que muriera, para poder disponer ahora de sus tierras. Esta es la situación de muchos tutsi que vivían en el interior de Rwanda antes de la guerra i que no murieron. Los que dominan y tienen el poder actual son, mayoritariamente, de los que vivían en el extranjero, como refugiados políticos, desde hacia treinta años. No perdieron mucho en aquel genocidio, aunque hoy se presenten como las grandes víctimas de aquel desastre que ellos ayudaron a provocar. Aquel primer genocidio, el del 94, duró tres meses. Era organizado, o al menos consentido, por el gobierno de entonces que, por suerte fue condenado internacionalmente. Algunos de sus responsables, mezclados con muchos inocentes (dicen que hay cien mil prisioneros en toda Rwanda) malviven o van muriendo en las "cárceles" inhumanas de la actual Rwanda, esperando un juicio que no acaba de llegar nunca.
El segundo fragmento es una carta de Jaime, de la etnia hutu, que durante los disturbios del 94 fue mal visto y molestado porque escondía en su casa a tres vecinos tutsi. Padre de seis hijos, tres de los cuales ya están casados. No ha salido nunca del país ni ha dejado en ningún momento su terreno, aun siendo una persona de bastante relieve social en su sector. La carta es reciente, del 20 de julio de 1997, y esto es lo que nos explica:
"Mi familia está pasando unos malos momentos a causa de la persecución, disfrazada de seguridad, que actualmente hay por toda Rwanda. Últimamente han habido varias matanzas de familias enteras. La gente de aquí están seguros de que están hechas por los mismos soldados que nos vigilan, pero el gobierno explica en la radio que son causadas por excombatientes del régimen anterior que vuelven al país con armas. El hecho es que después de una de estas carnicerías en nuestro sector, algún vecino me denunció a los militares porque yo había tenido un hijo en el ejército del anterior gobierno. Es Jorge, que des del 94 está refugiado en algún campo del Zaire. Solo sabíamos de él que todavía vivía , porque alguno de los últimos retornados nos había dicho que lo había visto. Nuestra pena fue que, a razón de aquella acusación, los actuales soldados entraron en mi casa de mala manera y querían que les entregásemos a Jorge, que según ellos teníamos escondido.. No encontrando ninguna persona escondida ni ninguna respuesta que se aviniera a sus propósitos, empezaron a apalizar a todos, incluida mi esposa, que es mayor como yo pero está muy delicada. El hijo mayor, Yohani, que ya está casado y tiene su casa junto a la nuestra, protestó y lo ametrallaron allí mismo delante de todos. A mi y al pequeño de mis hijos se nos llevaron con ellos y nos torturaron a golpes durante la noche. Por la mañana nos llevaron a la casa de reuniones que tenia el Ayuntamiento , y que ahora han convertido en prisión para encerrar a los trescientos hombres y jóvenes acusados, sin pruebas, de haber participado en el genocidio del 94. Nos habían dicho que las condiciones eran muy malas y así las hemos tenido de soportar. (...) El caso es , y por esto ahora os puedo escribir esta carta, que al cabo de un mes de estar encerrados, nuestro hijo refugiado en el Zaire volvió a Rwanda con todos los papeles en regla. Entonces, el alcalde intercedió ante los militares, los cuales nos han dejado volver a casa sin más. Yo estoy del todo molido y me encuentro mal. Mi hijo mayor muerto, asesinado porque sí, y aun hemos tenido suerte de que no nos mataran a todos, como han hecho con otras familias: no dejan ni a los niños! Vivimos con miedo: Hasta cuando nos dejarán vivir? Hasta cuando nos tendrán a todos bajo el terror de sus armas y mentiras?. Entre la gente se comenta, en voz baja claro, que estos armados de ahora ya llevan más muertos inocentes en su cuenta que los que hicieron los extremistas del 94. Y todos los muertos son igualmente ruandeses! no sé si podremos aguantar mucho tiempo tanta esclavitud. Los antiguos amos del país, tutsis, nos hacían trabajar para ellos y se servían de nuestras cosechas, pero estos que nos gobiernan ahora, solo porque han ganado la guerra, nos tienen como enemigos suyos y disponen de nuestras vidas. Es mucho peor que antes. Los ruandeses del interior, mayoritariamente hutus, hemos perdido la guerra que ellos empezaron en el 90, y pagaremos las malas consecuencias durante muchos años, y esto si no llega algo peor aún. Estamos desanimados y cansados, y tenemos mucho miedo... Rogad por nosotros y para que Rwanda pueda encontrar de nuevo la paz perdida".
Es un ejemplo, entre muchos miles, según las noticias que nos llegan del interior de Rwanda, de lo que están sufriendo actualmente muchos hutus Rwandeses. Algunos comentaristas a los que nos unimos nosotros, lo cualifican de "segundo genocidio" o "genocidio gota a gota". Y esto ya hace tres años que dura, no tres meses como el primero. Está organizado, o al menos tiene el consentimiento del actual gobierno de Rwanda. Por mala suerte, no se condena internacionalmente, sino al contrario, tiene el apoyo de algunas fuerzas económicas muy potentes, que así han ganado la entrada a las riquezas mineras de la región de los Grandes Lagos. Algunos responsables de este segundo genocidio, que continua ejecutándose, no solamente no son perseguidos ni encarcelados, como se ha hecho con los del primer genocidio, sino que ocupan cargos en el gobierno de Kigali, y son apoyados por los Estados Unidos. Ni tan solo se les puede juzgar por los crímenes que cometen, ya que los actos que hacen, son, según ellos, para la "seguridad" del estado. Asuntos internos en los que los forasteros, dicen, no nos debemos meter.
Estas son las semejanzas y las diferencias entre los dos hechos. Las semejanzas: unas víctimas inocentes, de una y de la otra etnia, que fueron asesinadas o que lo son todavía. Las diferencias: Los tratos a los responsables de estos crímenes. De los primeros, hay en las cárceles en espera de ser condenados a muerte. De los segundos, muchos disfrutan del poder, de la influencia internacional, y se han sabido aprovechar de ciertos medios de comunicación presentándose como los libertadores del país. Mientras, los ruandeses, tutsis o hutus, sobretodo del interior, sufren y viven con miedo. La reconciliación entre los diversos habitantes de Rwanda, y la verdadera paz, según la opinión de los más serenos, sólo podrá llegar después de que se haya esclarecido toda la verdad, y se haya hecho justicia a favor de todas las víctimas inocentes y contra todos los asesinos. Ojalá fuera pronto, pero por el momento no existe ningún indicio. Lástima por Rwanda, que es uno de los paises más bonitos y acogedores de África!.