Testimonio de Abdul RUZIBIZA

 

RUZIBIZA J-ABDUL
Birkenesveien, 62
4647 Brennâsen
NORUEGA

PS. : He preferido dar mi foto así como mi dirección actual a fin de evitar que mi testimonio no sea tomado como un panfleto o como un testimonio dado por un vagabundo sin dirección como ha declarado el presidente Kagame en su última visita a Bruselas

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COMUNICADO DE PRENSA

Después del asesinato de los presidentes Habyarimana Juvénal de Rwanda y su homólogo burundés Ntaryamira Cyprien, así como nueve personalidades de nacionalidades diferentes, ruandesa, burundesa y francesa, siendo civil el avión abatido y sobrevolando la zona desmilitarizada, todos los medios de comunicación del mundo, radios, televisiones y prensa escrita han puesto de relieve esta información. Como algunos periodistas conocían mi dirección, han intentado hacer sus averiguaciones a propósito de este asesinato en que están implicados los militares del Frente Patriótico Ruandés y yo mismo en particular. He confirmado las informaciones.

Pero a la vista de como una información puede ser deformada a medida que circula, me parece oportuno precisar personalmente las informaciones que he dado a los investigadores para que no sean deformadas. Si me atrevo a hablar ahora es porque me encuentro en condiciones seguras. A propósito de las investigaciones que se han realizado, no soy un funcionario de justicia. He dado a los investigadores las informaciones en mi posesión, otros han dicho también lo que saben al respecto. Si me atrevo a hablar es porque mis colegas no pueden decir nada por miedo a ser eliminados por Kagame, cosa que no sería la primera vez.

Las razones que me mueven a hablar son para dar un testimonio a propósito del genocidio de los tutsis y las matanzas de los hutus durante la guerra llevada a cabo por el FPR en la cual yo he tomado parte. Querría, por otra parte, contribuir a que los ruandeses y las poblaciones de los países extranjeros sepan realmente lo que ha pasado durante esta guerra ya que la única versión de los hechos que es conocida es la que ha dado el FPR. En el momento en que conmemoramos el genocidio de nuestros seres más queridos es esencial que la verdad sea conocida diez años después que Kagame se haya autodeclarado salvador de los tutsis, cuando es él quien los ha hecho masacrar y quien nos ha impedido intervenir para salvarlos.

En anexo de este comunicado doy un testimonio a fin de permitir que el lector sepa lo que pasó realmente en la zona que nuestro ejército (FPR/APR) controlaba. Este testimonio permitirá a los ruandeses que aún piensan que han sido salvados por un hombre conocer la realidad de lo que pasó. Espero que mi testimonio podrá contribuir a la reconciliación de los ruandeses.

ABDUL RUZIBIZA

14-03-2004

 

TESTIMONIO PARA DEMOSTRAR QUE EL GOBIERNO RUANDES Y EL FPR SON RESPONSABLES DE LOS ERRORES QUE HICIERON POSIBLE UN GENOCIDIO 

EL FPR-APR ¿SALVO REALMENTE A LOS TUTSIS
COMO PRETENDE ?

Después de la publicación del informe sobre el asesinato de los presidentes Habyarimana Juvénal y Ntaryamira Cyprien y sus séquitos respectivos, los medios de comunicación -de los cuales ignoro como han tenido conocimiento de este informe detallado- han hecho muchas revelaciones.

Por lo que a mi respecta voy a dar un testimonio sobre la manera como el FPR y su ejército APR se han comportado, ya que fui miembro tanto del FPR como del APR hasta que emprendí el camino del exilio. Lo que me mueve a hablar es que desde la salida del citado informe algunos medios de comunicación algunas veces han interpretado o deformado mis declaraciones dando así ocasión a algunos de negar los hechos.

EN PRIMER LUGAR ¿QUIEN SOY?

Me llamo RUZIBIZA, fui bautizado con el nombre de Vénuste. Cuando entré en el FPR tomé el sobrenombre de ABDUL como nombre de identificación (nombre de código) que mantuve hasta que entré en el ejército en 1990. Para incorporarse al ejército éramos apadrinados por miembros del FPR hasta la entrada en la zona controlada por los inkotanyis. A la entrada, vuestro nombre de código era conocido antes de la llegada. El que se equivocaba y daba un código que no correspondía con el código señalado estaba condenado a morir de un golpe en la cabeza con la hoja de una azada. Era considerado un espía.

Cuando decidí convertirme y hacerme bautizar, me dieron el nombre de Josué. Reconozco pues que he llevado todos estos nombres. En el ejército me llaman RUZIBIZA ABDUL. Cuando salí de Rwanda la noche del 3 al 4 de Febrero de 2001, tenía el grado de teniente, matrícula OP1920.

Nací en Gitagata, municipio de Kanzenze (Bugesera). Soy tutsi de la tribu «abanyiginya», del clan «abahindiro». Mi madre también es tutsi del clan «abatsobe». Soy pues tutsi de padre y de madre. Toda mi familia, mis parientes y mis seis hermanos y hermanas fueron asesinados durante el genocidio de 1994.

Doy este testimonio como antiguo soldado del FPR, de etnia tutsi, que ha vivido en la zona controlada por este ejército durante todo el período de la guerra.

Mi testimonio podrá aclarar al lector sobre las actuaciones del FPR en su larga marcha hacia el poder que, en lugar de liberar el país, ha conducido a la catástrofe del genocidio.

LO QUE CREO SIN NINGUNA DUDA POSIBLE

1.   La guerra contra el gobierno de Habyarimana era necesaria porque el régimen era discriminatorio hacia la mayor parte de ciudadanos, principalmente los tutsis. No respetaba los derechos de todos los ciudadanos. Creo también que otras vías eran posibles y que podían haber sido probadas antes de empezar la guerra. No habríamos podido encontrar armas si no hubiésemos utilizado el arsenal de la NRA ya que era el único ejército nacional que nos podía ayudar. Ya se sabe que los poderes son cambiantes, debíamos actuar con rapidez. Las mismas relaciones en el ejército ugandés, entre los nacionales y los ruandeses, caracterizadas frecuentemente por un menosprecio evidente hacia los ruandeses en un país por el cual ellos habían combatido, son las razones por las cuales era necesario marchar del territorio ugandés sin esperar el desenlace de las conversaciones que podían durar cinco años o más.

2.   Reconozco que ha habido genocidio de los tusis, planificado por los altos dirigentes políticos y los responsables de los servicios de seguridad. Ha sido ejecutado por la población hutu, además de algunos tusis que también participaron en él. Estoy convencido que este genocidio no habría tenido lugar si no hubiera habido un elemento desencadenante, ya que los mismos hutus en la hipótesis de un estado de demencia no se habrían despertado un buen día con sus machetes para masacrar a los tutsis hasta un millón de personas. Admito que el FPR a través su brazo armado, el APR, ha planificado y cometido matanzas bajo las órdenes de su dirigente Paul Kagame. Estoy igualmente convencido que el genocidio es la consecuencia directa de la guerra y en particular del comportamiento del Ejército Patriótico Ruandés (APR) en la zona que él controlaba. Volveré sobre este punto posteriormente.

3.   Reconozco y afirmo que el FPR ha masacrado a la población civil de todas las etnias con el objetivo de provocar el caos en el país a fin de justificar la toma del poder por las armas, incluso si ello debía conducir al exterminio completo de una población. 

4.   No creo que el FPR y su ejército el APR, del cual formaba parte, haya detenido el genocidio. Creo en cambio que hubiéramos podido desalojar a los militares de las Fuerzas Armadas Ruandesas, los Interahamwe y la juventud Impuzamugambi del CDR, así como los jóvenes que se unieron para combatirnos. Así las fuerzas de apoyo del gobierno de los abatabazi hubieran sido deshechas y hubiéramos podido tomar el poder. Volveré sobre ello.

5.   Reconozco y afirmo que los cuerpos enterrados en las fosas comunes no eran únicamente de los tutsis, ya que conozco lugares donde los inkotanyis masacraron personas, mezclaron los cuerpos y los enterraron como si fueran exclusivamente tutsis.

6.   Estoy convencido y afirmo que si el FPR lo hubiera querido, jamás hubiera habido genocidio. Incluso si el gobierno había planificado el genocidio de los tutsis, admito que el FPR tenía suficientes medios para salvar a las personas y en lugar de un millón de muertos habría habido solo 100.000. Al APR se le impidió de intervenir cuando era capaz de hacerlo. Lo explicaré después.

7.   Reconozco que después de la toma del poder por el FPR y las exacciones que vinieron a continuación, las matanzas de civiles, las detenciones arbitrarias, la guerra contra el Zaire, no es posible para el régimen ruandés actual juzgar de manera imparcial a los criminales del genocidio ya que el aparato judicial está compuesto por personas que han cometido los mismos crímenes que los prisioneros, y ello bajo la autoridad de Paul Kagame que dirige actualmente el país.

8.   Afirmo sin equívoco que las declaraciones a propósito de las órdenes dadas por Paul Kagame para abatir el avión de Habyarimana son totalmente ciertas. Varias personas han dado su testimonio y no pudiendo estar al corriente de todas no puedo sostener todo lo que se ha dicho. Los testimonios vienen de diversas personas, que están en el exilio o permanecen en el interior del país. Me he permitido hablar a los medios de comunicación porque tuve esta posibilidad. No se puede ignorar que aquel que pensase acusar al oficial superior (Kagame) sería inmediatamente liquidado, antes incluso de decir lo más mínimo. Los tribunales internacionales o las autoridades que recibirán la competencia serán los únicos capaces de juzgar, si tienen las pruebas suficientes, que Paul Kagame es un actor o el que dio la orden para abatir el avión de Habyarimana. Dejémosles tiempo. Aquellos que contestan estos hechos y los que los confirman se enfrentarán en los tribunales. Yo informo de lo que he sido testimonio, los otros dirán lo que han visto y ya veremos.

9.   Afirmo que Rwanda está dirigida desde hace 10 años por una junta militar formada en la guerrilla, donde la desconfianza entre los unos y los otros es total, una situación donde nadie se atreve a decir la verdad, donde nadie se atreve a señalar la responsabilidad del FPR en una guerra llamada de liberación. Estoy convencido que si los ruandeses supieran toda la verdad y los meandros de esta guerra, ello sería una buena base para un proceso de reconciliación.

10.             Estoy firmemente convencido que las autoridades ruandesas que desmienten nuestras declaraciones haciendo creer a la población ruandesa que se trata de una manipulación del Estado francés, quieren simplemente camuflar sus propios crímenes. En cuanto a Paul Kagame, ha dicho que el conjunto de estas informaciones desechables no significan nada. No es así como lo veo personalmente. No tardará mucho en constatar que se ha equivocado, aunque su error ha causado el exterminio de poblaciones civiles. 

CREACIÓN DEL FPR Y SU BRAZO ARMADO EL APR

No tengo la intención de hacer la historia del FPR. Pero este frente es un colectivo de pequeñas asociaciones de antiguos refugiados ruandeses exiliados en diversos países. El punto esencial sobre el cual voy a insistir es la juventud, los adolescentes a partir de 15 años en las escuelas de Burundi, Tanzania, Zaire y Uganda. Fueron la cantera de reclutamiento del ejército. Al principio se enrolaron en la NRA, después se hicieron del Frente al inicio de la guerra. Nosotros, los jóvenes, pensábamos que los antiguos refugiados, los inyenzis, se comportaron mal de forma que no pudieron alcanzar la victoria que tenían como objetivo. La idea del FPR germinó en las cabezas de los más jóvenes, pensando que lo esencial se realizaría por la misma juventud, es decir por el ejército, entendiendo que estos jóvenes no tenían otro objetivo que luchar por su patria. En resumen, todos pensaban que la solución era militar y que todos los problemas se resolverían militarmente.

Siempre he pensado que este razonamiento era un error. Vivimos las consecuencias de todo ello y hasta ahora nada ha cambiado. Es el ejército y los servicios de seguridad quienes dirigen el país con el terror.

Sobre la cuestión relativa a los motivos que han llevado al FPR a atacar inmediatamente después de su fundación, sin esperar al resultado de las negociaciones que Rwanda llevaba a cabo con Uganda sobre el problema de los refugiados ruandeses, varias razones explican esto.

Se acusó al Presidente Museveni de haber reclutado a demasiados ruandeses en el ejército ugandés, porque ocupaban puestos de oficiales superiores. Ejemplo de los designados como ruandeses que, se quiera o no, fueron numerosos: el mayor general Fred Gisa Rwigema, mayor general Mugisha Muntu, coronel Mateeka, teniente coronel Adam Wasswa, mayor Cris Bayingana, mayor Peter Bayingana, mayor Samuel Kanyemera alias Kaka, mayor Paul Kagame, mayor Ndungutse, mayor Kale Kayihura du Bufumbira y otros oficiales subalternos entre ellos capitanes y tenientes como Twahirwa Ludoviko, Musitu, los dos hermanos Karangwa1,, Gashumba, Cyiza, Bagire, Ngoga, Muhire, Kaddafi, Nyamurangwa, Musana, Bigabiro… No podemos enumerar a todos. La mayor parte de ellos eran de Cos2 (comandantes de batallones) o de grados superiores.

Lo que más irritaba a los ugandeses era que los ruandeses se habían apoderado de los puestos más importantes dentro de las diversas estrategias: servicios de información y finanzas militares, la guardia presidencial, la del general Rwigema, los comandantes de compañías, etc. Esto incomodaba a los nacionales y provocaba tensiones entre ugandeses y ruandeses. Los que escogieron la fecha del 1º de octubre para desencadenar la guerra no encontraron otra solución más que la de actuar como lo hicieron.

 Octubre 1990 

Mucha gente no cree que los ruandeses desertaron del ejército ugandés, pero es la pura verdad. Esto no quiere decir que el presidente Museveni no estuviera al corriente de ello a través de los servicios de información. Sin embargo, siguiendo el procedimiento militar, el último que manejaba las informaciones que debían llegar a Museveni era un ruandés, como aquel a quien confiaba sus secretos. Los que franquearon la frontera los dos primeros días de la ofensiva, formaban parte de un efectivo de 3.000 personas. Nadie tenía ganas de oponerse a la salida de esa gente, sobre todo porque decían: "Marchaos deprisa para que podamos recuperar nuestros puestos". 

Los errores cometidos 

El general Rwigema fue asesinado por sus hombres el segundo día del ataque. Pero los que llevaron a cabo su asesinato no tuvieron el valor de tomar inmediatamente la dirección del FPR para evitar toda sospecha. Era él quien sabía cómo había preparado esta guerra.

Cuando el Presidente Museveni pidió a Kagame que dirigiera el APR, los soldados le dijeron que no querían a «Pilatos», sobrenombre dado a Kagame. El Mayor Peter Bayingana le dijo: “You are physically and mentally unfit, how can you lead people?”  (Eres física y mentalmente inepto. ¿Cómo puedes dirigir a los hombres?). Que si el que le había enviado quería manifestar desprecio hacia los otros dirigentes de operaciones militares, no tenía más que designar a un militar ugandés a la cabeza del APR. Para apoderarse del mando del ejército, Paul Kagame volvió escoltado por 10 jeeps, acompañado del General Mayor Salim Saleh y militares del PPU3, guardia personal de Museveni. Fue este día que Bayingana y Bunyenyezi fueron asesinados… 

Desde aquel día el oficial superior Afande4 Kagame empezó a establecer un largo programa, que continúa hasta hoy, de dirigir el país con el terror y la represión ya que sabía que no era querido por sus tropas.

Esto tuvo consecuencias nefastas, porque el ejército era dirigido por una persona que no confiaba en nadie, hasta el punto que él mismo se ocupaba de todos los detalles. Dividió el ejército en facciones, lo transformó en un cuerpo de espías, hizo que reinara el terror y sancionó la mínima crítica con pena de muerte, aplicada con la hoja de una azada vieja, como si se tratase de matar a cerdos. En el marco de la división de este ejército para asegurar su dominio, introdujo un sistema de designación de gente, catalogándoles como "positivo 1", "positivo 2, hasta "positivo 5".

Los positivos 1 eran los que procedían de Uganda y tenían su confianza en cualquier sitio en que estuvieran; el 2 se aplicaba a los que provenían de Tanzania, 3 los que venían de Burundi, 4 los que procedían del Zaire y 5 a los que venían de Rwanda. Estos últimos, aunque fueran tutsis, tenían que esperar 2 años para merecer su confianza. Era lo mismo para acceder a los puestos de mando del ejército, porque el mando estaba monopolizado por los procedentes de Uganda, en una proporción del 95%. La justificación dada a esta discriminación consistía en decir que eran los únicos capaces de dirigir los combates. No hay nada de verdad en esta versión: se trataba de simples pretextos para imponer la dominación de los "positivos 1". 

Se sancionaba con rigor la mínima falta cometida por un recluta francófono. Se infligía la pena capital con una azada vieja o clavaban bayonetas en el cuerpo hasta la muerte. Los que eran sospechosos de haber cometido una falta, los que estaban fatigados y ya no podían avanzar, los que tenían una disentería debido a las malas condiciones higiénicas, eran acusados de estar demasiado habituados a la vida fácil. Se decía: "Matad a estos perros, no sirven para nada". O entonces se disparaba a las piernas, el que estaba fatigado o enfermo era simplemente liquidado.

Estos actos crueles de tortura disminuyeron después del viaje de Paul Kagame a Burundi, donde visitó a los miembros del FPR y éstos le prohibieron matar a sus chicos con la vieja azada, "como cerdos". Le dijeron que si no querían combatir, los mandara a su casa o a reanudar sus estudios. Después de este aviso, la gente empezó a respirar. Por el contrario, para los combatientes que provenían de Uganda, incluso si las faltas cometidas eran más graves, sobretodo cuando eran considerados buenos combatientes, no sufrían más que pena de cárcel de corta duración y volvían a tomar sus funciones poco después. 

Volviendo un poco al principio de la guerra, en octubre de 1990, el general Rwigema, en su táctica, había proyectado atacar por Mutara y el Parque de Akagera, que estaba menos poblado, a pesar de las dificultades para encontrar agua y comida. Pero era importante porque debía sensibilizar a la población sobre los motivos de la guerra emprendida por el FPR. Por humanidad, Rwigema quería alejar todas las razones que podían ocasionar matanzas de población cuando podía evitarlo. No era así como lo concebía Kagame, porque en Mutara no había comida, no había cerros para protegerse contra armas pesadas ya que en los relieves bajos estaban expuestos a cualquier tiro; que, para él, era ventajoso pasar por las colinas para reducir el número de muertos y heridos. Hay que decir que, con excepción de los volcanes, en estas colinas solo había población hutu, nordistas que no querían el poder de los inkotanyis, de los que se decía que iban a restaurar la monarquía y el feudalismo. En los volcanes, los tutsis sufrieron mucho. A causa del hambre, el frío y la disentería, cada unidad perdió entre 5 y 10 personas los 5 primeros meses. Para Kagame, esto no tenía ninguna importancia, ellos debían combatir o morir. Este discurso no dejaba de repetirlo a los militares cuando visitaba las unidades.

LOS DIVERSOS EPISODIOS DE LA GUERRA

La primera etapa: desde septiembre de 1990 hasta julio de 1991

Esta etapa corresponde a la táctica de los ataques de diversión para provocar la dispersión de las tropas gubernamentales a lo largo de la fronteras a fin que los inkotanyis no encontrasen demasiada resistencia en los lugares donde decidiesen atacar. Era una muy buena idea como estrategia militar, pero estuvo acompañado de una violencia inaudita, como voy a describir refiriéndome al panorama de la zona del norte. 

Los ataques que tuvieron lugar en las localidades de Muvumba, Kyombe, Nkana, Rushashi, Kaniga-Gatuna y alrededores, fueron acompañados de una terrible violencia: concentración y matanzas sin discernimiento de la población civil, violaciones y ejecuciones de las víctimas con el pretexto de evitar que les echaran la mala suerte, robo del ganado y los otros productos alimentarios de la población antes de expulsarlos hacia zonas donde iban a morir de hambre, destrucción de las casas para vender las planchas de aluminio en Uganda, arrasar las casas para que los propietarios no pensaran nunca en volver...

Del lado de Cyumba, Butaro, Nkumba, Kinigi, Mukingo, y regiones cercanas, las operaciones militares eran parecidas a las de Mutara. Es importante señalar que una sola persona, Kagame, era responsable de toda la estrategia y de la dirección de las operaciones. Era él quien hasta en los más mínimos detalles lo planificaba y hacía el seguimiento de todo. Las fuerzas gubernamentales habían consolidado su posición de defensa, de modo que era muy difícil  penetrar en el país. Puedo citar algunos ejemplos:

En Mutara, en las localidades de Nyagatare, Rwempasha, Kangoma, Mabare, Mutojo, Bushara, Kabuga, Nyabihera, Gikagati, Karama, etc… cada militar inkotanyi era consciente del peligro. 

En las localidades del interior, sabíamos que debíamos contornear las posiciones de Gatonde, Kaniga I, Kaniga 2, Mukono y Kivuye. En Ruhengeri, las posiciones mejor reforzadas se encontraban en Nyamicucu, Butaro-Runaba, Rwabutama, Kinyababa, Muremure, Kagano Bisate, así como en otros lugares como Ruhengeri y Kinigi. Lo que quiero demostrar es que cada tentativa de atacar esas localidades era rechazada y nos derrotaban. Toda nuestra frustración recaía contra la población de los alrededores. Algunas de las medidas de represalia contra estas poblaciones consistían en forzarles a evacuar a nuestros heridos y muertos, hacerles cavar las tumbas en las que iban a ser enterrados, acompañar el ganado que se les había saqueado; se les obligaba a matarse entre si hasta que solo quedaba uno, al que mataba un militar. En otras ocasiones se encadenaba a la población, ligando sus brazos a las piernas, se les rompía el cráneo con una azada vieja, se les clavaban las bayonetas entre las costillas hasta que murieran. Todos los pretextos eran buenos para matarles, hasta preguntarles por el  "secreto del MRND", los secretos del ejército y otras cuestiones de las cuales nada sabían evidentemente. Cuando se terminaban esos actos macabros, nos replegábamos a nuestra retaguardia en Uganda.

La mentira del FPR empezó entonces. El FPR no ha reconocido nunca sus crímenes. Incluso llegábamos a negar la evidencia de nuestras operaciones a partir de Uganda. La estrategia continuó hasta la invasión de la RDC. Nadie reconoció que el APR se encontraba en territorio congoleño. 

Segunda etapa: de julio de 1991 hasta junio de 1992

En ese momento, el APR intentó ocupar porciones de territorio a lo largo de la frontera de Mutara en la región de Birunga. Eso fue posible en ciertas regiones e imposible en otras. Sin embargo, allí donde la ocupación fue posible, lo conseguíamos únicamente cuando la totalidad de la población era exterminada, los que habían sobrevivido tenían que huir. Las autoridades del régimen de Habyarimana sólo podían agruparlos en espacios reducidos, donde recibían raciones insuficientes de comida y plásticos (sheetings) para construir sus pequeñas barracas. Si los investigadores quieren conocer las razones que hicieron posible el genocidio, deberían empezar por estudiar esta situación (1).

El FPR emprendió la táctica de atacar al enemigo rodeándole, cortándole toda vía de aprovisionamiento detrás de él. Esta táctica era ventajosa para los inkotanyis, que disponían de un equipamiento insuficiente, obligaba al enemigo a salir de sus posiciones defensivas y alejarse de ellas. Éramos menos numerosos y mucho menos equipados que las fuerzas gubernamentales.

Rodear al enemigo significa que evitábamos la línea de frente entre los ejércitos, para penetrar en zonas habitadas por población civil, detrás de las posiciones del ejército gubernamental. Esta población, que no tenía confianza en nosotros, denunciaba nuestra presencia ante el ejército gubernamental, que podía atacarnos una vez que nos localizaban. Entre esta población, al que sospechábamos que nos había visto lo matábamos porque no teníamos medios para mantenerle callado y no sabíamos por cuanto tiempo íbamos a quedarnos en el lugar. Esto quiere decir que cada vez que rodeábamos al enemigo habíamos recibido la orden de matar sin piedad a todo el pueblo.

Aventurarse lejos de la línea del frente y de nuestras posiciones significaba que teníamos que sobrevivir gracias a los víveres que encontrábamos in situ. Había que matar a la población, saquear sus bienes y destruir sus casas para apoderarnos del ganado: cabras, gallinas, vacas, con las que nos alimentábamos.

Había momentos en que teníamos abundantemente todo eso, pero luego lo despilfarrábamos: cada uno mataba a un animal, comía la parte que le interesaba y tiraba el resto. Para 20 personas, sacrificábamos 2 vacas, 10 gallinas, 3 cabras. Los que conocen de cerca la pobreza de los ruandeses, de los hutus, que nunca fueron informados de la ideología del FPR y que únicamente les han visto venir para matar a sus hijos, violar a su mujer, robar su ganado, saquear sus bienes y se preguntan aún cómo fue posible el genocidio, podrían empezar sus investigaciones aquí (2).

En un momento dado, las autoridades locales aconsejaron a la población que tuvieran perros para que detectaran la llegada de los inkotanyis, ladraran y así la gente tuviera tiempo de huir. Hasta el ejército ruandés los utilizaba en los campamentos. Pero como la táctica del rodeo de las posiciones gubernamentales permitía evitar las zonas habitadas, entonces cuando la gente creía que estaba huyendo, caía en las garras de los inkotanyis, que mataban a todo el mundo gracias a la oscuridad de la noche, sin dejar que nadie se escapara, con el pretexto de que se trataba de "Ibipinga"5,, que preferían morir por el MRND. Recuerdo que cada vez que los inkotanyis procedieron al rodeo de las posiciones del ejército, siempre empezaban por exterminar a la población local. 

Hacer trampas con minas, disparar contra autobuses que transportaban viajeros en las regiones fronterizas, eran actos realizados cotidianamente, hasta tal punto que las minas se colocaban en campos de patatas para que cortaran las piernas a los campesinos, impidiéndoles así volver a sus campos. Esto es muy triste. Para campesinos que habían sido forzados a huir sin tener suficiente comida  o solo con maíz y judías, dejando detrás sus platanales, sus campos de mandioca y moniatos, sus legumbres, la tentación era casi permanente de volver para aprovisionarse. Algunos incluso volvían para buscar algo con que vestirse. Las fuerzas armadas del FPR habían recibido la orden de no compadecerse de nadie que volviera. Hacer morir de hambre a un campesino impidiéndole el acceso a sus bienes solo podía conducir al genocidio. Los que buscan el origen del genocidio deberían empezar por aquí (3).

Los campos de desplazados de guerra se implantaron en localidades bien conocidas, como las que voy a citar: Rukomo-Rwebare (Muvumba), campo que he visto con mis propios ojos, fue destruido por armas pesadas, como morteros de 120 mm ; el de Rukara y el de Mutagomwa fueron atacados con lanzagranadas Multiple de 107 mm o katiusha, utilizados por Murangira, de vez en cuando por Kyakabale, el comandante del ejército ugandés del otro lado de la frontera. Este prestaba a los inkotanyis morteros de 23 mm, 37 mm y 14,5 mm para atacar los campos de desplazados de guerra. Llegó un momento en que no éramos capaces de comprender lo que tramaban los jefes. Algunos de nosotros estimábamos que los sufrimientos causados al pueblo eran suficientes, que no era necesario añadir otros por medio del uso de armas pesadas. Este campo, como muchos otros, a ejemplo del de Runaba, Nkumba, Muhambo, sirvió de ensayo como campo de entrenamiento de mísiles antiaéreos. Disparábamos mísiles luminosos por encima de los campos y los que se entrenaban en lanzar mísiles transportables apuntaban a los campos como objetivos. A veces, los mísiles explotaban en el centro del campo y mataban inocentes. Esto llevó a la población a huir de los combates y desplazarse lo más lejos posible. Algunos llegaron hasta Nyacyonga, después de haber sido desalojados hasta 20 veces en dos años. Era muy raro que las familias llegaran completas a Nyacyonga ya que cada vez huían después del bombardeo de su campo, dejando atrás un niño muerto, una esposa, un hermano... Esto explica también como la gente llegó al genocidio (4).

Tercera etapa: desde el ataque de Byumba a primeros de junio de 1992 hasta el 6 de abril de 1994

El ataque de Byumba fue la primera operación para probar si el FPR podía realizar un ataque de envergadura en profundidad. Como las negociaciones progresaban, el FPR debía imponerse como una fuerza militar que crecía cada vez más.

Hay que recordar que durante las negociaciones de Arusha, Kagame nunca dijo a sus soldados que llegarían a una solución pacífica. Repetía sin cesar que para llegar a Kigali solo era posible con el fuego del cañón. Estos ataques de gran envergadura nos condujeron hasta Rukomo, más allá de Byumba, cerca de Kigali. Siempre pasaba lo mismo: Mukarange, una parte de Kinyami, Buyoga, Rushashi, una parte de Ngarama, Cyumba, Kivuye: en todas estas localidades la gente que no pudo huir de los inkotanyis fue masacrada. Este punto es muy importante ya que esto fue otro grave error del FPR. El FPR volvió a Uganda a buscar a la población local con el fin de recoger los cultivos abandonados por los desplazados de guerra en Rwanda  y ocupar el territorio para poder habitar en él en el futuro. La noticia se difundió rápidamente en Uganda hasta llegar a los mismos desplazados de guerra que habían abandonado sus bienes. Así lo que se les había dicho,  que los inkotanyis habían venido para matar, robarles los bienes, habitar en sus propiedades, restaurar la monarquía y que estarían obligados a llevar a los tutsis en sus palanquines, todo esto fue considerado como cierto, propio del antiguo régimen. Este factor muestra también como hubo una tal escalada del odio étnico hasta que los hutus fueron inducidos a cometer el genocidio (5).

Durante esta etapa, el FPR empezó a creer que podía realizar un ataque de envergadura y ocupar de manera permanente terreno en Rwanda. Para que fuera posible, era necesario realizar un segundo ensayo, otra expedición militar más ambiciosa, pero era necesaria una excusa sólida. 

Primero, las negociaciones habían empezado y un alto el fuego había sido decretado. El FPR o, para ser más exactos, Kagame y su ejército el APR, empezaron a buscar la menor ocasión y a planificar el reinicio de las hostilidades, a pesar de las negociaciones en curso. Allí se concibió la idea de crear un escuadrón especial, bajo la responsabilidad exclusiva de Kagame, ayudado de sus más próximos colaboradores: Kayumba Nyamwasa, James Kabarebe y Charles Kayonga. Este escuadrón cambiaba de nombre según las circunstancias, pero doy una lista no exhaustiva de algunos de los nombres que llevó: Network,  Network Commando, Techniciens, o incluso Commandos CDR. Estos nombres se adaptaban a la talla o al objetivo de estas unidades,  al lugar de ejecución de la misión o a su razón de ser. Por ejemplo, los que operaban en el seno del partido CDR se les llamaba “Commando CDR”. Los que cortaban la madera en los campos militares de Habyarimana, los niños de la calle en Kigali, los sirvientes de los altos responsables del país, se les llamaba “Techniciens”. 

Lo que importa saber es que la unidad “Network” se concibió de manera sofisticada, hasta el punto que incluso los que formaban parte del mismo no se conocían, con excepción de los que se formaron juntos o los que formaban parte de la misma unidad. 

La creación de este escuadrón especial tenía como finalidad: 

a)     Utilizar esta unidad con fines de desestabilización del país de forma que pudieran atribuirse sus  crímenes al gobierno y poder reiniciar las hostilidades. 

b)     Poner bombas por todo el país, cosa que hasta aquel momento no se había hecho de forma organizada.

c)      Implantar células clandestinas del FPR en el interior del país, formar cómplices del  FPR y proceder al reclutamiento, envenenar el agua potable consumida por los desplazados de guerra, realizar operaciones de reconocimiento detrás de las líneas enemigas, etc...

d)     Organizar los asesinatos de las personalidades políticas objetivo del FPR. 

Después se produjo el ataque de 8 de febrero de 1993, con el objetivo de comprobar la capacidad de marchar sobre Kigali, evaluar los resultados de Network y los pretextos para volver a abrir las hostilidades, aunque las negociaciones estuvieran en curso.

Se cometieron terribles matanzas en esos momentos. Recuerdo que donde me encontraba, en ciertos municipios de Ruhengeri, por ejemplo en Base6, en el mes de febrero de 1993 los soldados masacraron a la población hasta el punto que aunque unos cuerpos se incineraron y otros muchos se enterraron, quedaron aún los que se descompusieron a pleno sol a lo largo de la carretera del interior de Base hasta que el GOMN (Grupo  de Observadores Militares Neutros) llegó y nos pregunto si no teníamos vergüenza de vivir con cadáveres y pasar por encima sin escrúpulos. Entonces se llamó a los supervivientes para proceder al entierro de estos cadáveres y cuando se fue el GOMN se mató a la gente que había enterrado estos cadáveres. En ese momento comenzaron los actos de sabotaje sistemático de las infraestructuras económicas, como la central de Ntaruka, atentados con bombas a domicilios de personalidades: la casa de Rucagu fue incendiada y completamente destruida, la del coronel Gasake, en Nyarutovu, Cyeru y Nyamuragi. No se pueden olvidar por ejemplo los horrores cometidos por Charlie en la ciudad de Ruhengeri desde que fue imposible conservar nuestras posiciones. La gente sabe también lo que pasó en Musanze, en el ETIRU, en Karwasa, Kigombe y Kinigi, todos los habitantes de la región son testimonios de ello. Nadie ignora las atrocidades cometidas por los inkotanyis en Ngarama, Buyoga y otros lugares.

CREACIÓN DE LOS INTERAHAMWES, LOS IMPUZAMUGAMBIS Y LA RTLM

Kagame había planificado que fracasaran las negociaciones e invadir Kigali. Habyarimana quería enfrentarse a los que llamaba los enemigos del país; para él nosotros éramos enemigos. Creó unas milicias que recibían formación militar de las fuerzas armadas, la policía municipal, la gendarmería e incluso de los servicios de la Presidencia. Esta juventud, que terminó por hacer lo innombrable estaba omnipresente en todo el país. Sin embargo no todos actuaban con el mismo furor en la  matanza de los tutsis. Es una cosa que la gente debe saber porque es la realidad. Toda persona que haya vivido en Rwanda en esa época puede certificarlo.

Al principio de los ataques de los interahamwes en Busegera, Kibirira y Bigogwe, los asaltantes llegaban siempre en un autobús de la ONATRACOM provenientes de los campos de desplazados de guerra. Algunos habían sido desmoralizados y eran como animales salvajes a causa del asedio del APR. Los demás interahamwes hutus no entendían como estos jóvenes habían llegado hasta la bestialidad de matar a la gente como moscas, y sentían repugnancia por lo que hacían.

Muchos de los ataques cometidos antes del genocidio lo fueron por esos jóvenes empujados a la maldad por un lado por el gobierno de la época y por el otro por el FPR. El que quiera conocer las raíces del genocidio, aquí hay materia a considerar (6).

De hecho, el MRND hacía lo que quería el FPR. Cuando el MRND entrenaba a los interahamwes, el FPR encontraba la ocasión de hacer explotar bombas y responsabilizar al Estado. De esta manera, encontraba una justificación para empezar de nuevo la guerra, ya que la comunidad internacional incriminaba al gobierno de Habyarimana. No niego que los interahamwes, así como otros extremistas, hicieran explotar bombas. Para el FPR era la ocasión de entrenar a los comandos para la red (Network), pues, cuando estaban en curso las negociaciones, se aprovechaba para entrenarnos. Solo en el año 1993, el FPR pudo entrenar las fuerzas siguientes:

- Dos batallones de comandos y otras pequeñas unidades de menor importancia;

- Formó a 400 militares destinados a entrar en la gendarmería;

- Formó a 4 grupos de instructores. Planificaba que, en caso de guerra, cada unidad dispusiera de sus propios instructores para formar rápidamente a los nuevos reclutas;

- Formó a todos los oficiales en materia de mando y liderato;

- Entrenó bastante a sus militares en guerrilla urbana, en el seno de cada unidad;

- Formó y entrenó a los militares a hacer largas marchas, transportando todo el equipamiento militar individual, cada hombre con sus cartuchos y bombas que le permitieran resistir varios días esperando la llegada de nuevos aprovisionamientos;

- Formó a los militares en “la verdadera historia de Rwanda”. En realidad, esta historia no mostraba las divisiones étnicas, pero tenía por objetivo inculcar en el espíritu de los militares que la mejor solución era el derrocamiento de Habyarimana y su régimen. Así el FPR podría tomar el poder.

El peso de esto era muy importante porque los militares nunca imaginaron que la paz pudiera venir de los Acuerdos de Arusha. En este punto, el FPR adoptaba la misma actitud que la de los extremistas de la CDR, el MRND y la rama Power. La única diferencia estaba en que el FPR y sus hombres nunca decían abiertamente lo que pensaban. Del lado del Estado, se decía abiertamente en los medios de comunicación, y se propagó la frase que los acuerdos de Arusha eran papel mojado, que eran como el cadáver de un perro en descomposición. 

A lo largo de esta etapa de la guerra, el FPR/APR pudo alcanzar los objetivos que le permitieron tender trampas a Habyarimana, hasta el punto que cada atentado que cometía (el FPR), le era posible de responsabilizar de ello al poder de Habyarimana.

En el período que siguió a la firma de los acuerdos, había dos hombres, Habyarimana y Kagame, dos generales, dos enemigos jurados, con el temor recíproco que, si estaban en el mismo país, cada uno podría eliminar al otro físicamente cuando se le presentara la ocasión.

En un momento dado el FPR se dio cuenta que creando el caos podría derribar el poder existente; pero al mismo tiempo tenía miedo de la presión internacional que podía presionarlo para integrarse en el gobierno. Los dos protagonistas, tanto el FPR como los extremistas de Habyarimana, temían esta eventualidad, ninguno creía en la partición del poder como una buena solución. Es por lo que cada cual de su parte había previsto un plan oculto en el caso que la coexistencia hubiera sido impuesta, que conduciría al fracaso del proceso. Esto es lo que se preparó por los dos lados:

Del lado gubernamental:

- El establecimiento de lo que se llamó la “defensa civil”, no tenía otro objetivo que la distribución de armas entre la población; cada célula y cada sector del país debían contribuir a sembrar el caos.

- La creación de milicias armadas que rechazaban todo lo que había sido firmado, incluso cuando estaba hecho por el mismo Habyarimana. Estas milicias estaban dispuestas a pasar a la acción cuando llegara el momento.

- La radio nacional y la RTLM así como las pequeñas revistas afiliadas rechazaban la utilidad de los Acuerdos de Arusha.

- Compró material suplementario suficiente para distribuir entre la población.

- Confeccionó listas de todas las personas que tenían hijos o hermanos en el FPR/Inkotanyi, de los sospechosos de propagar la ideología del FPR, de los que le buscaban financiación, de los hutus que se comportaban como tutsis, es decir, los que sostenían la lucha del FPR, para que fueran eliminados cuando llegara el momento. Nadie conocía el día que podría ser asesinado.

- Esto es diferente de lo que propaga el FPR que sostiene que en las listas de la muerte constaban todos los tutsis. Es mentira, porque si los tutsis tenían que morir simultáneamente, significaba que cada uno debía ser ejecutado por su vecino. Y entre vecinos se conocían tan bien que no era necesario hacer listas de los tutsis ya que desde la infancia cada cual conocía la etnia del otro. Aquí, insisto en el hecho que con o sin la muerte de Habyarimana había un plan bien determinado de matar cierta gente, que es lo que sucedió. Excepto uno u otro que tuvo suerte, todos aquellos cuya muerte se había planificado fueron asesinados en los tres días siguientes a la muerte de Habyarimana. 

Por parte del gobierno, yo afirmo que del agrado del propio Habyarimana o bajo presión de su entorno aceptó que se elaboraran esas listas, sabiendo que cuando llegara el momento se ejecutaría a las personas que figuraban en ellas. 

No puedo olvidar una cosa importante: la vida humana, que es sagrada, se convirtió como el agua que se derrama cuando se considera necesario, sobretodo para los tutsis. Quiero decir que se llegó a un punto tal que Habyarimana y sus extremistas acostumbraron al CDR y los interahamwes a la idea que derramar sangre es un acto banal. Se ejercitaron en Kibirira, Bugesera, Bigogwe para demostrar que derramar sangre es viable y que se puede hacer sin miedo. Este punto es muy importante, pues como he dicho otros hutus que no eran asesinos, en las colinas y en los sectores e incluso en el interior del MRND, estaban muy sorprendidos de ver los que hacían los interahamwes y los impuzamugambis. Algunos se oponían a estas acciones, cosa que provocaba disturbios entre partidos. Nadie ignora como la juventud del MRND (Inkuba), el PSD (Abakombozi) y los “liberales” del PL plantaron cara a las actuaciones de los interahamwes. Todo esto ocurrió hasta que Habyarimana logró sembrar la división entre todos los partidos, que se separaron en las alas Power y Amajyogi. En resumen, fueron los extremistas quienes iniciaron sus juventudes a matar. Esta es otra prueba que el genocidio era inevitable (8).

Del lado del FPR/APR:

Se hicieron muchas cosas que preparaban el exterminio de los tutsis. 

Con motivo del control de la frontera con Uganda, el FPR hizo entrar el máximo posible de municiones en Rwanda, para su utilización a largo plazo. Esto pasó en septiembre de 1993, en diversos lugares y para provocar y tener una guerra sin tregua a fin de derrocar al gobierno y, si ello no era posible, estas municiones y este material podía igualmente servir cuando se estuviera en el gobierno de transición para crear el caos a fin de tomar totalmente el poder por la fuerza. Para el que quiere entender el trabajo de la red (Network), aquí hay una prueba. Un grupo de gente de la cual yo formaba parte fue seleccionada para cavar grandes fosas. En la que me encontraba, la cavidad medía 50 m x 30 m x 7 m. Allí depositamos las municiones y bombas de diferentes calibres: de 7,62 mm, 120 mm, 12,7 mm, 14,5 mm, 23mm, 75 mm, 81 mm, 107 mm, 120 mm, 122 mm.

Todo este material lo transportó población bakiga de Uganda que lo depositaron en la cima de una colina en la frontera ruandesa donde íbamos a buscarlo para enterrarlo. Hicieron falta más de 1.000 personas para transportarlo todo y fue necesaria una jornada entera. Nosotros, que teníamos la misión de asegurar la guardia, sabíamos que debíamos ser ejecutados a golpes de azada si uno solo de entre nosotros revelaba el secreto. En este lugar, tres de nosotros fueron asesinados porque habían ido a comprar cigarrillos sin autorización del comandante. Lo que nos dijeron Kabarebe y Kayumba Nyamwasa fue que, si debíamos entrar en el gobierno, nosotros, los guardias, debíamos permanecer en el lugar y habitar cerca de las armas escondidas, del lado ugandés y del lado ruandés. Nos ayudarían secretamente a vivir allí hasta el momento en que el material debiera ser utilizado para derrocar al gobierno.

Se hizo lo mismo en Karama, Mutara, en Bungwe, Cyumba, y en otro lugar entre Kaniga y Gatonde. En realidad, el objetivo no era otro que crear el caos y tomar el poder. Poca gente estaba implicada en este asunto; se les podía contar con los dedos de la mano: el mismo Kagame, Kabarebe, su adjunto, Kayumba Nyamwasa, responsable de la información, el coronel Ngoga en el norte, el coronel Bagire en Mutara, el Mayor Jacob, apodado Rubondo que era responsable de la logística militar, y después otros que llegaban de visita organizada por los responsables del material militar, así como otras personas que podían acceder al lugar en compañía de sus jefes o en misión. Los militares del FPR que se seleccionaba para esta clase de trabajo tenían que merecer una gran confianza y, entre ellos, se reclutó a los que debían espiar la ciudad de Kigali antes del asesinato de Habyarimana.

Varios militares se desperdigaron por todo el país con la misión de poner bombas, crear células del FPR y entrenar al manejo de las armas a quienes podían sostenernos durante la guerra, conocer el funcionamiento de cada partido político, infiltrar la juventud de los partidos y informarse sobre las personas que el FPR quería liquidar.

El FPR y sus propagandistas (political mobilisers) penetraron en la zona tampón, desmilitarizada, donde empezó a propagar su ideología. Para mí esto era aceptable, pero no lo era el hecho que el que no se adhería inmediatamente a las ideas del FPR no tenía otra suerte que la ejecución con la azada y frecuentemente su familia seguía su misma suerte.

El FPR procedía a pruebas en su estrategia de intoxicación que consistían en cometer crímenes que cargaba sobre las espaldas del MRND a fin de probar los resultados.

La gente era asesinada para encontrar acusaciones contra el MRND, tuviera o no cuentas pendientes con ellos. Para estos asesinatos, el FPR utilizaba técnicos (Network) o una rama ampliada entre los agentes de información de las unidades o los pequeños escuadrones de la muerte; utilizaba también a ciertos jóvenes a quienes había enseñado a utilizar pequeñas bombas a través del país. Los que debían ser asesinados eran elegidos de la manera siguiente:

1.   El hutu que realizaba bien sus funciones para el gobierno, en resumen el que amaba a Habyarimana y su gobierno.

2.   Cualquier hutu que mostraba un cierto nivel intelectual y de obstinación, como Gapyisi.

3.   Cualquier hutu, oponente, cuyo asesinato pudiera atribuirse con facilidad al gobierno.

4.   Cualquier hutu la muerte del cual no pudiera dejar ningún indicio para las investigaciones.

5.   Todo militar de alta graduación, si era posible.

6.   Ningún tutsi nacido en Rwanda suscitaba la confianza del FPR; su muerte podía atribuirse fácilmente al gobierno y no era considerado como una pérdida (sacrificar a los tutsis del interior).

7.   Un tutsi intelectual que podía no querer adherirse a la ideología del FPR, como Lando, con quien habíamos fracasado varias veces.

8.   Los tutsis que residían en territorios aislados podían ser masacrados colectivamente para imputar el crimen al MRND. Los militares del FPR hicieron esto en Kabatwa, Gisenyi, bajo el mando de Gashayija Bagirigomwa, así como el agente de información Moses Rubimbura. No se trata de rumores, sino que pasó a principios de 1994.

9.   Incluso después de la guerra, el FPR no dudó en sacrificar a los tutsis para encontrar el pretexto de ir a saquear el Zaire. No es ningún secreto para ninguno de los militares del FPR-Inkotanyi. Es así como se produjeron las matanzas de los bagogwes de Mudende; estamos dispuestos a aportar pruebas a quien lo quiera. Las matanzas de los banyamulenges de Biura y de otras localidades se sitúan en este marco. 

 Los “técnicos” de la ciudad de Kigali (miembros de Network) hicieron muchas cosas. Como he dicho al principio, el Network es una amplia red compuesta por elementos conocidos sólo por las autoridades que les seleccionan. Los demás, sólo conocían al compañero al que le habían afectado. Si por casualidad uno se encontraba con alguno del que sospechaba que era su camarada inkotanyi, no le podía hacer ni siquiera un guiño, porque estaba cumpliendo una misión diferente de la suya. Nos habían entrenado en ocuparnos sólo de la misión que nos correspondía, solo y en función de las consignas recibidas de los superiores. Los criterios de selección eran los siguientes:

1.   Ser reconocido tutsi de padre y madre y beneficiar de una confianza total por parte de los seleccionadores.

2.   Tener rasgos físicos de hutu era una ventaja, pues entonces no había que camuflarse demasiado. Los que tenían la apariencia real de tutsi debían operar con moto. Cada vez que temían ser observados, se ponían el casco, llevaban sus equipajes a la manera de los agrónomos y se iban tranquilamente a cumplir su misión.

3.   Conocer perfectamente Rwanda, sobretodo la ciudad de Kigali, era un criterio importante para ser seleccionado porque se podía intervenir en diferentes misiones.

4.   Ser un hutu reconocido, con la condición de no haber residido jamás en Rwanda y haber dado pruebas de gran hostilidad hacia los hutus, renegando de su pertenencia étnica y sin miedo de matar a sangre fría.

5.   Ser hutu reconocido, nacido en Rwanda para misiones bien determinadas y en un lugar específico. No debía conocer a los otros miembros de Network enviados para operar en la ciudad de Kigali y era vigilado de cerca por más de cinco inkotanyis – lo supiera o no.

Una misión era siempre personal y diferente de la de los demás. A veces se podía estar destinado a una misma misión sin conocerse, pero ciertos comportamientos y ciertas consignas eran conocidos de todos  a fin de poder asistirse en caso de necesidad. Teníamos jóvenes que hacían el trabajo, aseguraban el servicio de taxi-moto en todo el país, en los lugares de reunión de los políticos; taxistas, criados en los campos militares o en casa de las altas autoridades hutus; los niños de la calle de Kimihurura; los portadores; los infiltrados en los grupos de milicianos interahamwes, impuzamugambis y abakombozis; los que operaban en estricta clandestinidad durante la noche y otros que trabajaban como empleados de gasolinera. El trabajo era tan diversificado y bien preparado que, cuando se reanudaron las hostilidades, Kagame poseía todas las informaciones necesarias para desencadenar el asalto final. 

A toda persona que tenia capacidad para formar a otros agentes, le era asignada la misión de reclutar el número más grande posible de colaboradores internos, pero a veces no debía conocerse la verdadera identidad del formador como militar del FPR-Inkotanyi. Más bien tenía que ser reconocido como un simple ciudadano simpatizante del FPR. Teníamos igualmente la misión de estudiar los comportamientos particulares de los individuos, redactar informes sobre ellos y estimar si era necesario liquidarlos físicamente en caso de fracaso.

La trampa del FPR se cerró en el momento en que los Acuerdos de Arusha nos autorizaron al establecimiento de un batallón de 600 hombres en Kigali. La selección de este batallón necesitó muchos cálculos ya que debía ser una unidad especial. Así es como se hizo:

1.   Cada unidad debía elegir a un militar de confianza absoluta y excepcionalmente valiente, que se emplease hasta el límite de las capacidades humanas, que no tuviera frecuentemente necesidad de un comandante, capaz de salir de situaciones complicadas sin necesidad de asistencia, tirador de élite de alto nivel, en resumen un verdadero especialista en el manejo de las armas y un militar experimentado.

2.   Los mejores comandos y los mejores espías militares suficientemente entrenados fueron seleccionados y recibieron una formación específica necesaria, aprendieron y dominaron las técnicas de guerrilla urbana de forma que no preveían encontrar ninguna resistencia importante en la toma de Kigali. Se nos había hecho comprender que cada uno de nosotros moriría un día, que todos los riegos eran posibles, que el coraje es la primera de las armas, que el objetivo debe ser no dejar ninguna posibilidad de victoria al enemigo. 

3.   Siguiendo las estructuras habituales del mando militar, los sargentos y cabos tenían hombres bajo su mando, a nivel Sección. No era así respecto al 3er. Batallón de Inkotanyi: los sargentos y los cabos estaban agrupados bajo el mando de un subteniente o de un sargento reconocido por tener las mismas competencias que los oficiales. Lo que quiero explicar es que se trataba de una fuerza autónoma, que no tenía necesidad de recibir demasiadas instrucciones y en la que cada militar podía tomar iniciativas y ejecutar correctamente su misión..

4.   Además de la enseñanza dispensada sobre la situación de la ciudad de Kigali, nuestros militares se relevaban en los convoyes de escolta que iban a Kigali, para que el mayor número de nosotros tuviera la posibilidad de ver con sus propios ojos todos los barrios de la ciudad de Kigali y sus alrededores. 

En cuanto se refiere al Network que ya era operativo en Kigali y que trabajaba directamente con el alto mando de Mulindi, la dirección militar se modificó un poco con la llegada de los 600 militares a Kigali: todas las actividades fueron puestas bajo las órdenes del teniente coronel Kayonga. Antes, las informaciones urgentes pasaban por Karake Karenzi, que representaba al FPR en el seno del GOMN primero y de la MINUAR después.

En realidad, es a partir del momento en que los 600 militares del FPR estuvieron instalados en Kigali que tuvimos el convencimiento que, fuesen cuales fuesen las circunstancias, Kigali ya era nuestra y que íbamos a reventar el vientre de todos estos hutus de Habyarimana. Cuando el coronel Bagosora decía que iba a preparar el Apocalipsis, ignoraba que el FPR estaba preparando el suyo y que estaba a punto de empezar. 

Cuando observamos el desorden existente entre las fuerzas gubernamentales, cuando constatamos como la ciudad - a pesar de la presencia de interahamwes, militares y gendarmes – no estaba del todo protegida, deseábamos apoderarnos de ella. Pero todo el mundo sabía que, incluso si la toma de la ciudad de Kigali era posible, ello debía ocasionar consecuencias desastrosas. De nuestros agentes que estaban infiltrados entre la población, en el seno de los partidos políticos, entre los interahamwes, en los mítines de los partidos políticos, se desprendía que la mayor parte tenían esperanza en los Acuerdos de Arusha, pero entre los irreductibles (los duros del régimen) Arusha era una quimera. De hecho, se señalaba que de los dos lados solo quedaba el recurso al plan A, el de relanzar los combates, ya que el plan B era un secreto para cada parte en conflicto, secreto que sería desvelado cuando el proceso de integración hubiera terminado, todo debía estallar cuando el FPR estuviera instalado en el país. Los más informados podían constatar que, fueran cuales fueran las circunstancias, la guerra iba a recomenzar y que sería sin tregua, haciendo millones de víctimas entre la población civil.  

EL FPR LLEVABA EL GOBIERNO DE HABYARIMANA A LA DERIVA

Para que los combates se reanudaran, hacían falta pretextos, la esperanza de una victoria rápida, es decir pasando por la vía más rápida. 

Explicación

Después de haber creado un clima enrarecido, sembrado la cizaña en los partidos políticos a fin de separar a los simpatizantes del FPR de los irreductibles del Power, el FPR acababa de partir en dos la fuerza de los hutus, incluso en el interior del ejército ya que si los militares no estaban autorizados a adherirse a los partidos políticos abiertamente cada cual tiene siempre sus preferencias políticas. Las fuerzas armadas no podían combatir eficazmente sin hablar un mismo lenguaje. Algunos creían que esas divisiones eran obra únicamente de Habyarimana, pero no era verdad. Su influencia no llegaba a todas partes, de ninguna forma a los que no le apoyaban, incluso si estos no estaban bajo la obediencia del FPR. El FPR no los apreciaba y no deseaba que estuvieran de su lado. En cambio el FPR sí que tenía interés en que actuaran en el sentido de reforzar sus posibilidades de reprender los combates. 

Después de los asesinatos de algunos responsables de diversos partidos políticos y los fracasos para la eliminación de otros, el FPR atribuía estos hechos al partido MRND. Pero algunas veces el MRND y el CDR eran los verdaderos responsables de ciertos asesinatos. Así, el Estado era considerado el único responsable a la vista del público que consideraba que el desorden era provocado por las autoridades que rechazaban el establecimiento de un gobierno de unión previsto por los Acuerdos de Arusha. Esta trampa del FPR surtió efecto y el Estado fue continuamente acusado como el único responsable de este estado de cosas sin que se sospechara del FPR. En realidad si volvemos a las exacciones cometidas por nosotros, los inkotanyis, en las zonas que controlábamos, y todas las atrocidades hechas a la población inocente originaria de las regiones del norte del país, era muy difícil disociar las acciones de los inkotanyis y las de los impuzamugambis.  

Después, los irreductibles de Habyarimana - ha de señalarse que la mayoría de los próximos del presidente (Akazu) eran originarios del norte del país - encontraban que no había ninguna razón para oponerse a la participación del CDR en el gobierno del país cuando este partido era una creación y un instrumento del MRND que participaba en el gobierno de transición. No era concebible que el FPR y su ejército el APR participaran en la gestión del país cuando eran también criminales como hemos visto en las páginas precedentes. De hecho, las razones dadas tanto por el FPR como por Habyarimana para rechazar el establecimiento de las instituciones no eran más que pretextos que la gente ordinaria era incapaz de explicarse. En efecto, era difícil de probar que el FPR era un ejército de criminales, porque sabía camuflar sus delitos y los endosaba al MRND y el Estado.

La diferencia entre los asesinatos cometidos por el Estado y los cometidos por el FPR reside en el hecho  que el FPR recorría a los servicios de profesionales bien entrenados, que no alardeaba de ello y no toleraba que los observadores independientes vinieran a meter la nariz en sus asuntos. El Estado, por el contrario, utilizaba a los interahamwes drogados de cannabis y sus exacciones eran comentadas victoriosamente por la radio RTLM y todos los periódicos apoyados por el régimen de Habyarimana. 

¿POR QUÉ NO SE HAN CONOCIDO LAS CRUELDADES HECHAS EN LAS ZONAS CONTROLADAS POR EL FPR?

La principal artimaña del FPR siempre ha sido negar todos los crímenes cometidos, incluso si más tarde debe confesar al constatar que no le reportará ningún perjuicio. Durante la guerra, el FPR no autorizo la visita de periodistas en su zona de control, solo lo hizo cuando estaba seguro que no le eran hostiles. Los otros periodistas eran los que había corrompido, como el llamado Hussein Abdou Hassan, de la BBC. Todo el mundo se preguntaba si era un inkotanyi o si se trataba de un periodista perteneciente a una radio digna de respeto, como la BBC. Cuando dejaba circular a los periodistas en su territorio, el FPR les hacía venir según le convenía, los llevaba donde quería y les decía, según las circunstancias, que la zona que iban a visitar estaba plagada de minas o que, en ella, se desarrollaban combates violentos, en resumen el periodista era orientado en una dirección bien preparada mucho antes. En general, se les conducía a lo largo de la frontera y no al interior del país. Así, los periodistas creían recorrer una larga distancia a través del país cuando no superaban ni 1 km más allá de la frontera y una vez fatigados eran alojados allí mismo. Esta astucia alimentó mucho tiempo la propaganda del FPR sin que nadie conociera sus fosas comunes.

Otro punto en el cual los inkotanyis eran más astutos que las fuerzas gubernamentales consistía en quemar los cuerpos de sus víctimas para esparcir las cenizas lejos del lugar del crimen de forma que no era fácil identificar a las personas asesinadas. Pero nosotros conocemos muchos lugares donde las matanzas de gente tuvieron lugar. Nunca se podía sorprender a los inkotanyis ya que hacía falta una autorización para penetrar y moverse en el interior de la zona que controlaban.

LA CRUELDAD UTILIZADA POR LOS INTERAHAMWES  FUE COPIADA DE LOS INKOTANYIS

Morir de cualquier manera que sea, da miedo, pero voy a hablar del género de muerte infligida por los dos bandos. Es lo que vi con mis propios ojos, sea entre los inkotanyis, sea entre los duros de los servicios de seguridad del Estado. 

ENTRE LOS INKOTANYIS, que fueron los primeros a cometer crímenes de guerra a partir del 4.10.1990, después de la muerte de Rwigema, el 2-10-1990. Lo cito, porque él nunca hubiera aceptado que el ejército que dirigía matara a la población civil tan atroz y inhumanamente utilizando los métodos siguientes:

1.   Atar las piernas y brazos a la espalda y tirar hasta que el pecho estallaba haciendo un ruido seco. Poner a la víctima de rodillas, golpearla en la cabeza con el filo de una  azada vieja en plena cabeza. Así la víctima cae a tierra, su cabeza es golpeada en las dos sienes hasta ser reducida a una especie de montón de tierra.

2.   Atar a la persona como he descrito antes, apuñalarla varias veces en las costillas o poner un pie en su vientre y apretarlo muy fuerte al mismo tiempo que se le clavaba una bayoneta.

3.   Atar a una persona y cubrirle la cabeza con una bolsa de plástico hasta la asfixia por falta de aire.

4.   Atar a una persona y con una jeringa introducirle petróleo en los oídos, darle tortas simultáneamente en las sienes. La víctima empieza a tener vértigos y termina por morir.

5.   Atar una cuerda alrededor del cuello, tumbar a la persona en el suelo y apretar la cuerda hasta el estrangulamiento total.

6.   Atar muy fuerte los brazos y las piernas, dejarle suspendido en una viga con la cabeza hacia abajo. De esta manera la sangre sale por los oídos, la boca y la nariz hasta la muerte.

7.   Para obtener informaciones de alguien, hace falta torturarle para hacerle morir lentamente: cuchilladas en todo el cuerpo, quemarle con gotas de plástico calentado, pinchar el sexo con alfileres, obligar a los hermanos y hermanas a tener relaciones sexuales, un niño con su padre o su madre...

8.   La mayoría de veces, los que eran asesinados con balas o granadas era solamente porque los verdugos no tenían suficiente tiempo para torturarlos. Las otras víctimas que tenían el privilegio de ser asesinadas por bala eran las mujeres y las chicas jóvenes que se hacían violar primero por los inkotanyis; así estos últimos se creían protegidos de la muerte en el campo de batalla. Y aunque un comportamiento así era reprimido por la aplicación del reglamento, fue cometido regularmente por los combatientes del FPR. Las raras mujeres que sobrevivían a sus violaciones, no podían saber que sus violadores eran castigados, pensaban simplemente que esta práctica era tolerada por los inkotanyis. Otra práctica inhumana que no puedo dejar de mencionar –incluso si también era sancionada- se refiere a los inkotanyis que después de haber violado mujeres, introducían cuchillos o trozos de ramas en los órganos genitales de sus víctimas que morían de hemorragia vaginal.

9.   Para matar niños, los soldados del FPR no perdían tiempo: bastaba con coger al bebé por las piernas, balancearlo enérgicamente y estrellar su cabeza contra la pared de una casa. Esto ocasionaba la muerte instantánea del niño.

10.             No conozco ningún caso en que los inkotanyis hubieran destripado a una mujer embarazada como informó Radio Rwanda y la RTLM. Si tales casos existieron, lo ignoro personalmente. En cambio, lo que puedo afirmar es que en estas ocasiones nuestros militares daban golpes de rodilla al vientre y en los costados y las asfixiaban con bolsas de plástico. Ignoro de donde sacaron esto los inkotanyis, creían que una mujer embarazada no muere fácilmente de un golpe de mazo o que tarda tiempo en morir. 

ENTRE LOS INTERAHAMWES, las técnicas no difieren mucho de las practicadas por el FPR, solo que las armas utilizadas no eran las mismas.

1. Utilizaban el machete para matar a una persona, si era posible de la cabeza a los pies.

2. Utilizaban garrotes reforzados con clavos para romper de un solo golpe la cabeza de una víctima.

3. Utilizaban granadas para las ejecuciones en masa.

4. Mataban a los niños de la misma forma que los inkotanyis.

5. Las chicas eran liquidadas después de haber sido violadas.

6. Destripaban a mujeres embarazadas. Lo he visto personalmente.

7. Obligaban a personas de la misma familia  a cometer incesto.

8. Y otras atrocidades que habían aprendido de los inkotanyis.

LAS DOS ETNIAS RESPONDIERON A LA LLAMADA A LAS MATANZAS

EN CUANTO A LOS HUTUS

Es triste y lamentable que los hutus se hayan implicado en matanzas de una tal extensión. En realidad, los verdaderos testigos del genocidio son los que lo perpetraron y nosotros también, los inkotanyis, que hemos recorrido todo el país de conquista en conquista. 

Compréndanme bien, aunque los testigos directos han desaparecido, porque los mismos supervivientes se habían escondido y no podían ver lo que pasaba con sus propios ojos, todos los hutus, del presidente de la República hasta los niños pequeños, cooperaron en la matanza de los tutsis con el objetivo de exterminarlos. Negar esto indica mala fe, incluso si no hay nada que reprocharse. Haberse negado a participar en las matanzas merece reconocimiento, pero no se puede negar que los hutus no tomaran parte en el genocidio. 

El exterminio de los tutsis fue orquestado por las autoridades desde la cúspide a la base, representadas por los servicios de seguridad que participaron en ello, y fue ejecutado igualmente por todas las milicias en un plan de exterminio de una etnia como ha sido declarado y admitido actualmente.

EN CUANTO A LOS TUTSIS

Los tutsis nunca pretendieron exterminar a los hutus. Era además imposible vista su fuerza y su número.

El problema es de otra índole en lo que concierne a los inkotanyis del FPR. Los militares del FPR gozaban matando a la población porque era la orden de su jefe Kagame. Aquí, debo recordar que Kagame dio esta orden después de los informes de los campos de batalla que confirmaban nuestra imposibilidad de conquistar las zonas habitadas. En efecto, la población alertaba de nuestra presencia y efectuaba rondas de noche para bloquearnos. Además se les había recomendado criar perros para que ladraran antes de nuestra llegada, alertando así al ejército gubernamental y dando tiempo a la población para salir de sus casas y esconderse.

Según Kagame, algunos hutus que estaban en el FPR lo habían convencido que la política del MRND no podía desenraizarse de los “abakiga” (gente del norte) con simples octavillas o con reuniones políticas a las cuales ni siquiera asistían. Así es como formuló la orden: “FYEKA HAWO WAJINGA WOTE” (limpiad a todos estos imbéciles). Kagame pronunció estas palabras por primera vez en diciembre de 1991 en la visita a la unidad militar llamada “Yankee combined mobile  force” en Gikoba, Shonga, municipio de Muvumba. Esta región militar contaba entonces con las unidades siguientes: Zulu, Nkurumah, Bravo, Mike, Sierra … Todas estas unidades junto con “Combined mobile force” estaban en la misma zona donde se encontraba Yankee en aquella época.

Sin embargo, no era razonable que los civiles respondieran de los crímenes cometidos solo por los militares del FPR. La mayor parte de estos civiles no sabían ni como había sido fundado el FPR.

En resumen, los hutus, bajo la administración del poder a todos los niveles, exterminaron a los tutsis. Incluso los que se salvaron habrían podido ser asesinados, pero simplemente no fueron encontrados. Los que se opusieron merecen el reconocimiento. 

Los tutsis del FPR, hablo de los militares, masacraron a los hutus en masa, el mayor número posible. Para ser claros, los tutsis del FPR mataron a todo hutu que encontraron o a todo aquel que se presentó la ocasión de hacerlo. Este crimen innoble fue cometido por unos 23.000 militares del FPR. Algunos lo hacían porque era la orden del jefe, otros por el simple placer de matar, y todo esto porque era un derecho, una autorización emanando de un solo hombre: KAGAME.

LAS RAZONES DE REANUDACIÓN DE LA GUERRA CONFORME A LOS DESEOS DEL FPR

Comprender este punto permite conocer también como fue posible el genocidio, todo lo que fue urdido para acelerarlo a fin que el FPR encontrara razones de reanudar la guerra y esperar una victoria militar por la vía más corta.

Esta era la estrategia habitual de Paul Kagame cada vez que debía justificar la reanudación de la guerra en 1992, 1993 y 1994: mostrar a la comunidad internacional que el gobierno masacraba a la población y no respetaba los derechos humanos. Para llegar a ello, Kagame asesinaba a políticos o a tutsis y señalaba con el dedo al MRND. A veces el MRND era realmente culpable. Una victoria militar del FPR solo podía ser posible con pocos soldados gubernamentales en el frente. De aquí viene la estrategia del FPR de sembrar la cizaña en el campo gubernamental dividiendo a los hutus y distrayendo a los militares del gobierno mientras  Kagame veía como el camino hacía el poder se ampliaba. Este plan requería un atajo: sembrar disturbios asesinando a Habyarimana y sacrificando conscientemente a los tutsis del interior.

Además, para que la victoria fuese posible, el Ejército Patriótico Ruandés (APR) debía ejecutar el plan de Kagame: hacer lo que fuera necesario para conducir y implicar a los militares gubernamentales en las matanzas y las violaciones. No debíamos apartarnos de nuestro único objetivo: conquistar el poder. No podía ni plantearse salvar a los tutsis amenazados de muerte. Teníamos instrucciones de ayudar solo a los que por casualidad encontráramos en nuestro recorrido y no más allá.

Nosotros, los que habíamos nacido en Rwanda, sentimos repugnancia ante la actitud de Kagame en lo que él llamaba “detener el genocidio” con el único objetivo de engañar a la comunidad internacional. Incluso nosotros nos preguntamos si no era verdad, la tesis propagada según la cual no había tutsis en Rwanda o que los que tenían esta fisonomía no eran tutsis en realidad porque se habían adherido a los comportamientos e ideas hutus.  

6 DE ABRIL DE 1994: ASESINATO DEL PRESIDENTE HABYARIMANA

A propósito del FPR, he hablado mucho de ello pero en realidad no se trata del FPR tal y como lo conocemos en los medios de comunicación, incluso el FPR que funciona en los salones no es el FPR oficial. Quiero decir que el FPR de Kagame no era el FPR de Kanyarengwe. Asesinando al presidente Juvénal Habyarimana, este FPR paralelo pretendía esto: 

1.   Asesinándolo, nadie más podía movilizar a la gente para resistir contra el FPR. Era difícil, en efecto, encontrar a alguien que tuviera una base política suficiente y que al mismo tiempo tuviera poder, autoridad real sobre el ejército. Era difícil hallar una personalidad como Habyarimana para encontrar ayudas exteriores porque tenía muchos amigos personales entre los jefes de Estado. No acepto la tesis según la cual la mayoría de la población ya no amaba a Habyarimana, porque hemos visto lo que hicieron a su muerte. Su sucesión, pues, se preveía muy difícil, sobretodo si el país, incluyendo la capital, debía encontrarse a sangre y fuego.

2.   La muerte de Habyarimana debía engendrar un desorden sin precedentes en el cual mucha gente debería encontrar masivamente la muerte. Incluso sin apuntar a Habyarimana personalmente, todos nuestros operadores del Network en Kigali habían dicho en sus informes que el asesinato de otro hombre político importante conduciría de golpe al exterminio de los tutsis. Todo el mundo debía comprender esto ya que era una realidad. Como prueba, cuando asesinamos a Katumba, miles de tutsis fueron asesinados como represalia, y era un interahamwe conocido únicamente en el barrio de Gakinjiro. ¿Qué creía Kagame que iba a suceder a la muerte del presidente Habyarimana-ikinani? Cuando retomamos las hostilidades en Muvumba, miles de tutsis fueron asesinados por ejemplo en Bugesera, ¿qué pensaba él que sucedería si Kinani era asesinado? Quien ignora los disturbios que se produjeron cuando Félicien Gatabazi fue asesinado por los inkotanyis; al día siguiente Bucyana fue asesinado y la sangre corrió por todas partes. Asesinando a Habyarimana, Kagame había previsto las consecuencias. Estas consecuencias constituían una ventaja para Kagame porque las FAR, los GD, los CDR, los interahamwes y todos los que operaban como ellos no tenían otro plan que atacar a los tutsis y matarlos, estos mismos tutsis que ignoraban lo que se tramaba a sus espaldas. Mientras que los tutsis fueran masacrados, violados y saqueados, nosotros deberíamos introducirnos en Kigali para la conquista de la capital y la toma del poder.

3.   Asesinar a Habyarimana constituía incontestablemente la vía más directa para convertir en inoperantes los Acuerdos de Arusha porque los negociadores no podían retomar las conversaciones para designar a un sucesor del presidente asesinado.

La manera como Habyarimana fue asesinado y las informaciones que han sido dadas por testigos de primera mano, de los cuales formo parte, han sido comunicadas por la prensa a su manera, sin que yo sepa como tuvieron acceso a estos testigos. Esto ha suscitado muchos comentarios. No es de mi competencia, los que han hecho investigaciones, los que presentarán