Reunidos para examinar la situación trágica que reina en la ciudad de Bukavu y alrededores así como en el Kivu-norte, nosotros, Jefes de las confesiones religiosas, condenamos con firmeza el recrudecimiento de la violencia y la catástrofe humanitaria que ha traído consigo en el seno de la población. Mientras la Transición iniciada por la aplicación progresiva del Acuerdo Global e Inclusivo comenzaba a tomar vuelo, denunciamos este golpe de fuerza y desaprobamos a sus autores.
Indignación y condena
Cuando la puesta en pie de las instituciones de la Transición suscita ya esperanzas, es inadmisible que gentes fuera de la ley provoquen la violencia para dificultar el proceso iniciado. Estamos indignados por esta tentativa de sabotaje de las aspiraciones colectivas de nuestro pueblo y la condenamos enérgicamente.
Nos parece extraño que semejante golpe de fuerza emane de gentes poco recomendables. Tras acumular graves crímenes contra la humanidad, gozan de apoyos y complicidades en varios ámbitos. Todo da a entender que se adelantan para sustraerse al rigor de la justicia, pero, desgraciadamente, cometiendo nuevos crímenes. Este comportamiento es deplorable.
Consideramos por nuestra parte que la ocupación de la ciudad de Bukavu y el rechazo por parte de los asaltantes de implicarse en el proceso de Transición comprometen gravemente el futuro mismo de la República Democrática del Congo. Los autores de este drama se convierten, por este hecho, en enemigos del pueblo. Les pedimos que detengan inmediatamente esta aventura peligrosa y se retiren de la ciudad de Bukavu. Al mismo tiempo condenamos los movimientos de tropas del ejército rwandés en el Kivu-norte y exigimos que se retiren de nuestro territorio nacional. Ya que, como dice el salmista, no se debe confiar en la violencia (Salmo 61.11; ver Corán cap. .2, versículo 153). La cultura de la violencia no forma parte de nuestro patrimonio. Ello no justifica que se nos someta a tantas provocaciones. Porque estamos ante la segunda agresión por parte de nuestros hermanos rwandeses que comparten, sin embargo, la misma fe que nosotros.
Alto al chantaje
Con nuestro corazón de pastores de las comunidades cristianas e islámicas, consideramos que el relanzamiento de las hostilidades bajo el falaz pretexto de proteger una etnia es una mascarada tendente a ocultar los crímenes que cargan sobre la conciencia de los autores de estos disturbios. Denunciamos también el chantaje de quienes los apoyan materialmente y políticamente y afirmamos claramente que la violencia no es el medio apropiado para expresar reivindicaciones de orden político y social. Recuérdese que en cualquier circunstancia, el chantaje es un reconocimiento de la mala fe, que nos parece totalmente inapropiada en este periodo crucial de la historia de la República Democrática del Congo.
Sí a la Transición y no a la violencia
En cuanto Padres espirituales, invitamos al pueblo congoleño entero a sostener abiertamente los órganos de la Transición con vistas a celebrar elecciones libres y democráticas. Fortalecidos por los valores humanos y espirituales de nuestra fe, lanzamos un llamamiento patético a nuestro pueblo a que no ceda a la violencia, verbal o física, a la xenofobia, no sea que caigamos en la trampa tendida por los incívicos que están en el origen de los disturbios actuales. Por el contrario, que nuestro pueblo manifieste más que nunca la unidad en torno a la integridad de nuestro territorio nacional y a la celebración de las elecciones. Que manifieste un nacionalismo responsable mostrándose por encima de las provocaciones de los enemigos de nuestra nación.
Compasión y apoyo a la población de Bukavu
Profundamente afligidos por estos actos de barbarie, expresamos nuestra compasión y nuestro apoyo incondicional a las poblaciones de Bukavu, sin distinción de etnias. En nombre de nuestra fe, les exhortamos a que no cedan ante los demonios de la división y del odio étnico. Que alimenten la esperanza de ver salir el sol no muy tarde. Nuestro testimonio de compasión y de comunión es sincero y profundo. Al resto de la población congoleña le pedimos que vele en oración adornando nuestros lugares de culto con signos de duelo, hasta que la ciudad de Bukavu sea liberada.
Salvemos la transición
Rogamos a la clase política que haga un examen de conciencia profundo a fin de que saque las consecuencias y mida su parte de responsabilidad en esta situación caótica. Todas las esperanzas de conducir a bien la Transición nos están todavía permitidas, por eso, interpelamos a nuestros actores políticos a que asuman sus responsabilidades para poner fin a esta tragedia por medio del diálogo y de la aceleración de la puesta en marcha de las instituciones de la transición. "La esperanza no decepciona nunca". Se impone una asunción de responsabilidades y la expresión de una verdadera voluntad política. Les pedimos que no despilfarren lo ganado en el Diálogo Inter-congoleño y que salven la Transición permaneciendo unidos. Que recuerden que no se puede arrastrar el oro en el fango, sea cual sea el pretexto. A pesar de las provocaciones y desvaríos de algunos compatriotas, los intereses del pueblo congoleño deben permanecer siempre por encima de todo. Estos intereses deben triunfar a cualquier precio y ser salvaguardados para no comprometer la paz en el Congo y en África central.
Más que nunca es hora de contar con nosotros mismos y evitar esquivar nuestras propias responsabilidades perdiéndonos en lloriqueos, en embestidas contra presuntos cabezas de turco y en gritos de socorro.
Llamamiento a la Comunidad internacional
Reconociendo los esfuerzos de algunos países africanos y de la Comunidad internacional para la construcción de una paz duradera y de la democracia en RDC, les pedimos, no obstante, que prosigan sin desamparar y sin ambigüedades, hasta la organización de las elecciones. Sin embargo, es importante que no susciten esperanzas desmesuradas y eviten que el pueblo congoleño piense que hacen un doble juego. Conscientes de que la responsabilidad primera del logro de la Transición recae prioritariamente en los congoleños y congoleñas, proponemos, no obstante, que la solidaridad de la comunidad internacional sea sincera, real y eficaz. A este respecto, además de dar poder a la MONUC para que acompañe nuestro país durante la Transición y proteja a los civiles en peligro, proponemos que el Consejo de seguridad de la ONU le dé los medios necesarios para realizar su misión y que cese de exponerla a que sirva de cabeza de turco.
Exhortación final
La salvaguarda de la Transición es la vía cardinal que encarna las aspiraciones del pueblo congoleño. Invitamos a nuestros fieles y a todo el pueblo congoleño a que se opongan a la violencia y a que apoyen las instituciones de la Transición, a fin de que la paz vuelva a Bukavu y a todas las partes de nuestro país.
Que Dios bendiga la República Democrática del Congo y le acuerde la gracia de llevar adelante su Transición hasta la celebración de elecciones libres y transparentes.
Kinshasa, 4 de junio de 2004
Cardenal Frédéric ETSOU, Arzobispo de Kinshasa y Presidente de la Conferencia Episcopal Nacional del Congo.
Mons. MARINI BODHO, Presidente de la Iglesia de Cristo en el Congo
Prof. Théodore FUMUNZANZA GIMUANDA, Secretario
Rev. Raphaël SAKUAMESO MATAMBUTA, Iglesia Kimbanguista
Imam ABADÍA MANGALA, Comunidad Islámica
Bishop KANKIENZA MWANA MBO, Iglesias del despertar
Mons. Simon NZINGA MALUKA, Iglesias Independientes.