Con el paso de los meses, lentamente, demasiado lentamente, se va imponiendo la evidencia de las masivas masacres de refugiados hutus desarmados e indefensos por parte de las tropas que aparentemente lidera Laurent-Désiré Kabila. Estas matanzas sistemáticas no sólo han continuado durante este tiempo, sino que continúan en la actualidad. Tras las denuncias efectuadas en febrero por misioneros, O.N.G.s., el Secretario de Estado belga Sr. Moreels, la Comisario Bonino, etc. vino la confirmación por parte de la O.N.U. : La misión investigadora encabezada por el chileno Roberto Garretón, relator especial para ejecuciones sumarias, constató la existencia de entre 20.000 y 100.000 cadáveres en sólo 40 emplazamientos. Una investigación más amplia quedó abortada, tras ser impedida durante muchos días la entrada del equipo en el este de Zaire por el "gobierno" de Kabila. A comienzos de este mes de junio M. Yasushi Akashi, sub-secretario de la O.N.U. para asuntos humanitarios, declaraba que las matanzas continúan en las selvas del este del ex-Zaire. Y concretaba : "Hombres, mujeres y niños hutus son asesinados por los elementos tutsis de la Alianza a pesar de la oposición a estas prácticas por parte de las unidades no-tutsis". Durante los últimos días, según testimonios que han llegado a ser publicados por "The New York Times", los cadáveres están siendo incinerados en grandes piras para no dejar rastro de cara a futuras investigaciones.
Sin embargo, a pesar de la evidencia de que Kabila debe ser considerado responsable, ya sea activo o pasivo, de crímenes contra la humanidad, los que hacen la "realpolitik" han decidido apoyarlo. Han actuado como si fuese lo más natural del mundo salir del Zaire expoliado de Mobutu para caer en el Congo de Kabila sembrado de cadáveres hutus y rehén del extremismo tutsi, un extremismo genocida que además reivindica para sí mismo en exclusiva la categoría de víctima de genocidio. No es extraño que la Comisaria Sra. Bonino, en unas duras palabras, haya calificado a la comunidad internacional de "la farsa internacional". Desde la sombra, poderosas fuerzas han financiado a Kabila y a los demás hombres fuertes de la región, están creando aquella "realidad" que se ajusta a sus inconfesables intereses, revisten de "realismo" la falacia de que no hay otra opción razonable y, con sus poderosos medios de comunicación, deciden que los que creemos en la sociedad civil y pedimos que se la potencie somos unos utópicos. Si durante los últimos años se hubiese apoyado a esa sociedad civil, que lucha por tomar las riendas de su propio destino, con la mitad de aportaciones financieras, logísticas, etc. que se han ofrecido a las fuerzas de la Alianza, el respeto de los derechos humanos y la misma democracia seguramente hoy no serían sólo un futurible horizonte lejano. En Zaire, al igual que en Burundi, la comunidad internacional ha abandonado, y a veces incluso boicoteado, a unos demócratas íntegros y moderados. Pero a los señores de esa "realpolitik" ¿acaso les interesan en esa región pueblos políticamente maduros , que sean dueños de su destino y de sus propios recursos naturales y humanos? ¿Hasta cuándo la guerra para preparar la paz? ¿Hasta cuándo dictadores asesinos para "reeducar" a la población para la "democracia", como "promete" el gobierno de Kabila? ¿Hasta cuándo tanta intoxicación de la opinión pública internacional para enmascarar perversos y poderosos intereses y ocultar violaciones sistemáticas de los más elementales derechos humanos?
Durante los últimos meses bastantes analistas no sólo han reducido toda la compleja realidad de los acontecimientos que se han producido en Zaire-Congo a un enfrentamiento armado entre las fuerzas de Mobutu y de Kabila, haciendo o no referencia a la más o menos evidente batalla de intereses norteamericanos y franceses, sino que con frecuencia, en un alarde de cinismo o inconsciencia maniqueos, mientras demonizaban a Mobutu, llegaban a decir de Kabila que todo lo había hecho bien, responsabilizando en exclusiva al colonialismo francés de todos los males de la región. Pero ¿acaso hay colonialismos buenos y malos, por más que se disfracen de neo-formas? ¿Acaso hay otro imperialismo que el del dinero y el del poder? Desde este reduccionismo al mero plano político y este maniqueísmo que acaba de distorsionar la visión de los acontecimientos, denunciar las matanzas injustificables de refugiados hutus, desarmados y alejados de las zonas de enfrentamientos, por parte de los extremistas tutsis, es ser anti-tutsi. Y cuando la Comisario Sra. Bonino invoca el respeto a los grandes convenios humanitarios internacionales más allá de todo interés o agenda política, o algunas O.N.G.s. ponemos el respeto a los derechos humanos como principio totalmente irrenunciable y no caemos en la trampa de dedicarnos en exclusiva a rematar al tirano que, caído en desgracia, ya es sólo pasado, es que somos defensores de Mobutu.
Kabila, en un lapsus que evidenció su inhumanidad (y éste es un calificativo usado por el mismo Kofi Annan, Secretario General de la O.N.U.) dijo que la vida, los sufrimientos y los más elementales derechos humanos de cientos de miles de refugiados hutus era un "pequeño problema". Y en los días siguientes, revelando de nuevo una increíble inconsciencia, se manifestó sorprendido de algunos diésemos "tanta importancia" a la trágica suerte de los refugiados. En esa misma línea se podía leer hace unas semanas en un medio anglófono que "no se han entendido las razones por las que se ha matado a los refugiados". Algo se ha avanzado, ya se reconoce que quedaron refugiados en Zaire y que las tropas de la Alianza los están matando. Pero, por supuesto, en dicho artículo no se explica cuales son esas razones por las que se mata sistemáticamente a civiles desarmados.
Las cancillerías occidentales saben que, como comentaba hace unas semanas el diario Libération, tras la sombra mediática de Kabila, existe un alto mando formado por un conjunto de generales delegados por Museveni, el presidente ugandés, Dos Santos, el lider angolés, y Kagame el hombre fuerte ruandés. En este círculo de poder los hombres del Frente patriótico ruandés son preponderantes, mientras que no existe en él ningún general zaireño no banyamulengue. Estos hombres fuertes del extremismo tutsi son capaces de decidir la muerte de cientos de miles de civiles indefensos en el este del ex-Zaire o ya "retornados" a Ruanda y Burundi, de impedir el trabajo de comisiones de investigación de la O.N.U., de imponer todo tipo de condiciones a la comunidad internacional. ¿Porqué tanta excesiva y vergonzosa tolerancia con los desmanes de estas gentes? ¿Acaso el genocidio que sufrieron su etnia y los hutus moderados puede justificar e incluso convertirse en coartada de otro genocidio de signo contrario, en el que cientos de miles de inocentes están siendo torturados y asesinados? El terror, la feroz "limpieza" étnica y el secuestro absoluto de informaciones e imágenes que reinan en Ruanda y Burundi ya han invadido la mayor parte del ex-Zaire. Cuando, tras semejante "limpieza" étnica y unas "limpias" elecciones, por fin llegue al nuevo Congo, a Ruanda y a Burundi la inevitable "democracia" que ya existe en Uganda, habrá tanta ceniza hutu por las selvas y las colinas, y los vivos estarán tan muertos de miedo, tan "reeducados" y tan huérfanos de líderes locales y nacionales, que seguramente la antigua minoría se habrá convertido en nueva mayoría. Pero, hasta entonces, el extremismo tutsi aún tiene mucho "trabajo" que hacer, en la impunidad total que la comunidad internacional, bajo el indiscutible liderazgo de los Estados Unidos, magnánimamente le concede (15-6-97).