SPIELBERG, O LA ESPERANZA PARA LOS GRANDES LAGOS


Joan Carrero
Ponencia leída en el Fórum celebrado en Parma (Italia), el 22.03.97


Los testimonios de grandes masacres, cometidas en los territorios "liberados" por "rebeldes" se multiplican. Durante semanas se intentó negar la existencia de centenares de miles de refugiados, que no habían retornado a Rwanda. Ahora esta existencia se les quita física y realmente. La Comunidad Internacional, en juicio sumario, los ha juzgado colectivamente como genocidas (niños, mujeres y ancianos, incluidos) y los ha condenado a muerte. Y no a una muerte rápida, como aquella con que se suele ejecutar en Norteamérica. Condenados a muerte que, con demasiada frecuencia, son precisamente negros. Estos refugiados han huido durante meses y han sufrido hasta el límite el hambre, las heridas en los pies y todo tipo de enfermedades.

Pondré sólo un ejemplo. Es sólo un caso, pero para mi alcanza la categoría de símbolo. Una ruandesa, que actualmente es novicia en un convento de Cataluña, en esta increíble odisea de los refugiados que no regresaron a su país, ha perdido a 8 hermanos, junto con sus padres. El noveno hermano, de 25 años, había conseguido llegar cerca de Kisangani, con treinta y dos quilos de peso. Pero después de este contacto con él, los hombres de Kabila, de Rwanda, Uganda y Burundi, han tomado esta ciudad. El contacto se ha perdido. Incluso analistas como la misma Colette Braeckman, acusada por muchos, y creo que con toda razón, de una excesiva tendencia pro-tutsi, hablan ya de que cadàveres "frescos" son llevados, regularmente, hacia el Zaire, con camiones, desde la vecina Rwanda. En Burundi, "lo último" son los campos de concentración, en los que ya han sido recluidos más de medio millón de hutus.

Mientras sucede todo esto, la sensibilidad de un alto funcionario de la embajada de los Estados Unidos en Buenos Aires, se ha sentido herida por un párrafo de la "Carta abierta al presidente Clinton", que nuestra Fundación redactó, que una docena de Premios Nobel y el Parlamento europeo firmó y que el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, le entregó en persona. Este párrafo habla de graves complicidades recientes de los Estados Unidos en este nuevo genocidio, después de confesar previamente, que los europeos no sólo éramos culpables recientes, sino también históricamente. Lástima que los humanos no seamos tan sensibles al sufrimiento físico de los otros como a las "ofensas" que recibimos.

Todos nuestros esfuerzos en estos meses pasados no han sido suficientes. Pero esta vez, los que formamos la Comunidad Internacional, no nos sentimos tan mal, porque las imágenes de la C.N.N. no han entrado en nuestros domicilios. Además, Mobutu ¿no es un corrupto?, y las fuerzas armadas zaireñas ¿no son unos salvajes que sólo saben saquear y robar? Y la situación en Rwanda y Burundi, ¡es tan confusa! Y ¡hay tantas tragedias en el mundo! Así las cosas, quizá la única esperanza para las poblaciones civiles de los Grandes Lagos esté en que Spielberg descubra que éste es un tema comercial, que se decida a realizar una película, que una de las grandes cadenas de T.V. norteamericana la proyecte en una hora de máxima audiencia, y que el final sea similar al de "La lista de Schindler". Es decir, que el protagonista acabe diciendo: "Quien salva un solo ser, salva el universo". Tendremos que "rezar" a los grandes "creadores" de opinión en Norteamérica que hacen y deshacen "la realidad" mundial, para que comprendan que los hutus no son todos unos genocidas y que su tragedia merece, como pocas otras, ser tratada en los medios de comunicación (22.03.97).