Hacia la libertad por los caminos de la verdad


Juan Carrero
Conferencia-Debate en Paris
04.04.03

Ya desde el comienzo quiero dejar bien claro que, desde mi punto de vista, en el África de los Grandes Lagos no se dan ningunas circunstancias especiales que excusen del principio universal de la democracia. Por tanto todas las ideologías o hechos consumados que impiden allí la aplicación de ese principio universal, son cinismo y opresión. Las gentes del FPR no son una minoría en peligro. Mi convicción es la de que se trata de una organización cuya única meta es el poder a cualquier precio y cuyas responsabilidades en todo lo sucedido en aquella región desde 1990 son de la máxima gravedad. Su hegemonía en Rwanda y en toda la región se sustenta únicamente en sus importantes apoyos internacionales, su belicismo, la ferocidad de su represión y su maestría en el arte de la manipulación. Sobre todo han sido remarcables su manipulación de la información y, en especial, lo que Serge A. Desouter califica como "la usurpación del término genocidio". El mayor escollo para la paz en esa región es, desde hace más de una década, la malignidad y la ambición de unas reducidas elites regionales e internacionales. Aunque también es verdad aquello que dijo Albert Einstein, en un escenario europeo parecido al de hoy en el África de los Grandes Lagos: "Las futuras generaciones lamentarán más el silencio de la gran masa que la maldad de unos pocos".

El camino de esos sufridos pueblos hacia la libertad, la paz y la democracia pasa necesariamente, en mi opinión, por tres lugares que enumero y comento a continuación...

1. La no criminalización de los pueblos que se defienden con las armas

La fuerza de la verdad y de la generosidad son las únicas y verdaderas fuerzas del movimiento de la no violencia, del que formo parte. Pero nadie tiene derecho a criminalizar a quienes optan por una resistencia armada. Aceptando esa diabolización puede que estemos cayendo en otra nueva trampa y reforzando la otra violencia, la del agresor. Sutilmente los gobiernos de los vencedores se convierten así en los garantes del mal orden conocido frente al supuesto caos por conocer y, por tanto, en los detentadores de la violencia legal frente a todo tipo de interahamwes y terrorista. Incluso el lenguaje queda afectado y los grandes medios creadores de opinión legitiman así esta mentira. Es injusto condenar por sistema toda resistencia armada. Puede haber mucha generosidad y heroísmo en quienes forman parte de ella, así como en las fuerzas policiales de cualquier sociedad. De hecho, a lo largo de la historia, muchos han dado de esta forma su vida por la causa de la justicia y la libertad. El mismo Nelson Mandela nunca aceptó los chantajes de quienes pretendían hacerle renunciar a la lucha armada, y por eso sufrió cárcel durante casi 30 años. Sin embargo todo el mundo reconoce su bondad y amabilidad incluso con sus enemigos y carceleros.

2. La fuerza no violenta de la verdad y la generosidad

Existen muchas experiencias históricas de descolonización, de caída de una dictadura y de fin de un apartheid sin el recurso masivo a la violencia. Los protagonistas de estos cambios siempre han sido los pueblos afectados. Pero ha sido fundamental el apoyo internacional. Apoyo desde aquí no sólo frente a la dictadura del FPR sino, sobre todo, frente a los grandes lobbies que, también desde aquí, hacen posible ese insoportable apartheid. Desde hace años nuestro "utópico" objetivo ha sido el de contribuir a que, mediante la denuncia y las acciones de presión, el FPR se convierta en un aliado incómodo, un aliado genocida, para los lobbies que, desde dentro de gobiernos como el estadounidense, hacen posible que estas dictaduras continúen en el poder. La no violencia renuncia a la fuerza física, pero sin la fuerza moral de la verdad, sin la claridad y energía en nuestras denuncias, somos como sal que no sala y levadura que no hace fermentar. Es la paradoja de algunas realidades humanamente pequeñas pero que, si permanecen fieles a su naturaleza íntima, pueden provocar transformaciones considerables en su entorno.

Ese silencio de la gran masa, del que habló Einstein, no es siempre el resultado de una fría indiferencia. Hay un silencio que es el resultado de la desinformación y la ingenuidad fácilmente manipulables de una gran mayoría en esa región y en toda la comunidad internacional. Una ingenuidad y una desinformación incapaces de reconocer las maquinaciones y la psicopatía. Tales intrigas son tan bárbaras y diabólicas que a una persona normal le resulta difícil de aceptar que sean posibles. Esto nos coloca en una posición inicial de indefensión hacia ellas. Han sido desenmascaradas no sólo por la oposición y las asociaciones ruandesas, sino también por personas como Christopher Hakizabera desde el interior mismo del FPR. Por misioneros como Desouter y Overdulve, políticos como Cynthia McKinney y Herman Cohen, organizaciones como SOS Rwanda-Burundi y diplomáticos como José Antonio Bordallo, ex embajador de España en Kinshasa.

Hay también un silencio que es consecuencia de nuestra sensación de impotencia frente a estos grandes conflictos y de nuestra dependencia de la "eficacia", tan propia de nuestra civilización de resultados visibles e inmediatos. De ahí la importancia de que nosotros mismos no dudemos de la fuerza insospechada y misteriosa de la verdad y también la importancia de la firmeza de nuestra determinación para hacer llegar esa verdad a la comunidad internacional. Las vidas más fértiles han sido las de aquellos que han sido capaces de atravesar la sensación humana de impotencia e inutilidad frente a realidades que parecen superar totalmente nuestras pobres fuerzas y posibilidades. Gandhi supo descubrirlo: "Nuestra sensación de desamparo ante la injusticia y la agresión procede de que hemos excluido deliberadamente a Dios de nuestros asuntos corrientes". Con frecuencia existe, también en los cristianos, una relación directa entre esa falta de confianza en la presencia y la fuerza del Espíritu en la historia humana y la no valoración del carisma de la denuncia. La consecuencia es, muchas veces, una entrega a lo inmediato y visible, lo asistencial por ejemplo, mientras queda siempre pendiente la lucha contra las causas últimas de la pobreza o la guerra. Don Helder Camara era bien consciente de ello: "Cuando doy de comer a los pobres me llaman santo, cuando me pregunto porque hay tantos pobre me llaman comunista".

3. La justicia internacional

Junto a la fuerza militar, la propaganda ha sido a todo lo largo de la historia una de las dos grandes armas para toda conquista. Hoy más que nunca, en un mundo en el que han sido formuladas tantas grandes declaraciones y convenios internacionales, no se puede iniciar ninguna agresión sin una justificación previa lo más honorable posible, justificación que debe ser masivamente impuesta por los grandes medios de comunicación. Por todo ello, la neutralización de tal propaganda, mediante la investigación y la denuncia de toda la verdad, se revela como la más poderosa acción no violenta a favor de la paz. Y es en este marco de investigación, denuncia y sensibilización internacional en el que se puede comprender y valorar correctamente la importancia de la vía de la justicia internacional. La capacidad que un querella puede tener para convertirse en catalizador, chispa o motor de cambios profundos en la opinión internacional es más importante incluso que los logros estrictamente judiciales, por importantes que estos sean. Además, en el campo de la reconciliación, la verdad y la justicia son fundamentales. Cualquier conocedor de este conflicto, y de las dinámicas de todos los conflictos en general, sabe que la reconciliación, tan fundamental para alcanzar la paz, pasa indefectiblemente por el reconocimiento de la verdad.

La Comisión para la verdad y la reconciliación en Sudáfrica, La Comisión Nacional sobre la desaparición de personas en Argentina, El Tribunal Russell en EEUU, que ha tenido su continuación en el Tribunal Permanente de los Pueblos -presidido durante muchos años por el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel, quien también forma parte de nuestro Forum para la justicia en Rwanda-, entre otras muchas experiencias semejantes, testimonian la importancia que la verdad tiene para la reconciliación y la paz, aún cuando no existan competencias estrictamente penales. Y todo esto sin referirnos aún a la dimensión ética, es decir, a la interpelación profunda que cualquier genocidio representa para todo ser humano. La denuncia del criminal ante las instancias judiciales correspondientes es una obligación ética e incluso legal. Lo contrario tiene un nombre: el encubrimiento, que permite al criminal continuar ocasionando nuevas víctimas.

Con mucha fe en la fuerza de la verdad y con el convencimiento de que esa fuerza no depende de la pequeñez del mensajero, algunos venimos haciendo desde 1994 todo lo humanamente posible para intentar influir en el curso de esa tragedia. Ahora, desde hace tres años, el Forum por la justicia en Rwanda, en el que mi fundación está integrado, trabaja en esa difícil tarea, gracias, sobre todo, al apoyo del Fons Mallorquí de Solidaritat. El padre blanco catalán Quim Vallmajó, primer español asesinado por el FPR en el fatídico abril del 94, había proclamado ya años antes: "Mi tarea sacerdotal es anunciar la verdad, la justicia y el amor. Y eso quiere decir recordar sus derechos y deberes a grandes y pequeños, a los que mandan y a los que son mandados". Esperemos que la verdad, que tal y como proclamó Jesús de Nazaret hace libre a los hombres y a los pueblos, obre un día no lejano ese milagro de la libertad en el África de los Grandes Lagos. Y para ese florecimiento nuestros pequeños esfuerzos son totalmente insuficientes, pero a la vez totalmente necesarios.