Las responsabilidades de los Estados Unidos y de la Union Europea


Mons. Simon NTAMWANA
Gitega (Burundi)
Traducido de DIALOGUE nº 214
Enero/Febrero 2000

 

El drama de la población burundesa, la acción de los Estados Unidos en la región de los Grandes Lagos, el desinterés de la Unión Europea, los limites del proceso de paz de Arusha...Todas estas cuestiones han sido abordadas por Monseñor Simon Ntamwana de Gitega y Presidente de la Conferencia Episcopal del Burundi en la entrevista que ha acordado a FIDES. El Prelado se encontraba en Roma con los Obispos del Burundi, en visita "ad limina".

¿Cuáles son los problemas más grandes de la población?

La población de Burundi sufre en primer lugar la guerra: está cogida como por una tenaza entre las tropas del gobierno y los rebeldes. La población se estaba orientando hacia la paz, dispuesta a abandonar las actitudes de violencia; pero el recrudecimiento de las violencias ha empeorado la situación. La segunda fuente de problemas es el hundimiento de la economía, que impide incluso el acceso a nuestra producción, como el azúcar, las alubias, el arroz. Los grandes comerciantes exportan estos productos al extranjero para obtener divisas, pero las gente ya no sabe qué comer. Un tercer problema es la salud: con la pobreza uno no puede acceder a cuidados médicos. Y luego está la plaga del SIDA: Burundi es uno de los paíeses más afectados. Pero, antes que todo eso está el problema de la reconciliación, que hay que abordar de manera psicológica, social, religiosa y política

¿Qué necesidades tiene la población de Burundi?

La guerra debe terminar, en primer lugar. Vamos hacia una implosión social, hacia una violencia generalizada como en 1993/94. Y además, resentimos la ausencia de cooperación internacional: hay un bloqueo total de todos los proyectos que necesita el país. El gobierno no puede financiar las importaciones de medicinas y otros productos a causa de otras necesidades. Es una situación injusta para con Burundi. Somos probablemente los más pobres de la región ¿Por qué las grandes potencias rechazan la posibilidad de la cooperación? ¿Por qué la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, no quieren ayudar al país? Es una situación injusta contra la que hay que levantar la voz.

¿El Congo, Rwanda, Burundi, pueden encontrar la paz separadamente o es preciso una solución que concierna a toda la región?

Es el mismo mal el que ha explotado en toda la región: el etnocentrismo. Ha sido utilizado por razones de poder. El remedio debe ser común. Actualmente tenemos a numerosos grupos armados que se desplazan de un país a otro. Ellos deben encontrar también respuesta a sus demandas, de otro modo no habrá paz duradera. O tenemos paz para toda la región o no la tendremos para nadie. La guerra en la Región de los Grandes Lagos es debida a la presencia de grupos armados; pero es un problema de todo el continente: piense en Angola, Sudán.

¿Quiénes son los responsables?

La responsabilidad mayor recae en quienes abastecen las armas. Nosotros no las fabricamos. Los "Grandes" las abastecen por razones particulares. Las potencias económicas y políticas mundiales ven en los Grandes Lagos un terreno interesante para acciones políticas y económicas favorables a ellos. Piense en la riqueza del ex-Zaïre. Se combate por yacimientos, e incluso los países vecinos piensan que ellos también tiene algo que decir.Y luego está el análisis de tipo religioso: en numerosas diócesis de Rwanda, Burundi y Congo, los católicos sobrepasan el 50%. Son de los países más católicos de Africa. Existe la voluntad de desesabilizar la presencia de la Iglesia por medio de estas guerras, para causar todavía más daño, eliminando una barrera moral que trabaja en favor de la reconciliación.

La responsabilidad principal está en los Estados Unidos: es un hecho que los Estados Unidos están en medio de nosotros. Los desarrollos de estos conflictos parecen dirigidos precisamente por los Estados Unidos. Está muy claro. Vinieron sobre el terreno para defender a quienes estaban afectados por el genocidio, pero me parece que posteriormente tienen otros intereses. Hay además responsabilidades por omisión: La Unión Europea se ha retirado de la Región. Francia estaba a la cabeza; pero ahora que Paris se ha retirado, nadie entre los europeos se ha interesado por Africa: cierran las embajadas y sólo dejan consulados. Los recortes para la cooperación han hecho que Africa sea un continente abandonado. La ausencia voluntaria es una responsabilidad.

¿Quién tiene interés en debilitar la Iglesia en la región?

Entre nosotros se ve que el fenómeno de las sectas se dearrolla. Invaden Burundi y los países de la región. Estas sectas están a menudo financiadas por los Estados Unidos: nacen aquí y allá, se expanden luego en el mundo desestabilizando las situaciones políticas. No es un azar el que estén invadiendo Burundi; tienen el máximo interés en desestabilizar la Iglesia y el orden social. Es una especie de propuesta de liberalismo y de pluralismo religioso que va acompañado del neoliberalismo económico y de la mundialización cultural. No tengo pruebas de que se trate de distintas facetas de un mismo proyecto; pero estos procesos coinciden y el peligro es claro.

¿Tiene usted confianza en las discusiones de Arusha que se reinician el 13 de septiembre?

Los pasos que se han dado son positivos. Aunque las discusiones no avancen a la velocidad deseada, confío todavía en que se pueda construir la paz por medio del diálogo. Pero la presencia fallida de los dos mayores grupos armados y el hecho de que no se haya llegado a un alto el fuego me parecen representar un peligro para las negociaciones.

Desde hace dos meses vemos una presión constante sobre Bujumbura y alrededores. Hay signos negativos. Estoy apenado por la exclusión de la Iglesia de las discusiones. No hay una ética política y fundamental en estas negociaciones. Es una causa de tristeza. ¿Qué puede salir de partes divididas de ese modo? La Iglesia habría podido aportar su propia contribución de unidad y reconciliación, recordando que la política debería ser un servicio.

¿Cuál es la situación de la Iglesia en Burundi?

La Iglesia atraviesa la crisis actual con una identidad nueva. Pero tengo que decir que me produce pena que numerosos cristianos se hayan dejado llevar por la violencia: intelectuales de formación católica se encuentran entre los que han provocado las matanzas, entre quienes las han organizado y perpetrado, y algunos siguen en esa vía. Es una sombra en la historia de la Iglesia en Burundi. Por el contrario, la Conferencia Episcopal se ha mostrado firme en la comunión y ha trabajado para dar a la población orientaciones después de la crisis. Las personas consagradas han escuchado los llamamientos de los Obispos para que ante todo se anuncie el Reino de Dios. Hemos logrado que nuestros fieles rechazaran la violencia. Se ven nacer grupos de reconciliación que proponen el perdón como vía para vivir en paz, y los grupos de Acción Católica han sido focos de caridad.

Estamos a las puertas del tercer milenio, ¿qué misión corresponde a la Iglesia en Africa?

Nuestra misión es la de inculturar el mensaje del Evangelio, de hacerlo pasar a la vida cotidiana. Hay que llevar a las comunidades cristianas a confrontarse con la Palabra de Dios y a confrontarse con la petición de justicia, la cual, en nuestro país y en todo el continente, ha quedado al margen. La Iglesia debe tener un papel profético para anunciar la fraternidad evangélica como antídoto al etnocentrismo.