Candidatura de Juan Carrero Saralegui al premio Nobel de la Paz del año 2000

Documento Final


Bernat Vicens i Vich, portavoz
Comité por el Nobel de la Paz
Mallorca
10.07.00

 

Este documento tiene por objeto exponer al Comité Nobel cómo los recientes acontecimientos y revelaciones de este último año, desde que en abril de 1999 se inició la campaña a favor de la candidatura de Juan Carrero Saralegui, han venido a confirmar plenamente:

  1. La gravedad de la tragedia que sufren los pueblos del Africa de los Grandes Lagos. Gravedad que viene dada tanto por su magnitud como por el hecho de que aún sigue activa, sin que se vislumbre su fin ni tan sólo a medio plazo.
  2. La veracidad y lucidez de los análisis del candidato, junto a otros compañeros y colaboradores, sobre este gran conflicto y sobre sus causas últimas.
  3. La validez excepcional de sus propuestas para detener esa tragedia que no cesa, forzando el inicio de dinámicas nuevas que, en un futuro inmediato, corrijan la exclusión de la gran mayoría de esta región en la toma y ejecución de decisiones.

 

1. La gravedad de la tragedia

El 1 de octubre de 1990 el FPR (Frente Patriótico Ruandés) 1, con un importante apoyo de Uganda, Estados Unidos y Gran Bretaña, inició una tremenda reconquista de Ruanda a sangre y fuego. Dio así comienzo la mayor desestabilización habida en Africa (al menos en nuestro siglo), cuyo final no se adivina aún en el horizonte. Tras cuatro años de guerra el FPR alcanzaba el poder en Ruanda en1994.

Al menos 3.000.000 de ruandeses, en su gran mayoría hutus, han sido asesinados desde 1990. Y esto sin hacer referencia a Burundi, donde las cifras, aunque notablemente menores, son también importantes. Allí también, extremistas tutsis iniciaron su asalto al poder en octubre de 1993 con el asesinato del presidente hutu Ndadaye y lo culminaron el 25 de julio de 1996. Es imposible determinar el número exacto de víctimas ya que ambos regímenes genocidas, que controlan férreamente ambos países, han impedido sistemáticamente hasta ahora la confección de cualquier censo de población.

Posteriormente los ejércitos monoétnicos tutsis de ambos países, junto con el de Uganda, invadieron el antiguo Zaire (hoy RD del Congo). Primero en octubre de 1996 y, por segunda vez, en agosto de 1998. Tras esa segunda agresión, al menos siete países se han enfrentado ya en el más internacional de los conflictos bélicos habido jamás en ese continente.

Actualmente la RD del Congo sigue intentando defenderse de sus agresores. Por la violencia o por causas derivadas directamente de ésta, han perdido ya la vida cientos de miles de civiles. La congresista demócrata Cynthia McKinney, en una segunda y reciente carta a su propio presidente, Bill Clinton (a la primera nos referiremos más adelante), habla de 1.700.000 víctimas mortales como resultado de dos años de conflicto, según datos de la organización humanitaria americana "International Rescue Comitee" (IRC). Esto sin contar los 500.000 refugiados hutus ruandeses "desaparecidos" en este país desde los ataques a los campos de refugiados de la ONU en octubre de 1996.

Entre tanto, en Ruanda y Burundi reina la paz de los cementerios y de los campos de concentración. Son bien elocuentes las recientes denuncias de monseñor Ntamwana, arzobispo de Gitega y Presidente de la Conferencia Episcopal de Burundi, sobre los campos de reagrupamiento de la población hutu, a los que llama campos de la muerte. O también las de Nelson Mandela sobre las espantosas condiciones de las prisiones.

Monseñor Ntamwana, a la vista de estas declaraciones suyas, de otras también recientes en las que denuncia la importante y nefasta injerencia estadounidense en la región, y de algunas otras más, parece haber tomado la decisión de hablar cada vez más claramente, a pesar del riesgo enorme que eso supone no ya para él sino para las personas de su entorno.

A su vez, el gran e íntegro líder sudafricano, seguramente obligado por su papel de mediador en Burundi y la consiguiente toma de contacto directo con la realidad de esa región, está empezando, al parecer, a conocer por propia experiencia quienes son y como actúan estos extremistas tutsis en el poder. Tras su visita a las cárceles Mandela ha manifestado: "Estoy impresionado. Me he preguntado y me pregunto todavía si en Burundi hay gentes que aún crean en Dios... en ninguna parte del mundo he visto prisioneros en unas condiciones tan inhumanas... Jamás me he avergonzado tanto...". Finalmente ha pedido la liberación de todos los prisioneros políticos. Estas declaraciones vienen a sumarse a las que ya hizo el pasado febrero: "Mientras una minoría del 15% pueda continuar monopolizando el poder político, económico y militar... no se podrá conseguir la paz ni la estabilidad". La mentira y el engaño, que han triunfado durante estos últimos años, van quedando poco a poco en evidencia.

También durante este último año, en la RD del Congo, Monseñor Kataliko sucesor en la diócesis de Bukavu del asesinado obispo Munzihirwa, se ha ido convirtiendo en un gran símbolo de la resistencia no-violenta de todo el pueblo congolés, especialmente a partir de la Navidad pasada. La claridad y energía de sus denuncias del expolio y violencia que sufre su país por parte de "poderes extranjeros, con la colaboración de algunos hermanos congoleños" le ha valido su detención el 12 de febrero hasta el día de hoy. Es por ello que nuestro mismo candidato insiste últimamente en que le gustaría compartir su candidatura, si aún fuese posible con Monseñor Kataliko y Monseñor Ntamwana. Uno y otro están realizando ya la denuncia de las causas últimas de este conflicto, denuncia que es central en nuestra candidatura.

Precisamente el pasado día 16 de este mismo mes de junio la ONU, tras años de lamentable pasividad -bloqueada por Estado Unidos y Gran Bretaña-, acaba de aprobar una resolución, la 1304, ordenando la retirada de las tropas extranjeras de agresión del territorio soberano de la RD del Congo.

Lástima que durante tantos meses no se haya condenado con energía tal agresión. Lástima que la actual condena sólo haya sido posible porque ahora se enfrentan entre sí Ruanda y Uganda, los aliados de Estado Unidos y Gran Bretaña, lo cual es nefasto para sus intereses. Lástima que tanta muerte y destrucción pasada sea ya irreparable. Lástima que, entre tanto, estos agresores sigan sembrando la desolación y muerte, incluso con bombardeos a una gran ciudad como Kisangani. Lástima que entre las condenas escritas sobre papel y la voluntad auténtica de intervenir para detener la locura genocida de Kagame2 y Museveni3 - que tienen apoyos demasiado importantes dentro de la misma ONU - exista un abismo demasiado profundo.

Ya desde el 1 de octubre de 1990 hasta el 6 de abril de 1994 fueron asesinados decenas de miles de ruandeses, fundamentalmente por el FPR, en los territorios del nordeste que iba asolando. El pánico hacia estos antiguos Inkotanyis4 produjo una avalancha de un millón de desplazados hutus. La gravedad de estos hechos no fue difundida, como luego lo sería masivamente la de los de abril-junio del 94. Pero organizaciones tan fiables como OXFAM los denunciaron ya entonces. Es importante recordar todo esto antes de referirnos a las grandes masacres, posteriores a aquel fatídico 6 de abril, cometidas principal aunque no exclusivamente por extremistas hutus5 y tan ampliamente difundidas por los grandes medios de comunicación.

"En un clima de tensión y polarización extremas, tras los asesinatos de líderes políticos de primera fila y con los partidos políticos absolutamente divididos, el 06.04.94 será abatido el avión que conducía a los presidentes de Rwanda y Burundi, junto con miembros importantes de sus gobiernos. Todos los analistas coinciden en decir que este asesinato fue la chispa que encendió el fuego en Rwanda. Lo dice el mismo relator especial de la ONU encargado de la investigación sobre las matanzas de 1994, René Degni Segui: "la muerte del presidente Habyarimana será la chispa que encenderá la pólvora desencadenando así las matanzas de civiles"6.

Como veremos en el siguiente apartado, empieza por fin a ser una evidencia la tesis mantenida por el candidato, durante estos últimos años, respecto a la responsabilidad del FPR en el asesinato de ambos presidentes. De ahí que haya que añadir nuevas y muy graves acusaciones al mismo FPR y a sus aliados internacionales que, en octubre de 1990, iniciaron tan enorme tragedia.

Dada la idiosincrasia cruel y sin escrúpulos de estas gentes que hoy ostentan el control militar de la región y la, como mínimo, inconsciencia pirómana de sus aliados diplomáticos y económicos (estadounidenses y británicos fundamentalmente), el futuro de esta región se presenta tan desolador como su pasado inmediato. Seguramente no existe en este momento en nuestro planeta una tragedia semejante a ésta. Seguir viviendo como si nada de todo eso estuviese sucediendo, porque nuestras acomodadas sociedades del norte no lo sufren en carne propia, revela un enorme grado de inconsciencia. La misma inconsciencia que la de aquellos que convivieron con la realidad de los campos de exterminio nazi como si no les afectase para nada. ¿Cuántos millones más de seres humanos deberán perder la vida en aquella región antes de que nuestras sociedades "avanzadas" e "informadas" sean capaces de reconocer la magnitud de esta hecatombe que hipotecará las generaciones futuras?

 

2. Las causas últimas de este gran conflicto

El paso de los meses ha ido confirmando reiteradamente, cada vez con una mayor evidencia, la exactitud de los análisis que, sobre este gran conflicto y sus causas últimas, ha venido haciendo el candidato durante los últimos años, junto a otros compañeros tanto de su propia organización como de otras organizaciones afines (especialmente las compuestas por ruandeses, y otros africanos). Aquel que, a la luz de los últimos acontecimientos, testimonios, revelaciones o análisis de diversos expertos (a los que nos referiremos a continuación), relea los artículos que el candidato ha publicado durante estos últimos cuatro años, las dos cartas que ha dirigido al presidente Clinton y otros diversos documentos suyos, podrá comprobar hasta que punto ha acertado sistemáticamente en sus apreciaciones.

La evidencia mayor proviene de los mismos hechos. "Expertos" radicalmente protutsis, que en estos últimos años han causado tanta confusión y tanto daño a la verdad y a la justicia, como es el caso de la misma Colette Braekman, empiezan ya a reconocer que estos líderes himas-tutsis no son otra cosa que señores de la guerra, invasores y violadores de fronteras, cínicos expoliadores que han perdido todo crédito ante la comunidad internacional, empiezan a reconocer que hablar de negociaciones o diálogo intercongolés no es más que una gran farsa.

Hechos como el despiadado genocidio de 500.000 refugiados hutus en el Zaire o la descarada segunda invasión ejecutada por los ejércitos de Museveni, Kagame y Buyoya7 hasta lo más profundo de la RD del Congo, en donde se encuentran los más importantes yacimientos mineros de este enorme país; hechos como los actuales enfrentamientos entre ugandeses y ruandeses, provocados por su desmedida codicia, que están produciendo miles de víctimas congolesas inocentes; hechos tales están dejando definitivamente en evidencia que las "nobles" causas invocadas para invadir y asesinar no han sido más que grandes mentiras:

no han sido más que las grandes coartadas para alcanzar por la violencia el control absoluto en Ruanda en primer lugar, aniquilando los procesos democráticos ya iniciados por el debilitado gobierno de Habyarimana y, después, expoliar los extraordinarios recursos mineros del Kivu zaireño9. Y los de todo el Zaire, más tarde, cuando los invasores y sus grandes protectores constataron la pasividad de la comunidad internacional frente a tan vergonzosos acontecimientos.

Igualmente va quedando cada vez más en evidencia:

Durante este año han sido publicados numerosos y valiosos documentos que se alinean en este mismo análisis de los hechos (ver apartado Bibliografía al final del documento). La carta que la congresista demócrata Cynthia McKinney dirigió a su propio presidente Clinton el 31.08.99 es especialmente significativa por venir de quien viene, por que puede resumir la posición de un número cada vez mayor de observadores y por señalar las responsabilidades de EE.UU. en este conflicto. También sobre las graves responsabilidades de importantes sectores de la administración norteamericana se puede encontrar mucha información en la Sección La implicación de los Estados Unidos del libro "La guerra de los Grandes Lagos" que Filip Reyntjens ha publicado durante 1999. Este trabajo de investigación complementa los ya hechos por otros especialistas como Remigius Kintu o Londende Lokenge (seudónimo por motivos de seguridad). Sobre los intereses mineros que están en el origen de todo el sufrimiento, muerte y destrucción provocado allí a todo lo largo de esta década espantosa, es de obligada lectura el trabajo de investigación "El objetivo geopolítico de las sociedades mineras internacionales en la R.D. del Congo (ex Zaire)", publicado, también en estos últimos meses, por el ingeniero civil de minas Pierre Baracyetse.

La congresista McKinney, miembro del Comité de Relaciones Internacionales y del Comité de Seguridad Nacional, con quien el candidato últimamente mantiene un frecuente intercambio de opiniones, concluía así su carta al presidente norteamericano.

"Acabo de volver de la RD del Congo, donde me he reunido con multitud de personas de todas las clases sociales. Por desgracia, me siento obligada a informarle de que en la RD del Congo y en el África en general, se están llevando a acabo crímenes contra la humanidad, aparentemente con la ayuda y el soporte de su Administración.

Quiero decirle que la política de Estados Unidos en la RD del Congo ha fracasado, y es tan sólo un ejemplo más de los muchos fracasos a lo largo del continente... (...)... El resultado es una política africana caótica, un continente encendido y la complicidad de Estados Unidos en crímenes contra la humanidad.

Sr. Presidente, por todas partes la gente murmura sobre ello, pero son demasiado 'educados' para decirlo en voz alta: su política en África no sólo no ha ayudado a velar por lo que se denominaba 'Renacimiento africano', sino que ha contribuido a prolongar el dolor y sufrimiento de los pueblos africanos......

Tengo que añadir que su fracaso en la intervención y el final de la invasión ilegal de la RD del Congo que han llevado a cabo sus aliados, Uganda y Rwanda, ha llevado directamente a las tropas de estos países a cometer crímenes contra la humanidad en territorio congoleño. Incluso ahora, Vd. pide al mundo que cierre los ojos ante esta política escandalosa, cuando todo el mundo sabe que tanto Uganda como Rwanda han agredido militarmente el territorio de la RD del Congo, hasta el interior del país y no sólo en sus fronteras. Las atrocidades que sufre diariamente toda la gente de esta región son escandalosas y son consecuencia de la mala política de Estados Unidos y de la indiferencia de los líderes norteamericanos".

Además de todos estos acontecimientos, una serie de trascendentales revelaciones están viniendo a confirmar las tesis mantenidas por el candidato desde hace mucho tiempo. Contrariamente a lo que se hizo llegar masivamente a la opinión pública, fue el FPR quien cometió, con la ayuda de una potencia occidental, probablemente Bélgica o los Estados Unidos, el atentado al avión presidencial. En su trabajo de investigación hecho público en julio de 1999 "Memorandum sobre el asesinato del presidente Habyarimana", Félicien Kanyamibwa aportaba ya una gran información al respecto.

Un mes más tarde, en agosto, aparecía el excepcional testimonio de Christophe Hakizabera, uno de los primeros componentes del FPR y único superviviente de los miembros iniciales que abandonaron esta organización. Hakizabera testifica:

"El FPR elaboró un plan macabro para conducir al país al caos: la muerte del presidente Habyarimana. Este era considerado como el mayor obstáculo para tomar el poder por la fuerza. [...] se sabe pertinentemente que la decisión de asesinar al presidente Habyarimana se tomó en Bobo-Dioulasso, en Burkina Faso, en marzo de 1994, y que el comandante Paul Kagame, líder del FPR, participó en esta reunión."

Posteriormente, el 1 de marzo de 2000, el diario canadiense National Post publicaba el informe de la ONU, realizado por el australiano Michael Hourigan y "embargado" como todos aquellos otros (Gersony, Garreton...) que inculpaban de genocidio al FPR. En él tres militares tutsis del FPR revelan haber formado parte del comando que derribó el avión presidencial (y que también asesinó en febrero de 1997 a tres cooperantes españoles). Por último (por ahora), el 21 de abril, otro miembro del FPR, Jean-Pierre Mugabe confirma otros muchos datos referente a este atentado y otras crímenes de los más importantes líderes del FPR.

El testimonio de Hakizabera, junto a otros más, imposibles de citar en este reducido documento, deja también en claro que el FPR hizo además cuanto estuvo en sus manos, con el apoyo diplomático de Estados Unidos, para impedir la intervención de la ONU que podría haber detenido las grandes masacres de tutsis del interior a partir del 6 de abril del 94.

Buscaba así no sólo el objetivo de evitar obstáculos en su avance militar hasta el corazón de Kigali, capital de Ruanda, sino a la vez el de convertir a la etnia tutsi, a la que ellos pertenecen, en la gran víctima del único genocidio. Ello se lograría mediante el sacrificio de muchos tutsis del interior, a quienes consideraron traidores desde el mismo momento en que optaron por permanecer, a partir de los años 60, en una Ruanda gobernada por la mayoría hutu. Así como la eliminación de los dos presidentes puede ser considerado el jaque mate o golpe definitivo en el campo militar, así también la tesis de un único genocidio (con la etnia tutsi como víctima y la hutu como genocida) ha sido una especie de jaque a la dama, una especie de jugada maestra en la batalla mediática. Todos estos testimonios ilustran además sobre otros muchos métodos con los que el FPR ha alcanzado a cualquier precio el poder absoluto.

Cuando muy pocos aún eran conscientes de lo que en realidad estaba sucediendo, el candidato y su fundación no sólo acertaron en su análisis, sino que supieron encontrar las más adecuadas acciones de denuncia no-violenta (marchas, manifestaciones, ayunos, etc.) para conseguir apoyos tan importantes como el de 19 premios Nobel o el de la práctica totalidad del Parlamento Europeo. Ya en noviembre de 1996 en artículos de opinión y ante el Parlamento Europeo denunciaba el acuerdo secreto entre Ruanda y Estados Unidos para una invasión "limpia" del Zaire. Y poco después, en su primera carta al presidente Clinton, exigía a éste que dejase de dar apoyo a quienes masacraban sistemáticamente a cientos de miles de refugiados indefensos. Con su ayuno de 42 días él y sus compañeros conseguían que la práctica totalidad del Parlamento Europeo y un gran número de premios Nobel firmasen esta carta que uno de estos últimos, Elie Wiesel, se comprometió a entregar personalmente al presidente Clinton.

Para evitar equívocos, en dicha carta se reconocían, incluso destacándolo con mayúsculas, las graves responsabilidades históricas de muchos gobiernos europeos en esta secular tragedia. También por el mismo motivo, mientras algunos miembros de la fundación ayunaban ante la Embajada de los Estados Unidos en Madrid, otros lo hacían ante el Consejo de Ministros de la Unión Europea. Los que vivieron aquellos acontecimientos cerca del candidato saben bien que con un mayor apoyo a sus acciones (por parte, por ejemplo, de algunas grandes ONGs, especialmente en Estados Unidos) se hubiese podido salvar la vida de cientos de miles de refugiados ruandeses inocentes. Sin embargo, finalmente, las multinacionales mineras y la administración norteamericana, con el apoyo europeo de la británica, impusieron su lógica, la intervención internacional humanitaria fue bloqueada y la "realpolitik" triunfó una vez más sobre el más elemental de los derechos, el derecho a la vida. Así, fue eliminado bárbaramente un enorme colectivo de víctimas a las que, tras una increíble farsa, se las había hecho pasar por verdugos.

 

3. Vías para acabar con el genocidio que no cesa y con la exclusión de las grandes mayorías étnicas de esos países

Así como a comienzos del 97 se hubiesen podido salvar las vidas de cientos de miles de refugiados ruandeses en el Kivu si el candidato hubiese recibido apoyos más importantes que los que recibió, hoy también nos encontramos en una situación parecida. Firmemente convencidos de ello hemos puesto en marcha una campaña de denuncia de esta gran y silenciada tragedia aprovechando la candidatura al Nobel de la Paz. Sólo la presión social forzará el cambio por parte de los dirigentes políticos internacionales, pero nuestras sociedades no exigirán nunca el fin de un genocidio del cual no conocen ni sus causas económicas últimas ni aún su misma existencia. De ahí la importancia de que, mediante el premio Nobel de la Paz, sea escuchada en todo el mundo la voz del candidato, que es el grito de miles de ruandeses y otros africanos. Y esto no es una metáfora, ya que su candidatura es apoyada por muchas de las mayores organizaciones de ruandeses de todo el mundo y otros africanos.

La naturaleza genocida de estas dictaduras africanas es ya una evidencia, y también empiezan a ser desenmascarados los grandes poderes económicos y los sectores de la administración estadounidense y británica que están en el origen mismo de este conflicto y que permanentemente dan todo tipo de soporte a esos ejércitos extremistas y excluyentes.

La pretensión del candidato es ahora la de lograr que toda esta inconfesable realidad sea conocida en ámbitos sociales muchos más amplios que los constituidos por círculos de especialistas. Existen en nuestro mundo multitud de personas y organizaciones capaces de reaccionar aún ante injusticias tan flagrantes. Si, superando tanta confusión programada, éstas tomasen conciencia de cuanto en realidad está sucediendo, probablemente podría revertirse esta situación. Para ello el premio Nobel de la Paz sería un instrumento excepcional.

Estos lobbies himas-tutsis son poderosos, pero pequeños. Si han conseguido llegar al poder y mantenerse en él ha sido gracias al gran soporte que, durante toda esta década, vienen recibiendo desde el exterior. Si sus aliados internacionales se viesen forzados a retirarles su apoyo, Kagame o Buyoya no podrían mantener por más tiempo su criminal apartheid étnico, ni continuar su silencioso pero constante genocidio.

El candidato no pretende encontrar unas soluciones que solo pueden ser la tarea de los mismos africanos de aquella región, ni analizar a priori con detalle los procesos que deberían o podrían seguirse. Juan Carrero pretende ante todo construir un cimiento firme para la paz y la reconciliación, un cimiento que no puede ser otro que el de la verdad y el de la justicia para todos; pretende que la comunidad internacional devuelva la voz y el protagonismo a esos pueblos, que han sido criminalizados colectivamente como genocidas para luego poder ser impunemente excluidos e incluso masacrados; pretende que estos pueblos puedan volver a ser dueños de su propio destino.

Juan Carrero viene, desde hace años, centrando todas sus energías en la denuncia de lo que cada día aparece con más evidencia como la clave del conflicto: La firme decisión tomada por poderosos lobbies occidentales de explotar con la mayor seguridad y facilidad posibles los importantes recursos de aquella región, desentendiéndose de la suerte de millones de seres humanos y apostando para ello por unos aliados sobre el terreno sumamente crueles y excluyentes. Los grandes excesos y barbaries cometidas durante estos últimos años por el FPR y los ejércitos de Burundi y Uganda son, sobre todo, responsabilidad de ellos mismos. Pero no habrían sido posibles sin el consentimiento e, incluso, el apoyo más o menos directo de sus grandes aliados internacionales.

El candidato no minimiza realidades en alguna manera esperanzadoras como, por ejemplo, las de las negociaciones en Burundi10, sino que las enmarca en un ámbito mucho más amplio y más real: el ámbito de este gran juego de interese y complicidades internacionales que están arrasando toda el Africa de los Grandes Lagos. Las denuncias del candidato y la presión internacional no sólo son compatibles con la vía de la negociación en Burundi, sino que, debilitando la posición de los extremistas tutsis en el poder, están sin duda contribuyendo a que estas negociaciones lleguen a buen fin. Pero, por desgracia, el papel del FPR ha sido y es, en todo el conjunto de la región, mucho más determinante que el de Buyoya. Y frente a él no hay negociación posible.

Como ya dijo el candidato "Los grandes poderes económicos y diplomáticos que han decidido hacerse con el control de la región son a la vez los grandes mentores de las negociaciones en Burundi, son quienes hacen posible que en Ruanda haya una dictadura feroz y son también quienes autorizan la invasión de la RD del Congo. El ladrón se disfraza de policía. ¿Qué se puede esperar de todo esto? Las negociaciones en Burundi llegarán hasta donde ellos quieran que lleguen. Nosotros pensamos que es fundamental la denuncia y el desenmascaramiento de todo este proyecto. El mismo mediador Julius Nyerere, antes de su fallecimiento, manifestó su decepción respecto a las negociaciones. Quizá ahora, con la conquista y el control del ex Zaire bastante avanzados ya, los señores de las grandes transnacionales mineras concedan un mayor margen al nuevo mediador Nelson Mandela y se pueda ir cediendo en Burundi algunas parcelas de poder a la gran mayoría democrática hasta ahora excluida, sometida y diezmada. Lo que por ahora parece ser imprescindible para esas transnacionales es la 'colaboración' del FPR, la criminalización de toda la oposición ruandesa y la división de todos los grupos mayoritariamente hutus de aquella región."

También ha alertado sobre el posible uso de las negociaciones como distracción o trampa. Así, en Ruanda, bajo la apariencia de una voluntad negociadora, el FPR no escondía tras las negociaciones previas al 94 más que una intención de engañar y dividir al resto de los grupos políticos, mientras alcanzaban por la fuerza el poder absoluto. Del mismo modo, sin la presión internacional, las negociaciones en Lusaka no serán más que una farsa en la que los verdaderos poderes económicos internacionales en la sombra impondrán impunemente su voluntad, llegando incluso, si pueden, a la partición definitiva de la RD del Congo y la violación de la intangibilidad de las actuales fronteras.

 

4. Conclusión

Nos congratulamos de la concesión en 1999 del Nobel de la Paz a la gran organización "Médicos Sin Fronteras". Sin embargo las imprescindibles y urgentes ayudas humanitaria y al desarrollo son totalmente insuficientes. Es de enorme importancia e igualmente apremiante erradicar las causas profundas de este conflicto. Incluso las meras "actas notariales" de las violaciones de los derechos humanos pueden ser un arma de doble filo si sistemáticamente evitan referirse a las motivaciones económicas y políticas últimas y no ponen el acento suficientemente sobre las graves responsabilidad de quienes con su agresión iniciaron tanta desolación. Aun con barbaries como las de Hiroshima y Nagasaki, la equidistancia entre las responsabilidades de los aliados y las de quienes iniciaron la segunda guerra mundial será siempre injusta.

Creemos, por todo ello, que la concesión del premio Nobel de la Paz del 2000 a nuestro candidato sería complementaria de la concedida en 1999 a MSF. Más aún teniendo en cuenta que la posición de MSF frente al problema de los campos de refugiados del este del Zaire no fue compartida por un gran número de otras grandes ONGs. En efecto, semanas antes de los terribles ataques de Ruanda, Uganda y Burundi, MSF y algunas ONGs abandonaron los campos, mientras que otras permanecieron allí. Con la perspectiva que hoy tenemos, tras el genocidio sufrido por cientos de miles de estos refugiados y tras la descarada rapiña de los recursos del exZaire por parte de esos ejércitos invasores a más de 1000 Kmts de sus fronteras, somos mucho más conscientes de toda la farsa de aquellos momentos. Acabar con la inseguridad provocada por los genocidas que se escondían en los campos, sólo fue una coartada más en este gran proyecto de invasión del exZaire. La posición mantenida por MSF reflejaba, pues, sólo una parte de la compleja realidad. La no consideración por parte de la comunidad internacional de los otros aspectos del conflicto, tan importante o más que el anterior, conllevó que los agresores se sintiesen con las manos libres para actuar a su antojo violando todas las grandes Convenciones. El resultado de todo ello lo hemos podido ver en estos últimos años.

Por otra parte, creemos que la concesión del premio Nobel de la Paz a un español con tantos y significativos apoyos en su propio país (en especial por parte de congregaciones misioneras, misioneros diocesanos, ONGs e instituciones que se han entregado tan generosamente desde hace medio siglo a los pueblos de aquella región africana) sería el reconocimiento a la solidaridad de toda la nación española con esa región, nación a la que no se puede reprochar ninguna responsabilidad colonial en ella.

También queremos destacar que algunas importantes denuncias del candidato van más allá del conflicto del Africa de los Grandes Lagos, tienen un valor universal, son importantes claves para el futuro de una humanidad globalizada:

El decidido compromiso del candidato, puesto de manifiesto en su valentía para arriesgarse con denuncias enérgicas y bien concretas, va a la par con su espíritu contemplativo que es la raíz de la misericordia entrañable, tan central en el movimiento de la no-violencia.

Finalmente queremos referirnos a la dotación económica que acompaña al premio Nobel de la Paz. Aunque ésta no sea lo más importante, sabemos que sería sumamente útil para llevar adelante el último de los proyectos que el candidato y su fundación han iniciado junto a otras organizaciones afines11 y para el que no han encontrado aún suficiente financiación: un proceso judicial contra los gobiernos genocidas de estos tres países africanos y contra todos aquellos que son corresponsables de sus crímenes que no prescriben.

Teniendo en cuenta, entre otros, los siguientes motivos:

sería de gran importancia iniciar, sin más demora, procesos judiciales capaces de trasladar masivamente a la opinión internacional la naturaleza genocida de estos dictadores. Sus responsabilidades no se refieren a 3.000 o a 30.000 crímenes, como en los casos de Chile o Argentina, sino a más de 3.000.000.Y, lo que aún es más importante, se trata de dictadores aún en activo, por lo que esta lucha no es sólo contra la impunidad sino también para la detención del genocidio.

 

NOTAS

1. El FPR es una organización político-militar compuesta, fundamentalmente, por los descendientes de la aristocracia tutsi más extremista que se exilió de Ruanda cuando la mayoría hutu -que constituía antes de estas grandes masacres el 85% de la población- llegó al poder en 1961.
2. Kagame: hombre fuerte del FPR y desde abril de 2000 actual presidente de Ruanda.
3. Museveni: actual presidente de Uganda.
4. Inkotanyis: señores guerreros tutsis convencidos de haber nacido para gobernar a la plebe.
5. A los que se ha dado en llamar interahamwes. Aunque el significado de este término ha sido intencionadamente distorsionado. No significa "los que asesinan juntos", sino "los que van o hacen algo juntos". No todos los grupos de interahamwes, formados fundamentalmente por jóvenes, cometieron masacres.
6. Cita de Cuadernos de Cristianisme i Justícia (nº 95, enero 2000, pag. 10).
7. Buyoya: actual presidente de Burundi.
8. Tutsis del este del exZaire.
9. Kivu zaireño: zona de la RD Congo, antiguo Zaire, cercana a la frontera con Ruanda, Burundi y al lago Kivu.
10. Negociaciones en Burundi: actualmente encabezadas por Mandela.
11. Entre otras, la Fundación contra la Impunidad, protagonista de los procesos contra la dictadura argentina, ha prometido ya su colaboración.

 

Bibliografía

Revelaciones y documentos recientes (1999-2000) sobre el conflicto del África de los Grandes Lagos.

Otros documentos de consulta importantes, anteriores a la campaña de la candidatura.

(Estos documentos pueden ser consultados en la página web de Inshuti (www2.minorisa.es/inshuti).

 

La resistencia de Monseñor Emmanuel Kataliko

Obispo del Kivu Sur, R.D. Congo

Juan Carrero Saralegui
30.06.00

El mensaje de Navidad de 1999 de Monseñor Emmanuel Kataliko dirigido a sus feligreses de Bukavu ha sido un punto de inflexión en la evolución de los trágicos acontecimientos que vienen sucediéndose en el este de la República Democrática del Congo. El obispo Kataliko se ha convertido en un gran símbolo de resistencia para la población oprimida. Su actitud valerosa ha dado ánimos y esperanza a los pueblos de la región que se sienten abandonados y a merced de unos criminales sin ningún tipo de escrúpulo, como se ha demostrado en las carnicerías cometidas en comunidades como Makobola, Kasika o, recientemente, Katogota, donde los ocupantes vienen de asesinar a unas 500 personas. El coraje evangélico en la denuncia de la ocupación de su país por parte de las tropas de Uganda, Rwanda y Burundi, ha supuesto para el obispo la detención y exilio forzoso de su diócesis. No podía tolerarse una voz tan clara:

"Poderes extranjeros, con la colaboración de algunos hermanos congoleños, organizan guerras con los recursos de nuestro país. Estos recursos que tendrían que ser utilizados para nuestro desarrollo, para la educación de nuestros hijos, para curar nuestras enfermedades, en resumen para que pudiéramos vivir de una forma más humana, sirven para matarnos. Más aún, nuestro país y nosotros mismos hemos llegado a ser objeto de explotación.

Todo lo que tiene valor es robado, saqueado y llevado al extranjero o simplemente destruido. Los impuestos recogidos, que tendrían que ser invertidos para el bien común, son malversados. Las tasas exorbitantes no ahogan solo al gran comercio y a la industria sino también a la madre que vive de su pequeño comercio. Todo este dinero sustraído de nosotros, proveniente de nuestras producciones y depositado en el banco, es robado directamente por una pequeña elite venida de quien sabe donde.

Incluso nuestra persona humana no se escapa de esta explotación opresiva: todos los que trabajan en un servicio público no reciben su salario a pesar de aportar riqueza con su trabajo. Esta explotación es sostenida por una estrategia de terror que mantiene la inseguridad. En la ciudad, bandas armadas, frecuentemente con uniforme militar, irrumpen en nuestras casas, roban los pocos bienes que nos quedan, amenazan, secuestran e incluso matan a nuestros hermanos. Nuestros hermanos y hermanas en el campo son masacrados a gran escala. Las víctimas ya se cuentan por miles y los supervivientes para salvarse están obligados a desplazarse, con todas las consecuencias que ello conlleva.

Nuestra misma Iglesia institucional no es compadecida. Parroquias, presbiterios y conventos han sido saqueados. Sacerdotes, religiosos y religiosas son golpeados, torturados e incluso asesinados porque por su forma de vida denuncian la injusticia flagrante en la que está sumido el pueblo, condenando la guerra y predicando la reconciliación, el perdón y la no-violencia.

Es inútil decir que, por lo que sabemos, hasta ahora no se ha llevado a término ninguna investigación seria para buscar a los culpables y castigarlos."

La primera semana de Febrero de este año, Bukavu, la capital del Kivu Sur, permanecía absolutamente paralizada. Las escuelas, los mercados, las oficinas, todo se detuvo como señal de resistencia. Los ocupantes inculparon a la Iglesia católica de ser la organizadora de la huelga general. El 12 de Febrero el obispo Kataliko era detenido en Goma cuando regresaba de una reunión de los obispos en Kinshasa, le impidieron trasladarse a su diócesis obligándole a permanecer en Butembo, en el Kivu Norte. Las múltiples reacciones internacionales que el hecho produjo y el miedo a convertirlo en un mártir le han salvado la vida. No fue así con su antecesor, el obispo Christophe Munzihirwa, asesinado en Octubre de 1996, quien había denunciado muy claramente en 1995 y 1996 el plan de ocupación que se perfilaba. Por ello las palabras de Monseñor Kataliko resuenan aún con más fuerza:

"Nos comprometemos con coraje, con un espíritu decidido y una fe indestructible a permanecer al lado de todos los oprimidos y si es necesario hasta el derramamiento de la sangre, como lo han hecho sacerdotes, religiosas y cristianos antes que nosotros. El Evangelio nos impulsa a rechazar la voz de las armas y la violencia para salir del conflicto. Es al precio de nuestros sufrimientos y nuestras plegarias que combatiremos por la libertad y conduciremos nuestros opresores hasta la razón y la libertad interior".