BURUNDI: EN MANOS DEL PRESIDENTE DOMITIEN NDAYIZEYE
El 20 de agosto de 2000 se reúne en Arusha (Tanzania) un variopinto conglomerado de 19 partidos políticos burundeses para firmar un Acuerdo de Paz y Reconciliación trabajosamente obtenido por el equipo de mediación sudafricano dirigido por Nelson Mandela. Hay que admitir que esta firma constituye un punto de inflexión significativo en la desbocada fuga adelante de la política tutsi: Pierre Buyoya, el último de la saga golpista tutsi, se ve forzado a firmar un acuerdo con el que no parece estar de acuerdo. Los partidos hutu agrupados en el movimiento que lucha por el Cambio Democrático tampoco se sienten excesivamente satisfechos por los resultados obtenidos en Arusha. Sin embargo todos parecen aceptar el principio de "mejor un mal acuerdo que el statu quo". Por otra parte, queda en el tintero un capítulo muy importante: el de los grupos armados ausentes de la mesa de negociaciones, es decir tanto el ejército monoétnico tutsi de Bujumbura como los grupos hutu que le combaten a lo largo y ancho del país.
El principio del fin de la deriva
Si la firma del acuerdo de Arusha es portadora de esperanzas para la mayoría de la población, cansada de ser la víctima propiciatoria de los dos bandos, las subrepticias manipulaciones de última hora dejan planear dudas de los partidos minoritarios sobre la buena fe de los principales signatarios, a saber el partido protutsi UPRONA (Pierre Buyoya) y el partido prohutu FRODEBU (Jean Minani). La mediación consigue que estos dos partidos acepten repartirse la dirección del período de tres años de transición: se prevé que Pierre Buyoya pilote la primera mitad, secundado por un vicepresidente del FRODEBU; los roles se intercambiarían para la segunda mitad. Los demás partidos tendrían una representación proporcional a su peso en el gobierno de transición.
La llegada de las fuerzas sudafricanas para la protección de los políticos hutu marca otro hito de especial significado en Burundi. A pesar de las amenazas de los extremistas tutsi de recibir a tiros cualquier fuerza extranjera, un contingente de unos 1400 soldados sudafricanos desembarca en Burundi facilitando el regreso de los políticos hutu y la puesta en marcha del gobierno de transición: de hecho el 1 de noviembre de 2001 juran sus cargos los 26 ministros del gobierno que sería presidido por Pierre Buyoya quien tendría como vicepresidente a Domitien Ndayizeye (hutu del partido FRODEBU).
A lo largo de los 18 meses de su presidencia Pierre Buyoya tiene entre otras tareas proceder a dos reformas fundamentales: la del ejército monoétnico y la de la judicatura. Por una parte, en general en los medios diplomáticos e incluso entre los mismos hutus se cree que sólo un tutsi puede reformar el ejército y la administración de la justicia. Por otra, los hutus exigen que estas dos instituciones que han sido la base de su exclusión política y socioeconómica sean reformadas para sentirse más seguros. Finalmente la ejecución de esta reforma por quien pretendió presentarse como defensor de la introducción de la democracia en Burundi, a saber Pierre Buyoya, mostraría su verdadera talla de hombre de Estado.
Tras un breve período de zozobra debida a unas sibilinas dudas lanzadas por el propio Buyoya sobre la necesidad de la alternancia en la Jefatura del Estado, por fin se confirma que el día 1 de mayo de 2003 el cambio se producirá tal como está previsto en los Acuerdos de Arusha. Ahora bien, ¿qué ha realizado Pierre Buyoya a lo largo del tiempo que se le ha asignado?
No parece pues que Pierre Buyoya pase a la historia como un presidente unificador y pacificador: su cuenta de resultados es francamente decepcionante, por no decir claramente negativa. Queda esperar que los duros del régimen tutsi tomen nota de la necesidad de evitar cualquier deriva en el futuro.
Caballos de Troya
Probablemente bajo múltiples presiones regionales e internacionales el presidente Pierre Buyoya ha tenido que doblegarse y someterse a lo convenido en Arusha. Lo cierto es que a partir del día 1 de mayo de 2003 Burundi tiene otro presidente hutu, Domitien Ndayizeye, quien ostentará el cargo durante 18 meses. Tiene un papel muy difícil.
(1) Para la opinión pública internacional ha sido un traspaso de poderes modélico, alabado incluso por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Ahora bien, las apariencias sólo engañan a medias: al igual que su predecesor, el ahora presidente Domitien Ndayizeye tuvo que firmar ante el mediador unos compromisos antes de jurar el cargo. Entre estos compromisos está, por ejemplo, la renuncia al control del ejército. Aunque formalmente en cualquier otro país el Jefe del Estado lo es también del ejército, en Burundi no ocurre así, a pesar de las afirmaciones contrarias del propio Domitien Ndayizeye: cualquier decisión al respecto necesita la firma del vicepresidente Alphonse Marie Kadege (tutsi del partido UPRONA), quien además se encarga de continuar las negociaciones con los grupos armados hutu. Por otra parte, entre las tareas que el ex presidente lega a su sucesor está la de apoyar al ejército en sus esfuerzos por vencer al enemigo. Una tarea a la que no puede negarse si no quiere ser derrocado, a pesar de la presencia de las discutidas tropas de Mantenimiento de la Paz enviadas por la Unión Africana. La carencia de control sobre el ejército se evidencia a través de los repetidos ataques a las posiciones de los combatientes de las FDD-CNDD [Fuerzas de Defensa de la Democracia del Consejo Nacional de Defensa de la Democracia] de Pierre Nkurunziza a pesar del acuerdo firmado en diciembre de 2002: aparentemente el ejército desea resolver a tiros un problema que sólo tiene una solución negociada. En la actualidad está empeñado en desalojar a las FDD de sus posiciones en las provincias de Bubanza, Ruyigi y Ngozi, sin mucho éxito hasta ahora y con cuantiosas pérdidas de bienes y vidas humanas.
(2) El apoyo explícito del partido FRODEBU a la elección de Alphonse Marie Kadege para el puesto de vicepresidente no ha pasado desapercibido. Más de uno ha tenido la impresión de que el tándem UPRONA-FRODEBU tiene una agenda política no demasiado bien diferenciada, especialmente frente al grupo del Cambio Democrático.
(3) Por ello, para algunos observadores, el recrudecimiento de los enfrentamientos en el campo de batalla tiene otra lectura: el partido FRODEBU no estaría dispuesto a perder su hegemonía por la intransigencia de los grupos armados. Por lo tanto estaría intentando que el ejército los elimine para no tener que compartir el poder con ellos o por lo menos debilite para que no le hagan sombra ante el electorado dentro de un año y medio, si se llega a convocar las elecciones.
(3) A juicio de los conocedores de la laberíntica política burundesa, esta situación coloca al presidente Domitien Ndayizeye en una situación poco envidiable ante la población hutu: resulta imposible defender un ejército que se ha caracterizado por ser especialmente despiadado con los hutu. Si resultase que efectivamente el presidente Domitien Ndayizeye ha dado la orden de atacar o simplemente ve con buenos ojos los ataques del ejército, a corto plazo el partido FRODEBU podría perder el masivo apoyo que le permitió ganar las elecciones de junio de 1993; en consecuencia los grupos armados y los partidos que los apoyan saldrían beneficiados y ocuparían su espacio, con todo lo que esto podría implicar para las relaciones con los grupos extremistas tutsi.
(4) La criminalización global de todos aquellos que combaten el régimen aparece como una fuga adelante de un sistema prácticamente acorralado. Cierto vocabulario beligerante adoptado por el nuevo dirigente recuerda la estampa de un jinete inexperimentado intentando domeñar un caballo montaraz. Quizás sea mejor llamar a todos a la mesa de negociaciones que amenazarles con una guerra sin cuartel, porque ya hay una guerra en la que se sabe que no se hacen prisioneros.
(5) Finalmente, la población tiene cada vez más la impresión de que una parte de la clase política hutu ha cambiado su patriotismo por una desenfrenada lucha por ocupar posiciones de poder y no tanto por defender la causa democrática y la paz.
¿Podrá el presidente Domitien Ndayizeye presentar una cuenta de resultados mejor que la de su predecesor? Tanto sus correligionarios como sus enemigos políticos observan cada uno de sus gestos y hacen sus conjeturas. Lo cierto es que no tiene mucho tiempo para cumplir tantas expectativas puestas en una gestión de sólo 18 meses: necesita imperiosamente que los dirigentes de la Región (Uganda, Tanzania, República Democrática del Congo y sobre todo Sudáfrica) se impliquen a fondo.
Joseph Mafokozi
14.05.03