Burundi: sobre monstruos


Prosper Kamwenubusa
04.07.00


Hasta mediados de mayo, la Biblioteca Nacional Española exponía en sus salas la percepción del hombre sobre los monstruos. Tuve la suerte de contemplar la fuerza que tiene el concepto de monstruo a través de los siglos y de las generaciones. Me fue imposible no recordar a mi país y sus distintos monstruos.

En efecto, la Real Academia Española define el monstruo como:
1. Producción contra el orden regular de la naturaleza.
2. Ser fantástico que causa espanto.
3. Cosa excesivamente grande o extraordinaria en cualquier línea.
4. Persona o cosa muy fea.
5. Persona muy cruel y perversa.
6. Persona de extraordinarias cualidades para desempeñar una actividad determinada.

Ahora bien, de modo literario, artístico o filosófico, puede decirse que todo monstruo implica la quiebra de un orden mítico en la antigüedad, divina durante el medievo, natural en los siglos XVI o XVIII y político en la Ilustración. Cada monstruo acarrea valores sociales invertidos y formas de conocimientos desviadas. Un monstruo es lo que no puede ser y, por tanto, no hay más que encararlo para saber cuál es el orden que silencia o que repudia y cuál es el lenguaje que lo cuestiona o lo margina.

El monstruo produce sentimientos y reacciones contradictorios: miedo, temor, disgusto, asco, pero también placer y, desde luego, lubricidad. Unas veces llega desde la cultura demonológica y otras veces viene de mundos exóticos, del lujo y la lujuria. Se nos manifiesta en forma lúdica, como un capricho de la naturaleza, un lusus natarae o, al contrario, lleva impreso el estigma de la admonición, es un anticipo de los Dies irae.

Con esta exposición, y mirando la situación de Burundi, resulta imposible no descubrir como monstruosas las actuaciones del régimen actual que ha llegado a ser un Estado salvaje. Eso lleva a preguntarse si la figura del presidente actual, el major Buyoya, no responde a la de un verdadero monstruo. En efecto:

1. Descubrimos que es una persona muy cruel y perversa. No hace falta investigar mucho. Los años en los que ha dirigido el destino del país lo dice todo. Sólo hace falta echar una mirada a la lista de los acontecimientos desde el día en que accedió al poder y vemos que su figura lo dice todo.

2. Representa la quiebra del orden porque no hay nadie que entienda su política y su sistema de creencias. Predica la unidad y la paz pero su régimen es de los más sanguinarios. Es un monstruo en el que valores sociales son invertidos y las formas de conocimiento desviadas. Nadie sabe si, con su política de limpieza étnica y de campos de concentración, Buyoya ha oído alguna vez que existen los valores o los Derechos Humanos; y cuando dice que aspira a la democracia, uno se pregunta de qué género de democracia nos habla.

3. Como monstruo que es, su figura produce terror, aburrimiento. ¿Cuántas personas no consiguen dormir porque el fantasma de Buyoya y sus cachorros revolotean los cuatro ángulos de sus habitaciones en búsqueda de la última gota de sangre? Aquí no se trata de dramatizar nada, es solo evidenciar las pesadillas que cualquier hombre siente cuando pisa la tierra de Burundi y se atreve a dormir bajo su cielo.

4. Pero, curiosamente, su figura suscita encantamiento. Como si fuera una especie de masoquismo, todavía hay personas que le dan, a él y a su sistema, un gran crédito para seguir al frente del país. Pero, ¿por qué se venera a un monstruo? Dado que el hombre es un misterio, me inclino a pensar que todo es posible en este mundo de los mortales.

Si alguien tiene una idea mejor para desentrañar eso que yo veo como un monstruo, y que a lo mejor no lo es, porque siempre puede haber discordancia si no arbitrariedad entre las cosas y las palabras que intentan traducirlas a nuestro entendimiento o conciencia, le rogaría que aporte su grano de arena y nos diga por qué en Burundi las cosas están como están, es decir, peor. Espero que éste alguien, tú o usted, me lo diga.