El genocidio olvidado en los Grandes Lagos Africanos

Entrevista a Juan Carrero, presidente de la Fundació S'Olivar (Mallorca) y candidato al Premio Nobel de la Paz


Médicos del Mundo
Madrid
15.01.01

 

"No hay en este momento en el planeta unas masacres de tal magnitud como las que existen en esta región"

Militante del movimiento de la no-violencia desde 1973 Juan ha realizado casi 2.000 kmts. de marchas por la paz y ayunado 42 días para denunciar, presionar y exigir a la comunidad internacional que por diversas vías, como la jurídica, se llegue a una paz justa y estable en la región de los Grandes Lagos africanos. Es candidato al Premio Nobel de la Paz por segundo año consecutivo, recibiendo el apoyo de 8.000 firmas, entre instituciones, organizaciones, obispos, congregaciones misioneras, juristas, universidades, personalidades y a propuesta del anterior Premio Nobel de la Paz en 1980 Adolfo Pérez Esquivel.

El día que asesinaron a Flors, Manolo y Luis en Rwanda, el 20 de enero de 1997, Juan Carrero y otros compañeros de su fundación llevaban 7 días de ayuno a las puertas del edificio del Consejo de Ministros de la Unión Europea en Bruselas para denunciar el genocidio en los Grandes Lagos de África. En Madrid, otros compañeros permanecían frente a la embajada de los Estados Unidos. También en Barcelona y Palma, otros grupos se manifestaba a diario, en especial los compañeros de Drets Humans y de Inshuti (Amigos de Rwanda, Burundi y RD del Congo), ONG de Manresa algunos de cuyos miembros eran amigos de Flors Sirera.

¿Qué recuerda de aquel día?

Hacía ya tres meses que los ejércitos de Uganda, Burundi y, sobre todo, Ruanda, con la excusa de asegurar sus fronteras, masacraban sistemáticamente en el este del Zaire a centenares de miles de refugiados hutus indefensos y avanzaban hacia la conquista de riquísimas zonas mineras del interior de este enorme país. Aquel día la Comisaria Emma Bonino se acercó a nosotros para informarnos y darnos ánimos. Aquel día el dolor de los familiares de las tres víctimas, de sus compañeros de Médicos del Mundo y de toda España era nuestro propio dolor. Aquel día también nosotros intentamos dar ánimos a la Comisaria, comunicándole que ya eran quince los Premios Nobel que apoyaban nuestras reivindicaciones. En las próximas semanas este número se elevaría a diecinueve. Y también recibiríamos el apoyo de la práctica totalidad del Parlamento Europeo y de su presidente José María Gil Robles. Aquel día estuvo marcado no sólo por el dolor sino también por el estupor que nos provocó la sorprendente ligereza irresponsable con que los medios de comunicación adjudicaban este triple crimen a miembros de la etnia hutu.

Efectivamente, todos los titulares adjudicaron este triple crimen a los extremistas hutus. Pero creo que usted y sus compañeros disintieron desde el primer momento de esta versión única, oficial y omnipresente de aquel acontecimiento y, en general, de la que se daba sobre todo lo que se estaba viviendo en el África de los Grandes Lagos desde 1990.

Los hechos no cuadraban por ninguna parte. Hubo un lamentable tratamiento mediático, los medios reprodujeron la información de las grandes agencias sin investigar ni contrastar la noticia. Este escoramiento a favor de los actuales vencedores (el FPR, Frente Patriótico Ruandés, compuesto fundamentalmente por tutsi extremistas, descendientes muchos de ellos de la antigua aristocracia señorial), la distorsión de la realidad, los silencios y maniobras de distracción, la ausencia o multitud de imágenes según conviniera, era y es un hecho muy sintomático y habitual en este conflicto. Un "nucleo duro" de "expertos" ha intentado, y prácticamente logrado, dejar bien asentada la tesis de un único genocidio planificado en el cual la etnia tutsi es la única víctima, y los culpables, casi toda la etnia hutu. Se ha querido criminalizar a todo un pueblo para poder así privarlo del derecho democrático a ser dueños de su destino. Pero hoy tenemos perspectivas suficientes, sabemos que la responsabilidad de las grandes masacres de 1994 recaen en gran medida sobre el supuesto "liberador", el FPR, que ha conseguido hacerse pasar por bombero, después de haber sido el pirómano. En 1990 comenzó la invasión de Rwanda, el 6 de abril de 1994 asesinó a los presidentes de Rwanda y Burundi, en los meses siguientes también cometió grandes masacres en las zonas bajo su control, junto a los Estados Unidos consiguió impedir la intervención de la ONU que hubiese podido detener estas masacres, a finales de 1996 y principios del 1997 cometió un nuevo genocidio contra los refugiados hutus en Zaire, etc. etc.

Así pues, parece ser que, a pesar de toda la propaganda del FPR y de sus aliados internacionales, los acontecimientos les están dando la razón.

En estos últimos meses se ha producido un importante punto de inflexión en la comprensión de este conflicto. En cuanto a la verdad del triple asesinato de nuestros compatriotas, primero fue la investigación de la ONU y la de la policía española las que cuestionaron su arbitraria adjudicación a la etnia hutu. Después vinieron ya las revelaciones realizadas por el coronel Christophe Hakizabera, entre otros, o el informe Hourigan, las que nos dan incluso el nombre del comando del FPR que, por orden del presidente Kagame, acabó con la vida de Flors, Manolo y Luis, el comando Network, el mismo que derribó el Mystère-Falcon presidencial en Kigali aquel fatídico 6 de abril de 1994.

El paso de los años ha ido confirmando, cada vez con una mayor evidencia, que durante los últimos años se ha engañado a la opinión pública internacional, tal como ya en 1996, unos días antes de ser asesinado, denunció el obispo de Bukavu, monseñor Munzihirwa.

Hechos como el despiadado genocidio de 500.000 refugiados hutus en el Zaire; hechos como la descarada segunda invasión ejecutada por los ejércitos de Museveni, Kagame y Buyoya hasta lo más profundo de la RD del Congo, en donde se encuentran los más importantes yacimientos mineros de este enorme país, invasión que ya es responsable de la muerte de muchos cientos de miles de congoleños; hechos como los enfrentamientos entre ugandeses y ruandeses, provocados por su desmedida codicia, que han producido miles de víctimas congoleñas inocentes; hechos tales están dejando definitivamente en evidencia que las "nobles" causas invocadas para invadir y asesinar no han sido más que grandes mentiras.

En cambio, va quedando cada vez más en evidencia: la responsabilidad última de importantes transnacionales mineras en la gestación y el desarrollo de este conflicto; el gran apoyo logístico, diplomático, militar y económico a estos lobbies himas-tutsis extremistas por parte de algunas potencias occidentales, lideradas por los Estados Unidos y la importante manipulación de los organismos internacionales (como la misma ONU), de la información internacional, e incluso de las mismas ONGs y de los grandes principios relativos a los Derechos Humanos, por parte de estas potencias y transnacionales.

¿De modo que tampoco fueron los extremistas hutus los asesinos de los dos presidentes?

Una serie de importantes revelaciones están confirmando que, contrariamente a lo que se hizo llegar masivamente a la opinión pública, fue el FPR quien cometió, con la ayuda de una potencia occidental, probablemente Bélgica o los Estados Unidos, el atentado al avión presidencial. Las divisiones internas del FPR, las revelaciones de algunos miembros relevantes de esta organización, las conclusiones del investigador de la ONU Michael Hourigan, son concluyentes. El juez antiterrorista Jean-Paul Bruguière parece tener ya las pruebas de que el atentado fue ejecutado por un comando tutsi por orden del actual presidente de Rwanda, Paul Kagame, y muy probablemente con el apoyo norteamericano, según informa Wayne Madsen, un investigador de los Estados Unidos especializado en publicaciones sobre la Agencia Nacional de Seguridad de su país. Se espera que Bruguière firme la orden de búsqueda y captura contra los máximos responsables de todo este asunto. La causa fue iniciada a petición de la viuda de uno de los tres militares franceses que también fallecieron en el atentado.

¿Es posible un futuro en paz para el Africa de los Grandes Lagos?

Yo creo que sí, siempre y cuando esté asentado en la verdad y en la justicia. Pero no en una justicia parcial como la actual del Tribunal Internacional de Arusha, sino en una justicia para todos. Hay muchos responsables de genocidio que están sentados en la mesa de los acusadores-justicieros. Es posible la paz, pero es muy difícil a corto plazo porque supone cambios muy importantes en la geopolítica que para aquella región han elaborado grandes poderes de nuestro mundo globalizado. Creo que esos grandes poderes económicos-políticos no van a permitir un cambio repentino hasta que no encuentren un recambio adecuado de aliados. Quizá el reciente relevo en la Casa Blanca, a pesar de ser Bush quien es, unido al inicio de la decadencia de Kagame, paradójicamente, favorezca este recambio.

Las grandes instituciones como la ONU, "domesticadas" y controladas, fundamentalmente por los Estados Unidos, han bloqueado intervenciones humanitarias, investigaciones y resoluciones que, durante estos últimos años, hubiesen podido salvar la vida de millones de seres humanos en aquella región africana. Y el Tribunal Penal Internacional, en el hipotético caso de que pueda ser puesto en marcha en un tiempo razonable, no podrá ser retroactivo. Por todo ello probablemente sea desde el ámbito de la justicia nacional, como es el caso de los juicios a las dictaduras latinoamericanas, desde el que pueda renacer la esperanza en medio de este panorama bastante desolador.

Se podría así trasladar a la gran opinión internacional la verdad de los acontecimientos de ese pasado reciente. Una demanda judicial podría dejar en evidencia la naturaleza genocida de los dictadores que desde hace años, protegidos por algunas grandes potencias e importantes lobbies transnacionales, asolan el África de los Grandes Lagos. Podría así neutralizarse la poderosa maquinaria propagandística, cuyos hilos son movidos desde las más altas cúpulas del poder de nuestro mundo globalizado, que ha presentado a estos criminales como "los nuevos líderes africanos emergentes" e incluso como "los nuevos liberadores".

Lo que es cierto es que, como afirmó el ex presidente Mandela al retomar las negociaciones de Arusha: "Mientras una minoría del 15% pueda continuar monopolizando el poder político, económico y militar... no se podrá conseguir la paz ni la estabilidad".

Habiendo tantos conflictos en el mundo ¿Por qué ha elegido el de los Gran Lagos en África?

Quizás haya en mí algo de Quijote hispánico que me lleva a intentar "desfacer" los mayores "entuertos" que uno conoce, quizás sea el deseo de estar con los que uno ve más solos. En un momento de mi vida tomé conciencia de que ésta era la causa más difícil, más intoxicada mediáticamente que conocía. Y en cuanto a las víctimas, creo que posiblemente no haya actualmente en el planeta unas masacres de tal magnitud como la que existe en esta región.

SUMARIOS

Se ha criminalizado a toda la etnia hutu, y sólo a ella, de las grandes masacres de abril-junio de 1994, a las que se ha logrado hacer pasar como el único genocidio ocurrido en aquella región

"Mientras una minoría del 15% pueda continuar monopolizando el poder político, económico y militar... no se podrá conseguir la paz ni la estabilidad" Nelson Mandela