II. LAS MENTIRAS DEL GRAN PROYECTO DEL EXTREMISMO TUTSI


Joan Carrero
Fundació s'Olivar
Mallorca
27/4/1997


La tragedia de los refugiados hutus en Zaire, que es ya casi pasado (es duro decir esto, es duro aceptar que para los sobrevivientes seguramente no hay futuro) hay que enmarcarla en un ámbito más amplio : el de todo el pueblo hutu, cuyo futuro aparece tan desolador como su presente. Una cosa se vuelve cada vez más evidente : que en los próximos años, si no conseguimos entre todos reconducir los acontecimientos, la etnia hutu será, aún más, la gran víctima sacrificada en el ara de los poderosos intereses que se juegan en esa región. De una observación mínimamente honesta de lo que sucede en esa región se pueden extraer varias conclusiones :

1. El proceder de los hombres fuertes tutsis que gobiernan Uganda, Ruanda, Burundi y que están tras la figura mediática de Kabila en Zaire, no se ajusta al de unas minorías en peligro que están obligadas a autoprotegerse por todos los medios. Excediendo ampliamente este planteo, se asemejan mucho más al de las élites opresoras, que sólo pueden mantener su dominación por medio de la eliminación física y el terror.

2. Esta minoría extremista dentro de la minoría tutsi, que defiende su situación de privilegio con los métodos más brutales, no está sola. Existen unas fuertes complicidades entre ellos mismos y también con aliados externos. Los dirigentes de estos tres países, situados en el nivel más bajo de pobreza, y los "rebeldes" de Kabila, han dispuesto en estos últimos meses de una financiación, una preparación, un equipamiento y una logística sorprendentes e inhabituales entre las fuerzas armadas africanas.

3. La eliminación física de todos los refugiados hutus en Zaire (mujeres, niños y ancianos incluidos) ha sido evidentemente un objetivo importante de esta invasión de Zaire. El embajador de Estados Unidos en Kigali lo manifestaba con el mayor descaro : Hay que dejar morir a los niños hutus refugiados, porque de lo contrario ellos serán los futuros genocidas.

4. Pero este exterminio y esta invasión, que es cada vez más (de momento) una rebelión frente al régimen corrupto de Mobutu y al yugo insoportable de las Fuerzas Armadas Zaireñas, es sólo una parte de un proyecto militar, político y económico de gran envergadura. La minoría extremista tutsi, experta por siglos en el ejercicio de ese poder que no se resigna a compartir, tiene ahora más que nunca, con el apoyo de unos aliados que permanecen en la semipenumbra, el espacio y los medios para construir un gran imperio tutsi en el corazón de Africa.

5. En ese gran proyecto lo mediático es fundamental. Se trata de una guerra propagandística tanto o más que de una guerra física. La intoxicación propagandística (hecha de silencios, medias verdades y mentiras) está perfectamente organizada desde hace tiempo y ha logrado una enorme capacidad de acceso e influencia en la opinión pública.

6. La primera y gran falsedad está en la interpretación malévola que sistemáticamente se hace del genocidio del 94 en Ruanda . Los genocidas no fueron "los hutus", sino una minoría extremista de entre los muchos millones de hutus que existen. Esos extremistas usaron el conflicto étnico como coartada para exterminar a aquellos que podían poner en peligro sus privilegios y sus abusos escandalosos : la élite social formada por tutsis sobre todo, pero también por muchos hutus cultos y moderados. Pero ahora, la criminalización de todo el pueblo hutu por parte de la propaganda extremista tutsi es, de nuevo, el recurso infame a la coartada del conflicto étnico para no tener que compartir la menor parcela de poder con aquellos que son la gran mayoría de la población, e incluso para que sea tolerado y disculpado por la comunidad internacional el exterminio masivo de población civil hutu. Especialmente en Burundi y en el este de Zaire los hutus, por el solo hecho de serlo, están siendo masacrados del mismo modo sistemático y terrible que lo fueron en el 94 los tutsis de Ruanda y en un número seguramente ya comparable (que a este ritmo de matanzas pronto será superior). Las fronteras nacionales y la no-ingerencia en los asuntos internos ha sido hasta hace poco la coartada con que cualquier tirano cruel se creía con derecho a oprimir a su propio pueblo. Ya es hora de desenmascarar también la coartada de las fronteras étnicas. El genocidio (o genocidios) en esa región no ha sido tanto el de una etnia a manos de otra, como el de una población civil a manos de minorías extremistas poderosa que manipulan a un pueblo sencillo y exacerban el problema étnico para su propio interés.

7. Otra de las grandes falsedades ha sido la del retorno masivo de los refugiados a Ruanda. Los más sofisticados satélites y aviones de reconocimiento norteamericanos no fueron capaces de detectar una inmensa marea humana de ¡ 700.000 refugiados ! que vagaban aún por Zaire. Tras llamar a todas las cámaras de T.V. del mundo para que filmaran el "retorno masivo y espontáneo" de los refugiados, se decidió que la intervención humanitaria internacional ya no era necesaria, puesto que ya no quedaban refugiados en Zaire. El exterminio sistemático posterior de que han sido objeto ha evidenciado porqué se negó su existencia. A los que denunciamos esta gran mentira, incluso a la Comisario Sra. Bonino, se nos calificó de visionarios.

8. Al ir llegando, a finales de enero, los primeros testimonios de grandes masacres de refugiados en el este de Zaire, toda la parafernalia propagandística del extremismo tutsi se volcó de nuevo a desautorizar esos testimonios y a desacreditar a quienes los difundíamos, especialmente al Secretario de Estado belga Sr. Moreels. Ahora, desde hace dos o tres días, tres meses después de aquellas primeras denuncias, cuando la tragedia es ya en gran medida irreversible, esas mismas denuncias se multiplican y suben de tono.

9. Desacreditar sistemáticamente, con gran despliegue mediático, a quienes contradecimos su propaganda y sus intereses, es fundamental dentro de su estrategia global. Las acusaciones de pro-hutus hacia los misioneros, testigos privilegiados que desde hace décadas están sobre el terreno tan integrados a las gentes del lugar, son especialmente virulentas y demoledoras. Algunos de los enfoques que aparecen en ciertos medios europeos y americanos son tan tendenciosos que nos fuerzan a creer que se trata de algo intencionado.

10. Y finalmente está ese gran aliado que es el silencio, el pesado silencio de muerte que, como un muro infranqueable impide el acceso a los lugares críticos, en el momento adecuado, a todos aquellos que podrían ser testigos incómodos. Es el silencio que hace tiempo se cierne sobre Burundi , donde sigue impune el magnicidio de Presidente Ndadaye ; donde, tras un segundo magnicidio, el tercer presidente de la reciente democracia sigue sin poder salir de la embajada de los Estados Unidos ; donde se lleva a cabo un exterminio, tan sistemático como olvidado, de la población hutu ; donde 500.000 hutus están recluidos en auténticos campos de concentración. Es el silencio cada vez más impenetrable de Ruanda donde hay que callar o marchar ; donde los mismos ministros del gobierno y responsables políticos de máximo nivel que han tenido reparos de conciencia por lo que han visto, han tenido que huir al extranjero o han muerto en circunstancias extrañas. Es el silencio tupido que ya empieza a cubrir Zaire ( 27-4-97 ).