¿Verdadera o falsa marcha?
(Francis Kpatindé, JA-l’Intelligent, 16 al 22.11.2003, Traducción: Ramón Arozarena)
Funcionarios onusianos, servicios occidentales y poblaciones locales lo atestiguan: los ruandeses siguen estando militarmente en su país vecino, dos meses después de anunciar su retirada
¿Sigue habiendo tropas ruandesas en el este de la RDC? Oficialmente, no. Los últimos elementos del cuerpo expedicionario ruandés (30.000 hombres) han recogido el petate el 5 de octubre último, bajo la mirada escéptica de los observadores de la MONUC. El anuncio de esta retira fue hecho, de un modo un tanto atronador, por el presidente Paul Kagame mismo, al margen de la Asamblea general de las Naciones Unidas a mediados de septiembre en Nueva Cork. En la estela de esta declaración, su homólogo Joseph Kabila ofreció inmediatamente garantías suplementarias para establecer un control más riguroso del tráfico en algunos aeropuertos, con el fin de evitar en el futuro que éstos sean utilizados para el aprovisionamiento, concretamente en armas, de los soldados u otros milicianos rebeldes ruandeses, que utilizan desde hace varios años las provincias orientales del Congo como santuarios. El régimen de Kigali, hay que recordarlo, se ha servido siempre de la presencia de estos ex-FAR y otras milicias interahamwe, sospechosas de estar implicados en el genocidio de 1994, para justificar sus aventuras militares en el Congo.
Entonces, ¿verdadera o falsa marcha? "Tenemos información e indicios que parecen atestiguar la persistencia de la presencia ruandesa en el este de la RDC", nos confirmaba con mil precauciones, a primeros de noviembre, el general Mountaga Diallo, comandante en jefe de la MONUC. "Las poblaciones locales nos dicen que los ruandeses vuelven. Hemos enviado al terreno patrullas que con frecuencia han chocado con maniobras de obstrucción". "Existe una fuerte presunción de la presencia ruandesa en ciertas aglomeraciones del Kivu-norte y Kivu-sur", añade un diplomático africano en Kinshasa. Las afirmaciones de unos y otros están apoyadas en testimonios obtenidos entre algunos habitantes de estas provincias orientales, concretamente entre congoleños ruandófonos, que saben mejor que nadie identificar a sus" hermanos" venidos de Gisenyi y Cyangugu, las dos grandes ciudades ruandesas situadas frente a Goma y Bukavu. Se apoyan también en constataciones hechas recientemente sobre el terreno por observadores onusianos y en informaciones que emanan de varios servicios de información occidentales.
El 3 de octubre, una patrulla de la MONUC es informada de que soldados "mayoritariamente ruandeses" saqueaban la ciudad de Buvunga, cerca de Katale. Los cascos azules se dirigen inmediatamente al lugar para encontrarse frente a frente con un oficial y soldados armados "evasivos y arrogantes", algunos de los cuales no hablan ninguna palabra de francés. Entre el 18 y 20 de octubre, los observadores onusianos ven que se les rehúsa sistemáticamente el acceso a los campos de Katale y Tongo, en manos del Ejército Nacional Congoleño (ANC), una milicia cercana al RCD-Goma (movimiento pro-ruandés que, desde hace poco, está representado en el gobierno de transición en Kinshasa). ¿Qué buscaban de verdad ocultar a los cascos azules? ¿La presencia de soldados ruandeses, reconocibles, entre otras cosas, por sus uniformes, armas y aparatos de transmisión, diferentes a los que habitualmente se encuentran en el Congo, y sobre todo, porque generalmente sólo se expresan en inglés?
A finales de octubre, en Kanya-Bayunga, localidad del Kivu-norte, también en el este de la RDC, varios testigos afirman haber sido controlados por unos treinta oficiales y soldados ruandeses uniformados en verde-oliva, armados de fusiles-ametralladoras, que ni siquiera trataban de disimular la sigla "APR" (Ejército patriótico ruandés) inscrita sobre el bolsillo de su uniforme. "Eran muy disciplinados y tenían Toyotas, algunos de doble cabina, para sus desplazamientos - relatan los testigos -. Regresaban para dormir a Rwanda y volvían al día siguiente. Incluso apercibimos soldados surafricanos y uruguayos de la MONUC que conversaban con ellos, como si tal cosa…".
De hecho, para pasar discretamente, los soldados ruandeses están esparcidos, indica una nota confidencial de la ONU, en el seno de varias compañías del batallón 54 de la ANC, considerado como el brazo armado de la RCD-Goma y, más allá, como suplentes del régimen de Kigali. Su presencia hoy está confirmada en localidades como Rumangabo, Bukima, Nkonkwe. Están también "preposicionados" en un campo retirado, erigido sobre la cima de una colina en Stshanza. De la cuarentena de oficiales y soldados presentes, sólo un habla francés, lengua oficial (y de trabajo) en la RDC. Varias decenas de tiendas, visiblemente destinadas a nuevos inquilinos, están levantadas en el cuartel.
El 24 de octubre, una patrulla de la MONUC, a pesar de estar escoltada por un oficial de la ANC, no pudo acceder al cuartel general del batallón 54, en Katale, ni al campo de entrenamiento de Rumangabo. ¡Circulen, no hay nada que ver!" les increpó agriamente el adjunto del comandante en jefe de Katale. Unos instantes más tarde, los cascos azules vieron, en las cercanías del mercado de Rumangabo, varios soldados que llevaban uniformes verde-oliva, que, al verlos, desaparecieron.
Siempre según la nota de las Naciones unidas, los militares ruandeses se han estacionado igualmente en los altos de Runyoni, en un cuartel que acoge a un centenar de militares portadores de uniformes brillantemente nuevos, con un material de comunicación que sorprendentemente se parece al que utilizan los miembros de la APR. Evidentemente, evitan cualquier contacto con los observadores de la ONU, que no obstante tuvieron el tiempo suficiente para constatar la presencia de unas treinta tiendas y de cinco nuevos edificios sólidos.
Dos meses después del anuncio de su retirada, los soldados ruandeses permanecen, pues, en la RDC, aunque, sin duda a causa del proceso de reconciliación en curso en este país, actúan discretamente. Tácticamente, el régimen de Kigali juega bien sus cartas. "Deslizando" varios centenares de elementos de la APR en el batallón 54 de la ANC, sigue, sin atraer la reprobación internacional, pesando sobre el futuro de una región rica en minerales y, al mismo tiempo, protege sus fronteras contra las incursiones de las ex-FAR e interahamwe, que visiblemente no han abandonado cualquier proyecto de derrocar por las armas el régimen de Paul Kagame. ¿Qué sucederá cuando llegue la hora de la incorporación (prevista) de los elementos de la ANC en las Fuerzas armadas de la RDC?
Francis Kpatindé