En nuestro mundo, han alcanzado tal relevancia los medios de comunicación que para mucha gente "no ocurre" más que lo que se transmite a través de ellos, fundamentalmente lo que difunden la radio y la T.V. De lo que no hablan
estos medios, o no ha pasado o no tiene importancia. Las noticias,
comentarios u opiniones emitidas desde ellos, tienen gran influencia en la
creación de opiniones generalizadas en amplias masas de población, tanto en
temas nacionales como internacionales, y eso lo saben muy bien los
dirigentes de Rwanda y Burundi.
Desde el regreso de los refugiados a Ruanda a finales del 97, esta zona ha dejado de ser prioritaria para los noticiarios y, solo cuando se produce una matanza masiva, merece que se le dedique un espacio en la prensa o en la radio, y la TV ni siquiera la da, tal vez porque no disponga de imágenes para "mostrar". Sin embargo, en Ruanda, tras el regreso de los refugiados sigue habiendo los mismos problemas, incluso agravados. El problema de la tierra, la impunidad para unos, y la lentitud y parcialidad de la justicia para otros, los encarcelamientos arbitrarios, el miedo, la represión, las matanzas, y la guerra larvada en el noroeste, que dejan un reguero interminable de víctimas civiles ... En Burundi continúa como presidente del país un golpista que acabó con la esperanza de democratización, imponiendo la supremacía de la minoría (eso en Sudáfrica se llamaba apartheid y la comunidad internacional lo combatió durante años), los ataques y contraataques de rebeldes y ejército, causan innumerables víctimas y la población civil es la que sufre las peores consecuencias. Pero a pesar de ello Ruanda y Burundi no son noticiables.
Parece que se haya creado una especie de "filtro" que pasa, mediatizadas, las noticias de lo que sucede, o no las pasa, como si ya nada ocurriera allí; sin embargo un nuevo genocidio se está produciendo en silencio. Esto se produce así, por una parte porque las víctimas están amordazadas por el miedo a la violencia o a perder la vida; por otra, porque quien tiene acceso a las agencias de noticias, a los medios, a las instituciones internacionales..., es quien tiene el poder. Queremos dar algunas claves para ayudar a entenderlo.
1) La información objetiva de los acontecimientos es extremadamente difícil, porque los gobiernos tutsis tienen colocados a enviados suyos en los medios importantes para controlar la información, incluso en instituciones como la ONU, las embajadas norteamericana, belga, francesa o la nunciatura del Vaticano.
2) Por otra parte, de entre los retornados, los hutus con preparación cualificada, y algunos tutsis que vivían en Ruanda antes de abril del 94, son los grupos de mayor riesgo. Cada día se ven más mermados y no tienen medios a su alcance para dar su versión de hechos tales como que poblados enteros sufren la represión ante algún ataque que hayan sufrido los operativos militares.
3) Las vidas de todos los sospechosos de haber facilitado datos corren riesgo inminente. Allí la provisionalidad de la vida es algo con la que están conviviendo a diario.
4) Nuestros medios de comunicación, en general, están sometidos a los poderes internacionales, que tienen interés en que sigan mandando los Gobiernos actuales. La Señora Albright, Secretaria de Estado para Asuntos Internacionales del Gobierno de Clinton, en su visita reciente a Ruanda ha dicho que siguen apoyando tanto política como económicamente al Gobierno de Kagame.
5) Cuando la ONU envía observadores a estos países, toda la información que reciben está mediatizada por el Gobierno. Si algún ciudadano quisiera hablar con ellos de lo que realmente pasa no podría hacerlo pues, quien actúa de intérprete es siempre un personaje del aparato del Estado; ¿quién se atreve a denunciar nada en estas condiciones? Con razón la Sra. Mary Robison, Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, que viajó a Ruanda al asumir su responsabilidad en este cargo, y prometió ser "la voz de las víctimas, la conciencia moral de la Humanidad", dice que aunque mantiene su propósito ha topado con las temibles telarañas de la Organización: "todas las estructuras burocráticas imaginables".
Para que la situación cambie en estos países es necesario, en primer lugar, hacer público lo que está ocurriendo, que salga a la luz aquello que se quiere ocultar, con los medios de comunicación verdaderamente libres e independientes, y con los alternativos que, como UMOYA, ponen sus escasas posibilidades al lado de los excluidos, para ser la voz de los que no pueden hablar, para hacer oir esos gritos del silencio de los pueblos de Ruanda y Burundi; en segundo lugar, denunciar públicamente a aquellos países o instituciones que, por acción u omisión, son cómplices de estas masacres, y en tercer lugar alzar la voz, muchas voces, pidiendo que se entablen conversaciones entre las partes en conflicto, para buscar soluciones por medio del diálogo. No puede imponerse por la fuerza una de las partes a costa de la vida de miles de personas. Si ese conflicto no sale a la luz difícilmente se reconocerá que existe y por lo tanto, quienes estén en el poder, no verán la necesidad de empezar unas negociaciones. De ahí la necesidad de hacerlo público, antes de que volvamos a sobrecogernos con el masivo estruendo de los machetes o los fusiles.