BREVES COMENTARIOS SOBRE LA REGIÓN DE LOS GRANDES LAGOS


Joseph Mafokozi
Noviembre 1997


El manto de silencio que rodea gran parte de lo que está ocurriendo en esta Región está lejos de indicar que la situación tiende a normalizarse. Antes al contrario, las complicaciones surgen por doquier.

BURUNDI

A pesar de las declaraciones del gobierno del golpista mayor Pierre Buyoya la paz está aún muy lejos. Por una parte las matanzas de civiles indefensos no disminuyen sino que aumentan. El omnipresente y todopoderoso ejército tutsi hace y deshace sin rendir cuentas a nadie más que a sí mismo y los jueces dictan sentencias de muerte a sabiendas de que están siendo injustos. En resumen, Buyoya ha vuelto a dar carta de naturaleza al régimen de la impunidad.

En ese marco de la impunidad se produjo el 20 de octubre el asalto al campo de desplazados de Gatumba. Gatumba es un pequeño islote en medio de la desembocadura del río Rusizi que vierte las aguas del lago Kivu en el lago Tanganyika. Sus 150.000 habitantes, procedentes de la operación tutsi de limpieza étnica de la capital Bujumbura de 1995, son una presa fácil. De madrugada 10.000 de ellos fueron sacados a punta de pistola de sus cobertizos de fortuna y en esa operación murió un total de ocho niños y dos adultos, de los cuales una parturienta con dos recién nacidos. La operación no fue a más gracias a la negativa del comandante del campamento militar de Gatumba a proseguir y a las presiones de las organizaciones internacionales de los derechos humanos. Ahora bien, la sustitución de ese comandante por otro más extremista augura un futuro nada halagüeño para estos "condenados de la tierra". Ejemplos como este abundan por doquier en Burundi.

En cuanto a los esfuerzos regionales para forzar al mayor Pierre Buyoya a abandonar el poder, la situación está estancada. Parece que el empeño del gobierno de Bujumbura (y de los tutsis en general) por dinamitar los esfuerzos del negociador internacional Mwalimu Julius Nyerere están teniendo éxito: de hecho las negociaciones han entrado prácticamente en vía muerta. La estrategia consiste fundamentalmente en provocar a Tanzania para demostrar que este país no es neutro en el conflicto que opone los hutus a los tutsis y que por lo tanto un ex-presidente tanzano no puede ser un mediador ecuánime. En el marco de esta línea de confrontación, se mantiene la frontera tanzano-burundesa al rojo vivo. Por otra parte, Uganda está intentando abrir otra vía, pero esta vez puede tropezar con la negativa de los hutus, sobre todo tras el papel de este país en la crisis rwandesa. Desde la perspectiva comercial las principales organizaciones regionales insisten en que el embargo total contra Burundi carece de sentido ya que nadie lo respeta. Así pues, de momento, las cosas siguen empeorando para las poblaciones más indefensas. Peor aún, se rumorea sobre la existencia de un pelotón de jóvenes soldados enfermos de SIDA encargados de violar al mayor número posible de mujeres para propagar la enfermedad entre los hutus.

RUANDA

Tras el regreso de los hutus a punta de pistola de los campos de refugiados del Este del Congo y la eliminación del resto a lo largo de siete largos meses de la campaña militar de Kabila contra el régimen de Mobutu, los responsables nacionales (Kigali) e internacionales (EEUU, ONU, OUA, etc.) echaron las campanas al vuelo creyendo que la cuestión rwandesa estaba definitivamente resuelta. Sin embargo, de un tiempo a esta parte las autoridades rwandesas vienen declarando insistentemente que los soldados de las ex-FAR y los Interahamwe han desenterrado sus armas. Llegan hasta a dar cifras de combatientes activos en el norte y oeste de Ruanda: unos 15.000.

Ahora bien, en esta situación observo notables incoherencias. (1) Si, como se nos informó durante la guerra del Congo, los soldados ex-FAR lucharon hombro con hombro con los soldados de Mobutu, ¿no morían? o ¿eran capaces de multiplicarse por generación espontánea? (2) Al final de la campaña militar, se daban cifras - quizás fantasiosas - de ex-FAR e Interahamwe llegados a Angola, Congo Brazzaville, República Centroafricana, etc. En el caso de que eso fuera cierto, ¿han podido salir de esos países, cruzar todo el Congo - un país recientemente conquistado y por lo tanto bajo una fuerte vigilancia militar - y adentrarse sin ser descubiertos en un país, Ruanda, donde ni las moscas vuelan sin ser registradas?. (3) ¿De dónde salen las armas que se afirman que utilizan, sobre todo cuando se dice que son nuevas? Aquellos que vivieron con los hutus en los campos de refugiados juran que la pobreza era la compañera fiel de la gran mayoría de ellos, más aún después de salir de estampida huyendo delante de una lluvia de balas. (4) Finalmente, el mapa de presuntos movimientos militares hutus deja aún más cabos sueltos: ¿qué sentido tiene luchar en el norte cuando existe el riesgo cierto de ser atrapado entre el fuego rwandés y el de las tropas ugandesas? ¿qué sentido tiene luchar desde el oeste cuando las tropas de Kabila estacionadas en la región fronteriza del Masisi pueden caer sobre ellos en cualquier momento?

¡En cambio, declarando a todos los vientos que los ex-FAR e Interahamwe están atacando, las autoridades justifican sus actuaciones, poco importa su brutalidad, sobre todo ante tal ingente cantidad de atacantes cuya historia ya se conoce!

Supongamos, sólo supongamos por un instante que lo que dicen las autoridades rwandesas sea cierto, ¿es realista pensar en una rápida y aplastante victoria? ¿no sería el momento para sugerir que se inicie una verdadera y franca negociación política? De momento no dejan de ser meras preguntas retóricas: es más que dudoso que el general Paul Kagame se baje voluntariamente de su poltrona de "Napoleón africano", como le gusta llamarle alguna periodista belga. Desde luego, la reciente compra de una decena de viejos carros de asalto despeja todas las dudas.

Mientras tanto, a nadie le extraña que se pueda afirmar que un pequeño país como Ruanda jamás saldrá de su subdesarrollo si sigue dedicando el 50% de su presupuesto a la defensa. ¿Cómo puede nacer y crecer una pujante clase media en medio de la inseguridad?

REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DE CONGO

Los esfuerzos de unos y otros por encarrilar al nuevo régimen tropiezan con serias dificultades.

La llegada de Kabila a Kinshasa en mayo fue saludada con alborozo por el pueblo congoleño y presentada por sus mentores como una verdadera revolución a escala continental. Para los congoleños suponía la caída de un régimen de rapiña de treinta años; para aquellos que habían apoyado a Kabila suponía la esperanza de pingües beneficios económicos, políticos o militares. Quedó patente que para los regímenes minoritarios tutsis de Ruanda y Burundi su implicación en la caída de Mobutu suponía la esperanza de una solución definitiva de la cuestión hutu y para el presidente Museveni de Uganda la ampliación de su radio de influencia en la Región. La faceta de los poderosos intereses económicos de lo que se llamó "guerra de liberación" del Congo es de todos conocida.

Han pasado algunos meses y la euforia de los primeros días se ha transformado en preocupación para casi todos. Las organizaciones populares y los políticos congoleños que estaban consiguiendo que el régimen de Mobutu abriera paulatinamente la mano han sido simplemente apartados. Los derechos políticos han desaparecido de la agenda de las nuevas autoridades. En el exterior la impaciencia de algunos congoleños ante la lentitud - cuando no, frenazo - del nuevo régimen amenaza con convertirse en guerra de guerrillas. Las mejoras a nivel de control de la economía no parecen suficientes para apaciguar los ánimos, aunque como sufrido pueblo que es, el pueblo congoleño dobla el espinazo y espera. ¿Hasta cuándo? ¿Otros treinta años?.

El ballet que Kabila y su entorno, por una parte, y los Estados Unidos, la ONU y la Unión Europea, por otra, se marcan desde el fin de las hostilidades en el Congo en torno a las masivas matanzas de centenares de miles refugiados hutus rwandeses revela una situación cuando menos chocante. Cuando se observan todos esos movimientos sorprende el descaro con el que se aplica una cierta política internacional del doble rasero: el vencedor nunca es juzgado por sus crímenes aunque hayan sido igual de horrendos que los cometidos por el vencido. Para hechos similares se actúa de modo distinto y esta situación no coadyuva a la normalización de ningún país.

El enfrentamiento - real o simulado - del equipo gobernante de Kabila con la ONU perjudica al país en vez de evidenciar su fuerza frente al resto del mundo. La masiva presencia de los tutsis entre los actuales gobernantes y soldados de Kabila parece estar detrás de las tergiversaciones que mantienen todo estancado. O Kabila se libera de este ascendiente o corre el riesgo de hundirse con el y llevarse al país en su caída. Por otra parte, la expulsión - o mejor dicho, entrega - de 2.000 refugiados hutus en una operación conjunta con Burundi y Ruanda (17/11/1997) revela una nula voluntad de respetar sus compromisos internacionales sobre refugiados. En cualquier caso, basar la pacificación de la Región de los Grandes Lagos en el férreo control, poco importan los medios, de todos los hutus o de cualquier otro grupo humano no conduce a nada.

O todos los pueblos son igualmente libres o ninguno lo será. Los derechos políticos y humanos siguen siendo una asignatura que el régimen de Kabila debe aprobar lo antes posible.