Buyoya y el interminable viacrucis de los Hutus


Joseph Mafokozi
22.09.97


El pasado día 25 de julio el reincidente golpista Pierre Buyoya conmemoró el primer aniversario de su segundo golpe de Estado; el primero data de 1987. Recordemos que cuando derrocó al presidente Sylvestre Ntibantuganya los países de la región, liderados por Tanzania, decretaron un embargo total contra este régimen militar con la intención de forzarlo a respetar el veredicto de las urnas. Ahora bien, las constantes violaciones de este embargo por parte de todos los países signatarios del mismo anularon el efecto deseado y, como consecuencia, ofrecieron al mayor Buyoya la posibilidad de reforzar su posición.

En vísperas de cumplirse un año de su regreso a las riendas del poder, el mayor Pierre Buyoya, como avezado jugador de la escena política internacional que es, anuncia que está dispuesto a entablar negociaciones. De hecho el día 30 de julio el mediador internacional Mwalimu Julius Nyerere convocaba a los representantes de las distintas orientaciones políticas y militares a sentarse a la mesa de negociaciones de Arusha: la fecha se fija en el día 25 de agosto de 1997. No obstante, la aceptación de acudir a Arusha por parte del mayor Buyoya va acompañada de una fuerte presión sobre los Hutus. Por una parte, cientos de miles de Hutus siguen recluidos en inmundos campos de concentración donde mueren por falta de atención médica y de comida; los que no están encerrados corren el riesgo de ser acribillados a balazos por el ejército tutsi en represalia por la caída en combate de alguno de los suyos contra la rebelión hutu. Por otra parte, la presión que Burundi, Ruanda y Uganda conjuntamente están ejerciendo sobre Kenya se hace notar en una inusual persecución de los refugiados hutus tanto ruandeses como burundeses: la presión se disfraza de intentos policiales por atajar la inseguridad reinante sobre todo en Nairobi (inseguridad de la que los refugiados hutus no son responsables más que como pobres chivos expiatorios).

A partir del momento en que se anuncia la fecha oficial para la cita de la mesa de negociaciones de Arusha, el golpista Buyoya acelera los movimientos de sus peones del tablero de ajedrez hutu-tutsi. Además de la presión sobre los Hutus, se pone en marcha la connivencia Bujumbura-Kigali: el día 2 de agosto, el "Centre de lutte contre l'impunité et l'injustice au Rwanda" (Centro de lucha contra la impunidad y la injusticia en Ruanda) advierte sobre la presencia de 1.800 soldados tutsis ruandeses en Burundi que están aquí con intención de ayudar al ejército tutsi burundés a acabar con la rebelión hutu y a desalojar a los refugiados hutus instalados en territorio tanzano, al estilo del Este del antiguo Zaire, a sangre y fuego. La detención de varios espías en meses anteriores, uno de los cuales cerca del campo de refugiados de Mtabila, la visita de Buyoya a Kigali encabezando una importante delegación para tratar cuestiones de seguridad y la utilización de métodos similares contra los hutus de ambos lados de la frontera ruando-burundesa otorgan credibilidad a esta información. Sin embargo la divulgación de estos planes impedirá su puesta en marcha y forzará la búsqueda de otras vías.

Esperanzadas por la próxima apertura de la mesa de negociaciones, todas las organizaciones políticas o militares expresan su deseo de tomar parte en esos contactos: desde el Parlamento (que sólo conserva ese nombre ya que la mayoría de los diputados del partido vencedor FRODEBU han sido asesinados o forzados a exiliarse) pasando por la SOJEDEM (una especie de central tutsi del crimen encargada de planificar y llevar a cabo la ejecución de influyentes intelectuales hutus) y terminando en las distintas organizaciones guerrilleras hutus.

A medida que se acerca la fecha esperada, la naturaleza del compromiso con la paz de los distintos actores del conflicto burundés se va perfilando:

* Prosiguen los asesinatos políticos selectivos: el diputado Paul Sirabahenda es asesinado el 5 de agosto. Se trata del vigésimo tercer representante del pueblo perteneciente al partido FRODEBU que es muerto desde el asesinato del Presidente Melchior Ndadaye.

* Pierre Buyoya inicia una nueva jugada en el tablero burundés. Sin especificar el responsable, el presidente de Tanzania denuncia, ya el 7 de agosto, los intentos de sabotear los esfuerzos regionales de paz: aparentemente algunos piensan más en obtener una ilusoria victoria militar que en buscar una solución duradera al conflicto burundés. En su comunicado nº 130 la ONG Burundi-Bureau advierte que los servicios de información militar del gobierno de Buyoya están indagando sobre el emplazamiento de los campos de refugiados hutus así como sobre la organización administrativa y militar de Tanzania. Además el ejército tutsi burundés ha concentrado parte de sus tropas en la frontera. Siendo esto así, resulta inexplicable que el gobierno de Buyoya pueda acusar a Tanzania de ofrecer un santuario a los guerrilleros hutus que mantienen a su ejército en jaque.

* Para convencer a la comunidad internacional sobre sus intenciones negociadoras, Buyoya ordena el comienzo de la operación de desmantelamiento de sus campos de concentración: la provincia de Kayanza dará la pauta empezando el 20 de agosto para terminar el 20 de septiembre, en teoría. Y los primeros en irse a sus casas serían los procedentes de las zonas llamadas "seguras". Para ser aún más convincente, Buyoya nombra un ministro del "Proceso de Paz", como si un nombramiento pudiera persuadir a alguien. Sin embargo, haga lo que haga, difícilmente podrá convencer a nadie tras aprobar la muerte por ahorcamiento de seis ciudadanos burundeses contraviniendo el cuarto punto de los acuerdos de Roma que especifica que los crímenes de genocidio serían juzgados por un Tribunal Penal Internacional. En consecuencia el régimen militar de Pierre Buyoya no está capacitado para juzgar crímenes de esta naturaleza y menos aun llevar a cabo ejecuciones, que la Comunidad Internacional interpreta como meros asesinatos. De hecho el mismo Buyoya debería sentarse ante los jueces para ser juzgado por su participación en el asesinato del Presidente Melchior Ndadaye así como responder de otras acusaciones igualmente graves.

* Al mismo tiempo que Buyoya declara que los partidos pueden funcionar normalmente, impone toda clase de trabas que de hecho impiden que así sea.

El mundillo diplomático de Bujumbura observa y espera. Está cada vez más evidente que Buyoya y su gobierno han apostado contra la celebración de las negociaciones pero quieren que la culpa del fracaso recaiga sobre otros. Sus esfuerzos por mantener la tensión alta en la frontera tanzano-burundesa son evidentes: en la noche del 21-22 de agosto un pelotón del ejército monoétnico de Buyoya se interna en territorio tanzano sembrando minas a su paso. Al ser descubierto por una patrulla fronteriza tanzana se entabla combate y son abatidos veinte soldados tutsis. Al día siguiente Buyoya pide el aplazamiento argumentando que no estaba preparado. Además el Ministerio de Asuntos Exteriores hace público un comunicado echando toda la culpa a la intransigencia del mediador Mwalimu Julius Nyerere.

Algunos medios diplomáticos sugieren que la retirada de Buyoya se debe a que teme que durante su ausencia los "halcones" de su campo utilicen el foro de las negociaciones para cuestionar su legitimidad. Ahora bien, sería crédulo pensar que Buyoya es más moderado que el sanguinario Jean-Baptiste Bagaza, por ejemplo. Sólo su extraordinaria capacidad camaleónica para presentar sus maquiavélicos planes con una cara candorosa y de esa manera "engañar" a quienes le observan le ha valido la consideración de moderado. Sin embargo, tras esta maniobra, queda patente que detrás de esa máscara no hay más que un único Buyoya: el del ejército monoétnico tutsi dispuesto a imponerse como sea por las armas, el de "¡O te rindes o te mato!"; las negociaciones no dejan de ser una mera treta para ganar tiempo con la esperanza de que la rebelión hutu se debilite y pueda aplastarla sin más historias, del mismo modo que el implacable general Paul Kagame hizo con los hutus ruandeses en el Este del antiguo Zaire. Las llamadas a la negociación que hizo el día 19 de septiembre no son más que otra inútil cortina de humo.

A pesar de todas sus patrañas, Buyoya ha fracasado en sus intentos, salvo en uno: ha logrado ganar tiempo para sus planes. Ante los demás convidados a la reunión de Arusha quedó patente que Buyoya se las había ingeniado para no acudir e incluso había prohibido el aterrizaje del avión que venía a recoger a otros invitados tales como el presidente derrocado Sylvestre Ntibantunganya, el presidente del Parlamento, etc. Por lo tanto toda la responsabilidad del fracaso recayó en el golpista. El comunicado de prensa trabajosamente negociado entre los partidos políticos y grupos armados presentes en Arusha y hecho público el 27 de agosto no deja lugar a dudas. Por otra parte, la cumbre sobre Burundi celebrada en Dar-es-Salaam los días 3 y 4 de septiembre decidió rechazar la dimisión de Julius Nyerere como mediador internacional y envió un mensaje muy claro al régimen de Buyoya: o coopera o que se atenga a las consecuencias. Sin embargo, expresiones como esas ya no engañan a nadie: los hutus no se hacen demasiadas ilusiones respecto de la caída de Buyoya. Es muy poco probable que la Alianza tutsi (Ruanda, Burundi, Uganda y ahora la República ¿Democrática? del Congo) abandone a uno de los suyos. El reciente regreso de algunos batallones, ya aguerridos, que ayudaron a Kabila a hacerse con el poder y la desmovilización de parte del ejército tutsi ruandés pueden implicar el recrudecimiento de las hostilidades contra el pueblo hutu burundés. Si no, ¿qué harán tantos miles de soldados tutsis acostumbrados a cazar a hutus como patos bajo la mirada condescendiente de los poderosos de este fin de siglo? Las continuas provocaciones de la soldadesca tutsi en la frontera tanzano-burundesa [El ministro tanzano de Defensa confirmó el martes 30 de septiembre el cruce de tiros a lo largo del fin de semana (evidencian la nula disposición del régimen de Bujumbura a sentarse a negociar, poco importa dónde. Por otra parte, parece cada vez más clara la intención de Bujumbura de forzar Tanzania a expulsar a los refugiados hutus por temor a que la Alianza tutsi acabe atacándole.

Está claro que el fin del viacrucis de los hutus no es para mañana y Buyoya lo sabe. Aunque digan a quien quiera oírles que el único marco en el que desean negociar es el definido en los primeros contactos de Roma o según las directrices de Arusha, parece que van a tener que acudir, por si acaso, a todas las reuniones que cualquier organización medianamente poderosa convoque, y sin garantía alguna de que de allí salga nada constructivo. De hecho, el pasado día 26 de septiembre se celebró una reunión en París bajo los auspicios de la UNESCO, que congregó a una cincuentena de invitados de todos los pelajes y condiciones, con el resultado que todos pronosticaban: nada. El viacrucis no ha hecho más que empezar. A este paso la suerte de los hutus burundeses puede ser mucho peor que la de los kurdos o de los palestinos: el paulatino regreso al estado de semi-esclavitud feudal de la época precolonial.