Región de los Grandes Lagos: Región de los Grandes Sufrimientos


Joseph Mafokozi
Noviembre 1997


A medida que se espesa el velo de silencio de los poderosos medios de comunicación occidentales se profundizan los desgarros causados por los acontecimientos de la última década. En lugar de resolverse, la mal llamada crisis de los Grandes Lagos se está enquistando y lo que podía ser un mero absceso corre el riesgo de convertirse en una situación irresoluble a medio plazo. En realidad, lo que supuso de apertura y pacificación paulatina para Europa la caída del Muro de Berlín, se ha traducido en una desenfrenada carrera sangrienta hacia un horizonte de momento inalcanzable para los pueblos africanos de esa región: una paz tan cercana y tan lejana a la vez.

A lo largo de la década de los años 80 todos los pueblos del Cuerno de África sufrieron lo indecible para acabar en una situación de paz en equilibrio sumamente inestable: allí están los eritreos, etíopes, sudaneses, etc. para recordarnos sus sufrimientos. Al mismo tiempo que esos pueblos entraban en esa inacabable espiral de violencia, más al sur, en Uganda se despertaba una guerra que no acabaría, al menos en teoría, hasta 1986: una guerra llamada de liberación que acabaría imponiendo a Museveni como vencedor de la contienda. Cuatro años más tarde, a partir de Uganda, se iniciaba otra guerra, la del Frente Patriótico Rwandés que se proponía liberar al pueblo rwandés presuntamente sojuzgado por el régimen hutu liderado por el General Juvenal Habyalimana. Pocos años antes, a mediados de los años 80, había empezado otra guerra: la de los hutus burundeses contra el régimen militar tutsi, que llevaba gobernando Burundi con mano de hierro desde 1972. Con la desaparición del bloque del Este se impone la democracia como único estilo de gobierno, un estilo no necesariamente aceptado ni compartido por todos. En Zaire, el régimen de Mobutu se defiende con toda clase de artimañas pero el empuje democratizador lo está poniendo contra las cuerdas. Así pues, gran parte de los países de la Región se encuentran en estado bélico abierto o casi abierto. De esta situación no se escapan los países que se encuentran más al sur como Angola o Mozambique.

Han pasado -con toda seguridad, no del todo- los grandes momentos álgidos en los que los poderosos medios de comunicación de masas se han paseado por esta región y han retransmitido casi en vivo y en directo los aterradores sufrimientos de la gente sencilla así como los comportamientos terriblemente salvajes, por una parte, y extraordinariamente compasivos, por otra, de que son capaces algunos seres humanos. Ahora bien, aunque de tanto ver imágenes crudas en la pequeña pantalla o en los periódicos, ya apenas nos conmovemos, lo cierto es que la muerte sigue llevándose a muchas vidas humanas, inútilmente.

(a) Burundi

Matar se ha convertido un hecho tan cotidiano que prácticamente ya no llama la atención. Y si a eso se añade la impunidad con la que se actúa se comprende que vivir sea considerado por unos una gracia del cielo y por otros una condena del infierno. Como botón de muestra: hacia finales del mes de octubre la localidad de Gatumba donde se hacinan los 150.000 hutus expulsados de Bujumbura en la operación de limpieza étnica de 1995, ha visto cómo un destacamento militar del gobierno del golpista Pierre Buyoya rodeaba sus infrachozas para desalojar de madrugada a 10.000 de ellos matando a ocho niños y dos adultos. Al parecer Buyoya consideraba que esa infraciudad podía ser un peligro ya que en ella podrían ocultarse posibles infiltrados. Poco después unos 5.000 hutus que huyeron de la zona de enfrentamientos de Bubanza y Cibitoke y levantaron el campo de desplazados de Rwegura fueron forzados a punta de pistola a volver a sus casas y sus chozas fueron quemadas. Hasta mediados del mes de Noviembre más de trescientas personas fueron asesinadas en las comunas de Burambi y Buyengero (provincia de Bururi, en el sur de Burundi), 144 en Kabezi y Muhuta (provincia de Bujumbura Rural).

Todo ello no impide al régimen de Buyoya afirmar que la seguridad se está mejorando.

(b) Ruanda

La situación rwandesa va de mal en peor. Cuando los refugiados hutus fueron forzados a regresar en masa en Noviembre de 1996 se pensó que el problema ya estaba resuelto ya que no quedaba gente fuera amenazando la seguridad del país. Aquellos que escaparon hacia el Este fueron pura y simplemente liquidados a lo largo de la "campaña de liberación" de Kabila cuando fueron alcanzados por las tropas del general Kagame. En vez de apaciguarse la situación se ha complicado extraordinariamente: según las repetidas declaraciones oficiales del gobierno de Kigali, los soldados hutus de las ex-FAR así como los Interahamwe no parecen dispuestos a echarse a un lado y dejar que el régimen tutsi se afiance sin más. Así pues una guerra civil, más despiadada si cabe, que la que impusieron los tutsis del FPR al régimen de Juvenal Habylimana, está devastando lo que queda del país. ¿O las declaraciones de Kigali sólo tratan de levantar un muro de compasión por su "terrible suerte" para justificar las matanzas cotidianas de gentes indefensas? Lo cierto es que, como en Burundi, es la gente sencilla la que está sufriendo todas las consecuencias ya que está entre la espada y la pared, no tiene a quien le defienda ni adónde ir.

Según las estimaciones de los responsables militares de gobierno rwandés habría unos 15.000 insurgentes hutus. En caso que así sea, esto implica que lo más sensato sería buscar una solución política, no una solución militar que se me antoja dudosa para ambas partes. La victoria militar del FPR de 1994 se produjo en unas determinadas circunstancias y se debió en gran medida a la ingeniosa explotación de las crudas imágenes de matanzas de aquel entonces, lo cual facilitó la derrota primero mediática y después militar de los hutus rwandeses. La situación de finales del año 1997 ha cambiado algo y se necesita una visión más inteligente y valiente del futuro. De lo contrario sólo cabe predecir la destrucción como futuro. El país no se puede desarrollar cuando tiene que dedicar el 50% de su presupuesto a la defensa.

(c) República Democrática del Congo

Los incrédulos, como el que escribe estas líneas, manifestaron su poca fe en la liberación del pueblo congoleño, desde el principio. La razón de su desconfianza no residía tanto en la personalidad de Laurent Désiré Kabila - que en ese momento era desconocida -como en los que movían los hilos entre bastidores. Es de todos sabido que ni los grandes personajes internacionales ni sus marionetas locales se preocupan por lo que les puede pasar a los pueblos, si sus intereses están debidamente protegidos. Desde el principio los grandes de este momento dejaron las cosas bien claras aunque dijeran palabras muy bonitas de cara a la galería. El objetivo era claro: la caída del doliente Mobutu.

En el envite del Este de Zaire han caído muchos dioses, por lo menos ante los ojos de los pueblos de los Grandes Lagos:

1.- ONU

Tras la desafortunada retirada de Ruanda en 1994 y una actuación más que deplorable para resolver la crisis del Este de Zaire en 1996, la ONU ha pasado a ser un ilustre cadáver: un mero apéndice de los Estados Unidos. Ninguno de sus organismos dependientes -el Consejo de Seguridad, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, etc.- se salva de la quema. Ha reaccionado tarde y muy mal.

2.- OUA

Si antes de la crisis era una organización débil, después sólo se ha visto apenas un fantasma: tras la caída de Kinshasa los Jefes de Estado más cercanos a la frontera con el nuevo Congo se precipitaron a Kinshasa como para rendir pleitesía al nuevo hombre fuerte de la región. Parece que todos temían - quizás, con razón - que pudiera pasarles lo mismo que a Mobutu. De momento, la frontera parece estabilizarse en torno a Congo Brazzaville, pero nadie sabe lo que puede ocurrir mañana.

3.- Nelson Mandela

Alguno esperaba, contra toda esperanza, que el venerable presidente de Sudáfrica sirviera de antorcha iluminadora a Kabila. Desgraciadamente parece que, tras los repetidos desaires de este, Mandela optó por "darle el tiempo al tiempo". Pero, ¿se puede dar tiempo cuando la gente está muriendo?. Por otra parte, los pingües beneficios que las compañías sudafricanas pueden sacar de la firma de acuerdos con el Congo parecen merecer más atención que las cuestiones humanitarias. Otro dios caído.

4.- Derechos Humanos

Los Derechos Humanos se parecen cada vez más a un verdadero camelo. ¿De qué Derechos Humanos se habla si el primero de ellos, el de la vida, se pisotea y los responsables son prácticamente condecorados? ¿De qué Derechos Humanos se habla si la legislación internacional sobre el derecho de asilo se incumple expulsando a centenares de miles de refugiados y parece que esta actuación se considera como un gesto de gallardía ante la comunidad internacional? ¿De qué Derechos Humanos se habla si pueblos enteros son condenados sin juicio: sólo por ser hutu un/a rwandés/a se ve rechazado/a? ¿De qué Derechos Humanos se habla si las fronteras europeas se cierran ante unos pobres infelices que están buscando su sustento? ¿De qué Derechos Humanos se habla?

En el número 9 de 22 de octubre de Umoya se calcula en 3.150.000 el coste en vidas humanas de la crisis política de Ruanda desde 1990. ¿Cuál puede ser el coste del mare mágnum de despropósitos que ha caracterizado las actuaciones nacionales e internacionales a lo largo de la última década en la Región de los Grandes Lagos? Causa pavor pensar en ello. Peor aún pensar en el dolor de los millones de deudos. En la actualidad, unos dos millones de seres se encuentran desplazados de sus domicilios por los disturbios que ensangrientan toda la región y se distribuyen de la siguiente manera: Burundi, 569.969, Congo Brazzavillle, 518.136; Uganda, 485.768; Tanzania, 311.169; República Democrática del Congo, 165.620; Ruanda, 33.876. Ahora bien, esta distribución cambia continuamente.

A pesar del tono sombrío que tiñe este cuadro, alegra saber que hay gentes que están luchando día y noche para que la oscuridad ceda el paso a la luz de la paz.