6 DE ABRIL DEL 2004

10º aniversario de una gran infamia

Juan Carrero Saralegui
Presidente de la Fundación S'Olivar y
portavoz del Fórum por la Justicia en Rwanda
05.04.04

El poder a cualquier precio

Acababa de anochecer. Ya reinaban las tinieblas encubridoras tan esperadas por los ejecutores de una nueva gran infamia en la historia de la humanidad. El jet presidencial rwandés estaba a punto de tomar tierra en el aeropuerto de Kigali. Además del presidente Juvénal Habyarimana y de algunos miembros de su cúpula militar, en el Falcon-50, pilotado por tres militares franceses, viajaba el presidente de Burundi, Cyprien Ntaryamira, también hutu. Venían de Dar es Salaam, de intentar una paz casi imposible. Un misil tierra-aire SA 16, el segundo lanzado desde las inmediaciones del aeropuerto, alcanzaría su objetivo. Todos los ocupantes del jet perderían la vida. Los planificadores que estaban tras los ejecutores del comando Network alcanzarían el poder, a cualquier precio. Cientos de miles de rwandeses en los siguientes tres meses, y millones de congoleños y rwandeses en los años siguientes, hallarían la muerte. Inmediatamente después del asesinato de ambos presidentes se desencadenarían las grandes masacres que han sido calificadas como el genocidio rwandés. Es por ello difícil el ocultar, a pesar de que durante toda esta década algunos se han empeñado en hacerlo, que existe una indudable relación causa-efecto entre ambos dramas. El mismo relator especial de la ONU, René Degni Segui, encargado de la investigación de esas grandes masacres, así lo afirma: "la muerte del presidente Habyarimana será la chispa que encenderá la pólvora, desencadenando así la matanza de civiles". Sin embargo, a pesar de la importancia de ese atentado y de que la comunidad internacional haya acordado que el terrorismo es hoy la mayor plaga a perseguir, hasta la fecha había sido imposible el conseguir que ni tan siquiera se iniciase algún tipo de investigación sobre ese trascendente acto terrorista. El intenso impacto emocional que esas grandes masacres tendría sobre la comunidad internacional y el análisis de esos acontecimientos han sido tan intencionadamente manipulados, que quienes se atrevían a referirse a la estrecha relación que tienen entre sí ambas tragedias recibían sistemáticamente la acusación de "negacionistas" o "revisionistas" del genocidio y de pretender justificar las masacres.

La verdad parece retorna para reclamar justicia

Exactamente diez años después, el fantasma de aquella hora terrible vuelve a hacer acto de presencia. La verdad, como tantas otras veces, parece retornar para hacer justicia. La querella interpuesta hace ya seis años por la viuda de uno de los pilotos franceses ha sido el pequeño instrumento inicial del que la verdad parece haberse servido. El pasado miércoles 10 de marzo, el influyente diario Le Monde daba un tratamiento excepcional -recuadro en primera página, editorial y páginas 2ª y 3ª integras- a las conclusiones de la investigación realizada por el juez antiterrorista francés Jean-Louis Bruguière. El informe está basado en numerosos testimonios, el más valioso de los cuales es el del capitán Abdul Ruzibiza, miembro destacado del comando Network. Según su testimonio, fue ese comando el que ejecutó el atentado y el encargado de realizar ciertas misiones especialmente delicadas como el asesinato de los tres miembros del equipo español de Médicos del Mundo. El responsable último del atentado sería el actual presidente de Rwanda, el general Paul Kagame, y otros diez miembros de la cúpula del FPR (Frente Patriótico Rwandés), principal aliado de los Estados Unidos en el África de los Grandes Lagos junto al presidente ugandés Yoweri Museveni. Confirma también lo que algunos expertos ya estaban diciendo desde hacía algún tiempo: Que el FPR tenía una clara conciencia de que, en un contexto de extrema tensión provocada por la guerra por él iniciada, tal atentado desataría unas incontroladas represalias por parte de los extremistas hutus. Que, ante la certeza de esa reacción, la indiferencia y el cinismo del FPR eran absolutas. Que, a pesar de haber sacrificado premeditadamente a sus hermanos tutsis del interior de Rwanda -que desde 1960 habían permanecido conviviendo con el gobierno hutu surgido de las urnas, y que eran por ello considerados como traidores-, consiguió para sí un status de víctima de genocidio y una impunidad absoluta.

La insoportable impunidad que debe acabar

Esa insoportable impunidad les ha permitido realizar acciones tan terribles como el ataque a los refugiados rwandeses de los campos del antiguo Zaire, que estaban bajo protección del ACNUR, y su posterior persecución y extermino. E incluso la ocupación de este gran país africano, ahora República Democrática del Congo. Ocupación que, según tres contundentes informe de la misma ONU, les ha facilitado el expolio de los importantes yacimientos mineros del ese país. Pero también ha comportado la muerte de unos cuatro millones de congoleños, como han denunciado los informes del International Rescue Committee, que han tenido una unánime aceptación. En realidad el misil asesino no fue lanzado sólo contra el Falcom-50 sino, sobre todo, contra la paz y la estabilidad de toda la inmensa región de los Grandes Lagos africanos. El informe Bruguiére acusa además a la ONU de haber escondido pruebas para evitar que la verdad fuera descubierta. Unos días después de la publicación del artículo de Le Monde, la ONU se ha visto obligada a reconocer que la caja negra del avión estaba en su posesión desde 1994. Todo apunta a que ha habido presiones por parte de Estados Unidos para impedir que la verdad fuese conocida. Se hacen ahora necesarias una reinterpretación más global del conflicto rwandés y una justicia menos partidista. Junto a los extremistas hutus, que ya están siendo juzgados en el Tribunal Penal Internacional para Rwanda, Paul Kagame y los principales responsables de su movimiento deben ser llevados ante ese tribunal. Y en ese proceso no debe haber interferencias, como la que se produjo el pasado mes de julio, cuando el secretario general de Naciones Unidas destituyó a la fiscal del Tribunal, la Sra. Carla del Ponte, por disponerse a instruir por fin los primeros procesos contra Kagame y los suyos.

Verdad, diálogo, reconciliación

Para quienes formamos el Forum para la justicia en Rwanda, todo esto es algo más que una gran noticia. Es también el primer fruto de muchos años de esfuerzos. Convencidos de que la fuerza de la verdad es real más allá de la pequeñez del mensajero y de que, junto a la misericordia, es la más poderosa fuerza de la historia humana, un grupo de organizaciones comenzamos trabajar, hace ya casi cinco años, en la preparación de una querella criminal. Los objetivos no eran puramente judiciales. Estábamos convencidos de que la verdad convertiría al FPR en un aliado incómodo para aquellas potencias que hacen posible la hegemonía de un grupo tan pequeño en una región tan inmensa. La tarea bien realizada y la fuerza de persuasión de nuestros investigadores, ha permitido localizar y dar garantías a testigos claves como el capitán Ruzibiza. Gracias también a la módica financiación de algunas instituciones de las Baleares, dichos testigos han podido aportar en Francia y España -para futuros procesos judiciales- su importante información. En este momento nuestro objetivo prioritario es la de hacer posible un verdadero Diálogo InterRwandés (DIR). La pretensión bienintencionada de una reconciliación en la que no haya reconocimiento de la verdad es semejante a la pretensión de que sane milagrosamente una herida infectada y cerrada en falso. Pero, a la vez, la cruda verdad, sin el bálsamo de la misericordia, es una herida abierta que difícilmente cicatrizará. Los pilares para ese diálogo ya están construidos. En las próximas semanas se realizará en Mallorca el primer encuentro. España ha compartido, como ningún otro país, el sufrimiento de Rwanda y de la R. D. del Congo. Diez víctimas mortales -misioneros y cooperantes excepcionales- son un altísimo precio. Pero quizá, por eso mismo, puedan ser proféticas las palabras que la congresista Cynthia McKinney, enviada especial del presidente Clinton al África de los Grandes Lagos, pronunció ante los periodistas del Grup Serra: "España puede ser la nueva salvación del África [de los Grandes Lagos]".