Estimado señora-señor:
Durante los últimos años la Fundación S´Olivar ha intentado abrirse al dolor absurdo e injusto que sufren en nuestro mundo tantos seres humanos, hermanos nuestros en esta misma existencia compartida. Es así que el sufrimiento de las poblaciones civiles de los Grandes Lagos africanos, sentido en nuestra propia carne, se nos viene haciendo cada vez más intolerable. A pesar de la distancia física, la herida que nuestro mundo tiene abierta en esa región es demasiado grande y vergonzosa como para desentenderse de ella. Es un holocausto que, como algunos otros antes, cuestiona a la humanidad misma como especie.
Es desde ese amor y desde ese dolor desde donde queremos que surja la lucidez necesaria para descubrir las causas profundas de esa tragedia, así como también el coraje para denunciar cuando es necesario y para, en la pequeña medida de nuestras posibilidades, buscar soluciones. Es sólo dentro de este marco como se pueden comprender las últimas acciones que nuestra Fundación ha venido realizando durante los últimos meses, acciones que pertenecen directamente ya al ámbito de la política, pues creemos que estas tragedias tienen raíces a la vez humanas y políticas.
Como dice nuestro lema, pretendemos "Soñar y construir un mundo más fraterno en un entorno más habitable". Al igual que algunos de nuestros amigos, como el premio Nobel de la Paz Adolfo Perez Esquivel, pretendemos formar parte de la tercera generación del movimiento de la no-violencia, que iniciaron "soñadores" como Gandhi y Luther King y continuaron, entre otros, Vinoba y Lanza del Vasto.
Nuestras últimas acciones ( Marcha de Asís a Ginebra, Ayuno de denuncia y presión políticas de varias personas durante 42 días en Bruselas y Madrid, etc. ) recibieron el apoyo de 19 premios Nobel (Adolfo Perez Esquivel, Elie Wiesel, Joseph Rotblat, Oscar Arias, Mairead Corrigan Maguire, Rigoberta Menchu, Arzobispo Desmond Tutu, Mikhail Gorbatchev, H.H. Dalai Lama, Int. Physicians for the Preventión of Nuclear Ward, Betty Willians, John Charles Polanyi, Rita Levi-Montalcini, Jean-Marie Lehn, Jean Dausset, Christian De Duve, Kenneth J. Arrow, François Jacob, Nadine Gordiner), de la Comisario Emma Bonino, de los diversos grupos políticos del Parlamento Europeo y de su presidente José María Gil Robles, del Secretario de Estado belga para la Cooperación Sr. Moreels, de cientos de O.N.G.s. y de decenas de personalidades internacionales. Con algunos de ellos hemos establecido una colaboración permanente.
Convencidos de que LA OPINIÓN PÚBLICA, ESPECIALMENTE LA NORTEAMERICANA, ES LA ÚNICA FUERZA CAPAZ DE PONER FRENO A LOS PODEROSOS INTERESES QUE ESTÁN DETRÁS DE ESTOS VERGONZOSOS ACONTECIMIENTOS Y DE OBLIGAR A QUE SE TOMEN DECISIONES POLÍTICAS, hemos decidido ampliar nuestra campaña de información y solicitud de ayuda, dirigiéndonos ahora a las ONGs de esta estimada y gran nación, a los profesionales de sus medios de comunicación, de su arte y de su cultura. No pretendemos liderar ni unificar ningún tipo de acción. Nuestro ruego es que entre todos, cada uno en su ámbito de influencia, contribuyamos a crear esa opinión pública favorable y presionemos para que aquellas instituciones y personas que pueden tomar decisiones políticas lleguen finalmente a hacerlo.
Le adjuntamos nuestro último artículo de prensa. Si Vd. se siente conmovido y desea una mayor información le rogamos que consulte en : www2.minorisa.es/inshuti. Estamos a su entera disposición para lo que desee. Atentamente
Pero también hoy, en el día a día de los medios de comunicación, esos mismos inhumanos y oscuros intereses presentan a la etnia tutsi como la víctima de los continuos ataques de los rebeldes-genocidas-hutus, mientras que las matanzas de miles de éstos es silenciada sistemáticamente. Así, y sólo como un ejemplo más entre otros muchos, se les culpó, sin posibilidad de duda alguna, del asesinato de los tres españoles de Médicos del Mundo. Muchos meses después la investigación de la ONU da a entender lo contrario, tal y como algunos de nosotros afirmamos desde el primer momento. Tras dicha investigación el Gobierno español ha bloqueado indefinidamente los 2.200 millones que estaban destinados a Ruanda y no permite abrir el consulado ruandés en Madrid. . Pero ha pasado demasiado tiempo y todo esto no se ha publicado porque ya no es noticia. El informe de la policía española, mucho más completo aún, tampoco se ha querido hacer público.
El intento, unas veces sutil y otras burdo, por ligar indisolublemente ese calificativo de "genocida" al sustantivo "hutu" es una de las más importantes claves para entender todo este conflicto. Mediante un análisis sistemáticamente falseado del genocidio del 94, el pueblo hutu ha sido incuestionablemente presentado como genocida. Así, el cruel e impune exterminio que en estos años está sufriendo, en el supuesto de que llegue a trascender a la opinión pública, se pierde en una nebulosa de confusa e incierta ambigüedad, de lógica y hasta justa venganza, de distante y adormecedora lejanía. Y si alguien se atreve a cuestionar la infalibilidad dogmática del omnipresente y omnipotente pensamiento único, no puede tratarse sino de un visionario (de nuevo) ingenuo y malinformado, o incluso de un mercenario de ocultos intereses. Ciertamente algunos miles de extremistas hutus, fundamentalmente los interahamwe, cometieron grandes matanzas en aquellos terribles días. Pero, en primer lugar, es una enorme y perversa manipulación criminalizar a los muchos millones de seres humanos que, no sólo en Ruanda, forman el pueblo hutu, haciéndolos culpables de los crímenes que cometió una minoría numéricamente insignificante. En segundo lugar, sus víctimas no fueron sólo tutsis sino también hutus moderados. Y, en tercer lugar, es muy importante tener en cuenta que los tutsis del FPR, que actualmente controlan todo el poder en Ruanda, realizaron también incontables matanzas, no sólo de hutus sino también de tutsis, desde que en 1990 iniciaron una terrible invasión desde el norte, con un gran apoyo de Uganda y los Estados Unidos y también, seguramente, Gran Bretaña. Un millón de ruandeses tuvo que huir de esa región y refugiarse en el centro y sur del país. Para la élite de nobles tutsi que, tras las elecciones democráticas, marcharon de Ruanda en 1959, esta gente ordinaria de su propia etnia eran considerados traidores y cómplices de los hutus, ya que optaron por convivir con éstos y permanecieron en un país gobernado incluso por ellos. Más aún, existen indicios y testimonios más que suficientes para llegar a la gravísima y sobrecogedora deducción de que una cierta eliminación, aunque seguramente no masiva, de estos otros tutsis "renegados" del interior, era un elemento clave en el ambicioso y largamente elaborado proyecto de estas crueles élites tutsis y en sus maquiavélicas estrategias. Esto los convertiría a ellos mismos en víctimas y les concedería la patente para hacer "justicia". Pero esas masacres fueron realizadas sólo en parte por los extremistas hutus y además sólo tras la gran provocación que fue el asesinato conjunto de los presidentes hutus de Ruanda y Burundi, Juvenal Habyarimana y Ciprian Ntarymira, sólo seis meses después de que fuese asesinado por el ejército tutsi el anterior presidente de Burundi, Melchior Ndadaye, también hutu.
Durante 30 años esta élite tutsi, incapaz de renunciar a los privilegios señoriales de los que habían gozado durante siglos, se preparó para la reconquista del poder. Su nivel cultural, su poder económico, sus excepcionales relaciones, les permitieron preparar económica y mediáticamente la recuperación de su reino. Pero el otro gran protagonista de esta gran tragedia es sin duda el Gran Imperio (¿ norteamericano ?¿ de las multinacionales ? ¿ quien lo sabe ?) que durante décadas ha hecho impunemente en Sudamérica lo que ahora comienza a hacer en Africa. La confluencia de los intereses de ambos y su "trabajo" conjunto ha hecho posible la "liberación" (para las nuevas multinacionales, claro) de ese prodigio en recursos naturales que es el antiguo Zaire. Desde hace unos años ese único gran líder mundial que es Estados Unidos está interesado por ese continente africano que los europeos se habían repartido en la ya lejana Conferencia de Berlín. Esos dictadores tutsis de los que hablamos (Museveni, Kagame, etc.) han sido formados en las escuelas militares norteamericanas en las que antes se habían formado los dictadores sudamericanos que asesinaron a sus propios pueblos y también, como ahora en Africa, a ciudadanos españoles (los jesuitas de El Salvador, entre otros muchos). Ya es hora de que algunos analistas políticos dejen de hablar de la corrupción y los crímenes de Mobutu y de las gravísimas responsabilidades africanas de Francia. Ya es hora de que todos hablemos menos del genocidio del 94 y mucho más del que se está ejecutando hoy, en el 98. Y, sobre todo, de que empecemos a intentar evitar el del 99. Ya es hora de que la opinión pública catalana sepa que los responsables últimos de los asesinatos de los misioneros Juan Alsina y Quin Vallmajó (catalanes de una talla humana excepcional, al igual que la cooperante Flors Sirera), son los mismos. Son muchas las similitudes entre las vidas y también las muertes de ambos, uno en el Chile de Pinochet y otro en la Ruanda de Kagamé. La opinión pública española debe conocer quien está tras el asesinato de sus conciudadanos. Del mismo modo el padre Roy Bourgeois, actualmente encarcelado, y todos aquellos norteamericanos que luchan por el cierre de la Escuela de las Américas, deben conocer lo que algunos de sus políticos, empresarios y banqueros comienzan ahora en esa Africa que queda tan lejos para la gran mayoría de sus conciudadanos. Esperemos que no sean necesarias dos décadas para que algún fiscal adelantado a su época, y a contracorriente, saque a la luz tanto crimen y tanta mentira. Esperemos que, al igual que se está haciendo en Francia, la opinión pública norteamericana sea capaz algún día de sentar en el banqillo de los acusados a aquellos de sus dirigentes que puedan ser responsables de tantas y tan absurdas tragedias por un afán enfermizo y delirante de dinero y poder.
1. El poder se arrebata por cualquier medio. Se lo asalta con un golpe de estado, asesinando incluso, con la mayor impunidad, a los legítimos representantes del pueblo, como en el caso de Burundi, incluido el presidente. Pero si esto no es posible, se recurre con el mayor descaro a una invasión desde el exterior para adueñarse de Ruanda primero y de Zaire más tarde, a pesar de que la guerra de agresión es el más grave crimen tipificado por el derecho internacional. Por eso, en un primer momento, a la conquista del Zaire se la intentó disfrazar de rebelión interna. Posteriormente, pasados ya muchos meses desde esa gravísima agresión sin que casi nadie de la comunidad internacional haya levantado la voz para condenarla, Paul Kagamé, el hombre fuerte de Ruanda, ha sido capaz incluso de alardear de haberla planificado y realizado.
2. Tales violaciones del derecho de autodeterminación de los pueblos e incluso de las fronteras, se realiza, cínicamente, en nombre de la democracia, de la justicia y de los derechos humanos. Hay que liberar a esos pueblos, se dice, hay que defender a las víctimas. Los tutsi del FPR son los heroicos guerrilleros de la libertad. Pero posteriormente no sólo no llegan a estos países esa libertad y esa democracia, sino que son masivas las gravísimas violaciones de los más elementales derechos humanos, llegando incluso a crímenes contra la humanidad y a genocidio. En los meses de la campaña de "liberación" del Zaire, por ejemplo, los tutsis de la Alianza que encabezó Kabila asesinaron a más civiles indefensos que el dictador Mobutu en 30 años. Y los pequeños logros democráticos que había logrado la oposición ya no existen, los mismos partidos están prohibidos y el principal líder de ésta, Etienne Tshisekedi, recluido.
3. El control político-militar de esos países se realiza a través de terceros, de élites regionales a las que se las forma adecuadamente, se las asesora y sostiene. Se evita así el envío de ciudadanos propios a mataderos como lo fue Vietnam y la consiguiente repulsa de la opinión pública interior e internacional. Pero en el exterminio del pueblo hutu hay otras alianzas cómplices, la de algunas de las grandes organizaciones de la ONU y algunas grandes ONGs . En especial el ACNUR, el Alto comisionado para los refugiados, infiltrado e incluso controlado, ha ayudado enormemente a Estados Unidos, Uganda y el FPR a ejecutar su plan.
4. Se elimina sistemáticamente a los líderes sociales, políticos y religiosos que hacen oposición o simplemente son incómodos. El sólo hecho de poseer estudios profesionales, ser propietario de un negocio, o haber sido funcionario antes del 94 es suficiente para ser acusado de genocidio, encarcelado indefinidamente o ser directamente asesinado. Existe un especial paralelismo entre la criminalización de la teología de liberación latinoamericana y la de la opción por la promoción del pueblo hutu, pobre y oprimido, que encabezó hace décadas en Ruanda monseñor Perraudin. La aristocracia tutsi nunca ha perdonado a los misioneros esa opción. Los líderes del FPR tienen un especial resentimiento hacia ellos. Resentimiento que ha encontrado demasiadas complicidades entre algunos intelectuales y analistas políticos europeos. Si a esto se une el hecho de que, con mucha frecuencia, descabezada la oposición, la Iglesia se convierte en la única voz crítica con autoridad moral, se comprenden las virulentas campañas contra ella no sólo en aquellos países sino también Europa y Norteamérica, especialmente en Bélgica. Son muchas las similitudes entre los asesinatos de arzobispos, obispos, sacerdotes, religiosos y catequistas comprometidos con la verdad y la justicia tanto en Latinoamérica como en esta región africana.
5. Se ha provocado la quiebra del derecho internacional. Ya sea apostando en Latinoamérica por la impunidad de sus aliados o, por el contrario, exigiendo en los Grandes Lagos que recaiga la "justicia" sobre quienes no lo son, se ha conseguido el mismo resultado, la bancarrota de la verdad y la justicia. Se ha logrado que, en nombre de la lucha contra la impunidad y en complicidad con los vencedores tutsis, que son a la vez los mayores responsables de crímenes contra la humanidad en ese conflicto, se cree el Tribunal Penal Internacional de Arusha. Como ha puesto de relieve con toda claridad y valentía John Philpot, secretario general adjunto de la Asociación americana de juristas, el Tribunal ha sido impuesto ilegalmente por una resolución del Consejo de seguridad de la ONU, en vez de ser constituido por voto de la Asamblea General. Y quedan excluidos de su competencia todos los crímenes contra la humanidad perpetrados por el FPR y sus violaciones de todos los grandes Convenios Internacionales sobre el genocidio, la asistencia humanitaria o los refugiados. Crímenes denunciados por el informe Gersony de las Naciones Unidas ; por el Primer ministro Faustin Twagiramungu y el ministro del Interior Seht Sendashonga cuando por esta misma causa renunciaron a sus cargos, en septiembre de 1995, junto a otros dos ministros ( este último, que en pocos días iba a testimoniar de modo contrario a como lo hace el "sindicato de delatores" del gobierno ruandés, acaba de ser asesinado el pasado 16 de mayo fuera de Ruanda, en Nairobi ) ; por el informe Garretón , también de la ONU; etc.
Si la actuación de un tribunal internacional es de semejante parcialidad, ¿cómo será la de los tribunales ruandeses ? Las condenas de éstos tribunales son sencillamente auténticos linchamientos de todos aquellos que, con algún motivo o por una simple acusación sin fundamento (y de ello tenemos conocimiento suficiente), son enterrados en cárceles inmundas, cuya sola existencia cuestionan la salud mental de nuestro mundo. Cárceles en las que malviven, son torturados, enferman y mueren cientos de miles de seres humanos en este momento. Y su número siempre va en aumento. Un reciente informe de la Cruz Roja Internacional habla de 300.000. El número de estos "genocidas", junto con el de los que ya han sido eliminados, es 20 o 30 veces superior al que los especialistas calcularon que podían haber sido en su momento autores materiales de crímenes en el 94. Abogados, médicos, maestros y profesores, antiguos funcionarios, gente de negocios y, por supuesto, activistas sociales, niños incluidos, se están descomponiendo silenciosamente en esas cárceles inhumanas. También en Burundi cientos de miles de indefensos hutus malviven recluidos en campos de concentración al estilo de los pueblos modelo guatemaltecos, mientras que aún no se ha juzgado a nadie por el asesinato de 300.000 hutus en 1972, o por las continuas matanzas de estos últimos años, incluida la del presidente Ndadaye y la de tantos líderes hutus tras él. El castigo más terrible es la suerte de quienes, culpables o no, no colaboran con el Gran Imperio. La impunidad es, por el contrario, el privilegio de sus aliados. Hoy, veinte años después, sabemos que con cientos de miles de dólares se lavó mediáticamente la cara de dictaduras asesinas sudamericanas. ¿ Cuántos años necesitaremos ahora para que emerja desde el fondo de estas aguas putrefactas el cuerpo asesinado de la verdad ? Por ahora, las feroces represalias hacen que aquellos que saben lo que está pasando callen en público y hablen sólo en privado, desconfiando, seguramente con razón, de la voluntad por parte de la comunidad internacional de poner remedio a tanta locura.