HÉROES DE PRIMERA EN GUERRAS DE TERCERA
La Declaración de Estellencs
Guerras, torturados y muertos de tercera.
Incluso frente a estas tragedias somos clasistas. Las hay de primera, de segunda y hasta de tercera. Por añadidura, mientras las fotos de estos desastres no "salen" en televisión, aún las guerras y las víctimas de primera no importan a casi nadie. Así que ya me dirán a quienes pueden importar las guerras, los torturados y los muertos de tercera, de las que además no hay fotos. No es que las fotos no sean emitidas en televisión, es que tales fotos no han sido permitidas. De lo cual, por otra parte, nadie parece escandalizarse. Periodistas y expertos en derechos humanos fotografían, investigan y denuncian sólo aquellas guerras, torturas y crímenes a los que les permiten tener acceso. Pero eso aún no es posible en lo más profundo del África, el África negra que a nadie parece interesar, el África que durante siglos proporcionó esclavos que no eran propiamente seres humanos. Cuando la agresión sucede en el corazón de África, cuna de nuestra especie humana, y cuando además los agresores tienen las espaldas bien guardadas por poderosos padrinos internacionales, entonces tales agresores gozan de la mayor impunidad y se pueden permitir incluso el lujo de impedir el paso a periodistas e investigadores. O el de mostrarles sólo aquella "realidad" que les interesa. Así ha sucedido en todas las zonas controladas por el FPR (Frente Patriótico Rwandés). Y hasta ha ocurrido que casi nadie, incluidos reporteros y expertos, ha levantado la voz ante semejante arbitrariedad que ya hace sospechar lo peor.En nuestro mundo no hay "voluntad de verdad". Sería impensable, por ejemplo, que durante meses o incluso años nadie contabilizase la cotidiana sangría de víctimas del conflicto palestino-israelí y que de repente, de un día para otro, los teletipos empezasen a explicar que tal conflicto ha provocado 3 millones de muertos. Sin embargo eso es lo que ha sucedido en el ex Zaire invadido por Rwanda, Uganda y Burundi. Un crimen es una tragedia con un rostro. Pero tres millones de crímenes son una estadística, sobre todo si las víctimas son negros. Excepto en el caso de que interese criminalizar a todo un pueblo, devastarlo y desposeerlo del derecho a controlar su propio destino y sus propios recursos. Ese es el caso de Rwanda. Entonces sí, todas las cámaras de TV, todos los periodistas y expertos del mundo tendrán todas las facilidades para documentar "el" genocidio provocado por la mayoría hutu. Muchos de esos reporteros y especialistas serán incluso llevados a ese "espectáculo" con un pasaje "todo incluido". Genocidio sufrido por la minoría que, paradójicamente, devolverá el poder absoluto a esa misma oligárquica minoría feudal tutsi. Oligarquía secular, que perdió el poder en el referéndum organizado por la ONU en 1961, pero que ha sido rearmada ahora en 1990 por los más importantes lobbies económicos de nuestro mundo globalizado, a fin de poder expoliar sin control legal alguno los excepcionales recursos del Zaire. Pero, en principio y salvo excepciones como ésta, a nadie parece interesar la suerte de pueblos enteros considerados perdedores de tercera, como los bantúes rwandeses y congoleños. Siempre fue así. Pero ahora, más que nunca, las modas se imponen. Los convencionalismos son consustanciales a nuestra civilización de la imagen. Como escribe Jon Sobrino, compañero de los jesuitas asesinados en El Salvador, en su libro "Terremoto, terrorismo, barbarie y utopía", en el que precisamente comenta un artículo mío sobre esta tragedia africana de tercera: Nuestro mundo no tiene suficiente "voluntad de verdad", voluntad de saber lo que verdaderamente está pasando.
Hasta para la progresía hay conflictos y víctimas de tercera. Hasta la progresía, aunque no toda ella por suerte, tiene sus convencionalismos, sus clichés, sus guerras de primera y de tercera. Tiene conflictos de primera, por los que hay que manifestarse, y de tercera como el del África de los Grandes Lagos, que no ha llegado a entender, a pesar de sus grandes similitudes con el de Irak, por ejemplo. Ni tan sólo se digna citarlo cuando enumera los principales conflictos de la actualidad, por más que éste lleve provocados 7 millones de muertos y torturados. Conociendo sus tics, la progresía también es bien manipulable. El FPR, bien asesorado por los expertos de la CIA y el Pentágono, han explotado bien esos puntos débiles de nuestras elites ideológicas progresistas capaces de movilizar a la ciudadanía. La aristocracia feudal del FPR ha sido capaz de hacerse pasar como un movimiento ¡maoísta!, nada menos. Conocedor de tantos posicionamientos anti-iglesia como existen entre los intelectuales de izquierdas, el FPR ha conseguido también imponer internacionalmente una imagen de ella como protectora y cómplice de los "genocidas hutus". Cuando, en realidad, en las décadas anteriores a la revolución social de los años 50, el entrar a formar parte de la elite eclesiástica era algo casi exclusivo de la aristocracia tutsi. La teología de la liberación latinoamericana es respetada hasta por la gente progresista que rechaza todo lo eclesiástico. Pero su equivalente ruandesa, nacida tras las primeras denuncias de las injustas diferencias sociales y étnicas, denuncias hechas por monseñor Perraudin, es considerada cómplice del genocidio por parte de muchos de esos mismos progresistas. Colette Braeckman, la gran pitonisa del FPR durante muchos años -aunque ahora ha sido acusada por él de ser "una mujer de compra fácil", es la especialista nada menos que de Le Monde Diplomatique, uno de los grandes oráculos mundiales de la progresía. En España, el País todavía publicaba hace sólo unos meses una serie de artículos de John Carlin. En ellos afirmaba que la generosidad de Paul Kagame, presidente de Rwanda y máximo responsable de los crímenes de la últimos 12 años en esa región, sólo es comparable a la de Jesucristo. Alison Des Forges, aunque ya está cada vez más desacreditada, ha sido durante años la gran experta de la gran organización Human Rights Watch. Y así sucesivamente... Son las mayores masacres desde la segunda guerra mundial y, sin embargo, hasta la progresía ha mirado hacia otra parte. Y la gran maniobra de la confusión continúa. Ya están filmando las gestas del gran héroe blanco, el general Roméo Dallaire, quien al parecer todavía no sido capaz de reconocer hasta qué grado ha sido manipulado como instrumento útil. Sin embargo, la historia irá dejando en evidencia tanta mentira, tanta infamia. Como decía en "El semanal" de la última semana de marzo un misionero español en Uganda , el comboniano José Carlos Rodríguez, con el que hace algo más de un año tuve el honor de compartir conferencia en Madrid: "El resto del mundo mira para otra parte; Dios no".
Campeones de primera. Nuestro mundo los considera perdedores de tercera, que ni tan sólo merecen una manifestación. Pero hace unos días algunos hemos vuelto a comprobar que en realidad se trata de campeones de primera. Cada uno de los 5 tutsis y 5 hutus que se han encontrado durante tres días en la sede de nuestra fundación han sufrido esta tragedia en su propio núcleo familiar. A su declaración final han querido llamarla "Declaración de Estellencs". Ha sido una experiencia excepcional la de ser testigo, como auspiciador, de este "Primer encuentro para una paz estable en Rwanda y la RD del Congo por la vía del Diálogo". La palabra reconciliación ni tan sólo aparece en la declaración final. Los asistentes han dicho no tener necesidad de buscar algo que ya tienen asumido. Ellos quieren dar un paso más. Uno de los participantes de la etnia tutsi, por ejemplo, dijo que él ha venido a Mallorca para reivindicar frente a todo el mundo que la etnia hutu como tal no es genocida. Quiere hacerlo para honrar la memoria de su vecino y su empleado, ambos hutus, que fueron asesinados por no querer delatarle a él mismo. Su empleado fue asesinado junto a su esposa y sus 8 hijos. Lo que pretenden es un Diálogo que sea el camino para una paz estable en Rwanda y en toda la región (ya que el conflicto de Rwanda es el origen de la gran crisis del ex Zaire). Paz estable que sólo será posible si se detectan y se erradican las causas estructurales de todo este conflicto. En esto precisamente estriba su diferencia con los valiosos encuentros vecinales para la reconciliación que ya se puedan estar haciendo en parroquias u otros lugares del interior de Rwanda. Y tampoco será uno más de los falsos diálogos organizados por el gobierno del FPR para lavar su imagen internacional. Será el primer Diálogo realizado por personas de ambas etnias que desde la absoluta independencia (cosa que hoy por hoy sólo es posible desde el exterior) pretende ir más allá del ámbito puramente personal y vecinal y convertirse en una importante herramienta para producir cambios estructurales en toda la región. Para iniciar tal Diálogo ya se ha conseguido lo más importante, la plena confianza mutua entre quienes piensan emprender juntos este precioso camino.
Joan Carrero Saralegui, presidente de la Fundació S´Olivar
15 de Mayo de 2004