La Vanguardia
Barcelona
07.10.01
Chris Hedges ha cubierto las guerras de las Malvinas, El Salvador, Palestina, Irak (vestido de soldado fue hecho prisionero por la Guardia Republicana iraquí y entró en combate después de haber formado el grupo de los "unilaterales", que se negaron a integrarse en el grupo oficial de prensa americano), Kurdistán, Argelia, Yemen, Gaza, Bosnia, Kosovo y los Balcanes. Ha sido jefe del despacho de Oriente Medio para "The New York Times".
¿Qué hace usted en Barcelona?
Formo parte del equipo de investigación especial del "The New York Times" para el ataque del 11 de septiembre. Hablo árabe y español, así que era lógico ser destinado a España, donde trabajamos en la pista de Mohamed Atta.
¿Qué ha descubierto?
Atta fue un hombre clave en la organización del ataque y España fue un punto importante. Atta estuvo aquí en enero y diez días en junio, y tuvo varias entrevistas que suponemos decisivas.
¿Y qué espera descubrir?
Con quién se entrevistó Atta. Parece claro que el atentado se organizó en Hamburgo, pero creemos que aquí todavía podemos hallar algunas claves.
¿Qué cree que va a pasar ahora?
Me preocupa que la intervención contra Bin Laden no sea quirúrgica, sino masiva e indiscriminada, con muertes de inocentes, como en todas las guerras. Que nos sumerja como país en una espiral de ataque terrorista y reacción militar, como la que vive Israel. Un ciclo interminable de terror y muerte.
¿Qué le dice su instinto?
No sé cuándo ni cómo, pero sé que, en cualquier caso, iremos a Afganistán. Atacaremos con una enorme superioridad en fuego y hombres como la que gusta acumular Colin Powell. Es un defensor de la guerra total que no moverá un soldado hasta que tenga la gigantesca maza americana preparada y dispuesta a golpear con toda su contundencia.
Ya hay comandos allí...
Sí, la Delta Force. Aunque el Pentágono no los reconozca oficialmente son 3.000 asesinos bien entrenados que tratan de localizar a Bin Laden. Pero, en el fondo, a los militares no les gustan los comandos.
¿Por qué?
No los consideran realmente efectivos. Los militares convencionales como Powell sólo creen en una superioridad abrumadora, por eso huirá de cualquier posibilidad de guerra limitada. No se expondrá hasta que no tenga una clara victoria militar asegurada.
¿Y entonces?
Me temo que el ataque no será el final de esta crisis: será el principio. En cualquier caso, volverá a ser una guerra sin información.
¿Por qué?
Mantendrán a los informadores bien alejados de la acción. Dick Cheney ya está trabajando en eso, como hizo en el Golfo. A quienes nos negamos a entrar en el rebaño oficial nos represalió. Ahora los medios norteamericanos volverán a actuar como maquinaria propagandística al servicio del Pentágono.
¿Cómo se podría evitar esa guerra inacabable?
Sólo un gigantesco esfuerzo diplomático y un cambio de mentalidad que redefiniera nuestro papel en el mundo y, especialmente, frente al mundo islámico podría detener esa lógica perversa. Pero no soy optimista en absoluto.
¿Por qué?
El conflicto ha sido descrito de forma simplista por nuestros medios como una batalla entre el bien y el mal, la barbarie y la civilización. Los norteamericanos han sido informados de forma lastimosa sobre su papel en el mundo para alimentar ese furor patriótico que consigue un aire de autoindulgente satisfacción que nos colma.
¿No buscan las razones?
Se llevarían una sorpresa si supieran cómo nos odian en el mundo con razón. Nadie les explica que defendemos principios de derechos humanos y democracia que en realidad pisoteamos. Los árabes tienen motivos para odiarnos. Apoyamos la ocupación israelí de Palestina, en Egipto defendemos al dictador Hosni Mubarak, nuestros F-16 han estado bombardeando campos de refugiados palestinos y nuestros helicópteros Apache masacrando árabes...
No son mensajes de paz, desde luego...
Y esa ha sido la constante desde que cubrí Centroamérica, El Salvador o Nicaragua, por no hablar de lo que vi durante la instauración de Pinochet: Estados Unidos ha actuado en el mundo de forma brutal por mucho que haya repetido siempre que está a favor de la democracia y los derechos humanos.
¿Sigue siendo así hoy?
Hoy, nuestro régimen amigo de Arabia Saudí es tremendamente impopular y represivo: la represión en Arabia es mucho peor que en Irán. Ahora no podemos esperar que dejen de odiarnos con cuatro misiles y atrapando a Bin Laden. Es necesario replantear toda nuestra actuación en la zona si queremos una estabilidad justa y duradera.
¿Acaso "The New York Times" o "The Washington Post" no informan con rigor sobre lo que está pasando?
Lo cierto es que los medios masivos ignoran la información internacional. Las televisiones sólo cubren noticias cotidianas, chismes, espectáculos, frivolidades. Los ciudadanos de la superpotencia somos los peor informados de Occidente, así que sólo unos pocos estadounidenses que han viajado son capaces de ver su propio país con imparcialidad, son los únicos conscientes de la verdadera situación.
¿Qué imagen tiene Estados Unidos del mundo árabe?
Distorsionada y llena de clichés. Es como si ustedes cogieran al pastor integrista cristiano Pat Robertson y lo convirtieran en representante de todo Estados Unidos: el mundo árabe es de una complejidad y riqueza cultural vastísima y lo hemos reducido a cuatro clichés de rechazo de la modernidad, cuando la elite cultural de El Cairo no tiene que envidiar a la de Nueva York.
Egipto no parece un modelo de democracia.
Es otra dictadura corrupta apoyada por Washington. Recuerdo una conversación en El Cairo con unos jóvenes islamistas en la escalera de una mezquita. No podían ir a la escuela porque no tenían el dinero para pagar la mordida al profesor, porque una ley de Mubarak había convertido la educación en un bien inaccesible. No tenían trabajo ni futuro. Sólo tenían las escaleras de aquella mezquita y me explicaban cómo odiaban la corrupción de las plutocracias kuwaití y saudí, y el abuso de poder de Israel. ¿Y cuál fue el único mensaje que nosotros les enviamos después de haber aplastado a Saddam?: "Nosotros tenemos toda la riqueza del mundo y si nos la tratáis de quitar os matamos".
¿No será usted promusulmán?
En Bosnia tuve muchísimos problemas con los musulmanes. Ellos sufrieron el 80 por ciento de las atrocidades cometidas en aquella zona. ¿Sabe por qué?
¿Por qué?
Porque no tenían las armas. Si las hubieran tenido, habrían sido ellos quienes hubieran masacrado a los serbios. Y de hecho no han sido más respetuosos con la diversidad que los serbios en cuanto han recuperado cierto control de la situación. Ahora han convertido Sarajevo en una ciudad musulmana y han acabado finalmente con el sueño de que fuera un lugar de convivencia interétnica.
¿Los musulmanes merecían la ayuda internacional que tuvieron para evitar que siguieran siendo víctimas?
Encarnaron un desgraciado esquema que repetimos una y otra vez en tantas crisis internacionales: santificamos a las víctimas y ellas aprovechan para convertirse en verdugos. Debemos aprender que el hecho de haber sido víctima no convierte a nadie en un ser justo y fiable.
¿Se arrepiente de su línea informativa?
No, pero le aseguro que ellos no me consideraron promusulmán cuando expliqué cómo los musulmanes bosnios también hacían limpieza étnica y cómo robaban el dinero de la ayuda internacional y cómo, con saña racista, han evitado que vuelvan los croatas, teniendo todo el derecho a volver, a su antigua ciudad de Sarajevo.
¿Qué hacía usted el pasado 11 de septiembre?
Dejé a mis niños en el colegio a las 8.30. Poco después de las nueve estaba con muchos de mis compañeros siguiendo las imágenes del ataque por la enorme pantalla de Times Square, junto al periódico. Aquel día cubrí los primeros trabajos de rescate. Hay 11.000 bomberos en Nueva York: en el periódico somos un millar en la redacción.
¿Y después?
Fui destinado a investigar entre las comunidades árabes norteamericanas. Y tres días después, enviado a España.
¿Le gustaría cubrir el ataque a Afganistán?
Para evitar la domesticación de Cheney en Irak me rapé y me vestí de soldado con el grupo de los "unilaterales". Nos negábamos a cubrir las ruedas de prensa llenas de mentiras de los militares, nos negamos a escribir en el centro de prensa del Ejército. Decidí explicar lo que pasaba por mi cuenta. Penetré en Irak y fui hecho prisionero por la Guardia Republicana iraquí. Entré en combate con ellos junto a Bazra y allí luchamos durante 16 horas. Al final fui entregado a la Cruz Roja. Creo que ahora informar de verdad no va a ser más fácil.
¿Y la CNN?
Los presentadores de televisión no son informadores, no buscan información, ni investigan; se mueven más por condicionantes del mundo del espectáculo. Y la CNN no es nada sin imágenes. Esa dependencia le obliga a convertirse en máquina de propaganda de la Administración norteamericana para poder seguir dando imágenes, para mantener audiencia. No es fiable.
¿Usted dónde se informa?
Cuando estoy en Nueva York, en la BBC y en algunas agencias de información fiables.
¿Cómo está Nueva York?
Viajar en metro es un funeral y te desvela el pulso de una ciudad hundida y deprimida. Amo Nueva York porque no es Estados Unidos, es el mundo en toda su diversidad, pluralidad y tolerancia, pero el golpe ha sido terrible.
Supongo que también ama "The New York Times".
No es casualidad que los grandes diarios de referencia por su independencia y solvencia sean empresas familiares y no grandes conglomerados financieros. La familia Sulzberger se toma la tarea de editar el "Times" como un servicio cívico hereditario más allá de la acumulación de ganancias. Y no es por hacer la pelota, pero ¿sabe cuánto costó mi primer año como corresponsal en Bosnia?
Dígame.
Seiscientos mil dólares, pero sobre todo, lo importante fue que era un asunto que parecía no interesar a nadie más que a nosotros. Yo sabía que mis crónicas apenas eran leídas. Pero ellos mantuvieron ese asunto en portada, pese a que no era rentable en absoluto, porque creían que era éticamente necesario. Y, al final, se convirtió en un asunto de importancia para la Administración.
¿Por qué?
Porque la verdad es nuestro poder, más allá de la cuenta de resultados. Y ese prestigio nos permite ser quienes fijamos la agenda real del poder en Estados Unidos. Cuando informamos de un área, esa área se trata al día siguiente en la rueda de prensa diaria del Pentágono. Y ellos lo saben y nos temen.
¿Qué guerra de la historia le hubiera gustado cubrir?
La guerra civil española tuvo una lastimosa cobertura informativa. A excepción del trabajo de George Orwell, que demuestra lo que digo. Creo que la prensa occidental hizo un trabajo malísimo en España.
¿Qué hará después de esto?
Espero no estar cubriendo guerras después de los 50. Eso sería una adicción poco recomendable. Últimamente firmaba una sección en el "Times" muy popular. Algo parecido a su "contra", se llama "Public lifes" (vidas públicas) y retrata a personajes interesantes, aunque no siempre famosos. Tal vez siga con esa sección, doy clases en la Universidad de Nueva York y preparo un par de libros.