GUERRA EN LA R.D. DEL CONGO


INSHUTI
Manresa
06.08.98


En la R.D. del Congo acaba de estallar otro conflicto. El día 27 del mes pasado, el Presidente Kabila ordenó que las tropas ruandesas, que fueron el nervio en la ofensiva fulminante contra Mobutu de Octubre del 96 a Mayo del 97, abandonaran el país y regresaran a Rwanda. Estas, como se podía preveer, se han rebelado.

Las tropas ruandesas de que hablamos son tutsis ya que todo el Ejército de Rwanda lo es. Desde Rwanda se planificó en 1996 el ataque contra Mobutu y el desmantelamiento de los campos de refugiados hutus. Ya en el poder, los tutsis ocuparon los Ministerios más estratégicos, como el de Asuntos Exteriores y el de la Presidencia. En principio se hicieron con una parte importante del control del Gobierno y del Ejército, y el mismo Kabila, un congolés de la provincia de Katanga, parecía ser un hombre de paja. Pero la R.D. del Congo es un territorio inmenso, de 2'3 millones de km2 y unas 300 etnias, y por tanto difícilmente subyugable, y más considerando que la inmensa mayoría de los congoleños rechaza la omnipresencia de los tutsis.

Las pretensiones de los dirigentes tutsis de dominar el mayor territorio posible en el centro de Africa parece que han encontrado un límite. De hecho, actualmente controlan con mano de hierro Uganda, Rwanda y Burundi, donde los tres presidentes son tutsis, aún siendo una etnia muy minoritaria, principalmente en Uganda. No pudiendo controlar toda la R.D. del Congo parece que al menos quieren hacerse suya la zona este del país, fronteriza con los tres países citados. El problema es que de esta forma podrían reestructurar fronteras, con lo cual la inestabilidad puede aumentar, así como la animadversión tutsi por parte de las etnias de origen bantú, que son mayoritarias en el centro del continente.

Es impensable que una etnia tan minoritaria como la tutsi pueda contolar un territorio tan extenso y intimidar a todos los países de la zona si no fuera porque cuenta con el apoyo incondicional de los Estados Unidos. Lo que empezó siendo una alianza con Museveni, el Presidente de Uganda, ha ido entrelazándose y ahora ya no puede separarse. Han hecho demasiadas cosas juntos. Por ejemplo, las masacres contra los refugiados ruandeses en los campamentos del Kivu congoleño en 1996-97, donde los norteamericanos no se limitaron a suministrar armamento y apoyo logístico sino que también aportaron hombres que participaron en estas matanzas de niños, ancianos, enfermos, madres con bebés y mujeres embarazadas, además de los más fuertes que podían atrapar, claro está. La presencia americana en Uganda y Rwanda es un hecho tan clamoroso que difícilmente podran echarse atrás. Pueden encontrarse, no obstante, con una reedición de Vietnam, a la africana.

Las masacres de los refugiados serían también una de las causas de este divorcio entre Kabila y los militares tutsi. En los dos informes aparecidos en el mes de Junio, uno de la ONU y otro de ONGs, la autoría de las masacres se atribuía a las fuerzas de Kabila y a los militares tutsis ruandeses, apuntándose también la participación norteamericana. Kabilistas y tutsis ruandeses han querido, indirectamente, atribuirse las masacres mutuamente. Expulsar a los tutsis ruandeses, principales autores de estas masacres, es un intento de desmarcarse de ellas y desbloquear así el aislamiento internacional en que se encuentra el régimen de Kabila a causa de estas violaciones flagrantes de derechos humanos.

Ahora los tusis controlan el este del país, concretamente las dos provincias del Kivu pero parecen tener pretensiones sobre dos provincias más, Maniema y Mulenge. Hace ya un cierto tiempo que está llegando a esta región del Kivu mucha población tutsi, en lo que parece un plan de colonización de esta zona, Difícilmente el Gobierno de Kabila podrá echarlos porque tienen la fuerza de su lado y los principales medios de información internacional hablaran a su favor o no diran nada en su contra. Estados Unidos ha encendido el fuego. Ya veremos quien es capaz de apagarlo.

FUEGO EN AFRICA

Actualmente no existe en todo el planeta una zona tan caliente, ni por aproximación, como la del centro de Africa. En el sur de Sudan la población se muere de hambre, en el Congo acaba de estallar otro conflicto por el control del país, en Rwanda los asesinatos y desapariciones de población civil se producen a diario, en Burundi no hay forma de iniciar un proceso de paz y en Uganda tres guerrillas estan en conflicto permanente con el Ejército gubernamental. El resto de los países de la zona, excepto Angola, permanecen en una cierta calma si los comparamos con estos cinco, a pesar de la fragilidad de la supervivencia que caracteriza al Africa de este final del siglo XX.

La historia contemporanea africana está marcada por tres momentos históricos: 1885, fecha en que los países europeos se repartieron la tarta africana en la Conferencia de Berlín; la década de 1960, en que los países africanos consiguieron la independencia política; el año 1989, en que la caida del Muro de Berlín marca el inicio de un nuevo modelo de relaciones entre Occidente y los países africanos, bajo la hegemonía indiscutible de los Estados Unidos.

Con la caida del modelo comunista, Occidente exige a los gobiernos africanos la apertura de procesos democratizadores. Como instrumentos de presión se cuenta con el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, con sus programas de ajuste estructural y el condicionamiento de los préstamos. Solo un año después, en 1990, empieza el primer conflicto como consecuencia de esta nueva situación. En Rwanda, donde se iniciaba el proceso democratizador, se produce una invasión por parte de un grupo de exiliados tutsis que ven, precisamente en este proceso, un peligro contra sus aspiraciones de poder. La invasión cuenta con el soporte evidente de Uganda, la cual está recibiendo un trato de favor por parte de Estados Unidos, Gran Bretaña y las instituciones económicas citadas. Son los días del ataque americano contra Irak.

Con la consolidación de la hegemonía mundial, Estados Unidos ve como enemigos potenciales a los países árabes que no estan en su órbita, sobretodo Iran y Sudan. Entonces se apoya a la guerrila del sur de Sudan, no musulmana, que lucha contra el Gobierno islámico del norte. Para esto es necesario un aliado fuerte en el sur que sirva como base de suministro y este aliado será Uganda. En Uganda, en 1986, después de años de rebelión había accedido al poder un tutsi, Yoweri Museveni, actualmente el principal aliado de los Estados Unidos en el centro de Africa. Es desde Uganda que se alimentará la rebelión contra el régimen de Rwanda en el sur, y de Sudan en el norte. Pero con la victoria de la guerrilla tutsi en Rwanda en 1994, y con el golpe de Estado tutsi en Burundi en 1996, se consolida un bloque de tres países bajo la hegemonía de una etnia muy minoritaria en los tres pero que cuenta con el apoyo norteamericano. Estos tres países son los que atacaran Zaire en 1996-97, echando a Mobutu en una ofensiva fulminante y accediendo al control del inmenso país, rebautizado como Congo. Francia ha defendido sus intereses en esta zona pero es evidente que no puede nada cuando se trata de hacerlo frente a los Estados Unidos.

Estados Unidos recurre a la misma táctica que ha empleado desde siempre en América Latina y que, de hecho, han empleado tantas potencias colonizadoras a lo largo de los siglos: utilizar unas élites locales para sus intereses evitando ensuciarse las manos tanto como se pueda. Evidentemente, se quiere evitar otro Vietnam.

En este seismo quien ha recibido la peor parte es el pequeño pueblo de Rwanda. Cuatro millones de muertos en ocho años pero principalmente dos grandes masacres, en 1994 y en 1996-97. En el banco de los acusados del Tribunal Penal Internacional para Rwanda, unos treinta presuntos responsables hutus del genocidio de 1994. ¿Y los pirómanos?

GENOCIDIO EN EL EX-ZAIRE

El 18 de Junio de este año se ha dado a conocer un informe realizado por una Comisión Internacional No Gubernamental sobre las matanzas de refugiados ruandeses de 1996-97. Pocos días después, el dia 29, salía el informe de la ONU. El primero es mucho más completo y detallado, realizado sobre el terreno por organizaciones de defensa de los derechos del hombre de la misma R.D. del Congo, con una extensión de 125 páginas. Está basado en testimonios y observaciones y en una selección de informes anteriores de ONGs, como Amnistía Internacional, Médicos sin Fronteras o la misma Federación Internacional de los Derechos del Hombre. Llega a la conclusión que el Ejército tutsi de Rwanda junto con la rebelión tutsi del Congo habrían asesinado alrededor de 200.000 refugiados, casi todos de etnia hutu (una cifra muy moderada que creemos que debería situarse entre las 700 o 800.000 víctimas). Esto se habría llevado a cabo gracias al consentimiento y asistencia militar de los Estados Unidos. Veamos un extracto del informe:

"La Comisión estima, sobre la base de numerosos informes y testimonios, que alrededor de 200.000 refugiados en territorio zaireño, la mayoría de etnia hutu, han perdido la vida de forma arbitraria o han desaparecido como consecuencia de una estrategia deliberada de exterminio lento de una parte de la población de origen ruandés(p. 3).Según la Comisión, en Zaire se han cometido actos de genocidio contra los refugiados hutu, en violación de la Convención de Ginebra sobre la represión del crimen de genocidio(p. 4). Los lugares de masacres más importantes correponden a aquellos en que se encontraban los refugiados civiles ruandeses en territorio zairés y solo existe una relación muy débil con los sitios de combate militar"(p. 13).

"Estimamos que la administración americana debía estar al corriente, necesariamente, de los crímenes de guerra cometidos en el este del ex-Zaire, ya que los rumores persistentes hacían mención de la presencia, al lado de las fuerzas del AFDL y del APR, de consejeros militares americanos(p. 105). En cuanto a la ayuda humanitaria, los americanos no quisieron enviar soldados para la misión militar humanitaria. ¿Cómo explicar la duda y después el rechazo de aportar apoyo logístico y material para ir a salvar miles de vidas humanas? Pensamos que la respuesta se encuentra en el aval político, incluso informal, dado por los Estados Unidos a la iniciativa militar ruandesa para solucionar el problema de los refugiados(p. 105).

Se ha informado sobre muchos hechos que ponen en cuestión a algunos trabajadores de organizaciones humanitarias, en particular del ACNUR (Alto Comisariado de las Naciones Unidas para los Refugiados), habiendo hecho el papel de "guias o facilitadores" para identificar y engañar a los refugiados, llevándolos a salir de sus escondrijos para terminar siendo asesinados(p. 109). Frente a los numerosos testimonios sobre las masacres de los refugiados, la posición del ACNUR es insostenible. Guardar silencio ante las masacres y ante la imposibilidad de llevar asistencia a los refugiados, debido a la obstrucción de los militares que controlaban el territorio, es hacerse cómplice indirecto de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad"(p. 109).