RWANDA: ELECCIONES PRESIDENCIALES
¿POR LAS ARMAS Y POR LAS URNAS?
El 25 de agosto se van a celebrar elecciones presidenciales en Rwanda. Las agencias subrayan que se trata de las primeras elecciones democráticas desde 1962. Aceptemos que los distintos procesos electorales anteriores no fueran precisamente un dechado de democracia; resulta, sin embargo un ejercicio de optimismo y de ceguera calificar de democrático el proceso actual.
El Frente Patriótico Ruandés (FPR) conquistó el poder por las armas en julio de 1994. Esta legitimidad "de hecho" recibió el correspondiente aval moral y fue bendecida por la comunidad internacional, culpable cuando menos de pasividad frente al genocidio tutsi, porque significaba el fin de una carnicería espantosa. Más de un analista ha puesto de relieve que este complejo de culpabilidad de la comunidad internacional está en el origen, a su vez, del silencio de la misma ante las atrocidades cometidas por el FPR contra los hutu, antes, durante y después de la conquista del poder. El FPR ha gozado del "privilegio de la impunidad", en palabras de Claudine Vidal. Durante nueve años ha controlado militar y policialmente el país y sus habitantes, que se afanan por sobrevivir en medio del miedo. Aunque ya no es tan necesario el ejercicio de la fuerza, cualquier veleidad crítica sigue siendo considerada peligrosa y, entonces, el poder se expresa como siempre, implacable, sin piedad. Los asesinatos, las desapariciones, las amenazas, las fugas y deserciones de políticos, incluso de colaboradores con el FPR en altísimos puestos, han abundado estos nueve años.
Pues bien, tras este largo y calculadamente prolongado periodo de transición, el FPR, necesitado de vestir su poder militar con atuendos civiles, ha considerado que los ruandeses ya estaban "maduros" para la democracia. Para ello, nada más respetable que una comisión de expertos ad hoc redacte y confeccione una Constitución. Que ésta responda a las exactas medidas del partido en el poder y, en particular, de su esbelto y hierático presidente, en nada contradice, al parecer, su valor como carta magna de todos los ruandeses; así lo demostraría el que más del 90% de ellos la aprobaran en referéndum el 26 de mayo.
El siguiente paso es el actual, las elecciones presidenciales del 25 de agosto. El último, el 29, 30 de septiembre y 2 de octubre, cuando se celebren las legislativas. El presidente actual, general Paul Kagame, es el candidato del FPR. Todo parece indicar que no va a encontrar rival a su altura. Hace ya más de un año quedó anulado como posible contrincante en la lucha por la presidencia Pasteur Bizimungu, presidente de la República durante varios años, hasta que su vicepresidente, el hombre fuerte del régimen, general Kagame, decidió prescindir de sus servicios y acumular sin disimulo alguno la presidencia del partido y del Estado. Bizimungu está en la cárcel y el partido político que trataba de crear quedó arrancado de raíz. El único partido con cierta fuerza que podría competir, el MDR, colaborador habitual sin embargo del gobierno, fue disuelto hace unos meses por "divisionismo étnico". La acusación de divisionismo es el arma utilizada por el poder para eliminar y encarcelar la oposición. El líder de este partido, antiguo primer ministro, Faustin Twagiramungu, ha tenido que recurrir a la preceptiva recogida de firmas que avalaran su candidatura para poder presentarse a estas elecciones. Varios de sus colaboradores en esta tarea han sido detenidos. Ya el primer día de campaña cayó sobre él el oprobio máximo, ser tildado de "divisionista". Todos los intentos de creación de partidos políticos han sido abortados por el poder; los promotores interrogados y encarcelados, mientras una comisión de vigilancia se ha encargado de la tarea de demostrar su no conformidad con la legalidad.
Los otros dos candidatos aparecen más bien como comparsas del poder y coartada de pluralidad y libertad. Los grandes medios de propaganda, televisión y radio sobre todo, exaltan las cualidades del candidato oficial; alabanzas que, dicho sea de paso, se reproducen sorprendente e incomprensiblemente en el diario EL PAÍS. Reporteros Sin Fronteras, por el contrario, ya ha lanzado su grito de alarma ante la persecución de los disidentes y la falta de libertad de expresión. Motos, taxis, camisetas, viseras, han paseado ruidosamente por el país el rostro del sin duda vencedor. Los pequeños candidatos han descubierto que la casi totalidad de los estadios deportivos, salas y otros posibles lugares para celebrar sus mítines estaban previamente contratados por el poder. Por otra parte, no es fácil encontrar en Rwanda funcionarios o simples asalariados que no hayan recibido durante estos meses la amable invitación a adherirse al FPR, apellidado ahora "umuryango" (familia, casa); "conviene cobijarse bajo este techo, porque fuera de esta familia, no hay, ni habrá, más que intemperie", éste es el argumento utilizado. Evidentemente, hace falta mucho coraje para no dejarse convencer por el peso del mismo: la supervivencia es en definitiva el último reducto de la vida y de la esperanza. Las adhesiones no se han hecho esperar. Por si fuera necesario, para dar solidez a las nuevas convicciones, existen campos de reeducación, donde, siguiendo pautas ya experimentadas en otros continentes, se inculcan los nuevos valores encarnados en el FPR.
No es indispensable ser fino analista para pronosticar un rotundo éxito del candidato del FPR, general Paul Kagame. "Como va a ganar, le vamos a votar; y, además, si no ganara, estallaría de nuevo la guerra; eso, ¡nunca más!," será un razonamiento generalizado. El llamamiento a no acudir a las urnas de los partidos de la oposición en el exilio previsiblemente no será escuchado. Es más que dudoso, sin embargo, que la victoria en las urnas convierta al general Kagame en un presidente democrático. Por ahora, sólo los Países Bajos han expresado oficialmente su disconformidad con el proceso electoral y su rechazo a financiarlo. El silencio del resto de la comunidad internacional y su aportación financiera al simulacro democrático son una vergüenza más.
20.08.2003
Ramón Arozarena