DEL ZAÏRE A LA REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO

Crónica de una década devastadora (1996-2005)

 

 

 

Introducción: RDC, todo un continente inestable en el centro de África.

 

La República Democrática del Congo (ex-Zaire), por su dimensión (2.235.409 km2) y contrastes, constituye todo un continente. Fue propiedad personal del rey de los belgas Leopoldo II, luego colonia de Bélgica; alcanzó la independencia en los años 60. Ya los primeros años de independencia fueron especialmente turbulentos: asesinato del primer ministro Lumumba, rebeliones secesionistas, rebeliones nacionalistas. Casi siempre detrás de los conflictos estuvo la mano de occidente. Las inmensas riquezas de su subsuelo, su posición central en África, han despertado el apetito de las grandes potencias. La guerra fría y el temor a que el comunismo pudiera extenderse a África hicieron del dictador Mobutu el amigo y aliado de los occidentales. La descomposición del llamado bloque del Este lo convirtió en líder desechable e indeseable. Pero, a pesar de la desaparición de Mobutu, la República Democrática del Congo ha vivido en permanente estado de inestabilidad; diríase que ésta ya se ha convertido en su “condición natural”. Todo parece indicar que la causa principal de la devastación del Congo y de la actual miseria de sus habitantes es su riqueza. La rapiña de sus recursos naturales por parte de sus irresponsables y corruptos dirigentes, de países vecinos, sobre todo Uganda y Rwanda, y por compañías extractoras multinacionales, es lo que impulsa y sustenta los conflictos y las guerras; pone en peligro la unidad territorial, ha provocado la muerte de millones de personas ante la indiferencia general y hace extremadamente difícil el avance hacia una estabilidad democrática. Quizás venga ésta ahora de la mano fluctuante, desdichadamente nunca desinteresada, de la llamada comunidad internacional. De cualquier modo, es la exigencia y anhelo de los congoleños. Sin embargo, el futuro, aunque esperanzador si se mira al abismo del que emerge, sigue cargado de incertidumbres.

 

 

1.     De “liberación” en “liberación” (1996 – 2002)

 

1.1.Un Estado destrozado por la dictadura corrupta de Mobutu.

En 1965, Mobutu se hizo con todo el poder en el Congo, que en los años setenta se llamó Zaire. Su régimen dictatorial y corrupto duró hasta mayo de 1997. Nada funcionaba en el país, salvo la máquina de robar en beneficio exclusivo de la clase dirigente. Algunos calculan que la fortuna personal de Mobutu igualaba a la inmensa deuda externa del país. El Estado fue dejando de existir, se fue descomponiendo y el saqueo de las riquezas naturales, la extorsión, la trampa, se convirtieron en modo de vida. Como el Estado no pagaba a sus funcionarios, militares etc., éstos vivieron a costa de los ciudadanos, cada vez más desatendidos y abandonados a su suerte, sin la más mínima cobertura de los servicios públicos, como educación y sanidad. Por medio de múltiples artimañas y por la represión brutal, Mobutu y su régimen lograron sobrevivir y eludir las presiones externas e internas que exigían cambios democráticos en los primeros años 90. Pero el régimen Mobutu en 1995-1996 estaba ya en fase terminal, lo mismo que su líder gravemente enfermo.

1.2.1ª guerra de “liberación”. Uganda Rwanda y Burundi padrinos del libertador Laurent-Désiré Kabila .

 

En ese contexto descrito esquemáticamente, una serie de circunstancias van a acelerar el fin de la larga era Mobutu. En julio de 1994, tras el asesinato del presidente Habyarimana, el genocidio tutsi y la victoria en Rwanda del FPR, unos dos millones de hutu se refugiaron en el Kivu-norte y Kivu-sur, en el este de Zaire, en torno a Goma y Bukavu, en territorios fronterizos con Rwanda.  Esta masiva presencia de refugiados desestabilizó aún más la región. Un veterano revolucionario de los años sesenta, Laurent-Désiré Kabila, que siempre mantuvo la llama de la resistencia guerrillera contra Mobutu, va a aprovechar el desconcierto total y la atmósfera de fin del reino para liderar una rebelión liberadora del tirano con el apoyo de Rwanda y Uganda, países vecinos directamente interesados en la misma empresa. Se monta, urdida por Kigali, la Alianza de Fuerzas Democráticas para la Liberación (AFDL). Kabila, que apenas aporta a la Alianza tropas, es nombrado portavoz y muy pronto, tras la eliminación del general Kisase en enero de 1997, se convierte en el hombre/símbolo de la rebelión-liberación y Presidente de la AFDL. Existe la sospecha fundada que en pago al apoyo rwandés y de los banyamulenge, Kabila prometió entregar el Kivu a Rwanda, en los pactos concluidos en Lemera, en octubre de 1996. El incumplimiento de esta promesa habría constituido el principio del fin de Kabila. Sea como sea, esta primera guerra del Congo de 1996-1997, puede interpretarse, más allá de las razones aducidas inicialmente, desmantelamiento de los campos de refugiados hutu y protección de las minorías ruandesas en Zaïre, como la puesta en marcha de un proyecto de ámbito regional, incluso como un intento de remodelación del mapa de África definido por el reparto colonial en 1885.

1.2.1.      destrucción de los campos de refugiados  hutu (oct.-nov. 1996), persecución y masacres de los mismos en el interior de Zaire.

Esta primera guerra de”liberación” comenzó por la destrucción de los campos de refugiados hutu de Goma y Bukavu., en octubre-noviembre de 1996. El ejército rwandés penetró en territorio zaireño para eliminar la amenaza permanente que los refugiados hutu significaban para su seguridad. Fue el primer paso para intervenir en los asuntos internos de Zaire. Masas de hutu huyeron hacia el interior de Zaire. Los supervivientes recorrieron más de 2.000 kilómetros. Fueron perseguidos implacablemente por ejército rwandés, que al tiempo que “liberaba” el Zaire masacró a más de 200.000 hutu. Estos crímenes contra la humanidad, que muchos califican como un episodio más del genocidio hutu, bien que conocidos por informes de ONG, tardaron en ser reconocidos y certificados por la comunidad internacional. Laurent Kabila impidió mientras pudo que Roberto Garreton investigara y redactara el informe encargado por la ONU, ya que su liberación quedaba herida por esta tragedia perpetrada por sus amigos rwandeses del FPR. De hecho la masacre de los hutu fue uno de los factores que contribuyó al desprestigio de Kabila, cuando la comunidad internacional dejó de creer en él.

1.2.2.      Defensa de los banyamulenge como pretexto.

Los banyamlunege son tutsi de origen rwandés instalados en la montañas Mulenge en la zona de Uvira desde, al menos, un siglo. El término banyamulenge en principio sólo significa habitantes de Mulenge, aunque, erróneamente, ha venido a designar una etnia. Como otros zaireños de origen rwandés o ruandófonos  de la zona de Masisi en el Kivu-norte han tenido periódicos conflictos o tensiones (generalmente ligados a la propiedad de las tierras y a la ocupación de puestos de representación o responsabilidad) con las llamadas comunidades autóctonas, que se consideran los auténticos habitantes de la región y califican de advenedizos o intrusos a los banyamulenge. No se les ha reconocido siempre  (o se les ha negado) los derechos de ciudadanía; se les ha considerado de “nacionalidad dudosa”, acusándoles de ser más fieles a su pertenencia étnica tutsi ruandesa que a la nación zaireña/congoleña. De hecho muchos banyamulenge y tutsi de Kivu-norte se enrolaron en el ejército del FPR y colaboraron en la toma de poder de los tutsi en Kigali. El 28 de septiembre de 1996, los banyamulenge se rebelan en Uvira. Una de las justificaciones de la intervención armada de Rwanda en el este del Congo ha sido (sigue siendo) la defensa de los banyamulenge amenazados, se argumenta, de exterminio. La instrumentalización por parte de Rwanda y del RCD de la “cuestión banyamulenge” será una constante durante toda la transición posterior, hasta 2005. Será el pretexto de rebeliones en Bukavu (junio de 2004) contra el poder central por parte de altos mandos militares (coronel Mutebusi, general Nkunda) que rechazan integrarse en el nuevo ejército y optan por mantenerse en bolsa de resistencia en el Kivu, siempre con el apoyo de Rwanda.

1.2.3.      Toma de Kinshasa (17.05.1997), con los apoyos decisivos de Angola y Zimbabwe.

El ejército de Mobutu no plantea apenas resistencia. Huye, no sin saquear a su paso pueblos y aldeas, sembrando desolación. En menos de 6 meses la Alianza de Fuerzas Democráticas de Liberación (AFDL), nombre que se da el conglomerado, muñido en Kigali,  de fuerzas anti-Mobutu, a cuya cabeza se ha colocado Laurent-Désiré Kabila, está a las puertas de Kinshasa. La capital cae el 17 de Mayo. El apoyo de Angola y Zimbabwe fue también decisivo. Angola, también con pretensiones hegemónicas en la región, no desaprovechó la oportunidad para intervenir al lado de Kabila (lo hará de nuevo en agosto de 1998) y vengarse de Mobutu por la ayuda que éste prestó siempre al movimiento UNITA de Savimbi. Derrocado Mubutu, comenzó el declive y la progresiva desaparición de la UNITA, que ya no encontró aliados, pues hasta EEUU se acercó al hasta poco antes odiado régimen de Angola. La contrapartida que recibió Zimbabwe fue en forma de concesiones de explotación de zonas mineras.

1.2.4.      Instalación de Laurent-Désiré Kabila en el poder.

En una breve biografía de Laurent-Désiré Kabila (Congolite) se afirma: “En septiembre de 1996, cuando se produjo la agresión de la República Democrática del Congo por parte de Rwanda, con la complicidad de Burundi y Uganda, así como de algunas potencias occidentales, Yoweri Museveni (con el que Kabila había tenido alguna relación en los años 80, cuando Museveni era un rebelde ugandés), propone a  Laurent-Désiré Kabila – que no tenía ya ni ejército ni partido político – frente a Ngandu Kisase, mal conocido o desconocido para los occidentales.  Tras una guerra de siete meses, disfrutando de una fuerte cobertura mediática anti-Mobutu, Kabila fue instalado en el poder por el Ejército Patriótico Rwandés, bajo el mando de James Kabarebe, que se convertirá de hecho en jefe de estado-mayor de las “Fuerzas Armadas congoleñas”. En cuanto llega a la “cima del poder”, Kabila se dota de una guardia cercana compuesta en gran parte por jóvenes katangeños y (...)  pone en práctica sus programas “marxista-leninista-maoísta”, lanzando las ideas de “Servicio Nacional”, “Fuerzas de Autodefensa Popular”, restitución del poder al pueblo, proyectando crear una verdadera sociedad democrática a partir de los “Comités del Poder Popular” (CPP)”.

 

1.3.2ª guerra de “liberación” (2.08.1998 a diciembre 2002)

1.3.1.      Kabila se deshace de sus  padrinos ugandeses y rwandeses.

Una vez en el poder, Laurent-Désiré Kabila, va  rodeándose progresivamente de viejos compañeros, su perfil lumumbista-nacionalista se acentúa y trata de emanciparse de la tutela de quienes le han llevado hasta Kinshasa. Ruandeses y ugandeses, que esperan sacar jugosos dividendos de su inversión pro-Kabila, oyen un tanto aterrorizados discursos cada vez más patrióticos-nacionalistas, como el pronunciado por Kabila en septiembre de 1997, en el marco de  la Conferencia sobre la reconstrucción: “El gobierno no podrá dejar entre las manos únicas de los privados, de los financieros, sectores enteros de la economía (...) El hombre congoleño liberado de la servidumbre neocolonial escribirá su propia historia, volverá a apropiarse, a ser dueño, de su destino, convirtiéndose él mismo en origen de su proyecto de desarrollo, en el centro de su realización (...) El Congo deberá ponerse a la cabeza del desarrollo económico de África central, lo que nos permitirá generar impulsos nuevos para la re-dinamización del panafricanismo”. Kabila, el libertador, se va transformando ante la opinión pública internacional en un tirano, déspota, dictador. Cae sobre él la responsabilidad de las masacres de refugiados hutu, cuando en realidad, en ese momento, Kabila no tenía control alguno sobre las tropas de la AFDL, mandadas por oficiales tutsi rwandeses; sus desplantes, rechazo a recibir al enviado de Clinton, Jesse Jackson, a Nyerere; sus arrogancias, haciendo esperar a embajadores etc..., en nada ayudaron. Su desprecio total a otros líderes congoleños opositores a Mobutu; el incumplimiento de la promesa de celebrar elecciones democráticas, la creación de los Comités de Poder Popular (CPP), que difícilmente disimula la voluntad de reeditar un partido único, constituyen una serie de factores que alimentaron el descrédito de Kabila y la desconfianza internacional generalizada. Por otra parte, su ministro de Asuntos exteriores, Bizima Karaha, se ocupaba con eficacia en sus numerosos viajes al extranjero de minar el prestigio de Kabila.

El 27 de julio de 1998, Kabila, informado de la preparación de un atentado contra su persona, despide, con gran júbilo de muchos de congoleños, a los militares rwandeses. Cinco días más tarde, el 2 de agosto, estalla la nueva guerra de “liberación” en el Kivu. Se presentó de nuevo como rebelión de los tutsi banyamulenge. Varios líderes banyamulenge, que no estaban al tanto de los planes de Kigali, hostiles a esta nueva aventura, fueron ejecutados por sus “primos” rwandeses.

1.3.2.      Uganda y Rwanda, apoyándose en sectores congoleños invaden desde el Este la RDC; lucha contra el “tirano” Kabila.

Los planes para eliminar a Kabila del poder eran un secreto de Polichinela y habían sido “madurados” meses atrás. Angola había sido informado sobre los mismos. Suráfrica, no sólo aprobaba la operación,  sino que había proporcionado a Rwanda equipamiento militar. “Los americanos nos han pedido que echemos a Kabila; no les conviene”, reconoce un rwandés de los servicios de información. Bélgica ya tenía un candidato para ocupar el lugar de Kabila,, el profesor Wamba di Wamba, lo mismo que Francia, cuyo candidato era Z’Ahidi N’Goma. La operación militar, que debía ser rápida y decisiva, fracasó y lo que era un golpe relámpago se convirtió en guerra regional o “primera guerra mundial africana”. Tres semanas después del 2 de agosto, se presenta un nuevo movimiento rebelde, el RCD (Rassemblement congolais pour la Démocratie – Agrupamiento congoleño por la democracia), en el que se agrupan tránsfugas del kabilismo, antiguos mobutistas y sobre todo tutsi congoleños del Kivu-norte y Kivu-sur, que actúan bajo las órdenes de Rwanda. Como sostuvo Herman Cohen, “una guerra por procuración es una guerra iniciada desde el exterior de un país, pero disfrazada de guerra civil. El elemento clave es la creación de una fuerza rebelde en el interior, pero totalmente controlada, financiada y armada desde el extranjero. Cuando en agosto estalló en el Congo la guerra, no había ningún RCD. Éste último fue creado por los gobiernos rwandés y ugandés para encubrir una intervención armada concebida para derrocar a Laurent-Désiré Kabila y sustituirlo por otro congoleño que quedaría sometido a “los consejos” de Kigali y Kampala”.

1.3.3.      1ª guerra mundial africana.

La implicación de varios países africanos hizo que esta guerra fuera calificada como la primera guerra mundial africana. Zimbabwe, con intereses económicos similares a los de Uganda y Rwanda, pero argumentando que el Congo era miembro de la SADC (Conferencia económica de África Austral) que preveía la intervención para defender a cualquier miembro agredido, se puso inmediatamente del lado de Kabila y arrastró a Namibia y Angola. Los militares zimbawos impideron que Kinshasa cayera y los angoleños infligieron una derrota estruendosa en el Bajo- Congo a los invasores rwandeses (quienes a través de zonas controladas por Jonas Savimbi regresaron a Kigali). Posteriormente, cuando la guerra se extendió conforme los invasores avanzaban ocupando el territorio, tropas chadianas se pusieron también al servicio de Kabila. Éste realmente no tenía un ejército operativo a su disposición; sus mejores tropas estaban en el Kivu, pero estaban sometidas a la autoridad y mando de los rebeldes, la división especial presidencial de Mobutu se había largado a Brazzaville. Kabila llamó en su auxilio a los hutu rwandeses, restos del ejército derrotado en 1994 por el FPR que habían logrado huir a Congo-Brazza. Estos hutu, deseosos de saldar cuentas con Kagame y de acercarse a la frontera ruandesa, acudieron en defensa de Kabila. (Se podrían subrayar dos paradojas: los hutu, que año y medio antes habían sido perseguidos implacablemente por el conglomerado AFDL de Kabila, se ponen al servicio de éste; Kagame, que dice intervenir en el Congo para garantizar la seguridad de sus fronteras y eliminar a los restos de las exFAR, ve que su tentativa de derrocar a Kabila se convierte en una amenaza más próxima para su régimen). Kabila reclamará también el apoyo de los opositores hutu burundeses, las FDD (Fuerzas de Defensa de la Democracia) que se esconden y actúan desde el Congo. Los opositores anti-Museveni del llamado Ejército del Señor también combatieron al lado de Kabila. Se sigue el principio según el cual “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”.

Resulta muy significativo que el Consejo de Seguridad de la ONU esperó hasta el 31 de agosto (la rebelión se produjo el 2) para hacer un llamamiento al cese de la guerra y a la retirada de las tropas extranjeras, colocando en pie de igualdad a las que los congoleños calificaban de “fuerzas de agresión”(Uganda, Rwanda, Burundi) con las “fuerzas invitadas” por el gobierno de Kabila. Habrá que esperar al 29 de abril de 1999 para que el Consejo de Seguridad, en su resolución 1234 pida a los agresores que abandonen el Congo. La comunidad internacional que toleró a Mobutu durante más de 30 años sólo aguantó algo más de un año a Kabila.

No puede decirse que Kabila fuera excesivamente popular en el Kivu, pero tanto en Goma como en Bukavu la población consideró desde el primer momento a los rebeldes del RCD como aliados de los invasores; algo parecido sucedió en Kinshasa, donde la respuesta popular, motivada por discursos incendiarios de Kabila, contra el intento de golpe fue brutal contra los considerados “infiltrados” por su aspecto de “nilóticos”(en oposición a los “bantúes”). Se produjo una auténtica caza al hombre “nilótico-hamita”que recordó al genocidio rwandés, ya que el minstro Yerodia N’Dombasi calificó a los infiltrados de “chusma parásita” (vermine) y “cucarachas” (cancrelats), términos tristemente célebres en la Rwanda de los años 1990.

1.3.4.      Estabilización de la situación bélica: casi la mitad de la RDC es ocupada por Rwanda y Uganda: ocupación y saqueo.

La agresión extranjera, presentada siempre como queda dicho como una “rebelión” contra Kabila, fue ganando terreno, hasta ocupar el 40% del territorio. Antes de entrar en algunos aspectos concretos de la misma, conviene señalar que los dos grandes padrinos de la guerra, Museveni y Kagame, parecen tener planteamientos, objetivos y comportamientos distintos (lo que provocará con el tiempo enfrentamientos sangrientos entre ambos ejércitos en Kisangani). Kagame controla directamente al RCD desde el “Bureau Congo” creado en Kigali; los líderes del RCD son meros peones de la estrategia ruandesa. Museveni, por el contrario, impulsa a Jean-Pierre Bemba, hijo de un rico hombre de negocios congoleño, a crear el Movimiento de Liberación del Congo (MLC), al que dota de medios militares para que se haga fuerte en otra región (Ecuador) y pueda jugar un papel importante en posibles negociaciones posteriores. Este apoyo a Bemba no impedirá a Museveni alimentar otros grupos o señores de la guerra que incluso se opondrán a Bemba. “Para ganar, es mejor perseguir varias liebres” piensa. No dudará Museveni en proveer de armas y consejeros a grupos rivales para reforzar la idea de la ingobernabilidad del Congo.

 

1.3.4.1.    Milicias armadas y alimentación de rivalidades interétnicas.

En las zonas controladas por Uganda y Rwanda (los Kivu, Ituri) fueron creados grupos armados, auténticos señores de la guerra o ejércitos privados, casi siempre sobre bases étnicas, al servicio de los intereses depredadores de ugandeses y rwandeses y de las multinacionales. El objetivo: el control de determinados territorios (aldeas, municipios, bosques...) ricos en minerales, para su extracción, transporte, comercialización. La existencia, al parecer confirmada, de petróleo no ha hecho sino aumentar las ambiciones y la intervención de manos ocultas azuzando rivalidades interétnicas. Las alianzas han variado con frecuencia; cambiar de “padrino” (ruandés/ugandés) ha sido habitual. La pugna entre Uganda y Rwanda por el control de las milicias y del territorio está en el origen de estos cambios. Hemas (pastores), divididos a su vez entre del norte y del sur,  y lendus (agricultores) se han destrozado mutuamente (robos, violaciones, asesinatos, venganzas) en Ituri, con una crueldad que hace inevitable el recuerdo trágico de Rwanda 1994 .

Estos grupos armados, formados en gran parte por muchachos adolescentes, recibían armas e instrucción militar de ugandeses o rwandeses y eran dirigidos por oficiales de los ejércitos de Uganda y Rwanda. Sus jefes viajaban con frecuencia a Kampala o Kigali, se supone que para recabar y recibir las  instrucciones pertinentes.

Lamentablemente la situación no ha variado sustancialmente sobre el terreno, a pesar de cierta actividad en el control y desmantelamiento de las milicias por parte de las fuerzas de la MONUC y de que la Transición está a punto de culminar. En Beni, Butembo, en zonas de los Kivu, siguen activos los grupos armados y las poblaciones viven en permanente estado de alerta e inseguridad.

 

1.3.4.2.    Muerte de más de 3 millones de congoleños y desplazamientos masivos de poblaciones civiles.

Aunque es poco menos que imposible establecer con rigor el número de víctimas causadas, directa o indirectamente, por las guerras de “liberación”, todos los informes concuerdan en señalar que los muertos superan la cifra de tres millones. Como ya es habitual en los conflictos actuales, es la población civil la que sufre el exterminio. Una catástrofe que apenas tuvo eco informativo a pesar de los numerosos  informes, alertas y denuncias que llegaban desde el corazón de África. El complot del silencio informativo ha sido sin duda alguna un elemento añadido e indispensable del complot para destruir y devastar la RDC; así los consideran muchos congoleños; no les falta razón.

La población civil se veía obligada a abandonar masivamente las aldeas, las propiedades, los enseres, el ganado, las cosechas, para refugiarse en condiciones extremadamente precarias en el bosque, para posteriormente tratar de regresar, en muchos casos diezmada por el hambre, la desnutrición y las enfermedades, y afrontar la desolación y la pérdida de todos sus bienes, saqueados, destruidos.

1.3.4.3.    Interahamwe como pretexto permanente.

La presencia de los llamados interahamwe y de soldados ex-FAR del régimen de Habyarimana ha constituido para el gobierno rwandés el pretexto para ocupar el Kivu. Habría que preguntarse quiénes son en realidad estos interahamwe.

Es más que probable que efectivamente el estado-mayor de estos grupos armados esté formado por oficiales que participaron en el genocidio de 1994, o al menos en la guerra contra el FPR. El resto está compuesto por gentes, jóvenes, que huyeron hacia el interior del Zaire cuando los campos de refugiados hutu fueron destruidos. En esta categoría habría que incluir sin duda  a muchos niños que tienen ahora 10 años más que cuando acompañaron a sus padres al exilio. Extranjeros en el Congo, en muchos casos huérfanos, expuestos a la violencia de los adultos, desescolarizados, buscan un modo de vida o de supervivencia y han sido reclutados por necesidad o fuerza en esos grupos que han sido bautizados “interahamwe”. Son mitad inocentes mitad culpables, mitad víctimas mitad verdugos; fruto de la guerra, como tantos “niños soldado”. Bajo el nombre de interahamwe se conocen también otros grupos además de las Fuerzas Democráticas de Liberación de Rwanda (FDLR); se llaman los Rastas, una mezcla, al parecer de hutus rwandeses y bandidos congoleños, exmilitares éstos que no se han integrado en las Fuerzas Armadas de la RDC /FARDC). Piensan algunos en el Kivu que estos Rastas “están al servicio de Paul Kagame para desacreditar a las FDLR”. Estos grupos controlan de facto aldeas en la zona de Walungu, cuyos habitantes o se someten a sus exacciones o huyen

Que estos grupos armados roben, pillen, violen, maten, es  por lo tanto lamentablemente cierto (muy recientemente, el 19.05.2005, un informe de Fernando Castañón, de la división de derechos humanos de las fuerzas de la MONUC, ha presentado un informe-denuncia sobre las exacciones cometidas por los rebeldes hutu en el Kivu; este informe no hace sino confirmar otros provenientes de organizaciones de defensa de derechos humanos). Como es también cierto el hecho de que a Kinshasa le ha venido bien en algunos momentos del pasado su actividad en una zona que el poder central no controlaba y que, en consecuencia, los  Kabila se hayan apoyado en ellos (y los hayan apoyado) para plantar cara a los agresores rwandeses. En este sentido, la prensa anti-Kabila, se ha hecho eco de un  supuesto informe de la CIA en el que se considera, gracias a informaciones facilitadas por el ex ministro congoleño de Transportes, Joseph Olegankoy, al presidente Kabila como colaborador-financiador del grupo terrorista FDLR.

Lo que es evidente es que el ejército rwandés y la administración implantada por Rwanda en esta zona, no logró, a pesar del control militar total durante más de 4 años, eliminar estos focos de resistencia hutu. Primero porque dado lo intrincado de la geografía la tarea resulta poco menos que imposible. En segundo lugar, y se trata de la razón principal, porque la ocupación ruandesa tenía como objetivo la explotación (el saqueo) de las riquezas congoleñas que, por un lado, servían para financiar la guerra y, por otro, a hacer de Kigali un centro de exportación de oro, coltan, casiterita, diamantes (que Rwanda no produce) y a engordar las cuentas corrientes de la elite tutsi. La presencia y actividad de los “interahamwe” y la pretendida defensa de la seguridad de Rwanda han servido de pretexto para lo que sólo puede calificarse de agresión-ocupación-pillaje.  Podría incluso decirse que el poder rwandés ha estado muy interesado en la supervivencia de los “interamahwe”; algunos han llegado hasta a denunciar que ha revitalizado artificialmente estos grupos armados hutu inyectando en ellos savia nueva proveniente de las cárceles ruandesas. Lo que parece indudable para los observadores es que estos núcleos rebeldes hutu instalados en el este de la RDC, cuyas acciones producen inseguridad y desolación en aldeas congoleñas,  no suponen un real peligro para la seguridad y estabilidad del régimen del FPR; significan, eso sí, un elemento desestabilizador de la zona que “envenena” permanentemente las relaciones de Rwanda con RDC; ya no reciben apoyo alguno de Kinshasa, antes bien al contrario, el gobierno de la RDC, la ONU (MONUC) tratan por todos los medios de que desaparezcan como perturbadores de soluciones de paz.

El 31 de marzo de 2005, el FDLR (Fuerzas Democráticas de Liberación de Rwanda) bajo cuyas siglas se agrupa este movimiento armado hutu, que a la vez tiene un brazo político, firmó solemnemente en San Egidio (Italia) una declaración de condena del genocidio tutsi de 1994, su renuncia al uso de las armas contra el régimen de Kigali y su disposición a regresar a su país y a reinsertarse e integrarse en la vida ruandesa (Desarme, desmovilización, repatriación reinserción) , siempre que se cree, es la exigencia del FDLR,  un “comité internacional de seguimiento” y se produzca una “negociación” con las autoridades ruandesas sobre las modalidades del retorno y la necesidad de que se produzca “la apertura de un espacio político”. Esta declaración fue acogida con gran alivio por Kinshasa y dejó la pelota en el tejado de Kigali. El presidente del FDLR, Ignace Murwanashyaka, ha viajado protegido por las autoridades de Kinshasa a los Kivu, para explicar lo acordado en Roma y fijar posiciones con los grupos armados. Pero las cosas no han cambiado sustancialmente .Según el calendario fijado en Roma, la repatriación de las FDLR (de 8.000 a 15.000 miembros) debería comenzar el 5 de mayo. Las condiciones políticas que plantean son inadmisibles para el poder de Kigali, que insiste por el contrario en que los ex-rebeldes deberán responder de sus actos genocidas ante los tribunales rwandeses. El 25.05.2005, el Presidente de la Comisión Ruandesa de Desmovilización y Reintegración (CRDR), John Sayinzoga  declaraba que Rwanda estaba preparada para recibir a los rebeldes del FDLR que quisieran, pero que éstos debían pasar por “un campo de solidaridad” (reeducación) “para seguir un programa que elimine la ideología genocida de los expatriados”. El 27, Kagame insitía en que las puertas de Rwanda estaban abiertas para quienes desearan volver, añadiendo que los rebeldes podían quedarse en RDC y seguir luchando si querían, pero que no había posibilidad alguna de negociación sobre modalidades de retorno.

Muchos jóvenes encuadrados en el FDLR quieren volver a Rwanda; saben que Kinshasa ya nos les apoya y que, en palabras de Marcos Lorenzana (MONUC), “no pueden permanecer eternamente en las selvas” y dedicados al banditismo. Algunos afirman que los jefes “no nos dejan regresar” y otros, a la vista de lo que sucede en Rwanda, donde hasta personajes del FPR son encarcelados y varios miles huyen ante la amenaza de ser juzgados por los tribunales “gacaca”, opinan que en Rwanda “huele mal” y que en esas condiciones, si no se dan garantías, es mejor quedarse en RDC.

ICG (International Crisis Group) juzga la situación (12.05.2005) de este modo: “El gobierno rwandés, que no ha cesado de rechazar un encuentro con las FDLR, debería mantener discusiones técnicas con sus jefes militares y prestarse a impulsos concretos para su retorno y reinstalación”. “Si todos los medios pacíficos para desarmar a las FDLR se agotaran, entonces la única solución sería la militar”. Este desarme forzado sólo podría llevarse a cabo con el apoyo logístico de la ONU y de la UA, concluye ICG.

La negativa a mantener cualquier contacto (y menos, negociación) por parte de Kigali ha quedado muy reforzada por la inclusión, por parte de EEUU, de las FDLR en el listado de grupos terroristas. Un balón de oxígeno para un régimen que no quiere dar ni un paso en la dirección de la apertura política.

A finales de junio, las tensiones en el interior del FDLR estallan y se produce el relevo en el liderazgo. Ignace Murwanashyaka, acusado de bloquear el proceso iniciado en San Egidio, debe dejar la presidencia y es el teniente-coronel Christophe Hakizabera, que disuelve las FOCA (Fuerzas combatientes  Abacunguzi) y crea un Mando Militar para el Cambio (CMC).

 

1.3.4.4.    Madera, diamantes, oro, coltan, y otros minerales. El saqueo.

 

La explotación de las enormes riquezas del subsuelo del este congoleño ha sido el motor de las guerras y de la devastación. Ha enriquecido a minorías locales, está en el origen de inmensas fortunas de algunos ruandeses y ugandeses; en nada se han beneficiado de la aventura militar  congoleña los simples ciudadanos de ambos países, que incluso se han visto obligados a apoyar con impuestos especiales la guerra. El pillaje ha financiado la compra de armas, la creación de milicias y mafias, la intervención de ejércitos extranjeros; ha financiado también la miseria generalizada de la población civil congoleña, que ha vuelto a comprobar que su riqueza constituye su desgracia. Es evidente, sin embargo, que la destrucción no hubiera sido posible sin la connivencia culpable de intereses políticos y económicos occidentales, beneficiarios de la devastación congoleña.

 

 

DIMENSIÓN DEL EXPOLIO

Para tener una idea sobre la dimensión del expolio de las riquezas congoleñas por parte de rwandeses y ugandeses desde 1998 hasta, al menos,  2002 (aunque son muchos los observadores que afirman que el saqueo perdura, si bien de manera menos “descarada”) basta con recoger algunos datos facilitados por un informe de la ONU:

* 3,9 millones de kilos de coltan por un valor de 793 millones de dólares.

* 13 millones de quilates de diamantes, 427 millones de dólares.

* 30.000 kilos de oro, 265 millones de dólares.

* 6 millones de kilos de casiterita, 24 millones de dólares.

* Niobio por 1,5 millones de dólares.

* Madera por 164 millones de dólares.

* Productos agrícola e industriales por valor de 51 millones de dólares.

Según los expertos de la ONU este pillaje ha generado anualmente 320 millones de dólares en beneficio de Rwanda y Uganda. Las mercancías transitan por 11 países africanos y su destino son 17 países industrializados, entre ellos, Alemania, Bélgica, EEUU, Japón,  Holanda, Gran Bretaña y Rusia.

 

 

El coltan (colombio-tántalo) es uno de los minerales estratégicos codiciado, entre otros, por las grandes empresas fabricantes de teléfonos móviles; abundante en el Kivu, donde puede extraerse casi a cielo abierto, se ha convertido en el símbolo-estrella (“el oro gris”) del saqueo de esta zona por parte de Rwanda. Es trasladado en camiones a las instalaciones de la Sociedad Minera de Rwanda (Somirwa) para ser tratado y exportado a Estados Unidos, Alemania, Holanda, Bélgica y Kazajstán. En 2001, las ventas de coltan significaban el 15% de sus exportaciones.  También Uganda participa, en las zonas que controla, de este pillaje; Salim Saleh, hermano del presidente Museveni, es quien, al parecer, controla el negocio. Según Colette Braeckman, “la mayoría de las sociedades implicadas en la explotación de los recursos naturales del Congo están muy próximas de las autoridades y del presidente rwandés Kagame mismo. (...) Es el “Bureau Congo”, dirigido por el coronel Dan Munyoza, ligado estrechamente con el jefe de estado-mayor del ejército patriótico rwandés, James Kabarebe, el que gestiona las operaciones (...) El “Bureau Congo” escapa al control del presupuesto nacional, cuando sus ingresos financian el 80% de los gastos del ejército patriótico rwandés”.

“La plaga del oro” es el título de un informe de 159 páginas, publicado el 2 de junio, de Human Rigths Watch. Este informe denuncia concretamente la alianza del segundo productor de oro de mundo, la compañía surafricana Anglo Gold Ashanti con una de las milicias que operan en Ituri (Frente Nacional Integracionista) para extraer oro de la mina de Mongbwalu y exportarlo vía Uganda; así, este país, que apenas lo produce, ha exportado oro por valor de 45 millones de dólares al año, entre 1998 y 2003. La Anglo Gold Ashanti, que en 1996 había obtenido la concesión para la explotación de una amplia zona aurífera, afirma en su descargo que se ha visto obligada a pactar con el FNI (“era inevitable”), cuyo presidente Floribert Njabu no ha tenido reparo en declarar que “en Mongbwalu no manda el gobierno; he sido yo quien ha dado permiso a AngloGold. Soy el patrón. Si quiero echarlos, lo haré”. Según el informe de Human Rigths Watch, el oro congoleño, tras su paso por Uganda, era refinado por la empresa suiza Metalor Technologies, que dice haber suspendido ya sus compras en Uganda.

Casiterita:La Ong británica Global Witness publicó  junio de este años un informe, bajo el título en francés “La Paix sous tensión” (La Paz sometida a tensiones), en el que denuncia que después del coltan y los diamantes, la explotación de la casiterita (mineral de estaño), cuya demanda y precio en los mercados internacionales ha subido, por parte de los grupos armados en el este de la RDC está sirviendo para la financiación de la guerra, el enriquecimiento de unos pocos y pone en grave peligro el proceso de transición.

Señala el informe que gran parte del  Kivu-norte sigue controlada por elementos militares ligados al RCD-Goma (sostenido por Kigali) y que los enfrentamientos para el raparto del botín son frecuentes. En Kivu-sur, miembros de las FARDC, cuyos sueldos no son cubiertos por Kinshasa, entran también en el mercado minero. Los “mineros-buscadores” utilizan medios muy artesanales, trabajan en condiciones peligrosas y reciben salarios ínfimos. Las minas son controladas por soldados; la disputa por el contro de las zonas mineras  está en el origen de combates  y de la violencia sobre las poblaciones civiles, que se ven obligadas a huir y desplazarse, abandonando la agricultura y poniendo en peligro la seguridad alimentaria.

Hay una institucionalización del fraude y del contrabando. No se pagan ni impuestos ni tasas por la producción, comercialización y exportación de la casiterita. Rwanda exporta 5 veces más casiterita de la que produce. Global Witness afirma que Rwanda exportó entre 2000 y 2002, 500 toneladas en tres años; en 2003, 1.400 toneladas y la misma cantidad en 2004.

No existe ningún mecanismo de control de las transacciones; Kinshasa no registra estas exportaciones y Rwanda se queda con los beneficios. “La estabilización de Rwanda se hace a costa de la paz, seguridad y tesoro público de la RDC”.

El informe de Global Witness termina con una listado de recomendaciones.

1.3.4.5.    Enfrentamientos entre Uganda y Rwanda por el control de estos territorios y de sus riquezas. Lucha por la hegemonía regional.

Hasta agosto de 1999, Uganda y Rwanda, Museveni y Kagame eran algo así como primos hermanos, si bien el presidente ugandés siempre consideró al hombre fuerte de Kigali como un excelente “discípulo”, como un aventajado “hermano menor”. Al margen de otras consideraciones no es descartable que existe en la clase dirigente ruandesa cierto complejo de inferioridad respecto de Museveni y ello explique también cierta osadía y arrogancia ruandesa a la hora de demostrar en la batalla que Kagame ya no es el hermano pequeño.

Paul Kagame, como muchos tutsi exiliados en Uganda, lucharon en la guerrilla que en 1986 llevó al poder a Museveni; el rwandés ocupó la jefatura adjunta de los servicios secretos ugandeses. El FPR difícilmente habría podido penetrar en el norte de Rwanda, en 1990, y posteriormente hacerse con el poder sin el apoyo logístico y diplomático de Uganda. Tanto en 1996, llevando a Kabila a Kinshasa, como en 1998, lanzándose a una nueva liberación del Congo, el tándem Museveni-Kagame actuó hermanadamente.

Sin embargo, en agosto de 1999, los ejército ruandés y ugandés se enfrentan en Kisangani por dos veces. Las diferencias sobre el futuro de la RDC, latentes ya en la primera guerra de “liberación”, y, sobre todo, la feroz competencia por la explotación de los recursos en las zonas ocupadas, estallan. Es una guerra entre depredadores y ladrones que se desarrolla en territorio extranjero ocupado. La comunidad internacional sigue callada. El que los congoleños sean doblemente víctimas, por el saqueo de sus riquezas y por los “efectos colaterales” de la guerra en su territorio entre ocupantes extranjeros, no parece inquietar en exceso.

En marzo de 2001, días antes de las elecciones presidenciales en Uganda, Rwanda es oficialmente declarado “país hostil a Uganda”, un método eficaz para que los ugandeses se agrupen en torno de Museveni frente a su temido adversario Kiiza Besigye, cuya campaña electoral, se acusa, está financiada por Rwanda. Las acusaciones sobre la amenaza desestabilizadora del régimen que Rwanda representa prosiguen y la tensión aumenta. Besiye huye ayudado por Rwanda y varios militares desertan. Museveni ve en todo la mano de Kagame.

El 28 de agosato de 2001, Museveni escribe a Clara Short, Secretaria de  Estado de Blair para la Cooperación, que ya ha tenido que intervenir anteriormente apagando el incendio provocado por sus dos amigos africanos, en la que denuncia que Rwanda está preparando una agresión a su país; que Rwanda está apoyando las actividades subversivas de los militares ugandeses desertores; le pide, en consecuencia, que sea comprensiva con el aumento de gastos en materia militar.

Lo que más allá de los rumores y propaganda parece establecido es que Rwanda había elaborado un detallado plan de desestabilización de Uganda desde principios de 2001: Infiltración en las zonas congoleñas de Kivu-norte controladas por ugandeses; apoyo de las tropas de RCD-Goma y de TPD (Tous pour la Paix et le Developpement, milicia hutu, creada y controlada por Kigali, radicada en Goma, que ofrece a los hutu del norte del Kivu una organización para influir en la transición que se avecina); penetración discreta de elementos del APR en la frontera (Cyanika, Kizinga, Kagitumba); infiltración en Kampala; discreción absoluta en cuanto a participación directa de tropas del APR; entrenamiento a cargo de oficiales rwandeses de reclutas ugandeses en Kibumba, en la zona de Rutshuru; traslado de grupos de reclutas al campo de Gako; el general rwandés Kabarere, acompañado de Besigye, visita el Kivu; el mando rwandés utiliza a los desertores, pero al menos hay 6 oficiales superiores rwandeses que están implicados permanentemente; por parte de RCD-Goma el coordinador en Bizima Karaha.

Museveni, al mismo tiempo, refuerza sus fronteras con Tanzania, Rwanda (Kisoro, Kikagati, Kabale, Masaka, Mbarara) y Congo, produciéndose en este último caso una fuerte competición entre Rwanda y Uganda para ver quién es capaz de atraer y alcanzar más alianzas de los grupos armados o milicias locales.

No son menos evidentes y numerosos los proyectos ugandeses para desestabilizar el régimen de Kagame. Museveni encarga a Noble Mayombo que le presente un plan. Se establecen contactos con cualquier grupo que pudiera estar interesado en acabar con Kagame: elementos de las exFAR; ALIR (Ejército de Liberación de Rwanda); FDLR (Fuerzas Democráticas de Liberación de Rwanda); grupos de banyamulenge descontentos; opositores políticos en el interior o exterior; contactos con gobiernos de la región.

Museveni pone en marcha acciones concretas implicando a disidentes y estudiantes rwandeses, que reciben instrucción militar en Uganda. Se reclutan jóvenes rwandeses refugiados en Rwanda. Kampala, desde 2000, es el destino y refugio de oficiales rwandeses que desertan del APR y no hay duda de que altos responsables militares ugandeses como James Kazini, Salim Saleh, Kahinda Otafiire y Amama Mbabazi los reciben con los brazos abiertos; los une el deseo de mandar a Kagame al infierno. Esta acogida tiene como objetivo mostrar que Uganda tiene posibilidades de montar una rebelión contra Kagame. Los planes existen, pero Museveni ordena congelarlos para no manchar su buena imagen entre los proveedores de fondos internacionales; por otro lado, es consciente que entre los desertores hay infiltrados del APR, por lo que renuncia a utilizarlos.

En 2003, con la recepción al más alto nivel del general hutu Emmanuel Habyarimana, Ministro de Defensa rwandés que se exilia, Museveni quiere insistir en su política frente a Kagame con la afirmación de la necesidad de integrar a los hutu en el poder rwandés y expresa así que desea que el poskagamismo incluya a la comunidad hutu.

Uganda es también receptor de opositores civiles rwandeses. Museveni hasta expresó su disposición a ofrecer asilo político a Pasteur Bizimungu, presidente rwandés que dimitió en 2000 (razón suplementaria para que el poder rwandés lo mantenga en prisión).

La oposición interna a Museveni ha acusado a éste de proteger y ayudar las FDLR, a miembros de las exFAR e incluso a interahamwe. No parece que haya existido una colaboración organizada, pero sí una complicidad.

Lo que es evidente es que Kampala mantiene contactos estrechos con ciertos oficiales tutsi rwandeses y que “su hombre” en Kigali es el general Kayumba Nyamwasa, rival de Kagame, del que éste no puede prescindir pues Kayumba es a su vez el hombre de Londres, gran proveedor de fondos,  en Rwanda. Hombres del entorno de Nyamwasa sí que han tenido dificultades (arrestos y jubilaciones).

No parece próxima una guerra abierta entre los dos países, aunque nada puede descartarse. Todo puede “moverse” y es probable una especie de guerra de usura, con provocaciones e intentos de subversión en el interior de Rwanda.

Como consecuencia de la declaración ugandesa calificando al régimen de Kigali como hostil, la tensión, incertidumbre, clima de sospecha, aumentan y se produce la acumulación en una y otra frontera de tropas. Gran Bretaña decide intervenir y Clara Short toma las riendas de la situación y convoca para el 6 de noviembre a Museveni y Kagame. La víspera, Museveni nombra jefe de estado-mayor a James Kazini, implicado en los enfrentamientos con los rwandeses de 1999 en Kisangani; tal nombramiento es sentido por Kagame como una provocación y, en respuesta, nombra a su vez para el mismo puesto a James Kabarere, otro de los protagonistas destacados en la guerra del Congo. Las discusiones en Londres terminan, a pesar de todo, con la firma de un acuerdo. Dos días después, Kagame declara que si bien “Uganda tiene derecho a nombrar a la cabeza de su ejército a quien juzgue oportuno, es evidente que si elige a una persona (J. Kazini) que puede provocar un aumento de tensión entre los dos países, tal elección no sólo afecta a Uganda, sino igualmente a Rwanda”. El tono aumenta. Amama Mbabazi, semanas después, declara que los dos países no pueden volver a ser hermanos si previamente no se establecen las causas de los enfrentamientos de Kinsangani. El miedo ugandés crece y el régimen está persuadido de que Rwanda apoyará a la oposición e invadirá el país.

Gran Bretaña fuerza de nuevo el diálogo y el 10 de febrero los Ministros de Defensa Mbabazi y Habyarimana preparan en Kigali el encuentro entre de los dos presidentes, que se celebra cuatro días más tarde en Kabale, en presencia de Clara Short. Se firman papeles y acuerdos. Se decide olvidar “lo de Kisangani”. Museveni declara: “Hemos arreglado nuestras cosas a nuestro modo, resolviendo los problemas actuales. No hemos evocado Kisangani; es una manera de arreglar esta cuestión: olvidándola”.

La tensión perdura, bajo la atenta mirada británica. Las declaraciones a veces agrias de los líderes de ambos lados de la frontera se suceden. El 6 de marzo, tropas ugandesas arrebatan al UPC (Unión de Patriotas Congoleños, protegidos por Kigali) el control de Bunia, lo cual provoca un intercambio de violentos comunicados.

Pero a lo largo de 2003 Museveni hará gestos de acercamiento; visitará en dos ocasiones Kigali (investidura de Kagame como presidente en septiembre de 2003 y ceremonias del décimo aniversario del genocidio, el 7 de abril de 2004). En el discurso que pronunció en esta última ocasión, Museveni se hizo aclamar con fervor. En octubre de 2003, borrando acusaciones anteriores, Uganda afirma que Rwanda no ha prestado nunca apoyo a los grupos armados de Besigye. Hay un claro cambio de actitud. Nuevos encuentros en Londres en enero de 2004.

¿Cómo explicar esta transformación? Sin duda, la existencia en el interior de cada régimen de tensiones serias hace que ambos personajes se dediquen más a arreglarlas o controlarlas que a buscarse peleas en el exterior. No convendría engañarse sobre este aparente clima de reconciliación. Los viajes de Museveni a Kigali tienen como objetivo no tanto darse la mano con Kagame como  seducir al “tout-Kigali”. Él, que estuvo con Rwanda durante el genocidio, se presenta como el “sage” por encima de la “mêlée”, pensando siempre  en el bien del pueblo. Su proximidad con Kayumba Nyamwasa, cuyo peso en el ejército es grande, es patente y si Kagame cayera Uganda reconocería a su sucesor inmediatamente. Por eso, Kayumba ha sido alejado de Kigali en noviembre de 2004 y nombrado a la embajada en la India.

El antagonismo entre los dos presidentes se mantiene. Las relaciones son precarias, a pesar de los esfuerzos británicos.  La guerra abierta entre los dos países parece descartada; no así la “guerra fría” y la disposición de Rwanda y Uganda de apoyar cambios o golpes de estado en el vecino. Los cambios en Rwanda no serían mal vistos en Tanzania y RDC, donde Kagame provoca una aversión cierta.

El 2 de junio de 2005, se produjo un nuevo episodio tenso entre Uganda y Rwanda.  Se celebraba en esas fecha en Kigali la reunión del COMESA (Mercado Común de Africa Oriental y Austral). Museveni, presidente saliente del organismo viajó con un séquito muy numeroso para asistir a la reunión y entregar la presidencia de un nuevo periodo a Kagame. Las autoridades ruandesas consideraron que el número de acompañantes era excesivo y a varios miembros de la delegación ugandesa se les impidió cruzar la frontera, quedando bloqueados.  Para reestablecer “las relaciones cordiales”, Kagame visitó oficialmente Uganda la última semana de junio de 2005.

(Fuente: “Le Contentieux entre le Rwanda et l’Ouganda”,

 B. Leloup en “Politique Africaine”, nº96, dic.2004)

 

1.3.5.      Resistencia de la sociedad civil

 

A lo largo de estos años de enormes sufrimientos de la población civil de la zona de Ituri y de los dos Kivu, los protagonistas de la resistencia al ocupante han sido, casi en soledad, las organizaciones cívicas, el tejido social. No sería exagerado afirmar que si la República Democrática del Congo tiene todavía hoy posibilidades de superar el peligro de la desmembración territorial y de mantener su integridad, ello es sobre todo el mérito de la sociedad civil, de su tenacidad y permanente, aunque desigual, lucha contra lo que siempre ha considerado como una agresión extranjera. Bien caro lo ha pagado; el precio han sido las detenciones, represalias, desapariciones y los asesinatos selectivos de muchos miembros activos de esta resistencia. Las redes occidentales de solidaridad han recibido de esta sociedad civil diaria y puntual información exacta de cuanto acontecía en el este del Congo. El eco mediático ha sido escaso y la influencia de esta información en las políticas occidentales lamentablemente casi nula, como si la pacificación de los Grandes Lagos respondiera a otros intereses; distintos a los de los hombres y mujeres que los habitan.

Las historia de esta década es desdichadamente  la  de una agresión y saqueo, pero es también la historia ejemplar de una resistencia heroica de una sociedad que se organiza y planta cara al agresor por medio de movilizaciones masivas de hombres, mujeres, estudiantes, escolares, niños, manifestaciones, boicots, huelgas, manifiestos, panfletos. La ciudad de Bukavu, capital del Kivu-sur, ha sido casi siempre la abanderada de la respuesta popular contra la ocupación extranjera. Dos nombres merecen citarse y retenerse en este capítulo: el Arzobispo de Bukavu, asesinado el 29 de octubre de 1996 por militares rwandeses, Christophe Minzihirwa y su sucesor Monseñor Kataliko, fallecido en Roma, a quien los rwandeses confinaron durante un tiempo en Butembo.

 

1.3.6.      El sentimiento o resentimiento anti-ruandés, anti-tutsi, como aglutinante de la identidad nacional congoleña.

 

Ya se ha señalado que en algunas zonas del Kivu existía una cierta desconfianza, recelo, a veces animosidad (guerra del Massisi en 1993 en el Kivu-norte), respecto a los banyarwanda, especialmente contra los tutsi. Una de las justificaciones de la intervención del ejército rwandés fue la defensa de los banyamulenge (congoleños de origen tutsi de Kivu-sur y Uvira), en peligro, según Rwanda, de exterminio, como lo habían sido los tutsi en Rwanda. Pues bien, el comportamiento del ejército rwandés en el este de la RDC, la instrumentalización de los problemas de los banyamulenge por parte de Rwanda, el saqueo descrito anteriormente, han desembocado en un sentimiento anti-tutsi intenso que se ha convertido en un aglutinante de identidades no siempre existentes anteriormente. Así, han surgido identidades o sentimientos de pertenencia étnica nuevos o nuevas categorías de identificación étnica: los “bantús”(que serían los congoleños de verdad)  enfrentados a los “hamitas-nilóticos” (los tutsi y aparentados). Como consecuencia, peligrosísima, de la agresión ruandesa aparece la animosidad creciente contra  los “hamitas” (minoritarios) que ven su supervivencia  seriamente amenazada. De hecho, muchos banyamulenge lo han comprendido pronto y han tratado de distanciarse de Rwanda; incluso algunos han combatido al ejército rwandés y a su aliado político RCD-Goma, acercándose a los grupos mai-mai. Este distanciamiento respecto al “protector” Rwanda  es una bofetada  a Kigali, una de cuyas justificaciones para intervenir en RDC  ha sido la defensa de los banyamulenge.

Por otra parte, es indudable que muchos congoleños han encontrado en la injerencia de los rwandeses tutsi (enemigo externo) fácil y cómoda explicación a sus males; un recurso ampliamente utilizado y manipulado por los líderes  para ocultar responsabilidades propias.

 

 

2. La Transición inacabada

 

2.1.Acuerdos de Pretoria (dic.2002) para una transición democrática

 

2.1.1.Intentos anteriores fallidos.

Tras el asesinato de Kabila padre, crimen no suficientemente aclarado (hay bastantes interrogantes respecto a los intereses de todo tipo de los inspiradores del magnicidio)  a pesar de que hubo detenciones, juicio y condenas, la RDC entra en una dinámica que persigue salir del atolladero en que se encuentra. Cabe señalar por significativo el hecho de que Joseph Kabila, un joven con nula experiencia política y con corta militar, es sorprendentemente nombrado  por los poderes fácticos del momento para sustituir a su padre e inmediatamente inicia una serie de visitas a los países poderosos occidentales, buscando un aval internacional que de algún modo se contradice con la política de gestos “nacionalistas e izquierdistas” de su padre, que, en consecuencia, se había enajenado la confianza de occidente. El resultado es que Kabila hijo es aceptado internacionalmente como el nuevo líder que pueda conducir a una nueva situación en la RDC. Había que buscar una salida a una guerra que nadie parecía capaz de ganar, a una tragedia humanitaria de terrible amplitud, a una ocupación y explotación por parte de Uganda y Rwanda de enormes extensiones de territorio, a un conflicto endémico que se eternizaba.

Hasta llegar al Acuerdo Global Inclusivo, hubo intentos más o menos parciales y fallidos como el Acuerdo de Lusaka, el plan de Kampala, el sub-plan de Harare, el Protocolo de Gabarone, Diálogo Intercongoleño abortado en Addis-Abeba, Negociaciones en Sun-City,

 

 

2.1.2.      ¿Acuerdo forzado por presiones internacionales?

Es indudable que el acuerdo alcanzado no hubiera sido posible sin una fuerte presión internacional, con protagonismo hegemónico de Suráfrica. La búsqueda de una estabilidad en una zona extremadamente rica y de vital importancia geoestratégica se impuso como una necesidad absoluta para la llamada comunidad internacional (Unión Africana, ONU, UE, EEUU, Francia, Bélgica). Se puede también afirmar que sin esta presión constante ejercida directamente por Suráfrica, EEUU, Francia y Bélgica, la Transición no habría resistido ni habría superado los obstáculos (disputas-desconfianzas internas, descoordinación, descontrol-rebeliones en el este del país, debilidad del poder central, etc.). Todo parece indicar que el eje Washington-Paris-Bruselas ha funcionado con eficacia y ha apostado definitivamente por el liderazgo de Kabila para estabilizar la RDC.

2.1.3.      Reparto del poder entre beligerantes:

Los escollos para alcanzar un acuerdo provinieron exclusivamente de las exigencias de los distintos beligerantes en cuanto al trozo del pastel del poder que pretendían controlar. El peso de los argumentos para reivindicar tal o tal parcela lo daba fundamentalmente el poder militar de cada cual. La oposición civil y los representantes de la llamada Sociedad civil recogieron más bien las migajas del reparto.

La fórmula 1+4: Al parecer se barajaron distintas fórmulas de reparto u organización del nuevo poder para el periodo de Transición. Fueron desechadas las propuestas de 1 Presidente + 1 Primer Ministro y de 1 Presidente + 2  Vicepresidentes + 1 Primer Ministro, para acordar la de 1 Presidente + 4 Vicepresidentes que se repartirían la dirección de cuatro áreas (Defensa-Interior; Economía, Socio-cultural y área política. Cada uno de los “componentes” (Entorno presidencial, MLC, RCD y Oposición civil) designó para estas vicepresidencias a sus máximos líderes (MLC: Jean-Pierre Bemba; RCD/Goma: Azarias Ruberwa; Entorno presidencial: Yerodia Abdoulaye; Oposición civil; Z’ahidi Ngoma) La designación de estos dos últimos dirigentes produjo tensiones; la de Yerodia, porque era considerado por el RCD como radicalmente anti-tutsi y la de Z’ahidi Bgoma porque su nombramiento dejaba fuera de la gestión  transición al que desde siempre se ha considerado como “el líder máximo”, el veterano Etienne Thisekedi. Esta deliberada exclusión provocará no pocos problemas posteriormente. Los excluidos han afirmado siempre que la fórmula 1+4 ha dado un 0 como resultado, 1+4=0.

 Las mismas dificultades y combinaciones se produjeron en el reparto de ministerios (viceministros, secretarios de Estado etc...), de escaños en la Asamblea Nacional y Senado y de responsables de la Administración territorial (gobernadores de provincias). Un trabajo “fino” que exigió aumentar el tamaño de la tarta para satisfacer a tantos apetitos. Cada familia o componente fue colocando a los suyos, no sin tensiones internas.

ACUERDO GLOBAL INCLUSIVO

REPARTO DE RESPONSABILIDADES

La fórmula 1 + 4

Cargo

Componente

área

 

Presidente

gubernamental

Jefatura Estado

 

Vicepresidente

RCD

Comisión política

 

Vicepresidente

MLC

C. económica

 

Vicepresidente

Oposición

Sociocultural

 

Vicepresidente

Gubernamental

Reconstrucción

 

 

Ministros/Viceministros

Componente

Ministros

Viceministros

Gubernamental

7

4

RCD

7

4

MLC

7

4

Oposición

7

4

Fuerzas vivas

2

3

RCD-ML

2

2

RCD-N

2

2

Maï-Maï

2

2

Total

36

25

 

Asamblea Nacional

Componente

Diputados

Gubernamental

94

RDC

94

MLC

94

Oposición

94

Fuerzas vivas

94

RCD-ML

10

RCD-N

10

Maï-Maï

10

Total

500

Mesa de la Asamblea

Puesto

Componente

Presidente

MLC (Olivier Kamitatu)

1er.Vicepresidente

Oposición política

2º Vicepresidente

RCD-ML

Secretario

Maï-Maï

Vicesecretario

Fuerzas vivas

 

Senado

Componente

Senadores

RDC

22

MLC

22

Gubernamental

22

Oposición política

22

Fuerzas vivas

22

RCD-ML

4

RCD-N

3

Maï-Maï

3

Total

120

 

Mesa del Senado

Cargo

Componente

Presidente

Fuerzas vivas (Mons.Marini)

Vicepresidente

RCD

Vicepresidente

RCD-N

Secretario

Oposición

Vicesecretario

Gubernamental

 

 Los acuerdos previeron también las formación de unas nuevas fuerzas armadas por medio de la integración de las aportaciones de todos los beligerantes. Un propósito de enorme dificultad práctica, como se verá posteriormente.

 

2.2.     Fragilidad del proceso

 

Varios son los factores que han contribuido a que la transición haya sido un periodo repleto de incertidumbres:

2.2.1.      Un gobierno de fuerzas yuxtapuestas, sin cohesión, con intereses encontrados.

 

Más que un gobierno empeñado en la difícil tarea asignada en los Acuerdos para sentar las bases de una  reconstrucción de un país devastado, cada componente del mismo ha optado por conservar los despojos del mismo. Sin duda, la figura de Joseph Kabila ha ido adquiriendo cierto peso, pero no el suficiente para imponer su autoridad como árbitro entre intereses contrapuestos, ya que su función de Jefe de Estado, por encima de los  llamados “componentes”, no siempre ha coincidido con la de líder, al mismo tiempo, del componente “entorno presidencial” y candidato del partido (PPRD, Partido del Pueblo para la Reconstrucción y la Democracia) creado para llevarlo a la presidencia tras la elecciones. Por otra parte, son muchos los que se preguntan sobre el poder y control real que Joseph Kabila tiene. La misma pregunta manifiesta que, tras la personalidad un tanto misteriosa y opaca de Kabila, existirían poderes reales que no se atreven a expresarse a la luz.

Si algo ha caracterizado este primer tramo de dos años de la Transición ha sido la insolidaridad y ausencia de visión compartida entre los llamados “animadores” de la misma.

 

2.2.2.      Pervivencia de conflictos e inseguridad en todo el Este

 

Dos años después de la instalación en Kinshasa de las instituciones de la Transición, el este de la RDC permanece fuera del control del poder central; son los grupos armados “incontrolados” los siguen imponiendo su ley. El ejército nacional, las autoridades administrativas, apoyadas por las fuerzas de la Misión de las Naciones Unidas (MONUC) no han logrado todavía imponerse y eliminar a las milicias. A lo largo de estos dos años, han ido llegando informes angustiosos enviados por diversas organizaciones de la sociedad civil (ONG, colectivos de defensa de derechos humanos, etc.) que además de denunciar actos concretos de explotación de los recursos mineros, de saqueos y matanzas, anunciaban la inminencia del estallido de una tercera guerra de “liberación” del Congo a partir, una vez más del este (Ituri y los dos Kivu). Estos movimientos sociales han denunciado con frecuencia la pasividad de la comunidad internacional y la inoperancia de la MONUC ante la evidencia de la implicación de Rwanda y Uganda en insurrecciones o rebeliones militares, en el apoyo, creación  y armamento de milicias privadas (como la del gobernador Serufuli de Goma, por ejemplo). Oficialmente tanto los militares rwandeses como ugandeses ya no están presentes en la RDC. Nada más lejos, sin embargo, de la realidad, afirma la población civil de estas zonas. Ha habido momentos de enorme tensión fronteriza entre Rwanda y la RDC, con gran concentración de tropas ruandesas. La defensa de los banyamulenge y la actividad desestabilizadora de las FARD (grupos armados hutu) han sido de nuevo factores de conflicto. Nada sustancialmente distinto a lo acaecido en años anteriores.

 

 

“ARMAS PARA EL ESTE DE LA RDC”

(Resumen del Informe de Amnistía Internacional, 5.07.2005)

 

Amnistía Internacional ha publicado el 5 de julio de 2005 el informe “República Democrática del Congo: armar el este”, que no hace sino confirmar evidencias. La zona de los Grandes Lagos constituye un mercado excelente para fabricantes y traficantes de armas. Sus datos, conclusiones, coinciden con lo que desde la sociedad civil congoleña se viene denunciando permanentemente. Últimamente, una película-documental, ha demostrado también que los aviones que diariamente cargan toneladas de filetes de perca en las factorías del lago Victoria, llegan a  esta zona no menos cargados de armas.

AI cita expresamente como implicados en la exportación de armas hacia el este de la RDC a los países siguientes: Suráfrica, Albania, Bosnia-Herzegobina, Croacia, Estados Unidos, Israel, República Checa, Reino Unido, Rusia y Serbia. Abundan ciertamente los países de Europa del Este, pero puede sorprender la presencia de Suráfrica, EEUU y Gran Bretaña, involucrados en el proceso de pacificación y a la vez abastecedores o facilitadores de los instrumentos que la hacen imposible.

El informe de AI cita concretamente a tres países receptores:

Rwanda:

- Desde finales de 2002 hasta mediados de 2003, ha recibido 400 toneladas de municiones Kalachnuikov, exportadas desde Albania y Serbia, con la contribución de sociedades israelíes, ruandesas, surafricanas y británicas; a mediados de 2004 se han realizado otras entregas desde Europa del Este.

- Como consecuencia de los nuevos acuerdos de asistencia militar entre EEUU y Rwanda, el gobierno americano aprueba en noviembre de 2004 el envío a Rwanda de 130 toneladas de armas y municiones desde Bosnia.

- Rwanda aporta un apoyo militar constante a los grupos armados en RDC, concretamente a RCD-Goma, involucrado en la explotación de los recursos naturales del país.

Uganda:

- En 2002, el gobierno ugandés no señaló a las Naciones Unidas la importación desde Croacia y Eslovaquia de armas por valor de 830 millones de euros.

- China donó vehículos militares en 2002.

- Hay pruebas concluyentes de que las autoridades militares ugandesas han abastecido de armas a diversos grupos  que controlan las zonas de explotación de minas de oro y las vías de comunicación.

La RDC:

- Se han suscrito acuerdos para el comercio de “armas contra diamantes” entre el gobierno de la RDC y empresas checas, israelíes y ucranias.

- Se ha probado que empresas de transporte están implicadas en el tráfico de armas entre la RDC y Liberia.

- 200 toneladas de armas han sido destinadas para armar a un grupo progubernamental en el Kivu-norte. Los aviones de transporten pertenecen a una firma surafricana, que también sirve a los soldados de la fuerza de mantenimiento de la paz de la ONU.

 

 

 

2.2.3.      Dificultades para la formación de un ejército nacional.

 

En el Acuerdo Global Inclusivo se estableció que en el periodo transitorio se crearían las fuerzas armadas congoleñas (Fardc) por medio de la mezcla o integración de cada uno de los ejércitos beligerantes. Así, se habló de que la RCD aportaría 40.000 hombres; el MLC, 22.000, las FAC (Fuerzas armadas congoleñas), 80.000; a estas cifras habría que añadir los “militares” que aportarían la RCD-N, la RCD-K, los Maï Maï, e incluso se previó en algún momento la integración de antiguos miembros de las FAZ (Fuerzas armadas zaireñas, mobutistas). Se ha creado centros de mezcla de ejércitos en Kamina, Kitona, Mushake, Luberizi, Kisangani, pero cada componente ha tratado de guardar al menos parte de sus tropas, las más experimentadas,  sin presentarlas a la integración; han preferido enviar a los campos de integración a elementos sin preparación, reservando a sus tropas de elite. Ha habido también elementos, sobre todo en el Kivu, que sólo han aceptado integrarse en las nuevas fuerzas armadas a condición de permanecer en su provincia, lo que se ha traducido en enfrentamientos gravísimos en Kanyabayonga, donde se formaron brigadas autónomas. La integración tampoco ha afectado a una brigada de elite del componente gubernamental.

 En estos dos años se han producido episodios, que si no hubieran sido dramáticos en más de un caso, parecerían de opereta. Como el de un coronel en Bukavu que trató de detener y asesinar a un general enviado por Kinshasa. Coroneles y generales, ligados a la RCD en los Kivu, que han rechazado integrarse o acudir a nuevos puestos para los que habían sido nombrados. A finales de mayo y primeros días de junio de 2004, el coronel Jules Mutebusi, que dice defender a los banyamulenge, se enfrenta en Bukavu al ejército oficial; va en su ayuda y socorro el general Nkunda. Mutebusi se refugió con los suyos en Rwanda, mientras Nkunda se hace fuerte en una localidad, donde sigue con sus tropas. Episodios de este tipo han sido frecuentes.

Nadie sabe exactamente cómo se está desarrollando la operación de integración. EEUU, La Unión Europea, Bélgica, Angola, Suráfrica, están colaborando en la formación del nuevo ejército. Alguna brigada es ya operativa y está actuando en Ituri con los cascos azules de la MONUC, en la tarea de neutralizar las diferentes milicias que siguen actuando en la zona. Ya han salido de los centros de integración 3 brigadas, pero, al parecer, sería necesario que para el 31 de diciembre de 2005 la integración en 15 brigadas fuera una realidad, como primer núcleo importante de las futuras Fardc.

Esta cuestión tiene enorme importancia tanto en estos momentos de la transición como en el periodo postransición. Las informaciones rebelan que los ex-beligerantes conservan cada uno su capacidad militar y todo indica que no han cortado el cordón umbilical que los liga a sus antiguos padrinos (Uganda y Rwanda). El peligro de que no acepten el resultado electoral y de nuevo intenten un golpe de fuerza es evidente. Es significativo que hasta Condoleezza Rice, Secretaria de Estado de EEUU (potencia amiga de Uganda y Rwanda), haya confirmado en la subcomisión de asuntos extranjeros del Senado americano (12 de mayo de 2005) que Rwanda y Uganda siguen ayudando a sus aliados congoleños para desestabilizar la RDC, que ha pedido repetidas veces a estos dos países que cesen en este apoyo militar y que ha solicitado a Suráfrica que haga saber a Kigali y Kampala “dónde deben estar sus ejércitos” (fuera de la RDC): “Como ustedes saben, fuerzas externas se emplean en la desestabilización de la RDC. Y, así, intentamos conducir a rwandeses, ugandeses y otros a saber dónde se encuentran sus ejércitos y a abstenerse de intervenir en RDC, a no apoyar al RDC-Goma y a las milicias que fomentan disturbios en el Congo. Nuestra función ha consistido a tratar de hacer frente realmente a este problema”.

 

2.3. Presiones internacionales: EEUU, UA, UE; protagonismo de Suráfrica (Mbeki). El CIAT (Comité Internacional de Acompañamiento de la Transición, compuesto por representantes de los Cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU – China, EEUU, Francia, Reino Unido, y Rusia – y de Suréfrica, Angola, Bélgica, Canada, Gabon, Zambia, UA, UE y MONUC).

 

La necesidad de lograr un estabilidad en una zona estratégicamente y económicamente importante ha empujado a la llamada comunidad internacional a intervenir decididamente en el proceso de transición congoleña. Kabila padre, como queda dicho, dejó pronto de ser el hombre fiable para los intereses occidentales. Sin embargo, Kabila hijo debe en gran parte su liderazgo al apoyo y reforzamiento de su figura por parte de occidente. Es legítimo preguntarse hasta cuándo durará esta confianza. La CIAT se ha convertido en un organismo entre asesor-vigilante-protector-censor de la transición. Las visitas de los ministros de Asuntos Exteriores de Bélgica (Karel De Gutch), Francia (Michel Barnier), las de representantes de la Comisión Europea (Louis Michel, Javier Solana), para interesarse e influir en el proceso han sido frecuentes. También parece que tanto el presidente ugandés Museveni como el de Rwanda, Kagame, han sido llamados regularmente “a consultas” por Washington para recibir instrucciones y moderar sus apetitos expansionistas y expoliadores, origen de la permanente inestabilidad en el este de la RDC. Las rivalidades entre Kampala y Kigali han sido frenadas y moderadas por Gran Bretaña. La ONU ha enviado tropas al este para tratar de desarmar a las numerosas milicias que siguen operando en los Kivus y en Ituri. Su actuación ha sido muy polémica y criticada por la sociedad civil de estas zonas. Las tropas de la MONUC han cometido muchos abusos sobre la población civil, incluso violaciones de mujeres y muchachas congoleñas, y han sido acusadas de ineficacia y hasta pasividad a la hora de controlar y eliminar a los grupos armados locales. En los meses de mayo y junio se han mostrado sin embargo más eficaces en su misión.

Habría que añadir la ayuda económica que los gestores de la transición han recibido en estos años, expresión de la apuesta firme de la comunidad internacional por una solución definitiva a la inestabilidad. Esta ayuda, sin embargo, es sentida por muchos congoleños como uno de los factores de la lentitud y retraso en el proceso, ya que el ciudadano simple ha comprobado que “la transición es una mina y la clase política surgida de los acuerdos no tiene interés alguno en renunciar a ella para afrontrar unas elecciones en las que puede perder todo”.

Debe destacarse el protagonismo del presidente de Suráfrica, Thabo Mbeki, durante todo este periodo. Ha sido, sin lugar a dudas, el gran padrino e impulsor de la transición. Se recordará que ya Mandela, en abril-mayo de 1997, trató de que se produjera algún tipo de acuerdo entre Mobutu moribundo y Laurent Kabila. Suráfrica albergó múltiples reuniones entre beligerantes y el Acuerdo Global Inclusivo fue firmado en Pretoria en diciembre de 2002. Thabo Mbeki se convirtió en el garante y guardián de su cumplimento. Los distintos sobresaltos que han caracterizado al proceso de transición, tantas veces al borde del naufragio, han encontrado solución en  la presión, el consejo y la mano apaciguadora de Suráfrica. Un capítulo más del liderazgo que el país de Mandela quiere ejercer en África subsahariana. Tampoco puede ocultarse que el capital y las empresas surafricanas tiene intereses crecientes en la RDC y que la expectativa de grandes  beneficios económicos acompañan  a la intervención diplomática y al éxito político alcanzado por la eficaz mediación.

Contrasta esta actividad con la pasividad y silencio , si no activa complicidad, frente a las tragedias que se sucedieron en tierras congoleñas de 1996 a 2003. Todo parece indicar que la comunidad internacional optó deliberadamente por cerrar los ojos, más preocupada por sacar provecho futuro del caos congoleño que por defender el derecho internacional y los derechos humanos pisoteados. Resulta muy significativo y profundamente escandaloso que hasta febrero de 2000 la ONU, a través del Consejo de Seguridad, no reconociera lo que era una evidencia, la agresión, ocupación y saqueo  por parte de Uganda y Rwanda de casi la mitad del territorio congoleño. Aun así, posteriormente, países como EEUU, Bélgica y Gran Bretaña  han mantenido durante largo tiempo no sólo impasible frente a la tragedia, sin que los agresores identificados recibieran sanción alguna,  sino que han seguido apoyando y avalando a los gobiernos de Kampala y Kigali, con los que persisten en conservar relaciones privilegiadas en la región de los Grandes Lagos. Así, se aceptó con toda normalidad que los ejércitos de los agresores se batieran a muerte en territorio extranjero (en Kisangani) y que los principales causantes del caos congoleño se convirtieran en piezas clave de su solución.

 

2.4.Una nueva Constitución:

 

El 17 de marzo de 2005 el Senado aprobó en primera lectura la nueva Constitución, que debe sustituir a la elaborada para la transición en Pretoria  en el marco del Acuerdo Global Inclusivo, el 5.03.2003 y promulgada el 4.04.2003. El Senado la trasladó a la Asamblea Nacional, que tras debate la aprobó el 13 de mayo por 348 votos a favor, 5 en contra y 8 abstenciones. En ambas cámaras los debates fueron muy tensos, prolongados y paralizantes. En este proceso de elaboración (lo mismo que en todo el periodo de transición) han jugado un papel decisivo las presiones internacionales, así como las advertencias, reproches e impulsos de las Iglesias. El último empujón, como en tantas otras ocasiones, ha venido de Thabo Mbeki, gran padrino de la transición, invitado a la ceremonia de proclamación de la nueva constitución, el 16 de mayo. Las cuestiones que más tiempo, palabras, amenazas, tensiones, parálisis, bloqueos etc... han generado son las siguientes:

2.4.1.      ¿Régimen presidencial, semi-presidencial, parlamentario?

Las posiciones eran muy contrapuestas. El parlamentarismo puro fue desechado por la necesidad de un liderazgo fuerte de carácter nacionalista para evitar el riesgo de arreglos entre barones territoriales o representantes de regiones. La experiencia de un presidencialismo fuerte evocaba la dictadura, el monopolio absoluto del poder, de tan desastroso recuerdo. La opción ha sido establecer un régimen semi-presidencialista: un Presidente elegido por sufragio universal directo por 5 años, renovables una sola vez. El Presidente nombrará al Primer Ministro de entre los miembros de la mayoría parlamentaria; podrá destituirlo; podrá disolver la Asamblea. El Presidente y el Gobierno definirán la política nacional.

2.4.2.      ¿Estado unitario, descentralizado, federal?

La enormidad del país, la diversidad interna, la lejanía de Kinshasa, la falta de infraestructuras de comunicación, un pasado de tensiones Inter.-regionales y hasta de secesiones, son factores que en principio harían de la fórmula federal como la más adecuada para la organización del Estado congoleño. Sin embargo, ya desde los tiempos del mítico Patrice Lumumba, ha existido en el Congo un nacionalismo-patriota que ha arraigado en los congoleños. Este sentimiento de pertenecer, más allá de la diversidad étnica, a una comunidad que se debe mantener en su integridad, ha quedado muy reforzado frente a los intentos, reales o supuestos, de Uganda y Rwanda (sobre todo de Rwanda) de ocupar y anexionar parte del territorio congoleño. Por otra parte, el recuerdo de que tras los intentos pasados de secesión (Katanga) siempre han estado intereses de potencias extranjeras perdura. La “amenaza exterior” es un poderoso aglutinante para reafirmar la unidad nacional. Así, hasta los más federalistas proclaman que la unidad de la nación y la integridad del territorio son incuestionables. Los unitaristas sospechan permanentemente que tras las razonables pretensiones de los federalistas se esconden intereses egoístas de “barones” locales o regionales e incluso ciertos entendimientos con Estados extranjeros (Uganda y Rwanda).

La Constitución adoptada define al RDC como un Estado unitario descentralizado y los federalistas han logrado que se hayan fijado 26 provincias en lugar de las ya tradicionales 11. Es también más que probable que este aumento de provincias y circunscripciones electorales se haya producido para satisfacer determinados poderes locales-regionales; esto es, agrandar la tarta del poder para que haya más para repartir.

 

2.4.3.      El tema de la “nacionalidad congoleña”.

 

Otra de las cuestiones más encendidamente debatidas ha sido el de la nacionalidad congoleña. Es muy significativo que esta cuestión tan “caliente” no afecte, sin embargo, más que a una pequeña parte de la población y se plantee únicamente, en un país donde conviven más de 400 etnias o comunidades, cuya nacionalidad congoleña nadie discute, con relación a los “banyarwanda” o ruandófonos. Las guerras últimas, la agresión de Rwanda y el padrinazgo de Kigali de la RCD-Goma (que participa en el gobierno de Kinshasa)  han exacerbado una controversia que viene de lejos, como luego resumiremos.

Un intelectual congoleño, Mabiala Matunda-Ngoma, afirma que “Las poblaciones ruandófonas (banyarwanda) del Congo son las perdedoras de la instrumentalización de la cuestión de la nacionalidad por el poder de Kigali. La guerra ha  hecho que en adelante sea más difícil que nunca que se acepte su nacionalidad congoleña”. Se recordará que en agosto de 1998, desde el entorno de Kabila, se lanzó una campaña anti-tutsi, como respuesta a la guerra lanzada por Rwanda. El 30 de junio, en Kinshasa, en una manifestación de apoyo a Kabila, dos cantantes conocidos llevan arrastrando dos cabras encarteladas; sus nombres: Déo Bugera, antiguo secretario de la AFDL, y Bizima Karaha, antiguo ministro de Asuntos Exteriores, ambos se habían unido a la rebelión del RCD-Goma; las dos cabras son degolladas y los artistas beben, ritualmente, su sangre. En noviembre de 2003, se vende en Kinshasa un álbum “Rwakabuba”, con un disco cuyo estribillo es “Rwakabuba, rwandés, Rwakabuba, rwandés”. Rwakabuba Shinga Cyprien es un tutsi de Rutshuru (Kivu-norte), personalidad política desde hace 45 años, actual senador de la componente “oposición política”, antiguo comisario del MPR (mobutista), antiguo diputado, ex ministro de Educación y de Finanzas en el Kivu (1960-65), que es tratado de rwandés y “de dudosa nacionalidad”. Cuando el General Sylvain Buki, jefe de estado-mayor del ejército de tierra, entregaba la bandera de mando de la 8ª región militar (Kivu-norte) al general Obedi Rwibasira, se oyó a un grupo que gritaba: “No te la lleves a Rwanda”. En enero de 2004, Moïse Nyarugabo, presidente del grupo parlamentario RCD en la Asamblea, participaba en un debate en televisión junto con otro tres políticos. Se abordó el tema de la nacionalidad y uno de éstos le interpeló así “Moïse, ¿en qué eres tú congoleño? Mírame y mira a estos dos otros. Nosotros tres nos parecemos, tenemos la misma nariz, la misma cabeza, el mismo fenotipo. ¿Y tú te pareces a nosotros? No, tú no eres congoleño”.

Los ruandófonos se lamentan de ser tratados como congoleños de segunda categoría, reclaman los mismos derechos y, con frecuencia, acusan al resto de practicar una política de exclusión y hasta genocida hacia ellos.

Para Arthur Z’Ahidi Ngoma, actual vicepresidente del gobierno, se trata “de un verdadero-falso problema que se amplifica deliberadamente para justificar la guerra. Los congoleños de origen rwandés son congoleños y no veo quien podría negarles una nacionalidad ya antigua. Pero si se habla de rwandeses presentes en suelo congoleño, yo no veo por qué pretenderían una nueva nacionalidad congoleña. Los hay congoleños – incluyendo los que son designados tutsi congoleños – y los otros. No hay que confundir nacionalidad y necesidad de coexistencia pacífica entre dos países y dos comunidades nacionales”.

Para Azarias Ruberwa, vicepresidente de la RDC y líder máximo del RCD-Goma, en declaraciones de agosto de 2004, las etnias transfronterizas son una realidad frecuente en África  y el problema está resuelto en los acuerdos de 2002; se queja de que muchos congoleños mantengan una posición excluyente respecto a los banyamulenge, a pesar de que son tutsi congoleños desde hace generaciones. Persiste, sin embargo, entre los “autóctonos” la sospecha, al parecer fundada en datos objetivos, de que en estos últimos años la población tutsi banyamulenge y en general en los Kivu ha aumentado con “importaciones” desde Rwanda.

El nudo del problema está en los banyarwanda, sobre todo en los tutsi, que reclaman la nacionalidad congoleña de origen sin cortar el cordón umbilical con Rwanda, su país de origen; es lo que piensan muchos congoleños, a juzgar por el reclutamiento de tutsi de Kivu-norte y de tutsi banyamulenge en el ejército rwandés del FPR a partir de 1990 y posteriormente en las llamadas guerras de liberación de la RDC.

El Gobierno aprobó un proyecto de ley sobre la nacionalidad el 19 de julio de 2004; el ministro de Justicia Kisimba Ngoy lo presentó a las Cámaras. Este proyecto dice recoger lo pactado sobre la cuestión en el Acuerdo Global Inclusivo de 2002.Distingue la nacionalidad de origen (donde se centra la controversia) y la de adquisición. En las disposiciones generales afirma que “Los individuos pertenecientes a los grupos étnicos cuyas personas y territorio constituían lo que se ha convertido en el Congo (actualmente RDC) en la independencia son congoleños”. Cuando habla de la nacionalidad de origen, afirma: “Tiene la cualidad de congoleño de origen en los términos de la presente ley el hijo uno de cuyos progenitores – padre o madre – es congoleño; y todo individuo perteneciente a los grupos étnicos cuyas personas y territorio constituían lo que se ha convertido en el Congo (hoy RDC) en el momento de la independencia”. Más abajo distingue, dentro de la nacionalidad congoleña de origen, congoleños por “pertenencia”: “Es congoleño de origen toda persona perteneciente a los grupos étnicos cuyas personas y territorio constituían lo que ha llegado a ser el Congo (hoy RDC) en la independencia” (art.6), y congoleños por “filiación”: “Es congoleño desde el nacimiento el hijo  uno  de cuyos padres – el padre o la madre – es congoleño” (art.7).

Este proyecto, sometido a estudio y aprobación al Senado, primero, y luego a la Asamblea, dentro de la Constitución, provocó agrios y encendidos debates. El artículo aprobado establece que “Es congoleño de origen por pertenencia en fecha de 30.06.1960 toda persona uno de cuyos ascendientes es o ha sido miembro de una tribu o etnia establecida en territorio de la RDC en los límites fijados el 1 de agosto de 1885 y modificados por los convenios internacionales”. Representantes del componente Maï Maï abandonaron airadamente el pleno de la Asamblea al considerar que algunos “habían arrancado la nacionalidad por las armas”. Se ha creado una comisión mixta Asamblea-Senado para acordar la redacción definitiva.

 

2.4.4.      La edad del Presidente.

 

Otra cuestión que puede parecer nimia o menor pero que ha centrado y alargado las discusiones en el Senado y la Asamblea es la relacionada con la edad mínima que deben tener los candidatos a la Presidencia de la República.. El fondo del asunto está en que Joseph Kabila tiene 33 años y sus adversarios saben que en la carrera presidencial parte con ventaja, ya que se ha ido consolidando como líder de la unidad nacional y parece tener el aval internacional. Muchos senadores y diputados han querido fijar la edad mínima de los presidenciables en 45 años. Tras arduas y larguísimas discusiones se ha establecido la edad en 30 años, con lo que Kabila podrá presentarse. Este tipo de debates, con largos y documentados parlamentos, simbolizan el clima político y la “gran disposición” que los líderes congoleños muestran para abordar los complejos y delicados problemas generales del Congo.

La aprobación de la nueva Constitución ha significado un paso importante y decisivo para que la Transición pueda finalizar. Hay sin embargo una serie de leyes, concretamente la ley sobre referéndum y la ley electoral, que han tardado excesivamente en ser elaboradas, y que sin duda van a retrasar el proceso y son una de las causas de la prolongación de la Transición más allá del 30 de junio. Es muy sintomático que este retraso en la aprobación de leyes indispensables se convierta en el argumento utilizado por los mismos que lo generan para dinamitar la transición, descalificarla y deslegitimarla (algo así como “sangrar al enfermo para luego afirmar que está moribundo”).

La proximidad de los inevitables procesos electorales está también generando nerviosismo, tensiones, conflictos en la clase política. Todos tratan de colocarse para la salida. Las alianzas fluctúan y varían. Las luchas internas son intensas. La invitación del presidente Kabila, el día de la proclamación de la Constitución, a que cada “componente” de la transición haga una valoración de la misma y renueve si lo juzga necesario los dirigentes está provocando desgarros y enfrentamientos. El vice-presidente Z’Ahidi Arthur Ngoma, en representación de la componente Oposición política civil ,ha sido confirmado en su puesto el 31 de mayo en una asamblea agitada. Un día antes, el PPRD (Partido del Pueblo para la Reconstrucción y la Democracia) designó a Joseph Kabila como candidato del partido a la Presidencia.

En este clima de cierta incertidumbre, de veladas amenazas sobre posibles revueltas que podrían producirse después del 30 de junio, Monseñor L. Monsengwo Pasinya, arzobispo de Kisangani, Presidente de la Conferencia Episcopal, y antiguo presidente en los años 90 de la Comisión Nacional, ha lanzado un “mensaje de apaciguamiento” y ha invitado “a los actores de la transición a fijar las condiciones previas así como las fechas previstas para el referéndum constitucional y para las elecciones”, reclamando que “el calendario sea realista y factible”.

 

2.5.Fin de la transición: ¿30 de junio de 2005?; Prolongación del periodo de Transición

 

Según la Constitución de la transición, ésta debería durar 24 meses. Como el primer gobierno de la transición fue formado el 30 de junio de 2003, la fecha 30 de junio de 2005 se ha convertido para algunos partidos congoleños como una fecha tope; de ahí su ruidosa exigencia de que antes del 30 de junio deban celebrarse las elecciones y de que, caso de que no se celebraran, los dirigentes actuales de la transición se marcharan y dieran paso a un liderazgo nuevo surgido de un nuevo pacto. Esta posición la ha defendido con gran virulencia Etienne Tshisekedi y su partido UDPS (Unión Democrática por el Progreso Social). El “líder máximo”, como le llaman en Kinshasa, fue, como queda dicho, apartado de la gestión de la transición y sus protestas nacen de esa herida. Ante el fracaso de la fórmula 1+4, reivindica la legitimidad del Consejo Nacional Soberano (CNS), que ha primeros de los 90 le había designado Primer Ministro de la Transición; reivindica su legitimidad personal para conducir la nueva transición ante el fracaso de Kabila. Por su parte, Antoine Gizenga, líder del PALU, se remonta mucho más en el pasado, a 1960, para presentarse como heredero de la legitimidad primigenia surgida de la independencia, cuando fue vice-primer ministro de Lumumba.

La Comisión Electoral Independiente ya se pronunció sobre la imposibilidad de que pudieran celebrase en esa fecha, dado que ni la Constitución estaba lista, ni la ley electoral y sobre referendum, ni los recursos logísticos necesarios para el correcto desarrollo del proceso electoral. Esta posición ha dado lugar a agrios debates y hasta a enfrentamientos violentos en la calle. Los opositores, no representados por ninguna de las fuerzas que gestionan la transición, han denunciado al poder actual y a la clase política (senadores, parlamentarios, autoridades territoriales) de atrasar deliberadamente el momento de las elecciones, porque están cómodos en la privilegiada situación actual y temen  perder su poder (nacido de las armas) por medio del veredicto de las urnas. Pero, la misma constitución de la transición prevé su posible prolongación de al menos 6 meses. Ha sido la tesis que parece haberse  impuesto definitivamente y que el presidente Kabila anunció veladamente el 16 de mayo, el día de la promulgación de la nueva Constitución, ante diputados y senadores; lo que ha provocado violentos enfrentamientos, con varios muertos, en algunas zonas como Mbuji Mayi entre partidarios de Tshisekedi y fuerzas gubernamentales, repetición de lo acaecido en Kinshasa por los mismos motivos en marzo. El tono de la polémica entre líderes sube con gruesas descalificaciones y se anuncian grandes nubarrones a partir del 30 de junio. Ante la tensión creciente, la Iglesia católica ha hecho un llamamiento a apaciguamiento de los espíritus. Se habla de compra de machetes, grupos que se están armando. Tshisekedi ha matizado su postura anunciando únicamente una marcha pacífica para presionar a favor de su alternativa: volver a la legitimidad del Consejo Nacional Soberano.

El Abbé Malu, presidente de la Comisión Electoral Independiente (CEI) ya  había advertido con anterioridad que la prolongación de la transición iba a ser inevitable. El mismo Joseph Kabila, el 16 de mayo, reconoció que la transición exigía un nuevo impulso. El 15 de junio, Malu presentó formalmente a los presidentes de la Asamblea y del Senado, Olivier Kamitatu y Monseñor Marini respectivamente, la propuesta del CEI. Dos días después, diputados y senadores, en sesión conjunta, aprobaron dicha propuesta por 80/80 votos de senadores y 416/432 votos de diputados, “conforme al artículo 196.2 de la Constitución de la Transición”, que prevé la prolongación “por una duración de 6 meses renovable una sola vez, si las circunstancias lo exigen, a propuesta de la CEI y por medio de una decisión conjunta y debidamente motivada de la Asamblea nacional y del Senado”.

En principio la prolongación decidida es de 6 meses, pero como se verá, tácitamente se prolonga 12 meses.  Las razones aducidas para motivar la prolongación son claras y conocidas por todos: el entramado legislativo está incompleto; hay que preparar el referéndum constitucional; hay que movilizar recursos técnicos, económicos y humanos; en el este (Ituri y Kivus) reina la inseguridad y la autoridad del Estado no está restaurada; la integración de los ejércitos, de la policía y de los servicios de seguridad está pendiente.

La propuesta de la CEI, aprobada, incluye además una previsión de calendario:

2.5.1.1.  27.11.05 : referéndum constitucional.

2.5.1.2.  20.03.06: legislativas y 1ª vuelta de presidenciales.

2.5.1.3.  30.04.06: 2ª vuelta de presidenciales.

La transición terminaría con la investidura del Presidente de la República; es evidente que la prolongación va más allá de los 6 meses y que la fecha-frontera fijada es el 30.06.2006.

La reacción del UDPS de Tshisekedi y del PALU de Antoine Gizenga no se ha hecho esperar; siguen considerando como inconstitucional la resolución del Parlamento y reclamando nuevas negociaciones entre la fuerzas políticas y el inicio de una nueva etapa con nuevos gestores de la transición. El partido de Tshisekedi denuncia que la CEI no es sino un escudo protector de un gobierno que ha hecho todo lo posible, con su esquema 1 (presidente)+4 (vicepresidentes),  para

hacer fracasar una transición que debería culminar el 30 de junio. La UDPS acusa de ser marginada por maniobras de desprestigio que le imputan desórdenes. Grupos organizados de congoleños en el extranjero participan también de esta posición y presionan en el mismo sentido. No se excluye la organización de una marcha de protesta contra la prolongación.

El CIAT ha reconocido que la decisión sobre la prolongación era conforme a los dispuesto en el artículo 196 de la Constitución de transición firmada en el Acuerdo Global Inclusivo. Ha pedido al gobierno que acelere el proceso de integración de los ejércitos y dé muestras de eficacia en la solución de los problemas. Aplaude el inicio en numerosos municipios de las operaciones preelectorales como la de retirada de los carnés de electores que la CEI ha lanzado.

El jefe de la MONUC, representante del Secretario general de las Naciones Unidas y presidente de la CIAT, el norteamericano William Lacy Swing, el 22 de junio en rueda de prensa, ha expresado su satisfacción porque los textos esenciales (las leyes sobre nacionalidad, sobre partidos políticos, sobre el referéndum) para la celebración de las elecciones hayan sido adoptados y porque los partidos se hayan comprometido a observar un código de buena conducta durante el periodo electoral. Ha reafirmado el compromiso de la comunidad internacional para que el proceso democrático congoleño llegue a buen término, garantizando para este fin la ayuda de 400 millones de dólares. Ha lanzado una serie advertencia a quienes están creando un clima de crispación y amenaza de disturbios para el día 30 de junio y sobre el proceso de transición. A la pregunta de por qué la ONU está decidida a movilizar tantos recursos, el señor Swing responde  que porque este país ha conocido la tragedia más grave de su historia (3,5 millones de muertos, guerras sucesivas, 17 millones de desnutridos...) y también porque posee enormes riquezas.

En este contexto de gran tensión e incertidumbre,  la Conferencia Episcopal Nacional del Congo (CENCO) ha expresado su análisis de la situación y sus recomendaciones en un largo mensaje “a los fieles católicos y a los hombres de buena voluntad”, cuyos párrafos e ideas esenciales se transcriben:

 

 

¿POR QUÉ TENER MIEDO?

EL FUTURO DEL CONGO DEPENDE DE SU PUEBLO

MENSAJE DE LA CONFERENCIA EPISCOPAL

DEL CONGO (CENCO)

 

Preámbulo

  1. Reunidos del 20 al 22 de junio de 2005 en Asamblea plenaria extraordinaria, os dirigimos este mensaje sobre la situación actual caracterizada por la angustia de nuestro pueblo durante este periodo crucial de la Transición política. Nuestros compatriotas están confrontados con la incertidumbre del mañana, con la inseguridad creciente y con la miseria intolerable.

Por una evaluación sin complacencias de la transición

  1. Ya el 14 de febrero de 2004 habíamos denunciado la lentitud y la voluntad deliberada de prolongar la transición. No obstante, ponemos de relieve algunos hechos sobresalientes (positivos) que han marcada estos meses. (...) El camino que queda por recorrer sigue siendo largo, pero estos avances demuestran que es posible conducir la RDC hacia la democracia.
  2. Frente a los desafíos actuales, el pueblo necesita ser tranquilizado. Exige una evaluación sin complacencias de las instituciones con relación a los objetivos asignados a la transición. Hay que explicar las verdaderas razones de nuestras sucesivas e interminables crisis que han encerrado al Congo en un círculo vicioso. Habrá que explicar por qué las elecciones no han podido ser organizadas en el plazo primeramente previsto. Deben establecerse las responsabilidades sobre la lentitud del proceso y de sancionar a los verdaderos responsables. Se impone una evaluación rigurosa. Ello permitirá restablecer la confianza de los ciudadanos durante el periodo de la prolongación y podría significar un impulso nuevo.
  3. Para nosotros, el “esquema 1 + 4”, que desde el principio consideramos portador de conflictividad, así como la lógica de los componentes y entidades, la falta de voluntad política, la sed de poder, el no respeto de los textos legales, paralizan la cohesión nacional. Las instituciones de la transición se han convertido en cajas de resonancia de las familias políticas y un trampolín electoral. Desde nuestro punto de vista, sólo la instauración de un Estado de derecho y de un nuevo orden institucional surgido de las urnas pondrá fin a la crisis de legitimidad recurrente en nuestro país.
  4. El proceso de integración del ejército y de la policía no avanza. A la falta de medios logísticos se añade el peso de las pertenencias identitarias y partidistas. Los exbeligerantes siguen manteniendo un misterio sobre los hombres antiguamente bajo su mando. Parece que algunos incluso han acrecentado su aprovisionamiento en armas y municiones. El Programa DDR (Desarme-Desmovilización-Reinserción) tiene plomo en las alas. Por otra parte, algunos focos de tensión son alimentados por manos invisibles y por razones inconfesables, en el este del país, donde la violencia armada no sólo causa víctimas entre los combatientes o en los elementos de la MONUC, sino, sobre todo, en la población civil. Esta es una cuestión sobre la que la población necesita ver garantizada su seguridad.

Psicosis del 30 de junio

  1. Deploramos que las elecciones no se celebren el 30 de junio. Hay una controversia entre firmantes del AGC y no firmantes sobre la interpretación del artículo 196 de Constitución de la transición.
  2. Como consecuencia, en el horizonte del 30 de junio se perfila el espectro de una crisis profunda, que, a nuestro juicio, está provocada por el choque de dos posiciones intransigentes: la de quines mantiene una prolongación automática sin balance ni sanciones y la de quienes exigen el final de la transición y enarbolan la amenaza de la violencia y del caos.

Razones para el miedo

  1. Ante esta escalada de tensiones, la población congoleña ya ha se expresado sobre los límites de la fórmula 1+4 y sobre el retraso en la puesta en marcha del proceso electoral. La población ha lanzado una señal clara de desaprobación sobre la manera como se han llevado las cosas. Sería suicida minimizar este hartazgo, que ha durado demasiado.
  2. Se está poniendo en cuestión tanto el Acuerdo Global Inclusivo como las alianzas surgidas de este acuerdo. Las frustraciones de algunos actores políticos, el malestar social (impago de salarios a funcionarios, militares, inaccesibilidad de cuidados sanitarios, dificultades de transporte, gastos escolares a cargo de las familias), la falta de confianza en los gobernantes, la corrupción generalizada, el pillaje del patrimonio nacional forestal y minero, la ocupación pura y simple de partes del territorio nacional por extranjeros, la cultura de la impunidad en las estructuras del Estado, todo esto ha terminado por crear un malestar perceptible en todas partes.
  3. Mientras tanto, la inseguridad crece en Kinshasa y en otras partes: asesinatos, violaciones etc.. Todo parece indicar que el país no es gobernado. La visibilidad del Estado es apenas perceptible.
  4. La población tiene miedo de que estalle la violencia armada y de que se produzcan infiltraciones de tropas extranjeras; miedo de que se produzcan saqueos. Es la psicosis del 30 de junio.
  5. Cualquier parón significaría retrasar la esperanza de la organización de elecciones libres, justas y fiables. Hay que proseguir con coraje el proceso y redoblar esfuerzos para que se celebren elecciones democráticas creíbles.
  6. Por eso, denunciamos todas las maniobras de violencia y solicitamos de todos contención.

Necesidad del diálogo

  1. La necesidad de abrir una concertación entre las fuerzas sociopolíticas significativas para definir los términos de la prolongación de la transición es imperiosa. La concertación puede realizarse bajo la égida de una estructura  nacional ad hoc que colaboraría con la CIAT. Debería surgir un comité nacional multisectorial de seguimiento del proceso electoral.

Recomendaciones

  1. Todos convergen en la necesidad de elecciones, en la de establecer prioridades para el periodo de prolongación y en la de insuflar una nueva dinámica en las instituciones, cuyo objetivo prioritario sea la organización de las elecciones. No sería normal que las mismas situaciones deploradas antes del 30 de junio se reprodujeran después del 30.
  2. La elecciones no significan la erradicación mágica de la miseria, pero son un paso importante hacia el desarrollo. Actualmente no podemos pensar en los éxitos de la tercera república si no se logra el éxito de la transición. Hay que organizar urgentemente una campaña de sensibilización para explicar los motivos de la prolongación y para presentar las grandes líneas del calendario electoral. Es ésta una tarea del Gobierno, de la CEI, de las organizaciones civiles, de los partidos.
  3. Fijación de un calendario electoral consensuado.
  4. Urgencia en la adopción de medidas de seguridad.
  5. Dedicar los recursos públicos a la organización de las elecciones y a atenuar la miseria del pueblo.
  6. Intensificación del proceso de integración del ejército y policía. Continuación del programa DDR con implicación de la sociedad para la reinserción de excombatientes. Es preciso sustraer la tropa de los mandos e influencia de los exbeligerantes.
  7. La reconciliación nacional implica que la guerra termine, que los grupos armados sean controlados lo mismo que los disidentes. Mientras los exbeligerantes y una parte de los grupos armados incontrolados no renuncien a la guerra, la reconciliación no será posible y las elecciones quedarán comprometidas.
  8. La comunidad internacional debe mantener su apoyo para garantizar el buen desarrollo de las operaciones electorales. Exigimos a los países vecinos y a sus aliados que cesen de perturbar la paz y el proceso de transición. Declaramos una vez más a los poderosos de este mundo que la integridad territorial y la unidad nacional de la RDC no son negociables.

Función de la Iglesia durante la transición

  1. La Iglesia intensificará la formación de las conciencias y su campaña de educación cívica y electoral. Nos oponemos a toda forma de violencia. Lanzaremos un programa nacional de no-violencia y reconciliación. Reiteramos nuestro llamamiento a todos los congoleños y congoleñas al diálogo positivo, a la tranquilidad, a la paz, al apaciguamento de los espíritus.

Conclusión

  1. Frente al miedo, “¡Levantaos!, ¿no temáis!”. En efecto, el futuro del Congo depende de su pueblo.
  2. Confiamos nuestro país y nuestro futuro a la protección divina.

 

Kinshasa, 22 de junio de 2005

 

 

 

2.6.Balance del proceso de Transición

 

 

Habría que recordar los grandes objetivos que en enero de 2003 se habían fijado en el marco del Diálogo Inter-Congoleño (DIC):

    • Reunificación, pacificación y reconstrucción del país; restauración de la integridad territorial y restablecimiento de la autoridad del Estado en todo el territorio.
    • Reconciliación.
    • Formación de un ejército nacional reestructurado e integrado.
    • Organización de elecciones libres y transparentes en todos los niveles.

 

 

2.6.1.      Aspectos positivos.

    • Puesta en pie y funcionamiento de las principales instituciones del país: Gobierno, Parlamento, Senado, Tribunales.
    • Relativa afirmación de la autoridad del Estado sobre el territorio.
    • Inicio del programad DDR y de la integración de las fuerzas armadas y de la policía.
    • Espacio de libertad de expresión y emergencia de media privadas.
    • Reconocimiento de la soberanía del país por la comunidad internacional.
    • Voluntad de los organismos financieros internacionales en apoyar el programa de reconstrucción.
    • Promulgación, aunque tardía, de leyes sobre las instituciones y sobre cuestiones sensibles, como la de nacionalidad, identificación y enrolamiento de electores, funcionamiento de partidos.
    • Movilización de recursos en el ámbito internacional para celebración de elecciones.
    • Inicio de un proceso de consolidación de la paz en el ámbito regional por medio de la Conferencia de los Grandes Lagos.
    • Circulación de personas y bienes a través del territorio nacional.
    • Firma de acuerdos bilaterales y multilaterales.

2.6.2.      Aspectos negativos:

    • Déficit de liderazgo.
    • Falta de cohesión del gobierno.
    • Sospecha permanente entre componentes de maniobras dilatorias para hacer fracasar la transición
    • Retraso deliberado para que la transición termine el 30 de junio.
    • Retraso en la puesta en funcionamiento de un ejército integrado y reestructurado; resurgencia, como consecuencia, de violencias armadas en el este (Ituri y Kivus) y comportamiento belicoso de antiguos jefes de grupos armados, que ponen en peligro la transición.
    • Reaparición y retorno de los viejos vicios y prácticas del pasado: corrupción, desvío de caudales públicos, impunidad, compra de voluntades.
    • Dilapidación de las finanzas públicas con gastos desproporcionados; enriquecimiento de los mandatarios públicos, sólo preocupados en contentar a sus partidos, a sus milicias privadas.
    • Grandes deficiencias en la gestión
    • Un Parlamento “infiltrado”-“nucleado”- “infeccionado”  por las luchas entre componentes e incapaz de examinar los textos indispensables para las elecciones.
    • Instituciones ciudadanas también infiltradas por los conflictos entre los componentes.
    • Continuidad del pillaje de los recursos nacionales por redes internas y externas.
    • Existencia de bolsas de tensiones Inter-étnicas en el este que ponen en peligro la integridad del territorio.
    • Relaciones difíciles y tensas con algunos países vecinos que apoyaron a los antiguos beligerantes. Kinshasa y Kigali siguen sin intercambiar embajadores.
    • Desconfianza con relación a la MONUC, que no ha logrado imponerse.
    • Miseria generalizada, cargada de tensiones sociales que pueden explotar.
    • Degradación de los sectores educativos y sanitarios.

 

 

 

Ramón Arozarena

7 de julio de 2005

 

 

 

 

ANEXO I

 

RDCongo – Fechas -Cronología –

 

1960: 30 de junio, Independencia del exCongo belga. Joseph Kasavuvu es presidente de la República y Patrice Lumumba primer Ministro, Laurent-Désiré Mobutu, secretario de Estado y luego jefe de las fuerzas públicas..

Bélgica sigue manejando a la clase política. Se produce la secesión de Katanga, bajo el mando de Moïse Tschombe, apoyado por mercenarios, en contra de la ONU.

El 16 de septiembre se produce un golpe de Estado impulsado por Mobutu, aunque no toma personalmente el poder. Lumumba es separado del poder.

 

1961: El 17 de enero Lumumba es asesinado.  Bélgica, EEUU y Mobutu han intervenido.

 

1964: Estallan rebeliones nacionalistas más o menos revolucionarias. Antoine Gizenga en el Norte; Pierre Mulele en el Centro; Gaston Soumialot y Laurent-Désiré Kabila en el Este, con apoyo de Guevara. Paracaidistas belgas, mercenarios de Bob Denard, fuerzas dirigidas por Mobutu van controlando la situación. A finales de 1995 sólo queda un maquis residual en el Kivu, dirigido por Kabila.

 

1965: Mobutu neutraliza a Kasavubu y se hace con todo el poder.

 

1966. La oposición parlamentaria es laminada. Cuatro diputados, entre ellos el antiguo primer ministro Evariste Kimba, son colgados públicamente en Kinshasa.

 

1967: Creación del Movimiento Popular de la Revolución (MPR), partido único que se convierte en Partido-Estado tres años más tarde.

 

1968: Pierre Mulele regresa, tras la amnistía decretada. Es asesinado.

 

1971: El Congo se convierte en Zaire. Zairización, retorno a la autenticidad.

 

1977: Primera guerra de Saba. Marruecos y Francia ayudan a Mobutu a controlar exKatanga, invadido por antiguos gendarmes katangueños que se habían instalado en Angola.

 

1978: Segunda guerra de Shaba. Los gendarmes katangueños asedian Kolwezi. Interviene la legión extranjera francesa; el régimen se salva.

 

1982: Etienne Tshisekedi, antiguo ministro de Mobutu y 13 parlamentarios crean la Unión para la democracia y el progreso social (UDPS), partido opositor prohibido.

 

1991: El 7 de agosto comienza la Conferencia Nacional Soberana, que durará más de un año. En septiembre estalla el gran saqueo de Kinshasa.

 

1992: Depuración étnica en Shaba (Lubumbashi) y represión de la “marcha hacia la esperanza”. Año de luto para la democratización zaireña. Puesta en pie del Alto Consejo de la República (HCR), legislativo de la transición. Suspensión de la ayuda externa.

 

1993: Segundo saqueo de Kinshasa en enero. Centenares de muertos. ¡Dos primeros ministros!. Nueva moneda: el NZ, Nuevo Zaire.

 

1994: Refugio en el Kivu de mas de un millón de rwandeses hutu. Desestabilización de la zona.

 

1995: Kengo wa Dongo nombrado primer ministro. Dos años más de periodo de transición.

 

1996: Mobutu operado en Ginebra.

Inicio en Uvira de la rebelión de los banyamulenge (28 de septiembre)

Destrucción de los campos de refugiados hutu de Bukavu y Goma por el ejército rwandés.

Creación, muñida desde Kigali, de la Alianza de Fuerzas Democráticas para la Liberación del Congo-Zaire (AFDL). Está formada por:

  • la Alianza Democrática de los Pueblos (ADP) de Déogratias Bugera, tutsi congoleño.
  • Consejo Nacional de la Resistencia por la Democracia, de André Kisase Ngandu (que será eliminado en enero de 1997)
  • Movimiento Revolucionario por la Liberación del Zaire, de Masasu Mondaga.
  • Partido Revolucionario Popular (PRP) de Laurent Désiré Kabila.

Kabila es nombrado, en principio, sólo portavoz de la AFDL

Uvira, Bukavu, Goma en manos de los rebeldes.

10 de noviembre: Laurent-Désiré Kabila, jefe de la AFDL declara “en menos de un año estaremos en Kinshasa”.

El 17 de diciembre Mobutu, convaleciente, regresa a Zaire y anuncia una “contraofensiva fulgurante”.

 

1997:

El 7 de enero muere (¿asesinado?) en circunstancias no aclaradas el general Kisase (militar de prestigio que, al parecer, hacía sombra a Kabila.

Kisangani cae en marzo en manos del AFDL

Además de Rwanda y Uganda, Angola y Zimbawe entran en escena apoyando a Kabila.

En abril cae Lubumbashi.

El 4 de mayo, encuentro de Mobutu con Kabila en un barco surafricano en Pointe-Noire.

El 16 de mayo Mobutu se refugia en Gbadolite.. Marcha luego a Lomé, luego a Rabat, donde muere el 7 de septiembre.

El 17 de mayo el AFDL ocupa Kinshasa.

El 29 de mayo en el estadio Kamanyola, Kabila se proclama presidente de la República Democrática del Congo.

Promete elección de Asamblea Constituyente en junio de 1998 y elecciones generales en abril de 1999.

 

1998: Kabila decide relegar de los puestos dirigentes a rwandeses y ugandeses y expulsa a los militares de estos países, en junio-julio.

El 2 de agosto de 1998, tropas ruandesas y ugandesas invaden y ocupan el este de la RDC. Comienza “la 2ª guerra de liberación”. Los peones congoleños de esta nueva rebelión son el Movimiento de Liberación del Congo (MLC) de Jean-Pierre Bemba, apoyado por Uganda y la Unión Democrática Congoleña (RCD), una creación pura y simple de Rwanda, para presentar una cara congoleña-autóctona a la agresión. Los rebeldes fracasan en su pretensión de tomar Kinshasa, a causa del decidido apoyo de Angola, sobre todo, y Zimbabwe al régimen de Kabila.

El conflicto es calificado como “1ª guerra mundial africana”, ya que además de los países citados intervienen en ella Namibia (del lado de Kinshasa) y Burundi (del lado de la rebelión) y algunos países más.

La línea del frente se estabiliza: Ocupación (administración y saqueo) de casi la mitad del territorio congoleños por parte de los rebeldes.

 

1999 a diciembre 2002:

- Abril 1999: Roberto Garreton presenta un informe sobre violación de derechos humanos en RDC durante la 1ª guerra de Liberación. Tuvo grandes dificultades para realizar dicho informe.

Surgen disputas en RCD;  en mayo se produce la escisión Ernest Wamba dia Wamba se va a Kisangani y Émile Ilunga es presidente de RCD/Goma.

El Consejo de Seguridad condena, por la resolución 1234, la presencia en RDC de “fuerzas no invitadas”.

En Syrte, Libia, se firma un acuerdo de cese el fuego. No funciona.

Kabila disuelve la AFDL y crea los CPP (Comités de Poder Popular)

Mayo 1999: Se retiran las tropas (2000 soldados) Chadianas.

Alianza de RCD/K (Wamba) con MLC (Bemba)

Encuentro de tres movimientos rebeldes para compartir estrategias ante diálogo intercongoleño.

- Junio 1999: el 26 la RDC recurre ante la CIJ (La Haya) contra “la invasión del territorio congoleño por tropas burundesas, ugandesas y ruandesas el 2 de agosto de 1998”.

- Julio 1999: el día 10 de julio se firma acuerdo cese el fuego en Lusaka entre RDC, Uganda y Rwanda; pero los movimientos rebeldes no lo firman. El Consejo de Seguridad tarda hasta febrero de 2000 en designar a Rwanda y a Uganda como países agresores y violadores de la integridad territorial de la RDC; lo que exigiría la retirada de las tropas invasoras y la intervención de la ONU.

Bélgica, impulsora del acuerdo de Lusaka quiere mantenerse “neutral” a insiste, sin embargo, en propiciar el “diálogo intercongoleño” y la “reconciliación” del Congo con sus vecinos los agresores.

EEUU era abiertamente favorable a los países agresores Uganda y Rwanda, ya que, según los americanos, estos países están dirigidos por líderes que encarnan el nuevo “leadership africain” emergente en países como Etiopía, Eritrea, Uganda y Rwanda. No eran favorables a una intervención directa u operación de mantenimiento de la paz en el este.  Por otra parte, consideraban a Laurent-Désiré Kabila como el máximo responsable de los problemas de la zona

- Conflictos en Kisangani entre ugandeses y rwandeses.

- Agosto 1999: Bemba firma acuerdos de Lusaka

- Los días 14,15,16 de agosto: combates en Kisangani entre ugandeses y rwandeses, que terminan tras conversaciones entre Museveni y Kagame.

- El 31 las dos RCD firman acuerdos Lusaka.

- Diciembre 1999: Ketumile Masire (expresidente de Botswana) es designado “facilitador” del diálogo intercongoleño.

- Los distintos grupos rebeldes se ponen de acuerdo cara a la negociación.

 

- Febrero 2000: Las Iglesias organizan en Kinshasa encuentros, intercambios etc... para avanzar en la reconciliación. Los movimientos rebeldes no participan.

 

2001:

- El 16 de enero  Kabila es asesinado en su despacho por uno de sus escoltas, Rashidi; el ayuda de campo, coronel Fredy Kapend, sobrino de Kabila, elimina de un tiro al asesino. Kapend fue posteriormente detenido, juzgado y condenado por haber participado en el complot contra Kabila.

 

 2002:

 

- Se crea el Partido del Pueblo para la Reconstrucción y la Democracia (PPRD), en torno al presidente Joseph Kabila; inspiración nacionalista.

- El Gobierno y el MLC firman acuerdo (y reparto de poder) en Sun City.

- El RCD/Goma (Rwanda) promueve, en respuesta la ASD (Alianza para la Salvaguarda del Diálogo). Está Thisekedi en la alianza.

- En diciembre, día 17, firma en Pretoria del Acuerdo Global Inclusivo. Están todos.

 

2003:

 

- Enero: combates en Ituri entre grupos rebeldes

- El 7.01.2003, se monta la instancia DIC (Dialogue Intercongolais), pero ni MLC ni RCD/Goma participan... Se fijan los objetivos de la transición:

1)       reunificación, pacificación, reconstrucción del país; restauración de la integridad territorial y restablecimiento de la autoridad del Estado en el conjunto del territorio.

2)       Reconciliación.

3)       Formación de un ejército nacional, reestructurado e integrado.

4)       Organización de elecciones libres y transparentes en todos los niveles.

- Los Obispos invitan a los líderes a dejar de “ser la vergüenza del Congo”. “Los líderes dan la impresión de sentirse satisfechos con el statu quo actual que les permite disfrutar de dividendos...”

- El 5.03.2003, en Sun City (Suráfrica), está preparado el proyecto de Constitución para la Transición; el 2.04. se firma y culminan 19 meses de negociaciones;el 4.04, se promulga y el 7.04 Joseph Kabila jura la Constitución ante la Corte Suprema.

- Se crea una Comisión de Seguimiento, formada por el entorno presidencial, el RCD, MLC, RCD/ML, Oposición no armada y Sociedad Civil. En mayo, esta comisión presenta un calendario de instalación de las Instituciones de la Transición.

 - El 30 de junio de 2003, se forma el gobierno: Reparto del poder: 1 Presidente (Kabila) + 4 Vicepresidentes (1 del entorno de Kabila  -Yerodia Abdoulaye Ndombasi-, 1 del RCD –Azarias Ruberwa- sostenido por Rwanda, 1 del MLC –Jean-Pierre Bemba- sostenido por Uganda,  1 de la oposición civil Z’Ahidi Ngoma), cada uno como coordinador de un área. Grandes divergencias en el dossier ejército. El RDC/Goma se va de la comisión el 18 de mayo; vuelve en junio. Se forma una comisión mixta entre CIAT y la Comisión de Seguimiento para arreglar el tema.

- El 8 de julio, cada movimiento designa según lo acordado a sus diputados y senadores (en total 500 diputados y 120 senadores) y el 22 de agosto se instala el Parlamento de la Transición.

 

2004

 

- Del 13 al 15 de enero: primera visita de Thabo Mbeki

- 28 .03: Tentativa de desestabilización e Kinshasa, dominada por el grupo especial de seguridad presidencial (GSSP) y la policía.

- 31.03: El Secretario General de la ONU muestra su preocupación por “el reforzamiento de las facciones” en el interior del gobierno y por la persistencia de exacciones sobre la población civil en el este.

- 11.05: Nombramiento de gobernadores de las 11 provincias.

- 2-9 de junio: Bukavu (Kivu-sur) es ocupada por unos días por soldados disidentes mandados por el coronel Mutebusi, que es ayudado por el general Nkunda. Kabila acusa a Rwanda (donde Mutebusi se refugia); en Kigali dicen no tener nada que ver con la rebelión.

- 11 de junio: tentativa de golpe de Estado por militares de la guardia presidencial que anuncian “la suspensión de las instituciones de la transición”.

- 13 agosto: masacre de 160 tutsi congoleños en el campo de refugiados de Gatumba, Burundi. Cerca de la frontera congoleña. Rebeldes hutu burundeses del FLN reivindican las matanzas. Numerosas fuentes apuntan a que tanto milicianos congoleños Maï Maï como extremistas hutu rwandeses estarían implicados. Otras fuentes de la sociedad civil señalan que en el campo de refugiados se estaba preparando una operación de desestabilización contra la RDC.

- 1 de octubre: aumento de efectivos de la MONUC y ampliación de su mandato.

- 12 de diciembre: Combates, que durarán 10 días, en la región de Kanyabayonga (Kivu-norte) entre el ejército congoleño y soldados amotinados. Kinshasa acusa a Kigali de apoyar a los amotinados. Kigali niega que haya intervenido.

 

2005

 

- 10 de enero: manifestación en Kinshasa contra un posible retras de las elecciones. Al menos 4 muertos.

- 25 febrero: muerte de 9 cascos azules en una emboscada en Ituri.

- 30 de marzo: renovación del mandato de la MONUC hasta el 30 octubre de 2005.

- De enero a primeros de mayo, el Senado y la Asamblea Nacional debaten el anteproyecto de Constitución elaborado por una Comisión.

- La Comisión Electoral Independiente (el presidente abbé Malu) declara que se está produciendo un retraso en la elaboración de las leyes (Constitución, Electoral, etc. ) y normativas para realizar el censo y en la puesta en pie de medios logísticos que puedan garantizar que los procesos electorales se lleven a cabo adecuadamente, por lo que consideran que debería prolongarse el periodo de transición, tal y como, sostienen, está previsto en la Constitución misma pactada en Pretoria.

- Tshisekedi (UDPS) y Antoine Gizenga (PALU), reaccionan duramente y exigen que el 30 de junio termine la transición y que, ante la inoperancia y el estrepitoso fracaso de los gestores de la misma, se negocie de nuevo y se cree “un nuevo liderazgo” capaz de sacar adelante el país.  Manifestaciones, violencias, muertes en Kinshasa

- El 13 de mayo queda aprobada la nueva Constitución y el 16 en sesión solemne Senado-Asamblea queda promulgada, en presencia de Thabo Nbeki.

- El 16 de mayo, en la ceremonia de la promulgación el Presidente Kabila se compromete a llevar adelante el proceso de transición que culminará en elecciones libres y deja entrever que la transición se prolongará más allá del 30 de junio; sugiere también la necesidad de una remodelación de las instituciones de la transición para abordar el nuevo periodo.

- Se prevé que el referéndum ratificador de la Constitución se celebre en octubre o noviembre, con lo que las elecciones legislativas y presidenciales se retrasarían hasta 2006. Raymond Ramazani Baya, Ministro de Exteriores, declara que las elecciones se celebrarán “probablemente en 2006”.

- La polémica y tensiones a causa de la prolongación semi-anunciada crecen y en Mbuji Mayi se producen enfrentamientos graves con el UDPS. Las sedes del PPRD, del MLC, del RCD, son atacadas, por partidarios de Tshisekedi. El líder de la UDPS sigue reclamando que las instituciones de la Transición deben desaparecer el 30 de marzo y si no, habrá que derrocarlas en la calle. La fórmula 1+4 (de la transición)=0; son necesarias nuevas negociaciones para un nuevo orden constitucional después del 30 de junio. Miedo y psicosis respecto a lo que puede suceder después del 30 de junio. Los líderes políticos de los diversos “componentes” se lanzan duras descalificaciones y la tensión aumenta.

- 18 de mayo: Ante la tensión creciente entre las fuerzas políticas  y el riesgo de implosión catastrófica , el “Colectivo cristiano por las Elecciones 2005” (CIAM-KIM-GROUPE AMOS-MIEC-MIIC-RODHECIC-IKOLO YA BONDEKO) “invita a todos los actores políticos a sentarse alrededor de una mesa, evaluar sin miramientos el periodo de transición y comprometerse a alcanzar el objetivo fundamental: llevar al pueblo a unas elecciones libres, democráticas y transparentes”.

- 14 de junio: adopción de la Ley sobre referéndum.

- La Alianza Nacional de Autoridades Tradicionales del Congo (ANATC) se muestra dispuesta a intervenir para rebajar tensiones y aportar “sabiduría”.

- 15-17 de junio: El Abbé Malu Malu, presidente de la Comisión Electoral Indenpendiente (CEI) entrega a los presidentes de la Asamblea (Kamitatu ) y Senado (Marini) su propuesta de prolongación de 6 meses de la Transición. Malu defiende su propuesta ante diputados y senadores reunidos en sesión conjunta. 80/80 senadores, 416/432 diputados aprueban la propuesta de la CEI. Se aprueba también el calendario previsto por la CEI: 27.11.05=referéndum constitucional; 20.03.06=legislativas y 1ª vuelta de presidenciales; 30.04.06=2ªvuelta de presidenciales. Estos significa que tácitamente la Transición se prolonga 12 meses.

- El PALU (Gizenga) y UDPS (Tshisekedi) expresan su oposición y reiteran sus planteamientos.

- 20 de junio: comienza el proceso de entrega de certificados e identificación de electores. En Kinshasa se alistan masivamente muchos ciudadanos desde el primer día.

- 21 de junio: El Comité Internacional de Acompañamiento de la Transición (CIAT) considera acorde con la constitución de la transición la prolongación decidida por el Parlamento a propuesta del CEI, pero insta a las instituciones a mostrar una mayor eficacia y a acelerar el proceso.

- 22 de junio: conferencia de prensa del Presidente del CIAT y patrón de la MONUC, William Lacy Swing. Garantiza el apoyo decidido de la comunidad internacional al proceso electoral, se alegra de que los textos legales vayan aprobándose y apela a la responsabilidad de todos para evitar disturbios. Kofi Annan pide que se respeten las decisiones parlamentarias y se acelere el proceso electoral estableciendo un calendario estricto.

- 22 de junio: La Conferencia Episcopal Nacional del Congo lanza un mensaje (“¿Por qué tener miedo?”) en “este periodo crucial” en el que critica severamente a los gestores de la transición, insta a todas las fuerzas al diálogo y hace un llamamiento a la tranquilidad y apaciguamiento para que las elecciones se desarrollen libremente.

- 22 de junio: el Presidente Kabila reúne a una comisión gubernamental para que presente a la sociedad una evaluación y balance de la transición.

- 23 de junio: promulgación de la ley sobre referendum.

- Se producen cambios en la jefatura militar de los grupos armados rebeldes hutu, FDLR. El nuevo jefe reafirma la validez de lo acordado por el FDLR el 31 de marzo en San Egidio (Italia). La Unión Africana se compromete a implicarse más decididamente en la eliminación de los rebeldes hutu.

- En la última semana de junio, Denis Sassous Ngesso (presidente de Congo-Brazza), emisarios de Thabo Mbeki, Durao Barroso (UE), visitan Kinshasa con el propósito de moderar a los líderes que se oponen a la prolongación de la Transición e instar a las autoridades a cumplir los compromisos electorales.

- El presidente Joseph Kabila presenta las conclusiones de una auto-evaluación de la Transición, fruto del trabajo de reflexión de un seminario gubernamental organizado al efecto. Balance excesivamente complaciente a juicio de la oposición y de algunos observadores (“la montaña ha parido un ratoncillo”), a pesar de las recomendaciones previas presidenciales de autocrítica. El presidente anuncia cambios profundos en plazo de unos días.

El 29 de junio, en la sesión 5218, el Consejo de Seguridad toma nota de la decisión de prolongación de la Transición, llama a todos los congoleños a respetarla, exhorta a los líderes a que se abstengan de acciones perturbadoras e insta a las instituciones a acelerar las reformas pendientes y a esforzarse para que culmine con éxito la transición, en el respeto al calendario fijado por la Comisión electoral independiente.

El 30 de junio, 45 aniversario además de la independencia, fecha en que se temían serios desórdenes, transcurre con relativa calma; se producen, sin embargo, algunas manifestaciones disueltas y reprimidas enérgicamente.

 

 

 

ANEXO II

 

La nacionalidad congoleña

Una controversia actual con raíces en el pasado

 

Tras la Conferencia de Berlín y el reparto de África (1885), Leopoldo II de Bélgica aglomeró a centenares de tribus bajo la designación Estado Independiente del Congo (EIC). Tienen la nacionalidad congoleña los nacidos en el Estado de padres congoleños (decreto de 1892).

En 1908, el EIC pasa a ser colonia de Bélgica y los “indígenas” no son ciudadanos del Estado sino que son miembros de una tribu regulados según el derecho consuetudinario.

Con la independencia en 1960, hay un vacío respecto a la nacionalidad. La Constitución de Luluabourg define la nacionalidad y en 1965 se elabora una ley al respecto, pero el golpe de Estado de 1965 deroga la Constitución de 1964. La Constitución de 1967 retoma los criterios de la de 1964 y define la nacionalidad de origen por el principio de pertenencia tribal, sobre la base de la pertenencia de los ancestros a una de las tribus o secciones de tribus instaladas en el territorio desde (antes) 1885.

El artículo 15 de la ley de 5 de enero de 1972 dicta: “Todas las personas originarias de Rwanda-Urundi que estaban establecidas en la provincia del Kivu el 1 de enero de 1950 como consecuencia de una decisión de la autoridad colonial y que han seguido residiendo desde entonces en la República hasta la entrada en vigor de la presente ley  han adquirido la nacionalidad de origen en fecha de 30 de junio de 1960”. Los políticos congoleños consideran esta disposición como resultado de la influencia sobre Mobutu de su director de gabinete, el rwandés Barthélemy Bisengimana.

En 1981, al parecer, un grupo de “pueblos de origen rwandés en Zaïre” envía una carta al Secretario General de la ONU en la que se pide el derechos “a crear un Estado separado e independiente en el Kivu-norte”. Se plantea de nuevo el tema de “quién es zaireño y quién no lo es”. Los parlamentarios del MPR (partido-Estado) adoptan una nueva ley el 24 de junio de 1981, en la que en el artículo 4 se establece que “Es zaireño de origen con fecha de 30 de junio de 1960 toda persona uno de cuyos ascendientes es o ha sido miembro de una de las tribus establecidas sobre el territorio de la República en sus límites del 1 de agosto de 1885 y modificados por las Convenciones posteriores”. Queda derogada la de 1972 y concretamente el artículo 15 en el que había una disposición específica a los banyarwanda. Éstos pierden la nacionalidad salvo si, como el resto de congoleños, demuestran que sus ancestros vivían en territorio congoleño antes de 1885

Los especialistas demuestran que las etnias existentes en Rwanda han existido y existen en el Congo antes de 1885 y, desde luego, en el momento del trazado y fijación de las fronteras en 1910; reconocen, en concreto, a “los nilóticos”. La controversia se centra en los inmigrantes posteriores.

 

1. Posición de los congoleños “autóctonos”:

 

1.1.  Inmigración de los banyarwanda

 

La administración colonial belga llevó a cabo una política deliberada de emigración de rwandeses hacia el Congo. En los años 1930, decidió el traslado de miles de rwandeses, con el doble objetivo de aligerar la densidad demográfica de Rwanda y de proveer de mano de obra a las numerosas plantaciones de lo colonos belgas en el Kivu y a la industria minera de Katanga. Se trata de los inmigrantes llamados de la Misión de Implantación de Banyarwanda (MIB) entre 1937 y 1955.

Posteriormente se produjeron nuevas oleadas de inmigrantes, debido a las turbulencias político-étnicas ruandesas, entre 1959 y 1962 y en 1973, sobre todo.

Mubutu favoreció la ascensión de los banyarwanda con un trato privilegiado. El caso más relevante es el de Barthélemy Bisengimana, que en 1969  ocupó el puesto de director de gabinete de Mobutu. Fue uno de los impulsores de la ley sobre nacionalidad de 1972 y de la “zairización” de la economía, lo que introdujo a muchos banyarwanda en grandes negocios agrarios y comerciales, sobre todo en el Masisi y Rutshuru (Kivu-norte).

1.2.  Ambiciones hegemónicas y anexionistas de los “Banyarwanda”

Muchos analistas estiman que las condiciones en que se produjo la inmigración de los banyarwanda y el éxito de éstos en el Congo está a la base de la hostilidad de los que se consideran únicos autóctonos; según los cuales los banyarwanda buscarían dominarlos.

Ya en los años 50 la administración belga se lamentaba de no poder gobernar bien a los rwandeses en el Congo. Según un informe de un jefe tradicional, citado por Jean-Claude Willame, “los rwandeses son arrogantes, desprecian a los nacionales, no quieren casarse con congoleñas ni quieren que los congoleños se casen con su muchachas”. Reyntjens añade que “se constata que esta comunidad es consciente de ser una diáspora, acepta difícilmente integrarse y muestra una hegemonía  que es mal aceptada por ‘los autóctonos’”.

Los conflictos inter-étnicos, muchas veces violentos y sangrientos, entre, por un lado, hunde, tembo, nyanga, nande, y, por otro, banyarwanda, han sido frecuentes: guerra llamada de “kanyarwanda” en 1964, guerra del Masisi, en 1993, desplazamiento masivo de tutsi hacia Rwanda (Byumba, Kibuye) en 1996, por no citar más que tres momentos especialmente dramáticos.

El cuestionamiento de la “congoleñeidad” de muchos ruandófonos instalados en el Congo, ha adquirido especial virulencia a partir de 1998. En páginas anteriores ya se ha señalado el resentimiento anti-ruandés que se ha convertido en seña de identidad para muchos congoleños. También la instrumentalización de los banyamulenge (que no son ninguna tribu o etnia, sino tutsi de origen rwandés instalados desde hace mucho tiempo en las montañas Mulenge) por parte de Rwanda.  Sea o no cierta la existencia de un elaborado plan de anexión por parte de Rwanda de los Kivu, el hecho es que muchos congoleños, sobre todo los que más directamente han sufrido y soportado la ocupación ruandesa, están plenamente convencidos de que el proyecto último de Rwanda es desintegrar la unidad de la RDC y hacerse con el control directo o indirecto de gran parte del este (los Kivu y hasta la Provincia oriental). Los ruandófonos, sobre todo los tutsi, serían los peones congoleños indispensables para esta empresa expansionista; de ahí la sospecha  y acusación de que éstos juegan con una doble nacionalidad; exigen la congoleña, pero colaboran con su otra nacionalidad, la ruandesa, de origen. Entran en la categoría de congoleños de “nacionalidad dudosa”. Los más radicales entre los “autóctonos” no dudan en denunciar que en la cúpula de las Instituciones de la Transición de la RDC hay muchos extranjeros (alusión directa a los tutsi ruandófonos).

El general Kayumba Nyamwasa, uno de los hombres fuertes del régimen tutsi de Kigali, habría dicho (según un informe de los servicios de inteligencia)  en una reunión el 2 de febrero de 2004, en Rugwiro: “...los congoleños olvidan enseguida, en cuanto se les da dinero y un trabajo decente; no se preocupan de sus compatriotas asesinados o masacrados en la guerra...  Por un lado, contentémonos con nuestros elementos del RCD que ocupan lugares muy importantes en el gobierno y nos facilitarán alcanzar nuestros objetivos. Tenemos al vicepresidente, a los senadores y a los diputados que pueden adoptar o rechazar decisiones a nuestro favor. Tenemos a otros en el Estado-Mayor que garantizan los ejes de comunicación, aunque hay elementos de Joseph Kabila, son menos fuertes que nuestras fuerzas del RCD... Dado que el RCD no es preferido por la mayoría de los congoleños, cuando es a través de él como nosotros avanzamos en nuestros planes, debemos hacer todo lo posible para impedir que las elecciones tengan lugar en RDC, ya que si se celebran, todos nuestros planes fracasarán y nunca podrán realizarse. Ésa es la razón por la que durante nuestro mando durante 7 años en Rwanda debemos explotar las riquezas de la RDC, para preparar con inteligencia la guerra cuyo fin es dividir el Congo en federaciones; así podremos conquistar el Kivu y Kisangani; una vez anexionada esta parte a Rwanda, estaremos seguros de que Rwanda nos pertenece”. ¿Se trata de una intoxicación cuyo objetivo es criminalizar a los ruandófonos?

 

2. Posición de los ruandófonos congoleños

 

La comunidad congoleña ruandófona del Kivu-norte publicó, en febrero de 2004,  un largo memorando, titulado “Proceso de reunificación de la RDC: Ninguna posibilidad de culminarlo sin el reconocimiento del derecho de todos los congoleños a la igualdad de derechos”, firmado por Ntazira Félicien y François Gachaga.

Ponen de manifiesto que la exclusión de los ruandófonos sigue viva y tenaz, aportando datos de la actualidad.

Hacen un recorrido del pasado excluyente, desde los años 50, cuando en 1959 el gran jefe Kalinda pidió a las autoridades coloniales del Kivu que los inmigrantes no tuvieran el derecho a ser elegidos y no tuvieran tampoco derecho a voto para las elecciones de mayo de 1960. Otros jefes no le siguieron, argumentando que los banyarwanda representaba al 80% de la población de sus circunscripciones y habitaban la región desde tiempo atrás. Denuncian que en 1962, los representantes de los nande y nyaga hicieron llegar a Kinshasa la acusación de que los banyarwanda deseaban integrar el Kivu a Rwanda, por lo que reclamaban que no tuvieran derecho al voto. Recuerdan la guerra “kanyarwanda” y las masacres perpetradas contra los ruandófonos por los nande, hunde y nyaga, en los años 1960. Ponen de relieve que el Kivu-norte siempre ha sido dirigido por gobernadores (sobre todo gobernadores asesinos, dicen) no-ruandófonos.

El memorando concluye: “Los compatriotas que siguen pensando que los ruandófonos del Kivu son “sub-congoleños”, se equivocan. Los ruandófonos rechazan caer en ese juego y desean que los otros congoleños compatriotas, preocupados por la unidad de su país en la diversidad de sus culturas adopten la misma actitud. Sea como sea, tienen en el presente suficiente experiencia para poder defenderse solos por todas las vías del derecho. Velarán en adelante para que nadie venga a turbar su paz o su determinación para desarrollarse gracias a su trabajo encarnizado en todos los terrenos. No aceptarán jamás que alguien trate de desestabilizarlos o de poner en peligro su seguridad colectiva”.

 

 

Tribus/Etnias de la RDC

* Kinshasa: Humbu, Teke

* Bajo-Congo: Kongo (muntandu,mundibu, mumbata, manianga, musingombe, manteke, mumboma,muyombey muwoyo)

* Bandundu:  pupende, muyaka, muyansi, mumbala, musakata, mumboma, mutshokwe.

* Kasaï occidental:  mulula (luba), mukuba, mutshokwe, mushilele, mulunda.

*  Kasaï oriental: muluba, mushonghye, mukanyok, mukanintshuna, mutetela.

* Katanga: Muluba, mubemba, muhemba, musanga, mutshokwe, mutabwa, muruwundu.

* Maniema: mutetela, mukusu, mubangubangu, mukumu, muzimba, mulega.

* Kivu-sur: bashi, mulega, mufulero.

* Kivu-norte: munande, munyanga, muhunde, mukumu, munyarwanda (inmigrantes)

* Provincia oriental: lokele, topoke, mumbole, mulengola, mutuku, musoko, mozande, muboa, mungbeto, alur, logo, lugwara, hema, lendu, wagenia, pigmeos.

* Ecuador: mongo, budja, ngombe, ekonda,libinza, ngbandi, batshwa.

(Fuente: Instituto geográfico del Congo)

 

 

 

 

 

ANEXO III

ACUERDO GLOBAL INCLUSIVO

REPARTO DE RESPONSABILIDADES

 

La fórmula 1 + 4

Cargo

Componente

área

Nombre

Presidente

gubernamental

Jefatura Estado

Joseph Kabila

Vicepresidente

RCD

Comisión política

Azarias Ruberwa

Vicepresidente

MLC

Comisión económica

Jean-P.Bemba

Vicepresidente

Oposición

Sociocultural

Z’Ahidi Ngoma

Vicepresidente

Gubernamental

Reconstrucción

Abdoulay Yerodia

 

 

Ministros/Viceministros

Componente

Ministros

Viceministros

Gubernamental

7

4

RCD

7

4

MLC

7

4

Oposición

7

4

Fuerzas vivas

2

3

RCD-ML

2

2

RCD-N

2

2

Maï-Maï

2

2

Total

36

25

 

Asamblea Nacional

Componente

Diputados

Gubernamental

94

RDC

94

MLC

94

Oposición

94

Fuerzas vivas

94

RCD-ML

10

RCD-N

10

Maï-Maï

10

Total

500

Mesa de la Asamblea

Puesto

Componente

Presidente

MLC (Olivier Kamitatu)

1er.Vicepresidente

Oposición política

2º Vicepresidente

RCD-ML

Secretario

Maï-Maï

Vicesecretario

Fuerzas vivas

 

Senado

Componente

Senadores

RDC

22

MLC

22

Gubernamental

22

Oposición política

22

Fuerzas vivas

22

RCD-ML

4

RCD-N

3

Maï-Maï

3

Total

120

 

Mesa del Senado

Cargo

Componente

Presidente

Fuerzas vivas (Mons.Marini)

Vicepresidente

RCD

Vicepresidente

RCD-N

Secretario

Oposición

Vicesecretario

Gubernamental

 

Bibliografía

 

Jean-Claude Willame

Banyarwanda et banyamulenge. Violences ethniques et gestion de l’identitaire au Kivu

Cahiers Africains, nº 25

L’Harmattan, 1997

 

Jean-Claude Willame

L’Odissée Kabila

Trajectoire pour un Congo nouveau?

Karthala, 1999

 

Gépolitique d’une Afrique médiane/Congo

Hérodote, revue de géographie et de géopolitique nº 86/87, 1997

 

Gauthier de VILLERS

ZAÍRE, La Transition manquée, 1990-1997

Nº 27-28-29, Cahiers Africains

L’Harmattan, 1997

 

Mbuyi Kabunda Badi

El nuevo conflicto del Congo

Dimensión, internacionalización y claves

Casa de África, SIAL ediciones.

 

Marie-Béatrice Umutesi

Huir o morir en ZaIre

Testimonio de una refugiada ruandesa

Editorial MILENIO

 

Benoît Rugumaho

L’Hécatombe des refugies rwandais dans l’exZaïre

Témoigange  d’un survivant

L’Harmattan, 2004

 

Philippe Mpayimana

Réfugiés rwandais. Entre marteau et enclume

Récit du calvaire au Zaïre (1996-1997)

L’Harmattan, 2004

 

G. de Villers et J.-C. Willame

République Démocratique du Congo

Chronique politique d’un entre-deux-guerres – Octobre 1996 – juillet 1998

Cahiers Africains, nº 35-36

L’Harmattan, 1998

 

Vincent Mbavu Muhindo

Le Congo-Zaïre. D’une guerre à l’autre.

De libération en occupation

(Chronique 1996-Lusaka 1999)

L’Harmattan, 2003

 

Vincent Mbavu Muhido

La R-D.Congo piégée

De Lusaka à l’AGI, 1999-2005

L’Harmattan, 2005

 

Sous la direction de F. Reyntjens et S. Marysse

L’AFRIQUE DES GRANDS LACS

Annuaire  (Anuarios desde 1996 a 2004)

L’Harmattan

 

Colette Braeckman

Les nouveaux prédateurs

Politique des puissances en Afrique centrale

Fayard, 2003

 

Gerardo González Calvo (Coordinador)

GRANDES LAGOS

Tres escenarios para una tragedia

Mundo Negro, 2004

 

José García Botía y otros

El genocidio del que no se habla

Guerra en la República Democrática del Congo

Federación de Comités de solidaridad con África negra. 2004

 

Olivier Lanotte, Claude Roosens et Caty Clément

La Belgique et l’Afrique Centrale

De 1960 à nos jours

GRIP – Éditions Complexe

 

 

DEL ZAÏRE A LA REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO

Crónica de una década devastadora (1996-2005)

ÍNDICE

 

Introducción: RDC, todo un continente inestable en el centro de África.

 

1.     De “liberación” en “liberación” (1996 – 2002)

 

1.1.Un Estado destrozado por la dictadura corrupta de Mobutu.

1.2.1ª guerra de “liberación”. Uganda Rwanda y Burundi padrinos del libertador Laurent-Désiré Kabila .

1.2.1.        destrucción de los campos de refugiados  hutu (oct.-nov. 1996), persecución y masacres de los mismos en el interior de Zaire.

1.2.2.        Defensa de los banyamulenge como pretexto.

1.2.3.        Toma de Kinshasa (17.05.1997), con los apoyos decisivos de Angola y Zimbabwe.

1.2.4.        Instalación de Laurent-Désiré Kabila en el poder.

1.3.2ª guerra de “liberación” (2.08.1998 a diciembre 2002)

1.3.1.        Kabila se deshace de sus  padrinos ugandeses y rwandeses.

1.3.2.        Uganda y Rwanda, apoyándose en sectores congoleños invaden desde el Este la RDC; lucha contra el “tirano” Kabila.

1.3.3.        1ª guerra mundial africana.

1.3.4.        Estabilización de la situación bélica: casi la mitad de la RDC es ocupada por Rwanda y Uganda: ocupación y saqueo.

1.3.4.1.      Milicias armadas y alimentación de rivalidades interétnicas.

1.3.4.2.      Muerte de más de 3 millones de congoleños y desplazamientos masivos de poblaciones civiles.

1.3.4.3.      Interahamwe como pretexto permanente.

1.3.4.4.      Madera, diamantes, oro, coltan, y otros minerales. El saqueo.

1.3.4.5.      Enfrentamientos entre Uganda y Rwanda por el control de estos territorios y de sus riquezas. Lucha por la hegemonía regional.

1.3.5.        Resistencia de la sociedad civil

1.3.6.   El sentimiento o resentimiento anti-ruandés, anti-tutsi, como aglutinante de la identidad nacional congoleña.

 

2.      La Transición inacabada

 

2.1.Acuerdos de Pretoria (dic.2002) para una transición democrática

2.1.1.        Intentos anteriores fallidos.

2.1.2.        ¿Acuerdo forzado por presiones internacionales?

2.1.3.        Reparto del poder entre beligerantes:

.

2.2.Fragilidad del proceso

2.2.1.        un gobierno de fuerzas yuxtapuestas, sin cohesión, con intereses encontrados.

2.2.2.           Pervivencia de conflictos e inseguridad en todo el Este

2.2.3.        Dificultades para la formación de un ejército nacional.

 

2.3. Presiones internacionales: EEUU, UA, UE; protagonismo de Suráfrica (Mbeki). El CIAT (Comité Internacional de Acompañamiento de la Transición)

 

2.4.Una nueva Constitución

2.4.1.        ¿Régimen presidencial, semi-presidencial, parlamentario?

2.4.2.        ¿Estado unitario, descentralizado, federal?

2.4.3.           El tema de la “nacionalidad congoleña”.

2.4.4.        La edad del Presidente.

 

2.5. Fin de la transición: ¿30 de junio de 2005?; Prolongación del periodo de Transición

2.6.Balance de la Transición

2.6.1.        Aspectos positivos

2.6.2.        Aspectos negativos

 

 

Anexos:  I.- RDC Congo, Cronología

              II.- La nacionalidad congoleña; controversia.

 

Bibliografía