DEL ZAÏRE A
Crónica
de una década devastadora (1996-2005)

1. De “liberación” en
“liberación” (1996 – 2002)
1.1.Un Estado destrozado por la
dictadura corrupta de Mobutu.
En 1965, Mobutu se hizo con todo el poder en el
Congo, que en los años setenta se llamó Zaire. Su régimen dictatorial y corrupto
duró hasta mayo de 1997. Nada funcionaba en el país, salvo la máquina de robar
en beneficio exclusivo de la clase dirigente. Algunos calculan que la fortuna
personal de Mobutu igualaba a la inmensa deuda externa del país. El Estado fue
dejando de existir, se fue descomponiendo y el saqueo de las riquezas
naturales, la extorsión, la trampa, se convirtieron en modo de vida. Como el
Estado no pagaba a sus funcionarios, militares etc., éstos vivieron a costa de
los ciudadanos, cada vez más desatendidos y abandonados a su suerte, sin la más
mínima cobertura de los servicios públicos, como educación y sanidad. Por medio
de múltiples artimañas y por la represión brutal, Mobutu y su régimen lograron
sobrevivir y eludir las presiones externas e internas que exigían cambios
democráticos en los primeros años 90. Pero el régimen Mobutu en 1995-1996
estaba ya en fase terminal, lo mismo que su líder gravemente enfermo.
1.2.1ª guerra de “liberación”.
Uganda Rwanda y Burundi padrinos del libertador Laurent-Désiré Kabila .
En ese contexto descrito esquemáticamente, una serie de
circunstancias van a acelerar el fin de la larga era Mobutu. En julio de 1994,
tras el asesinato del presidente Habyarimana, el genocidio tutsi y la victoria
en Rwanda del FPR, unos dos millones de hutu se refugiaron en el Kivu-norte y
Kivu-sur, en el este de Zaire, en torno a Goma y Bukavu, en territorios
fronterizos con Rwanda. Esta masiva
presencia de refugiados desestabilizó aún más
1.2.1. destrucción de los campos de
refugiados hutu (oct.-nov. 1996),
persecución y masacres de los mismos en el interior de Zaire.
Esta primera guerra de”liberación” comenzó por la
destrucción de los campos de refugiados hutu de Goma y Bukavu., en
octubre-noviembre de 1996. El ejército rwandés penetró en territorio zaireño
para eliminar la amenaza permanente que los refugiados hutu significaban para
su seguridad. Fue el primer paso para intervenir en los asuntos internos de
Zaire. Masas de hutu huyeron hacia el interior de Zaire. Los supervivientes
recorrieron más de
1.2.2. Defensa de los banyamulenge
como pretexto.
Los banyamlunege son tutsi de origen rwandés
instalados en
1.2.3. Toma de Kinshasa
(17.05.1997), con los apoyos decisivos de Angola y Zimbabwe.
El ejército de Mobutu no plantea apenas resistencia.
Huye, no sin saquear a su paso pueblos y aldeas, sembrando desolación. En menos
de 6 meses la Alianza de Fuerzas Democráticas de Liberación (AFDL), nombre que
se da el conglomerado, muñido en Kigali,
de fuerzas anti-Mobutu, a cuya cabeza se ha colocado Laurent-Désiré
Kabila, está a las puertas de Kinshasa. La capital cae el 17 de Mayo. El apoyo
de Angola y Zimbabwe fue también decisivo. Angola, también con pretensiones
hegemónicas en la región, no desaprovechó la oportunidad para intervenir al
lado de Kabila (lo hará de nuevo en agosto de 1998) y vengarse de Mobutu por la
ayuda que éste prestó siempre al movimiento UNITA de Savimbi. Derrocado Mubutu,
comenzó el declive y la progresiva desaparición de la UNITA, que ya no encontró
aliados, pues hasta EEUU se acercó al hasta poco antes odiado régimen de
Angola. La contrapartida que recibió Zimbabwe fue en forma de concesiones de
explotación de zonas mineras.
1.2.4. Instalación de
Laurent-Désiré Kabila en el poder.
En una breve biografía de Laurent-Désiré Kabila (Congolite)
se afirma: “En septiembre de 1996, cuando se produjo la agresión de
1.3.2ª guerra de “liberación”
(2.08.1998 a diciembre 2002)
1.3.1. Kabila se deshace de
sus padrinos ugandeses y rwandeses.
Una vez en el poder, Laurent-Désiré Kabila, va rodeándose progresivamente de viejos
compañeros, su perfil lumumbista-nacionalista se acentúa y trata de emanciparse
de la tutela de quienes le han llevado hasta Kinshasa. Ruandeses y ugandeses,
que esperan sacar jugosos dividendos de su inversión pro-Kabila, oyen un tanto
aterrorizados discursos cada vez más patrióticos-nacionalistas, como el
pronunciado por Kabila en septiembre de 1997, en el marco de la Conferencia sobre la reconstrucción:
“El gobierno no podrá dejar entre las manos únicas de los privados, de los
financieros, sectores enteros de la economía (...) El hombre congoleño liberado
de la servidumbre neocolonial escribirá su propia historia, volverá a
apropiarse, a ser dueño, de su destino, convirtiéndose él mismo en origen de su
proyecto de desarrollo, en el centro de su realización (...) El Congo deberá
ponerse a la cabeza del desarrollo económico de África central, lo que nos
permitirá generar impulsos nuevos para la re-dinamización del panafricanismo”.
Kabila, el libertador, se va transformando ante la opinión pública
internacional en un tirano, déspota, dictador. Cae sobre él la responsabilidad
de las masacres de refugiados hutu, cuando en realidad, en ese momento, Kabila
no tenía control alguno sobre las tropas de la AFDL, mandadas por oficiales
tutsi rwandeses; sus desplantes, rechazo a recibir al enviado de Clinton, Jesse
Jackson, a Nyerere; sus arrogancias, haciendo esperar a embajadores etc..., en
nada ayudaron. Su desprecio total a otros líderes congoleños opositores a
Mobutu; el incumplimiento de la promesa de celebrar elecciones democráticas, la
creación de los Comités de Poder Popular (CPP), que difícilmente disimula la
voluntad de reeditar un partido único, constituyen una serie de factores que
alimentaron el descrédito de Kabila y la desconfianza internacional
generalizada. Por otra parte, su ministro de Asuntos exteriores, Bizima Karaha,
se ocupaba con eficacia en sus numerosos viajes al extranjero de minar el
prestigio de Kabila.
El 27 de julio de 1998, Kabila, informado de la
preparación de un atentado contra su persona, despide, con gran júbilo de muchos
de congoleños, a los militares rwandeses. Cinco días más tarde, el 2 de agosto,
estalla la nueva guerra de “liberación” en el Kivu. Se presentó de nuevo como
rebelión de los tutsi banyamulenge. Varios líderes banyamulenge, que no estaban
al tanto de los planes de Kigali, hostiles a esta nueva aventura, fueron
ejecutados por sus “primos” rwandeses.
1.3.2. Uganda y Rwanda, apoyándose
en sectores congoleños invaden desde el Este la RDC; lucha contra el “tirano”
Kabila.
Los planes para eliminar a Kabila del poder eran un
secreto de Polichinela y habían sido “madurados” meses atrás. Angola había sido
informado sobre los mismos. Suráfrica, no sólo aprobaba la operación, sino que había proporcionado a Rwanda
equipamiento militar. “Los americanos nos han pedido que echemos a Kabila; no
les conviene”, reconoce un rwandés de los servicios de información. Bélgica ya
tenía un candidato para ocupar el lugar de Kabila,, el profesor Wamba di Wamba,
lo mismo que Francia, cuyo candidato era Z’Ahidi N’Goma. La operación militar,
que debía ser rápida y decisiva, fracasó y lo que era un golpe relámpago se
convirtió en guerra regional o “primera guerra mundial africana”. Tres semanas
después del 2 de agosto, se presenta un nuevo movimiento rebelde, el RCD
(Rassemblement congolais pour la Démocratie – Agrupamiento congoleño por la
democracia), en el que se agrupan tránsfugas del kabilismo, antiguos mobutistas
y sobre todo tutsi congoleños del Kivu-norte y Kivu-sur, que actúan bajo las
órdenes de Rwanda. Como sostuvo Herman Cohen, “una guerra por procuración es
una guerra iniciada desde el exterior de un país, pero disfrazada de guerra
civil. El elemento clave es la creación de una fuerza rebelde en el interior,
pero totalmente controlada, financiada y armada desde el extranjero. Cuando en
agosto estalló en el Congo la guerra, no había ningún RCD. Éste último fue
creado por los gobiernos rwandés y ugandés para encubrir una intervención
armada concebida para derrocar a Laurent-Désiré Kabila y sustituirlo por otro
congoleño que quedaría sometido a “los consejos” de Kigali y Kampala”.
1.3.3. 1ª guerra mundial africana.
La implicación de varios países africanos hizo que
esta guerra fuera calificada como la primera guerra mundial africana. Zimbabwe,
con intereses económicos similares a los de Uganda y Rwanda, pero argumentando
que el Congo era miembro de la SADC (Conferencia económica de África Austral)
que preveía la intervención para defender a cualquier miembro agredido, se puso
inmediatamente del lado de Kabila y arrastró a Namibia y Angola. Los militares
zimbawos impideron que Kinshasa cayera y los angoleños infligieron una derrota
estruendosa en el Bajo- Congo a los invasores rwandeses (quienes a través de
zonas controladas por Jonas Savimbi regresaron a Kigali). Posteriormente,
cuando la guerra se extendió conforme los invasores avanzaban ocupando el
territorio, tropas chadianas se pusieron también al servicio de Kabila. Éste
realmente no tenía un ejército operativo a su disposición; sus mejores tropas
estaban en el Kivu, pero estaban sometidas a la autoridad y mando de los
rebeldes, la división especial presidencial de Mobutu se había largado a
Brazzaville. Kabila llamó en su auxilio a los hutu rwandeses, restos del
ejército derrotado en 1994 por el FPR que habían logrado huir a Congo-Brazza.
Estos hutu, deseosos de saldar cuentas con Kagame y de acercarse a la frontera
ruandesa, acudieron en defensa de Kabila. (Se podrían subrayar dos paradojas:
los hutu, que año y medio antes habían sido perseguidos implacablemente por el
conglomerado AFDL de Kabila, se ponen al servicio de éste; Kagame, que dice
intervenir en el Congo para garantizar la seguridad de sus fronteras y eliminar
a los restos de las exFAR, ve que su tentativa de derrocar a Kabila se
convierte en una amenaza más próxima para su régimen). Kabila reclamará también
el apoyo de los opositores hutu burundeses, las FDD (Fuerzas de Defensa de la
Democracia) que se esconden y actúan desde el Congo. Los opositores
anti-Museveni del llamado Ejército del Señor también combatieron al lado de
Kabila. Se sigue el principio según el cual “el enemigo de mi enemigo es mi
amigo”.
Resulta muy significativo que el Consejo de
Seguridad de la ONU esperó hasta el 31 de agosto (la rebelión se produjo el 2)
para hacer un llamamiento al cese de la guerra y a la retirada de las tropas
extranjeras, colocando en pie de igualdad a las que los congoleños calificaban
de “fuerzas de agresión”(Uganda, Rwanda, Burundi) con las “fuerzas invitadas”
por el gobierno de Kabila. Habrá que esperar al 29 de abril de 1999 para que el
Consejo de Seguridad, en su resolución 1234 pida a los agresores que abandonen
el Congo. La comunidad internacional que toleró a Mobutu durante más de 30 años
sólo aguantó algo más de un año a Kabila.
No puede decirse que Kabila fuera excesivamente
popular en el Kivu, pero tanto en Goma como en Bukavu la población consideró
desde el primer momento a los rebeldes del RCD como aliados de los invasores;
algo parecido sucedió en Kinshasa, donde la respuesta popular, motivada por
discursos incendiarios de Kabila, contra el intento de golpe fue brutal contra
los considerados “infiltrados” por su aspecto de “nilóticos”(en oposición a los
“bantúes”). Se produjo una auténtica caza al hombre “nilótico-hamita”que
recordó al genocidio rwandés, ya que el minstro Yerodia N’Dombasi calificó a
los infiltrados de “chusma parásita” (vermine) y “cucarachas” (cancrelats),
términos tristemente célebres en la Rwanda de los años 1990.
1.3.4. Estabilización de la
situación bélica: casi la mitad de la RDC es ocupada por Rwanda y Uganda: ocupación
y saqueo.
La agresión extranjera, presentada siempre como queda dicho como una “rebelión” contra Kabila, fue ganando terreno, hasta ocupar el 40% del territorio. Antes de entrar en algunos aspectos concretos de la misma, conviene señalar que los dos grandes padrinos de la guerra, Museveni y Kagame, parecen tener planteamientos, objetivos y comportamientos distintos (lo que provocará con el tiempo enfrentamientos sangrientos entre ambos ejércitos en Kisangani). Kagame controla directamente al RCD desde el “Bureau Congo” creado en Kigali; los líderes del RCD son meros peones de la estrategia ruandesa. Museveni, por el contrario, impulsa a Jean-Pierre Bemba, hijo de un rico hombre de negocios congoleño, a crear el Movimiento de Liberación del Congo (MLC), al que dota de medios militares para que se haga fuerte en otra región (Ecuador) y pueda jugar un papel importante en posibles negociaciones posteriores. Este apoyo a Bemba no impedirá a Museveni alimentar otros grupos o señores de la guerra que incluso se opondrán a Bemba. “Para ganar, es mejor perseguir varias liebres” piensa. No dudará Museveni en proveer de armas y consejeros a grupos rivales para reforzar la idea de la ingobernabilidad del Congo.
1.3.4.1. Milicias armadas y alimentación
de rivalidades interétnicas.
En las zonas controladas por
Uganda y Rwanda (los Kivu, Ituri) fueron creados grupos armados, auténticos
señores de la guerra o ejércitos privados, casi siempre sobre bases étnicas, al
servicio de los intereses depredadores de ugandeses y rwandeses y de las
multinacionales. El objetivo: el control de determinados territorios (aldeas,
municipios, bosques...) ricos en minerales, para su extracción, transporte,
comercialización. La existencia, al parecer confirmada, de petróleo no ha hecho
sino aumentar las ambiciones y la intervención de manos ocultas azuzando
rivalidades interétnicas. Las alianzas han variado con frecuencia; cambiar de
“padrino” (ruandés/ugandés) ha sido habitual. La pugna entre Uganda y Rwanda
por el control de las milicias y del territorio está en el origen de estos
cambios. Hemas (pastores), divididos a su vez entre del norte y del sur, y lendus (agricultores) se han destrozado
mutuamente (robos, violaciones, asesinatos, venganzas) en Ituri, con una
crueldad que hace inevitable el recuerdo trágico de Rwanda 1994 .
Estos grupos armados,
formados en gran parte por muchachos adolescentes, recibían armas e instrucción
militar de ugandeses o rwandeses y eran dirigidos por oficiales de los
ejércitos de Uganda y Rwanda. Sus jefes viajaban con frecuencia a Kampala o
Kigali, se supone que para recabar y recibir las instrucciones pertinentes.
Lamentablemente la situación
no ha variado sustancialmente sobre el terreno, a pesar de cierta actividad en
el control y desmantelamiento de las milicias por parte de las fuerzas de la
MONUC y de que la Transición está a punto de culminar. En Beni, Butembo, en
zonas de los Kivu, siguen activos los grupos armados y las poblaciones viven en
permanente estado de alerta e inseguridad.
1.3.4.2. Muerte de más de 3 millones
de congoleños y desplazamientos masivos de poblaciones civiles.
Aunque es poco menos que
imposible establecer con rigor el número de víctimas causadas, directa o
indirectamente, por las guerras de “liberación”, todos los informes concuerdan
en señalar que los muertos superan la cifra de tres millones. Como ya es
habitual en los conflictos actuales, es la población civil la que sufre el
exterminio. Una catástrofe que apenas tuvo eco informativo a pesar de los
numerosos informes, alertas y denuncias
que llegaban desde el corazón de África. El complot del silencio informativo ha
sido sin duda alguna un elemento añadido e indispensable del complot para
destruir y devastar la RDC; así los consideran muchos congoleños; no les falta
razón.
La población civil se veía
obligada a abandonar masivamente las aldeas, las propiedades, los enseres, el
ganado, las cosechas, para refugiarse en condiciones extremadamente precarias
en el bosque, para posteriormente tratar de regresar, en muchos casos diezmada
por el hambre, la desnutrición y las enfermedades, y afrontar la desolación y
la pérdida de todos sus bienes, saqueados, destruidos.
1.3.4.3. Interahamwe como pretexto
permanente.
La presencia de los llamados
interahamwe y de soldados ex-FAR del régimen de Habyarimana ha constituido para
el gobierno rwandés el pretexto para ocupar el Kivu. Habría que preguntarse
quiénes son en realidad estos interahamwe.
Es más que probable que
efectivamente el estado-mayor de estos grupos armados esté formado por
oficiales que participaron en el genocidio de 1994, o al menos en la guerra
contra el FPR. El resto está compuesto por gentes, jóvenes, que huyeron hacia
el interior del Zaire cuando los campos de refugiados hutu fueron destruidos.
En esta categoría habría que incluir sin duda
a muchos niños que tienen ahora 10 años más que cuando acompañaron a sus
padres al exilio. Extranjeros en el Congo, en muchos casos huérfanos, expuestos
a la violencia de los adultos, desescolarizados, buscan un modo de vida o de
supervivencia y han sido reclutados por necesidad o fuerza en esos grupos que
han sido bautizados “interahamwe”. Son mitad inocentes mitad culpables, mitad
víctimas mitad verdugos; fruto de la guerra, como tantos “niños soldado”. Bajo
el nombre de interahamwe se conocen también otros grupos además de las Fuerzas
Democráticas de Liberación de Rwanda (FDLR); se llaman los Rastas, una
mezcla, al parecer de hutus rwandeses y bandidos congoleños, exmilitares éstos
que no se han integrado en las Fuerzas Armadas de la RDC /FARDC). Piensan
algunos en el Kivu que estos Rastas “están al servicio de Paul Kagame para
desacreditar a las FDLR”. Estos grupos controlan de facto aldeas en la zona de
Walungu, cuyos habitantes o se someten a sus exacciones o huyen
Que estos grupos armados
roben, pillen, violen, maten, es por lo
tanto lamentablemente cierto (muy recientemente, el 19.05.2005, un informe de
Fernando Castañón, de la división de derechos humanos de las fuerzas de la
MONUC, ha presentado un informe-denuncia sobre las exacciones cometidas por los
rebeldes hutu en el Kivu; este informe no hace sino confirmar otros
provenientes de organizaciones de defensa de derechos humanos). Como es también
cierto el hecho de que a Kinshasa le ha venido bien en algunos momentos del pasado
su actividad en una zona que el poder central no controlaba y que, en
consecuencia, los Kabila se hayan
apoyado en ellos (y los hayan apoyado) para plantar cara a los agresores
rwandeses. En este sentido, la prensa anti-Kabila, se ha hecho eco de un supuesto informe de la CIA en el que se
considera, gracias a informaciones facilitadas por el ex ministro congoleño de
Transportes, Joseph Olegankoy, al presidente Kabila como
colaborador-financiador del grupo terrorista FDLR.
Lo que es evidente es que el
ejército rwandés y la administración implantada por Rwanda en esta zona, no
logró, a pesar del control militar total durante más de 4 años, eliminar estos
focos de resistencia hutu. Primero porque dado lo intrincado de la geografía la
tarea resulta poco menos que imposible. En segundo lugar, y se trata de la
razón principal, porque la ocupación ruandesa tenía como objetivo la
explotación (el saqueo) de las riquezas congoleñas que, por un lado, servían
para financiar la guerra y, por otro, a hacer de Kigali un centro de
exportación de oro, coltan, casiterita, diamantes (que Rwanda no produce) y a
engordar las cuentas corrientes de la elite tutsi. La presencia y actividad de
los “interahamwe” y la pretendida defensa de la seguridad de Rwanda han servido
de pretexto para lo que sólo puede calificarse de
agresión-ocupación-pillaje. Podría
incluso decirse que el poder rwandés ha estado muy interesado en la
supervivencia de los “interamahwe”; algunos han llegado hasta a denunciar que
ha revitalizado artificialmente estos grupos armados hutu inyectando en ellos
savia nueva proveniente de las cárceles ruandesas. Lo que parece indudable para
los observadores es que estos núcleos rebeldes hutu instalados en el este de la
RDC, cuyas acciones producen inseguridad y desolación en aldeas
congoleñas, no suponen un real peligro
para la seguridad y estabilidad del régimen del FPR; significan, eso sí, un
elemento desestabilizador de la zona que “envenena” permanentemente las
relaciones de Rwanda con RDC; ya no reciben apoyo alguno de Kinshasa, antes
bien al contrario, el gobierno de la RDC, la ONU (MONUC) tratan por todos los
medios de que desaparezcan como perturbadores de soluciones de paz.
El 31 de marzo de 2005, el
FDLR (Fuerzas Democráticas de Liberación de Rwanda) bajo cuyas siglas se agrupa
este movimiento armado hutu, que a la vez tiene un brazo político, firmó
solemnemente en San Egidio (Italia) una declaración de condena del genocidio
tutsi de 1994, su renuncia al uso de las armas contra el régimen de Kigali y su
disposición a regresar a su país y a reinsertarse e integrarse en la vida
ruandesa (Desarme, desmovilización, repatriación reinserción) , siempre que se
cree, es la exigencia del FDLR, un
“comité internacional de seguimiento” y se produzca una “negociación” con las
autoridades ruandesas sobre las modalidades del retorno y la necesidad de que
se produzca “la apertura de un espacio político”. Esta declaración fue acogida
con gran alivio por Kinshasa y dejó la pelota en el tejado de Kigali. El
presidente del FDLR, Ignace Murwanashyaka, ha viajado protegido por las
autoridades de Kinshasa a los Kivu, para explicar lo acordado en Roma y fijar
posiciones con los grupos armados. Pero las cosas no han cambiado
sustancialmente .Según el calendario fijado en Roma, la repatriación de las
FDLR (de
Muchos jóvenes encuadrados
en el FDLR quieren volver a Rwanda; saben que Kinshasa ya nos les apoya y que,
en palabras de Marcos Lorenzana (MONUC), “no pueden permanecer eternamente en
las selvas” y dedicados al banditismo. Algunos afirman que los jefes “no nos
dejan regresar” y otros, a la vista de lo que sucede en Rwanda, donde hasta
personajes del FPR son encarcelados y varios miles huyen ante la amenaza de ser
juzgados por los tribunales “gacaca”, opinan que en Rwanda “huele mal” y que en
esas condiciones, si no se dan garantías, es mejor quedarse en RDC.
ICG (International Crisis
Group) juzga la situación (12.05.2005) de este modo: “El gobierno rwandés, que
no ha cesado de rechazar un encuentro con las FDLR, debería mantener
discusiones técnicas con sus jefes militares y prestarse a impulsos concretos
para su retorno y reinstalación”. “Si todos los medios pacíficos para desarmar
a las FDLR se agotaran, entonces la única solución sería la militar”. Este
desarme forzado sólo podría llevarse a cabo con el apoyo logístico de la ONU y
de la UA, concluye ICG.
La negativa a mantener
cualquier contacto (y menos, negociación) por parte de Kigali ha quedado muy
reforzada por la inclusión, por parte de EEUU, de las FDLR en el listado de
grupos terroristas. Un balón de oxígeno para un régimen que no quiere dar ni un
paso en la dirección de la apertura política.
A finales de junio, las tensiones
en el interior del FDLR estallan y se produce el relevo en el liderazgo. Ignace
Murwanashyaka, acusado de bloquear el proceso iniciado en San Egidio, debe
dejar la presidencia y es el teniente-coronel Christophe Hakizabera, que
disuelve las FOCA (Fuerzas combatientes
Abacunguzi) y crea un Mando Militar para el Cambio (CMC).
1.3.4.4. Madera, diamantes, oro,
coltan, y otros minerales. El saqueo.
La explotación de las enormes riquezas del subsuelo
del este congoleño ha sido el motor de las guerras y de
DIMENSIÓN DEL EXPOLIOPara tener una idea sobre la dimensión del
expolio de las riquezas congoleñas por parte de rwandeses y ugandeses desde
1998 hasta, al menos, 2002 (aunque son
muchos los observadores que afirman que el saqueo perdura, si bien de manera
menos “descarada”) basta con recoger algunos datos facilitados por un informe
de la ONU: * 3,9 millones de kilos de
coltan por un valor de 793 millones de dólares. * 13 millones de quilates
de diamantes, 427 millones de dólares. * 30.000 kilos de oro, 265
millones de dólares. * 6 millones de kilos de
casiterita, 24 millones de dólares. * Niobio por 1,5 millones
de dólares. * Madera por 164 millones
de dólares. * Productos agrícola e
industriales por valor de 51 millones de dólares. Según los expertos de la ONU este pillaje
ha generado anualmente 320 millones de dólares en beneficio de Rwanda y
Uganda. Las mercancías transitan por 11 países africanos y su destino son 17
países industrializados, entre ellos, Alemania, Bélgica, EEUU, Japón, Holanda, Gran Bretaña y Rusia. |
El coltan
(colombio-tántalo) es uno de los minerales estratégicos codiciado, entre otros,
por las grandes empresas fabricantes de teléfonos móviles; abundante en el Kivu,
donde puede extraerse casi a cielo abierto, se ha convertido en el
símbolo-estrella (“el oro gris”) del saqueo de esta zona por parte de Rwanda.
Es trasladado en camiones a las instalaciones de
“La plaga del oro” es el título de un informe
de 159 páginas, publicado el 2 de junio, de Human Rigths Watch. Este informe
denuncia concretamente la alianza del segundo productor de oro de mundo, la
compañía surafricana Anglo Gold Ashanti con una de las milicias que operan en
Ituri (Frente Nacional Integracionista) para extraer oro de la mina de
Mongbwalu y exportarlo vía Uganda; así, este país, que apenas lo produce, ha
exportado oro por valor de 45 millones de dólares al año, entre 1998 y 2003.
Casiterita:La Ong británica Global Witness publicó junio de este años un informe, bajo el título
en francés “La Paix sous tensión” (La Paz sometida a tensiones), en el que
denuncia que después del
coltan y los diamantes, la explotación de la casiterita (mineral de estaño),
cuya demanda y precio en los mercados internacionales ha subido, por parte de
los grupos armados en el este de la RDC está sirviendo para la financiación de
la guerra, el enriquecimiento de unos pocos y pone en grave peligro el proceso
de transición.
Señala el informe que gran parte del Kivu-norte sigue controlada por elementos
militares ligados al RCD-Goma (sostenido por Kigali) y que los enfrentamientos
para el raparto del botín son frecuentes. En Kivu-sur, miembros de las FARDC, cuyos sueldos no son cubiertos por
Kinshasa, entran también en el mercado minero. Los “mineros-buscadores”
utilizan medios muy artesanales, trabajan en condiciones peligrosas y reciben
salarios ínfimos. Las minas son controladas por soldados; la disputa por el
contro de las zonas mineras está en el
origen de combates y de la violencia
sobre las poblaciones civiles, que se ven obligadas a huir y desplazarse,
abandonando la agricultura y poniendo en peligro la seguridad alimentaria.
Hay una institucionalización del fraude y del
contrabando. No se pagan ni impuestos ni tasas por la producción,
comercialización y exportación de
No existe ningún mecanismo de control de las
transacciones; Kinshasa no registra estas exportaciones y Rwanda se queda con
los beneficios. “La estabilización de Rwanda se hace a costa de la paz,
seguridad y tesoro público de la RDC”.
El informe de Global Witness termina con una listado
de recomendaciones.
1.3.4.5. Enfrentamientos entre Uganda
y Rwanda por el control de estos territorios y de sus riquezas. Lucha por la
hegemonía regional.
Hasta agosto de 1999, Uganda
y Rwanda, Museveni y Kagame eran algo así como primos hermanos, si bien el
presidente ugandés siempre consideró al hombre fuerte de Kigali como un
excelente “discípulo”, como un aventajado “hermano menor”. Al margen de otras
consideraciones no es descartable que existe en la clase dirigente ruandesa
cierto complejo de inferioridad respecto de Museveni y ello explique también
cierta osadía y arrogancia ruandesa a la hora de demostrar en la batalla que
Kagame ya no es el hermano pequeño.
Paul Kagame, como muchos
tutsi exiliados en Uganda, lucharon en la guerrilla que en 1986 llevó al poder
a Museveni; el rwandés ocupó la jefatura adjunta de los servicios secretos
ugandeses. El FPR difícilmente habría podido penetrar en el norte de Rwanda, en
1990, y posteriormente hacerse con el poder sin el apoyo logístico y
diplomático de Uganda. Tanto en 1996, llevando a Kabila a Kinshasa, como en
1998, lanzándose a una nueva liberación del Congo, el tándem Museveni-Kagame
actuó hermanadamente.
Sin embargo, en agosto de
1999, los ejército ruandés y ugandés se enfrentan en Kisangani por dos veces.
Las diferencias sobre el futuro de la RDC, latentes ya en la primera guerra de
“liberación”, y, sobre todo, la feroz competencia por la explotación de los
recursos en las zonas ocupadas, estallan. Es una guerra entre depredadores y
ladrones que se desarrolla en territorio extranjero ocupado. La comunidad
internacional sigue callada. El que los congoleños sean doblemente víctimas,
por el saqueo de sus riquezas y por los “efectos colaterales” de la guerra en
su territorio entre ocupantes extranjeros, no parece inquietar en exceso.
En marzo de 2001, días antes
de las elecciones presidenciales en Uganda, Rwanda es oficialmente declarado
“país hostil a Uganda”, un método eficaz para que los ugandeses se agrupen en
torno de Museveni frente a su temido adversario Kiiza Besigye, cuya campaña
electoral, se acusa, está financiada por Rwanda. Las acusaciones sobre la
amenaza desestabilizadora del régimen que Rwanda representa prosiguen y la
tensión aumenta. Besiye huye ayudado por Rwanda y varios militares desertan.
Museveni ve en todo la mano de Kagame.
El 28 de agosato de 2001,
Museveni escribe a Clara Short, Secretaria de
Estado de Blair para la Cooperación, que ya ha tenido que intervenir
anteriormente apagando el incendio provocado por sus dos amigos africanos, en
la que denuncia que Rwanda está preparando una agresión a su país; que Rwanda
está apoyando las actividades subversivas de los militares ugandeses
desertores; le pide, en consecuencia, que sea comprensiva con el aumento de
gastos en materia militar.
Lo que más allá de los
rumores y propaganda parece establecido es que Rwanda había elaborado un
detallado plan de desestabilización de Uganda desde principios de 2001: Infiltración
en las zonas congoleñas de Kivu-norte controladas por ugandeses; apoyo de las
tropas de RCD-Goma y de TPD (Tous pour la Paix et le Developpement, milicia
hutu, creada y controlada por Kigali, radicada en Goma, que ofrece a los hutu
del norte del Kivu una organización para influir en la transición que se
avecina); penetración discreta de elementos del APR en la frontera (Cyanika,
Kizinga, Kagitumba); infiltración en Kampala; discreción absoluta en cuanto a
participación directa de tropas del APR; entrenamiento a cargo de oficiales
rwandeses de reclutas ugandeses en Kibumba, en la zona de Rutshuru; traslado de
grupos de reclutas al campo de Gako; el general rwandés Kabarere, acompañado de
Besigye, visita el Kivu; el mando rwandés utiliza a los desertores, pero al
menos hay 6 oficiales superiores rwandeses que están implicados
permanentemente; por parte de RCD-Goma el coordinador en Bizima Karaha.
Museveni, al mismo tiempo, refuerza sus fronteras con Tanzania, Rwanda (Kisoro, Kikagati, Kabale, Masaka, Mbarara) y Congo, produciéndose en este último caso una fuerte competición entre Rwanda y Uganda para ver quién es capaz de atraer y alcanzar más alianzas de los grupos armados o milicias locales.
No son menos evidentes y
numerosos los proyectos ugandeses para desestabilizar el régimen de Kagame.
Museveni encarga a Noble Mayombo que le presente un plan. Se establecen
contactos con cualquier grupo que pudiera estar interesado en acabar con Kagame:
elementos de las exFAR; ALIR (Ejército de Liberación de Rwanda); FDLR (Fuerzas
Democráticas de Liberación de Rwanda); grupos de banyamulenge descontentos;
opositores políticos en el interior o exterior; contactos con gobiernos de la
región.
Museveni pone en marcha acciones concretas
implicando a disidentes y estudiantes rwandeses, que reciben instrucción militar
en Uganda. Se reclutan jóvenes rwandeses refugiados en Rwanda. Kampala, desde
2000, es el destino y refugio de oficiales rwandeses que desertan del APR y no
hay duda de que altos responsables militares ugandeses como James Kazini, Salim
Saleh, Kahinda Otafiire y Amama Mbabazi los reciben con los brazos abiertos;
los une el deseo de mandar a Kagame al infierno. Esta acogida tiene como
objetivo mostrar que Uganda tiene posibilidades de montar una rebelión contra
Kagame. Los planes existen, pero Museveni ordena congelarlos para no manchar su
buena imagen entre los proveedores de fondos internacionales; por otro lado, es
consciente que entre los desertores hay infiltrados del APR, por lo que
renuncia a utilizarlos.
En 2003, con la recepción al
más alto nivel del general hutu Emmanuel Habyarimana, Ministro de Defensa
rwandés que se exilia, Museveni quiere insistir en su política frente a Kagame
con la afirmación de la necesidad de integrar a los hutu en el poder rwandés y
expresa así que desea que el poskagamismo incluya a la comunidad hutu.
Uganda es también receptor
de opositores civiles rwandeses. Museveni hasta expresó su disposición a
ofrecer asilo político a Pasteur Bizimungu, presidente rwandés que dimitió en
2000 (razón suplementaria para que el poder rwandés lo mantenga en prisión).
La oposición interna a
Museveni ha acusado a éste de proteger y ayudar las FDLR, a miembros de las
exFAR e incluso a interahamwe. No parece que haya existido una colaboración
organizada, pero sí una complicidad.
Lo que es evidente es que
Kampala mantiene contactos estrechos con ciertos oficiales tutsi rwandeses y
que “su hombre” en Kigali es el general Kayumba Nyamwasa, rival de Kagame, del
que éste no puede prescindir pues Kayumba es a su vez el hombre de Londres,
gran proveedor de fondos, en Rwanda.
Hombres del entorno de Nyamwasa sí que han tenido dificultades (arrestos y
jubilaciones).
No parece próxima una guerra
abierta entre los dos países, aunque nada puede descartarse. Todo puede
“moverse” y es probable una especie de guerra de usura, con provocaciones e
intentos de subversión en el interior de Rwanda.
Como consecuencia de la
declaración ugandesa calificando al régimen de Kigali como hostil, la tensión,
incertidumbre, clima de sospecha, aumentan y se produce la acumulación en una y
otra frontera de tropas. Gran Bretaña decide intervenir y Clara Short toma las
riendas de la situación y convoca para el 6 de noviembre a Museveni y Kagame.
La víspera, Museveni nombra jefe de estado-mayor a James Kazini, implicado en los
enfrentamientos con los rwandeses de 1999 en Kisangani; tal nombramiento es
sentido por Kagame como una provocación y, en respuesta, nombra a su vez para
el mismo puesto a James Kabarere, otro de los protagonistas destacados en la
guerra del Congo. Las discusiones en Londres terminan, a pesar de todo, con la
firma de un acuerdo. Dos días después, Kagame declara que si bien “Uganda tiene
derecho a nombrar a la cabeza de su ejército a quien juzgue oportuno, es
evidente que si elige a una persona (J. Kazini) que puede provocar un aumento
de tensión entre los dos países, tal elección no sólo afecta a Uganda, sino
igualmente a Rwanda”. El tono aumenta. Amama Mbabazi, semanas después, declara
que los dos países no pueden volver a ser hermanos si previamente no se establecen las causas de los
enfrentamientos de Kinsangani. El miedo ugandés crece y el régimen está persuadido de que
Rwanda apoyará a la oposición e invadirá el país.
Gran Bretaña fuerza de nuevo
el diálogo y el 10 de febrero los Ministros de Defensa Mbabazi y Habyarimana
preparan en Kigali el encuentro entre de los dos presidentes, que se celebra
cuatro días más tarde en Kabale, en presencia de Clara Short. Se firman papeles
y acuerdos. Se decide olvidar “lo de Kisangani”. Museveni declara: “Hemos arreglado
nuestras cosas a nuestro modo, resolviendo los problemas actuales. No hemos
evocado Kisangani; es una manera de arreglar esta cuestión: olvidándola”.
La tensión perdura, bajo la
atenta mirada británica. Las declaraciones a veces agrias de los líderes de
ambos lados de la frontera se suceden. El 6 de marzo, tropas ugandesas
arrebatan al UPC (Unión de Patriotas Congoleños, protegidos por Kigali) el
control de Bunia, lo cual provoca un intercambio de violentos comunicados.
Pero a lo largo de 2003
Museveni hará gestos de acercamiento; visitará en dos ocasiones Kigali
(investidura de Kagame como presidente en septiembre de 2003 y ceremonias del
décimo aniversario del genocidio, el 7 de abril de 2004). En el discurso que
pronunció en esta última ocasión, Museveni se hizo aclamar con fervor. En
octubre de 2003, borrando acusaciones anteriores, Uganda afirma que Rwanda no
ha prestado nunca apoyo a los grupos armados de Besigye. Hay un claro cambio de
actitud. Nuevos encuentros en Londres en enero de 2004.
¿Cómo explicar esta transformación? Sin duda, la existencia en el interior de cada régimen de tensiones serias hace que ambos personajes se dediquen más a arreglarlas o controlarlas que a buscarse peleas en el exterior. No convendría engañarse sobre este aparente clima de reconciliación. Los viajes de Museveni a Kigali tienen como objetivo no tanto darse la mano con Kagame como seducir al “tout-Kigali”. Él, que estuvo con Rwanda durante el genocidio, se presenta como el “sage” por encima de la “mêlée”, pensando siempre en el bien del pueblo. Su proximidad con Kayumba Nyamwasa, cuyo peso en el ejército es grande, es patente y si Kagame cayera Uganda reconocería a su sucesor inmediatamente. Por eso, Kayumba ha sido alejado de Kigali en noviembre de 2004 y nombrado a la embajada en la India.
El antagonismo entre los dos presidentes se mantiene. Las relaciones son precarias, a pesar de los esfuerzos británicos. La guerra abierta entre los dos países parece descartada; no así la “guerra fría” y la disposición de Rwanda y Uganda de apoyar cambios o golpes de estado en el vecino. Los cambios en Rwanda no serían mal vistos en Tanzania y RDC, donde Kagame provoca una aversión cierta.
El 2 de junio de 2005, se produjo un nuevo episodio tenso entre Uganda y Rwanda. Se celebraba en esas fecha en Kigali la reunión del COMESA (Mercado Común de Africa Oriental y Austral). Museveni, presidente saliente del organismo viajó con un séquito muy numeroso para asistir a la reunión y entregar la presidencia de un nuevo periodo a Kagame. Las autoridades ruandesas consideraron que el número de acompañantes era excesivo y a varios miembros de la delegación ugandesa se les impidió cruzar la frontera, quedando bloqueados. Para reestablecer “las relaciones cordiales”, Kagame visitó oficialmente Uganda la última semana de junio de 2005.
(Fuente: “Le Contentieux entre le Rwanda et l’Ouganda”,
B. Leloup en “Politique Africaine”, nº96,
dic.2004)
1.3.5. Resistencia de la sociedad
civil
A lo largo de estos años de enormes sufrimientos de la
población civil de la zona de Ituri y de los dos Kivu, los protagonistas de la
resistencia al ocupante han sido, casi en soledad, las organizaciones cívicas,
el tejido social. No sería exagerado afirmar que si
Las historia de esta década es desdichadamente la de una agresión y saqueo, pero es también la historia ejemplar de una resistencia heroica de una sociedad que se organiza y planta cara al agresor por medio de movilizaciones masivas de hombres, mujeres, estudiantes, escolares, niños, manifestaciones, boicots, huelgas, manifiestos, panfletos. La ciudad de Bukavu, capital del Kivu-sur, ha sido casi siempre la abanderada de la respuesta popular contra la ocupación extranjera. Dos nombres merecen citarse y retenerse en este capítulo: el Arzobispo de Bukavu, asesinado el 29 de octubre de 1996 por militares rwandeses, Christophe Minzihirwa y su sucesor Monseñor Kataliko, fallecido en Roma, a quien los rwandeses confinaron durante un tiempo en Butembo.
1.3.6. El sentimiento o
resentimiento anti-ruandés, anti-tutsi, como aglutinante de la identidad
nacional congoleña.
Ya se ha señalado que en algunas zonas del Kivu existía
una cierta desconfianza, recelo, a veces animosidad (guerra del Massisi en 1993
en el Kivu-norte), respecto a los banyarwanda, especialmente contra los tutsi.
Una de las justificaciones de la intervención del ejército rwandés fue la
defensa de los banyamulenge (congoleños de origen tutsi de Kivu-sur y Uvira),
en peligro, según Rwanda, de exterminio, como lo habían sido los tutsi en
Rwanda. Pues bien, el comportamiento del ejército rwandés en el este de la RDC,
la instrumentalización de los problemas de los banyamulenge por parte de
Rwanda, el saqueo descrito anteriormente, han desembocado en un sentimiento
anti-tutsi intenso que se ha convertido en un aglutinante de identidades no
siempre existentes anteriormente. Así, han surgido identidades o sentimientos
de pertenencia étnica nuevos o nuevas categorías de identificación étnica: los
“bantús”(que serían los congoleños de verdad)
enfrentados a los “hamitas-nilóticos” (los tutsi y aparentados). Como
consecuencia, peligrosísima, de la agresión ruandesa aparece la animosidad
creciente contra los “hamitas”
(minoritarios) que ven su supervivencia
seriamente amenazada. De hecho, muchos banyamulenge lo han comprendido
pronto y han tratado de distanciarse de Rwanda; incluso algunos han combatido
al ejército rwandés y a su aliado político RCD-Goma, acercándose a los grupos
mai-mai. Este distanciamiento respecto al “protector” Rwanda es una bofetada a Kigali, una de cuyas justificaciones para
intervenir en RDC ha sido la defensa de
los banyamulenge.
Por otra parte, es indudable que muchos congoleños
han encontrado en la injerencia de los rwandeses tutsi (enemigo externo) fácil
y cómoda explicación a sus males; un recurso ampliamente utilizado y manipulado
por los líderes para ocultar
responsabilidades propias.
2. La Transición inacabada
2.1.Acuerdos de Pretoria
(dic.2002) para una transición democrática
2.1.1.Intentos anteriores
fallidos.
Tras el asesinato de Kabila padre, crimen no suficientemente
aclarado (hay bastantes interrogantes respecto a los intereses de todo tipo de
los inspiradores del magnicidio) a pesar
de que hubo detenciones, juicio y condenas, la RDC entra en una dinámica que persigue
salir del atolladero en que se encuentra. Cabe señalar por significativo el
hecho de que Joseph Kabila, un joven con nula experiencia política y con corta
militar, es sorprendentemente nombrado
por los poderes fácticos del momento para sustituir a su padre e
inmediatamente inicia una serie de visitas a los países poderosos occidentales,
buscando un aval internacional que de algún modo se contradice con la política
de gestos “nacionalistas e izquierdistas” de su padre, que, en consecuencia, se
había enajenado la confianza de occidente. El resultado es que Kabila hijo es
aceptado internacionalmente como el nuevo líder que pueda conducir a una nueva
situación en
Hasta llegar al Acuerdo Global Inclusivo, hubo
intentos más o menos parciales y fallidos como el Acuerdo de Lusaka, el plan de
Kampala, el sub-plan de Harare, el Protocolo de Gabarone, Diálogo
Intercongoleño abortado en Addis-Abeba, Negociaciones en Sun-City,
2.1.2. ¿Acuerdo forzado por
presiones internacionales?
Es indudable que el acuerdo alcanzado no hubiera
sido posible sin una fuerte presión internacional, con protagonismo hegemónico
de Suráfrica. La búsqueda de una estabilidad en una zona extremadamente rica y
de vital importancia geoestratégica se impuso como una necesidad absoluta para
la llamada comunidad internacional (Unión Africana, ONU, UE, EEUU, Francia,
Bélgica). Se puede también afirmar que sin esta presión constante ejercida
directamente por Suráfrica, EEUU, Francia y Bélgica, la Transición no habría
resistido ni habría superado los obstáculos (disputas-desconfianzas internas,
descoordinación, descontrol-rebeliones en el este del país, debilidad del poder
central, etc.). Todo parece indicar que el eje Washington-Paris-Bruselas ha
funcionado con eficacia y ha apostado definitivamente por el liderazgo de
Kabila para estabilizar la RDC.
2.1.3. Reparto del poder entre
beligerantes:
Los escollos para alcanzar un acuerdo provinieron
exclusivamente de las exigencias de los distintos beligerantes en cuanto al
trozo del pastel del poder que pretendían controlar. El peso de los argumentos
para reivindicar tal o tal parcela lo daba fundamentalmente el poder militar de
cada cual. La oposición civil y los representantes de
La fórmula 1+4: Al parecer se barajaron distintas fórmulas
de reparto u organización del nuevo poder para el periodo de Transición. Fueron
desechadas las propuestas de 1 Presidente + 1 Primer Ministro y de 1 Presidente
+ 2 Vicepresidentes + 1 Primer Ministro,
para acordar la de 1 Presidente + 4 Vicepresidentes que se repartirían la
dirección de cuatro áreas (Defensa-Interior; Economía, Socio-cultural y área
política. Cada uno de los “componentes” (Entorno presidencial, MLC, RCD y
Oposición civil) designó para estas vicepresidencias a sus máximos líderes
(MLC: Jean-Pierre Bemba; RCD/Goma: Azarias Ruberwa; Entorno presidencial:
Yerodia Abdoulaye; Oposición civil; Z’ahidi Ngoma) La designación de estos dos
últimos dirigentes produjo tensiones;
Las mismas
dificultades y combinaciones se produjeron en el reparto de ministerios
(viceministros, secretarios de Estado etc...), de escaños en
ACUERDO GLOBAL INCLUSIVO
REPARTO DE RESPONSABILIDADES
La fórmula 1 + 4
|
Cargo |
Componente |
área |
|
|
Presidente |
gubernamental |
Jefatura Estado |
|
|
Vicepresidente |
RCD |
Comisión política |
|
|
Vicepresidente |
MLC |
C. económica |
|
|
Vicepresidente |
Oposición |
Sociocultural |
|
|
Vicepresidente |
Gubernamental |
Reconstrucción |
|
Ministros/Viceministros