"El asesinato de Rwagasore fue sentido como una catástrofe irreparable en todo el país. Una catástrofe comparable por ejemplo a una desaparición de al menos cinco mil habitantes de un solo golpe"(40). Una serie de acontecimientos y asesinatos de personalidades del mismo espíritu que Rwagasore marcaron el período posterior a su muerte, sobre todo en 1965. De los acontecimientos de carácter político, podemos citar las elecciones parlamentarias de Mayo de 1965, negadas por la clase política tutsi, el comportamiento de los parlamentarios elegidos con criterio exclusivamente étnico el mismo año, el nombramiento por la corte del primer ministro no aceptado por la mayoria parlamentaria: André Muhirwa.
Para Kiraranganya, la democracia y la independencia en Burundi, podían haber tenido exito "si no hubiera muerto Rwagasore o si los líderes tutsis hubieran querido poner confianza en Pierre Ngendandumwe, este hutu de la categoría de hombres cuyo valor personal concierne el interés universal"(41). Con el asesinato de Pierre Ngendandumwe, un gran abismo infranqueable acababa de ser cavado, una vez por todas, entre los hutus y los tutsis. Para Burundi, era la desaparición no solamente de un hombre, sino de una esperanza: la de ver el progreso de todos los burundeses, la salvaguardia de la paz y de la unidad"(42). Según Thibon, "la desaparición brutal de esta figura política -se refiere a Pierre Ngendandumwe-, las venganzas judiciales que engendró y cuestiones que levantó inaguraron un período durante el cual las pasiones políticas, van poco a poco a difundirse en la sociedad. Esta escalada de violencias políticas, primeramente verbales, luego físicas, fue de par con la maniobra de la etnicidad, del cerrazón y del repliegue sobre sí"(43). Una banda de extremistas tutsis juraron que bajo ningún concepto podían aceptar ser gobernados por un hutu. Es el caso de la declaración cínica del primer ministro André Muhirwa y su ministro del interior Jean Ntiruhwama a todos los políticos tutsis, después del asesinato del Príncipe Rwagasore: "Paul Mirerekano es muy bueno, tiene un corazón de oro y ha trabajado enormemente para el partido y la ascención de Burundi a la independencia, pero en ningún caso podemos confiar el partido UPRONA (Unión para el Progreso Nacional) a un Hutu"(44); y parece que es esta ideología que sigue funcionando hasta nuestros días. En efecto, en el mes de noviembre de 1993, un panfleto titulado "17 reglas que cada tutsi debe cumplir", atribuido a los militares, fue distribuido en todo el país. En este famoso panfleto se puede leer por ejemplo que: " cada tutsi tiene la obligación de matar al menos a tres hutus" (regla nº3), "coger a los niños hutus, llamar a su padre, a su hermano mayor o a su madre para que vengan a buscarlo y hacerles desaparecer ( regla nº15). Todo el documente incita al exterminio de los hutus, y concluye con estas palabras: "estas reglas fueron concebidas teniendo en cuenta el bienestar de cada tutsi. Tutsi, estés donde estés, síguelas sin dudarlo ni un instante. Hemos gobernado este país poblado por nuestros hutus durante siglos, no es ahora en 1993 que van a poder con nosotros apoyándose en la ridícula idea de la democrácia".
La crisis sociopolítica que atraviesa Burundi y la Región de los Grandes Lagos en general, no es un fruto de la casualidad. Este conflito étnico hunde sus raíces en la cultura y en la historia de estos pueblos. Para Burundi, la barrera étnica se agudizó a partir de 1965. En efecto:
" Es en 1965 que la etnización de la vida política explota, cuando después de las elecciones de mayo, los hutus ( del UPRONA como del PP) ocupan 23 escaños sobre 33 en la asamblea nacional. A consecuencia de una maniobra de algunos políticos tutsis, y de la corte real de ignorar el verdicto electoral, una tentativa de golpe de estado hutu fracasó; es el fin de la participación de los hutus en el poder político. Hasta 1988, UPRONA, partido único desde 1966, se convertirá con el ejército, en el instrumento de la monopolización del poder entre las manos de los tutsis y progresivamente de tutsis-hima de Bururi en particular"(45).
Como antecedente a esta fecha fatídica, una serie de provocaciones, desde las ejecuciones sumarias de más 200 hutus(46) en 1969 pasando por la parodia judicial(47) de 1971, la situación de Burundi era un auténtico polvorín. Siguiendo el esquema conocido de "provocación-reacción-represión", la primera explicación que se difundió por la radio de Burundi fue que " los partidarios de Ntare -internado desde el 30 de marzo 1972- habían venido a liberarle por fuerza, y que incluso ése había sucumbido durante el combate". Más tarde declaró que Ntare había sido condenado por el consejo de guerra y que había sido ejecutado. Pero para los conocedores de la política de Burundi, "no era la primera vez que Micombero, bajo pretexto de un complot más o menos imaginario, barría de su camino a oponentes difíciles o rivales en potencia. Los mismos hechos se habían ya producido en 1969 y en 1971"(48). El contexto pues de este genocidio es una posible rebelión que atacó a Burundi desde el sur, de donde era Micombero. Sin extendernos a este "supuesto complot", reproducimos diversos testimonios para mostrar la monstruosidad a la que la mente humana puede llegar.
"En 1972, en la capital, los ministros hutus fueron arrestados desde el uno de mayo. Luego todos los hutus importantes: directores generales, sacerdotes, religiosas. La caza al hombre hutu fue lanzada en todas las provincias hasta las cárceles. Miles y miles de hutus se refugiaron en el Zaire, en Tanzania y en Rwanda. Fue el comienzo de ejecuciones sumarias y en serie. Todo hutu arrestado fue abatido sin juicio. Todo hombre o todo grupo tutsi con un cierto poder podía arrestar y matar. Hasta los militares hutus fueron víctimas. Las ejecuciones se hacían por fusilamento, estrangulamiento, por palizas, privación de agua y de comida, asfixiamiento en una sala común, acuchillamiento después de atar a uno, martillazos... Los desgraciados los hechaban en camiones para ser enterrados en fosas comunas"(49) " En 1972, las milicias tutsis compuestas sobre todo por los militantes de la JRR se ilustraron por la crueldad".
"Inmediatamente después del estallido de la insurrección, de los cuatro hutus ministros del gobierno dimisionario, tres fueron ejecutados sin proceso alguno. El cuarto, el ministro Ndayiziga, que se encontraba en Bruselas y tomó el primer avión para volver a su país, fue fusilado en el aeropuerto al momento de su llegada. Los 600 soldados hutus del ejercito nacional fueron todos fusilados. Ningún hutu oficial o empleado del gobierno permanece con vida. Toda la élite hutu ha desaparecido: ocho médicos, el personal sanitario de los hospitales, el 30 % de los sacerdotes, todos los profesores y estudiantes de la universidad, todos los profesores de enseñanza secundaria, 2.400 maestros, casi todos los empleados de oficina, numerosos obreros especializados, centenares de catequistas y casi la mitad de los alumnos de la enseñanza secundaria fueron asesinados como perros -a menudo despuès de horribles torturas-. Sólo los que pudieron huir a tiempo escaparon a la muerte". Testimonio de un diplomático (V.S. anexo 10).
"Los soldados penetraron en el hospital, arrancaron a los enfermos y a los heridos de sus camas, los golpearon ciegamente con las culatas de sus fusiles antes de acabar con ellos en medio de la calle. Durante semanas, dos helicópteros del ejercito ametrallaron toda reunión de tres o más hutus en provincias. Camiones continúan transportando montones de cadáveres. Fueron arrojados en fosas comunas y rociados de cal; excavadoras los cubrieron de tierra. En la región de Bururi, donde los rebeldes mataron algunos amigos y parientes del presidente, la represión fue particularmente cruel. Allí hay aldeas donde ningún hutu sobrevivió al paso de las tropas gubernamentales" Testimonio de una enfermera blanca (V.S. anexo 10-11)
" Rumores y acusaciones no probados bastan para provocar arresto de millares de personas. Los arrestos van inevitablemente seguidos de ejecuciones. De este modo se pone a menudo fin a una antigua rencilla y se arreglan las cuentas con enemigos personales. La delación y la denuncia están al orden del día. Cada hutu está expuesto a falsas acusaciones. Toda acusación conduce a la muerte. Escolares han redactado listas de sus condiscípulos que han sido después arrestados y apaleados hasta morir". Testimonio de un hombre de negocios extranjero (V.S. anexo 11).
"La expedición de castigo tras la insurrección abortada tomó forma de exterminación masiva y sistemática de los hutus en la provincia de Gitega. Primeramente fueron arrestados cuatro sacerdotes, después los responsables de las organizaciones cooperativas de la capital, así como los maestros y directores de las escuelas primarias de Gitega, Nyabiraba, Nyabikere y otros lugares. Todos fueron ejecutados. Le tocó entonces el turno a los alumnos hutus del ateneo, de la escuela normal y del colegio de Gitega. No se volvió a ver a ninguno de los arrestados. En fin, toda la población masculina de las colinas de Nyabikere y de Nyarusange fue arrestada y ejecutada sin proceso. Centenares de viudas han quedado en la mayor miseria. Se tiene la impresión de que las autoridades judiciales responsables persiguen premeditamente el exterminio de todo hutu que haya llegado a un cierto nivel de desarrollo intelectual y social, y que significa por este hecho, para el futuro, un peligro para la hegemonía de los tutsis. Paralizados por el miedo y sin medios de defensa, los supervivientes hutus, desesperados, esperan la muerte". Una noticia( del 7 de junio) de la provincia de Gitega (V.S. anexo 11-12).
"En cuanto a mi, perdí a 12 hutus que, después de una formación de muchos años - en parte en el extranjero- , conocían perfectamente su oficio y no podrán ser reemplazados antes de años. Sus casas y sus bienes, incluso la ropa de las viudas y huérfanos supervivientes, fueron confiscados. Las autoridades prohibieron pagar a las viudas el sueldo todavía pendiente. Un misionero que ayudó a estas familias en su amarga angustia fue expulsado. Estoy completamente seguro de que ninguno de mis empleados estaba mezclado en la insurrección". Testimonio de un director de una empresa en Bujumbura (V.S. anexo 12).
"Los extranjeros no aprueban las salvajadas de los verdugos gubernamentales, como, tampoco podían aprobar los crímenes de los rebeldes. Está usted llevando a cabo la esterilización de una raza y, a través de ella, de todo un pueblo. Solamente los "puros" ( o sea algunos de los tutsis) tienen el derecho de sobrevivir y gobernar(...). Se puede hacer callar a los vivos, pero no se puede ahogar la voz de los muertos. No ha podido usted siquiera ahogar la voz de estos prisioneros cuyos aullidos hemos oído". Extracto de un misionero francés, el canónigo Picard, al presidente Micombero ( V.S. anexo 16).
Menos emocional pero muy valiente fue la toma de postura de los superiores de los Institutos misioneros extranjeros que, en una nota confidencial del 24 de mayo, recordaron con franqueza a los obispos su deber. Evidentemente, no todos los obispos aceptaron esta advertencia con humildad y el documento llegó inmediatamente a manos del gobierno. Como represalia, el gobierno de Micombero expulsó a todos los que habían firmado la nota. Pero sus palabras valientes no podrán jamás ser borradas de la sombría historia burundesa. Salvaron el honor de la Iglesia. He aquí un resumen de este importante documento: Después de condenar -uniéndose a la inmensa mayoría de ambas razas-, la insurrección y admitir la necesidad de castigar a los culpables, los Superiores de misiones denuncian sin ambigüedad el genocidio cometido contra los hutus, genocidio silenciado por el episcopado y el gobierno. Los Superiores de los Institutos Misioneros extranjeros condenan los hechos siguientes:
- Los millares de ejecuciones ilegales fuera de la zona de combate
- La ejecución sin proceso judicial de sacerdotes, religiosos y laicos
- Las torturas inimaginables que padecen los prisioneros
- El asesinato masivo de los que buscan refugio en los edificios de las misiones
- Las ejecuciones de heridos en los dispensarios y hospitales
- Los arrestos y ejecuciones masivas de alumnos de las escuelas secundarias
- El saqueo sistemático de las viudas y huerfanos
- La ausencia total de asistencia espiritual a los ejecutados y la débil reacción de la jerarquía contra esta grave omisión
- La provocación intencional de disturbios en las escuelas con el fin de encontrar con ellos un pretexto para las ejecuciones
Recuerdan que la Iglesia condena toda discriminación racial. Declaran que no pueden trabajar en una Iglesia que, sin protestar, permite que la inmensa mayoría de la población sea excluida de la enseñanza y de la promoción social. Predicen que los hutus no perdonarán jamás a la jerarquía por haber asistido como espectadora muda a la exterminación de su élite. Constatan con amargura que estas atrocidades son cometidas por una élite cristiana, y que ciertos "buenos cristianos" no vacilan en decir: "Si queremos eliminar una raza, es asunto nuestro". Llaman la atención sobre el hecho significativo de que relativamente pocos cristianos tutsis protestaron contra la exterminación de los hutus y de que las mejores reacciones por parte de los tutsis no vinieron de la élite sino del pueblo sencillo. Concluyen solemnemente: "Es una hipocresía y un sacrilegio celebrar la Eucaristía en una asamblea donde impera el odio y un clima de injusticia. La Iglesia debería volver a entrar en un estado espiritual de catecumenado y conversión, a través de una reevangelización en profundidad (...) Deseamos que la jerarquía a la cual está dirigida esta nota, tome una postura firme y sin ambiguëdades respecto a estos acontecimientos, y que intervenga eficazmente cerca de las autoridades. Resumen de la nota confidencial del 24 de mayo. (V. S. anexos 21-22).
"Con el ejercito del presidente Micombero en el poder, un régimen de apartheid con carácter étnico se instauró en Burundi. Desde luego las elecciones en el sentido del término fueron prohibidas. Se suprimió el parlamento. El aceso al poder se hará mediante golpes de estado, mientras el acceso a puestos de responsabilidad y a los puestos subalternos se harán por nominaciones arbitrarias. "Igual que durante la monarquía absoluta precolonial, la administración local fue confiada solamente a los tutsis, como la justicia y la dirección del ejército. La condición de los hutus durante la república de Micombero sera peor que durante el tiempo colonial. Para favorecer a los únicos tutsis, el reclutamiento y las nominaciones en la administración se harán a partir de esta fecha bajo criterios étnicos y no bajo el mérito y la competencia. Todos los puestos importantes desde la cumbre hasta la base eran ocupados por los tutsis. Todos los comandantes de las unidades militares eran tutsis. La gestión del Estado se había convertido en asunto étnico"(50). "El advenimiento del capitán Micombero marca progresivamente la ocupación del Estado por los Tutsis-hima, por la región de Bururi, por el ejército y por una pequeña burguesia dedicada a endurecer el sistema monárquico"(51). Como se ve los testimonios son muy elocuentes. Desde el primer golpe de Estado militar, protagonizado por Micombero, los tutsis-hima de Bururi se fueron pasando el poder apartando cada vez al resto de la sociedad y de una manera escandalosa marginando e intentando de exterminar - igualar las etnias- a los hutus. Refiriendose a esta posición del poder, algunos prefieren hablar de la "revolución del palacio". Micombero fue derrocado por Bagaza, que se ilustró en perseguir a la Iglesia y en la tutsificación del ejercito. Este fue derrocado por Buyoya, quien perdió las elecciones democráticas de 1993, pero que se impuso por la fuerza de las armas, volviendo al poder mediante golpe de Estado militar el 25 de julio de 1996. En una reunión celebrada en Washington el día 16 de enero de 1997 para tratar la cuestión del "después de Mobutu", se hizo alusión al problema de Burundi. Resulta curioso el hecho de que las cancillerias occidentales en general consideren al golpista Buyoya como un moderado olvidando que el pueblo se pronunció contra él durante las elecciones democráticas de 1993. Si fuese realmente moderado y deseoso de la reconciliación y de la paz, hubiera ayudado a Silvestre su predecesor y no aceptar encabezar el golpe de Estado. El reconocimiento de Buyoya como dirigente de la nación por los gobiernos occidentales, la manera de tratar con frialdad los temas de la Región de los Grandes Lagos, explican una vez más la complicidad y los intereses en juego de algunas potencias que a lo mejor la gente de a pie no conoce.
El FRODEBU (Frente para la Democracia en Burundi), aceptó entrar en esta competición. Mientras Buyoya contaba sobre los treinta años del partido UPRONA en el poder, con todos los medios materiales y financieros que el Estado le proporcionaba, Melchior NDADAYE contaba con la mayor parte de la población rural explotada y excluida de la cosa pública. Su objetivo era operar cambio e instaurar la igualdad de todos los hijos de la nación ante la ley.
Con la victoria del FRODEBU, el mundo entero se felicitó por la victoria del pueblo sobre la dictadura militar. Mientras Buyoya reconocía su derrota, los seguidores suyos se apresuraban en asfixiar la democracia naciente(53). Y no tardaron en eliminar la esperanza del pueblo, matando al Presidente Melchior Ndadaye y a sus proximos colaboradores de los cuales destacan: Pontien KALIBWAMI (Pesidente del Parlamento), Gilles BIMAZUBUTE (vice-Presidente del Parlamento), Juvenal NDAYIKEZA (Ministro del Interior), Richard NDIKUMWAMI (Secretario General de la Seguridad Nacional). Según el informe de la ONU sobre el asesinato del presidente, es la cúpula militar junto a otros políticos que veían sus privilegios amenazados que cometieron este magnicidio.
Desde el golpe de Estado del 21 de Octubre de 1993, la oposición desencadenó una serie de medidas para que el país fuese ingobernable. A parte de la caza al hombre por el ejercito monoétnico en connivencia con las milicias llamadas los "sin fracaso" convirtiendo las grandes ciudades en "tutsilandia", apostaron además por el terrorismo adoptando la estrategia de ciudad muerta para paralizar la vida pública.
Ante esta situación, algunos hutus y algunos tutsis en desacuerdo con la ideología de los golpistas, se agruparon entorno a Leonard NYANGOMA y a Christian SENDEGEYA (un hutu y un tutsi) y organizaron una forma de resistencia, fundando el Consejo Nacional para la Defensa de la Democracia (CNDD) y su rama armada Fuerzas para la Defensa de la Democracia (FDD). Desde el asesinato del presidente hasta hoy, la violencia y las masacres continúan. Aprovechamos para lanzar un SOS para el pueblo burundés completamente desolado y abandonado a la suerte del verdugo. Que cese la venta de las armas en nuestra Región, que la Comunidad Internacional intervenga para desarmar las milicias y formar un ejército nacional que incluya todos los componentes sociales para defender la nación y no una etnia. Aunque parezca una utopía, el desarme y la desmilitarización del país podrían ser una de las soluciones duraderas.
Una vez conseguido el poder, el Frente Patriótico Rwandés no se contentó con esto, sino que continuó persiguiendo a los refugiados hasta en el Zaire(54). Montó una campaña de intoxicación ante la Comunidad Internacional, diciendo que los refugiados cerca de la frontera constituían una amenaza, y que las milicias y el ejercito derrocado, las ex-FAR ( Fuerzas Armadas Rwandesas) intimidaban al resto de los refugiados, impediéndoles de regresar a Rwanda. ¡Vaya falsedad y mentira! En una de las cartas del arzobispo de Bukavu Monseñor Munzihirwa Christophe, dirigida al ex presidente de Estados Unidos Jimmy Carter, podemos ver que la razón fundamental que impedía el regreso de los refugiados era la inseguridad que reinaba en Rwanda. En efecto, "legalmente los refugiados rwandeses en el Zaire deben volver a Rwanda. Y el Zaire pide ese retorno en base al derecho. Pero - se pregunta el arzobispo- ¿ Cómo lo podrían hacer actualmente sin el riesgo de perder la vida? Masacres y desapariciones -continúa el Prelado de la Iglesia Católica- de una amplitud considerable han tenido lugar actualmente en Rwanda. Algunas personalidades rwandesas que han dejado el país últimamente han alertado a la opinión internacional. Nosotros sabemos de fuentes seguras que varios oficiales del Ejercito Patriótico Rwandés ( APR) con base en Akagera y protegidos por el poder están encargados de desapariciones de personas operando en toda la extensión del territorio. Esta planificación de las desapariciones y masacres se encamina con prioridad hacia los intelectuales hutus (...) como se hizo en Burundi en 1972 y continúa haciéndose"(55). El gobierno de Kigali llegó a intoxicar a la población zaireña, diciendo que los refugiados rwandeses querían conquistar y quedarse con la región del Kivu. Era una proyección psicológica de lo que había tramado hacía tiempo. Efectivamente algunos zaireños se lo creyeron y el gobierno zaireño en colaboración con el ACNUR, tomaron medidas drásticas desde la disminución de la ración alimenticia y de los medicamentos hasta prohibir toda actividad comercial y cultural en los campos para forzar el regreso de los refugiados. No olvidemos que del 19 al 26 de agosto de 1995 hubo repatriamiento forzado en unas condiciones inhumanas y que campos enteros como Hongo y otros desaparecieron. De estos que fueron repatriados por fuerza, nadie supo después su suerte. Finalmente, esta política fracasó como otras.
Quedaba entonces para los rwandeses y sus aliados utilizar a los "banyamulenges" -sinónimo de tutsi- para atacar al Zaire. Al inicio de la guerra, Rwanda negaba rotundamente su implicación en esta agresión contra el Zaire, pero somos testigos de los bombardeos desde Cyangugu a la ciudad de Bukavu las noches de 22 al 24 de septiembre 1996. El jefe de los rebeldes Laurent Kabila es un oportunista y un marioneta. Si el objetivo de la ofensiva era desmantelar los campos de refugiados y matar el mayor número posible para vengarse, por qué la guerra continúa. Este objetivo está ya conseguido. Detrás de esta guerra se esconde otros objetivos y sobre todo otros intereses en juego entre la francofonía y la anglofonía(56). La implicación de las Grandes Potencias como por ejemplo los Estados Unidos ha sido denunciada con pruebas por el arzobispo asesinado: "los Estados Unidos aportan una ayuda financiera y militar importante a Kigali. Se sabe que 50 instructores americanos contribuyen a la formación de los soldados del Ejercito Patriótico Rwandés. Y Vd. -se trata de Jimy Carter- ciertamente lo sabe, es la logística y el material americano con el que los soldados del APR atacaron, en la noche del 6 al 7 de noviembre, a los pobres nativos hutus que viven en la isla de Iwawa- y pregunta-: ¿Cómo juzgar esta ayuda de los Estados Unidos empleada en la masacre de poblciones civiles inocentes? ¿Cómo justificar esta ayuda americana a un régimen político que practica una gestión del poder totalitario - en flagrante violación de los acuerdos de Arusha- imponiendo el terror y planificando masacres?"(57). Cabe pensar que lo mataron por su compromiso por los más olvidados y por su claridad.
Estos factores junto a la crisis(60) politico-económico que atraviesa el Zaire, la complicidad de la Comunidad Internacional, el levantamiento del embargo sobre las armas en Rwanda por el Consejo de la Seguridad de la ONU, son factores que a nuestro parecer habría que tener en cuenta a la hora de plantear una posible salida a la crisis de la Región de los Grandes Lagos.
38. El famoso "plan Simananiye" fue denunciado por el comandante NDAYAHOZE, Martin, minstro de Información entonces en su Rapport politique nº 093/100/ CAB/ 68. Ver también TINA, Noveri, Burundi requiem per Abele, Dehoniane, Bolonia
39. REYNTJENS, F., Op. Cit., p.13
40. KIRARANGANYA, B., Op. Cit.p 35
41. Ibid. p.34
42. Id. p 62
43. Cf. GUICHAOUA, A., Op. Cit., p 56
44. Id. p 37
45. REYNTJENS, F., Op. Cit., p 23
46. Cf. THIBON, CH., "Les origines de la violence politique au Burundi", en Studia africana 5(1994).
47. Se trata de un complot organizado por 25 tutsi encabezado por Ntungumburanye Jérôme contra el presidente Micombero. Los 25 fueron encarcelados y 9 de ellos fueron sentenciados a muerte. Sin embargo, Micombero les perdonó la vida a xcepción de Ntungumburanye. Este permaneció en la cárcel hasta 1976 para ser embajador de Burundi en Bruselas. Este funcionamiento del sistema judicial demostró una vez más la inegalidad de los ciudadanos burundeses ya que los hutu acusados del mismo delito en 1965 y en 1969 fueron ejecutados sin piedad.
48. Cf. VAN STRAATEN, W., Burundi. Relato de un prisionero, Ayuda a la Iglesia necesitada 2 (1072) 17. De aquí en adelante V.S. +página en el texto.
49. MANIRAKIZA, M., Op. Cit., p130
50. NDARUBAGIYE, L.,Op. Cit., pp 27-28
51. REYNTJENS, F., Op. Cit., p 36
52. Referente al golpe de Estado del 21 de octubre 1993 y el asesinato del presidente Ndadaye, ver el resumen de los tres días fatídicos en REYNTJENS, F., Rwanda. Trois jours qui ont fait basculer l'histoire, Cahiers Africaines 16(1995), L'Harmattan pp 93-115. Ver también GENISSIEUX, A., et THIBON, C., "Burundi: amagume, l'impasse" en, AA VV, L'afrique politique 1996. Démocratisation: Arrêts sur images, Karthala 1996.
53. De hecho varios golpes de estado avortaron hasta la fecha fatídica del 21 de octubre de 1993 para todo el puebo burundés
54. Cf. Association des groupes de défense des Droits de l'homme et des Forces vives du Sud-Kivu, Lettre ouverte de protestation au gouvernement rwandais et au pouvoir militaire de Kigali suite aux massacres des réfugiés au camp de Birava, Bukavu 13 avril 1995.
55. MUNZIHIRWA, Christophe, A propos de la recherche de solutions au problèmes des réfugiés rwandais, carta dirigida al Jimy Carter ex presidente de Estados Unidos.
56. Por lo que se refiere a Inglaterra, ver "La main britannique derrière l'horreur du Rwanda", artículo publicado en la revista de los cuadros de servicios secretos ( EIR) de Gran Bretaña por David Hammer y Linda de Hoyos el 19 de agosto de 1994. Ver también STRIZEK, H., "Le contexte international des crises en Afrique des Grands Lacs", en Dialogue 194 (1996) 5-12
57. MUNZIHIRWA, CHR., art. cit.
58. Centesimus annus nº 5c
59. MOLTMANN, J., La justicia crea futuro. Política de paz y ética de la creación en un mundo amenazado, Sal Terrae 1992 p. 61
60. Sobre la crisis zaireña ver: MATALA KABANGU, T., "Causas e implicación de la crisis en la región de los Grandes Lagos", en Tiempo de paz 42 (1996) 5-14