Carta al Secretario General de la ONU referente al informe de la Comisión de Investigación Independiente de la ONU sobre el genocidio ruandés de 1994


Congrès Démocratique Africain (CDA)
Bélgica
21.12.99


Señor Secretario General:

Hemos leído con mucha atención el informe de la comisión de encuesta independiente sobre el papel y las responsabilidades de las Naciones Unidas en el genocidio ruandés de 1994. Se trata, sin duda alguna, de un paso importante en la comprensión de la tragedia ruandesa. De hecho era evidente que el conflicto ruandés, que culminó en el genocidio de 1994 y que extiende sus ramificaciones a todas la región de los Grandes Lagos, revelaba tres dimensiones: una dimensión interna, otra regional y otra internacional. Por ello, nos preguntábamos por qué los análisis del mismo se limitaban a la sola dimensión interna, e incluso parcialmente, sin situar el conflicto en su contexto regional y ocultando el papel y las responsabilidades de la comunidad internacional.

El informe de la Commisión de investigación independiente ha puesto de relieve la pesada responsabilidad directa e indirecta de la comunidad internacional en el genocidio ruandés; habla acertadamente del fracaso de las Naciones Unidas en Rwanda. De hecho, sin una falta de voluntad política de los principales actores internacionales, el genocidio no habría tenido lugar. La retirada de las tropas de la MINUAR, decidida por el Consejo de Seguridad al inicio de las matanzas, ha sido considerada como un rechazo deliberado a asistir a persona en peligro, como si la comunidad internacional hubiera decidido abandonar al pueblo ruandés a merced de los asesinos, cuando le correspondía garantizar su seguridad. Ahora bien, una intervención rápida de la MINUAR, y dado el caso con el concurso de tropas occidentales (USA, Bélgica, Francia, Italia) presentes en la subregión, habría detenido las masacres. Y en esta misma lógica de no asistencia a un pueblo en peligro, incluso iniciativas ulteriores tendentes a enviar nuevas fuerzas internacionales para hacer respetar el alto el fuego e interponerse entre los beligerantes, fueron combatidas por miembros influyentes del Consejo de Seguridad.

La historia le agradecerá el haber contribuído creando una comisión de investigación independiente a la comprensión del drama ruandés y a la búsqueda de una solución justa y durable en los conflictos asesinos que llenan de duelo la región de los Grandes Lagos. En nombre del CDA, me gustaría expresarle mi profunda gratitud por el coraje y la honestidad que ha demostrado y garantizarle mi apoyo para la puesta en práctica de las recomendaciones que hace la Comisión, en concreto, las relativas a la instauración de mecanismos de prevención de genocidios y violaciones de derechos humanos, así como a aquellas orientadas a apoyar al pueblo ruandés en el camino de la reconstrucción, reconciliación y respeto de los derechos del Hombre.

El informe ha puesto también en evidencia la responsabilidad de otros actores políticos (EE.UU., Gran Bretaña, Francia, Bélgica, Canada, O.U.A, Uganda, Tanzania, Burundi y Congo-Zaire). Sería deseable que a semejanza de las NN.UU., de Francia y de Bélgica, los otros actores procedieran sin complacencia a analizar sus propias responsabilidades en la tragedia ruandesa y sus repercusiones sobre las poblaciones de los Grandes Lagos. De este modo se haría luz sobre la tragedia ruandesa en sus tres dimensiones, nacional, regional, internacional, y las responsabilidades de los diferentes intervinientes quedarían precisadas y el Tribunal Internacional para Rwanda podría estar mejor ilustrado.

Señor Secretario General,
Dado que la ONU se ha comprometido en la búsqueda de la verdad y la información del público sobre los crímenes y las graves violaciones de los derechos del hombre de las cuales es víctima el pueblo ruandés, convendría también clarificar su posición respecto de la no-publicación de las conclusiones del "Informe Gersony" y de la falta de seguimiento del "Informe Roberto Garreton".

En lo concerniente al Informe Gersony, usted recordará que entre el 1 y 15 de septiembre de 1994, con vistas a estudiar las vías y medios suceptibles de acelerar la repatriación de más de 2 millones de refugiados ruandeses que habían huido de Rwanda tras la toma del poder por el FPR, el señor Gersony realizó un estudio a cuenta del Alto Comisariado de las Naciones Unidas para los Refugiados. Durante esta misión, el Sr. Gersony adquirió la convicción de que el FPR se había entregado a "matanzas y persecuciones manifiestamente sistemáticas de la población hutu en ciertas partes del país". El análisis de los hechos y conclusiones, tras ser comunicados al Secretario de la ONU y al Gobierno de EE.UU., no se dió a conocer a la opinión pública ruandesa e internacional y siguen bajo embargo.

Respecto del seguimiento del "Informe de Roberto Garreton" y del "Informe de las Naciones Unidas de la misión conjunta encargada de las encuesta sobre matanzas y otros atentados contra los derechos del hombre que tuvieron lugar en el Este del Zaïre desde septiembre de 1996 en aplicación del párrafo 6 de la resolución 1997/58 de la Comisión de los derechos del hombre", usted recordará lo que los dos informes afirmaron: "No puede negarse el caracter étnico de las matanzas (...) Según opinión preliminar de la misión conjunta... podrían constituir actos de genocidio".

Sobre esto, el Consejo de Seguridad había ordenado al régimen ruandés y a la rebelión congoleña victoriosa, ambos sin embargo autores de estos crímenes, que persigan a los responsables. Incluso habá pedido al Secretario General que evaluara trimestralmente la ejecución de su decisión, que le informara de ello y le porpusiera medidas adecuadas para la represión de tales crímenes.

Si manifiestamente, no podíamos esperar que los dos Gobiernos incriminados hicieran justicia contra sí mismos, por el contrario, es incomprensible que, teniendo en cuenta la gravedad de las violaciones de los derechos del hombre en esta región, hasta hoy día el Consejo de Seguridad no haya adoptado sanción alguna contra los autores de dichos crímenes. Si las Naciones Unidas están verdaderamente decididas a combatir los crímenes contra la humanidad y las otras violaciones graves de los derechos del hombre, deben resolver diligentemente esos dos litigios que dependen de ellas.

Señor Secretario General,
Estamos preocupados por las tentativas de recuperación para fines partidarios y explotación indecente de sus tentativas en favor de la paz y de la verdad en Rwanda. Algunos querrían que usted fuera a Kigali a pedir perdón al Gobierno ruandés por las faltas y errores cometidos por la organización de las Naciones Unidas. El mismo régimen ruandés a través del Ministro de Estado de la Presidencia de la República se ha manifestado en el mismo sentido. La petición de perdón es por naturaleza un acto de gran generosidad y audacia política que saludaríamos gustosos. Sin embargo es al pueblo ruandés a quien hay que pedir perdón y no a sus verdugos, si no el gesto perdería su valor.

En efecto, el régimen del FPR y el anterior del MRND, son coresponsables del genocidio ruandés de 1994 y deberían responder por ello ante el TIPR (...) Además de los crímenes relatados por Gersony y Garreton, pesadas sospechas recaen sobre el FPR por haber derribado el avion presidencial, hecho que fue el detonante del genocidio. Está establecido que rompió el alto el fuego la mañana del 7 de abril. En su avance militar diezmó las poblaciones de Byumba y de Kibungo, más de 40.000 cadáveres recientes fueron encontrados en el lago Victoria. El 8 de abril intimó a las fuerzas francesas y belgas para que se largaran en un plazo de 48 horas, si no querían ser consideradas como fuerzas hostiles. Rechazó una tregua ofrecida por el alto mando de las FAR el 12 de abril, a fin de parar las matanzas de personas civiles. Se opuso el 30 de abril a las iniciativas de la ONU de envío de tropas internacionales, con el pretexto de que el genocidio ya había terminado. Cegado por la victoria militar y por las perspectivas de acceder al poder sin tenerlo que compartir, el FPR sacrifico fría y conscientemente a los tutsi del interior y a los opositores al régimen.

En estas condiciones, pedir perdón a semejante régimen sería considerado como querer deliberadamente encubrir sus exacciones, como una injuria al pueblo ruandés, a las vìctimas del genocidio, de las matanzas y del combate en favor de la democracia. Antes bien, usted realizará un obra útil si exige al Tribunal Internacional para Rwanda que abra sin tardanza procedimientos judiciales contra las personalidades civiles y militares del régimen actual que se han hecho culpables de graves violaciones de los derechos del hombre y de crímenes contra la humanidad, tanto en Rwanda como en el Congo-Zaïre.

Señor Secretario General

Estamos persuadidos de que si las Naciones Unidas y la Comunidad Internacional quieren contribuir a la reconciliación nacional, a la reconstrucción y a la edificación de un Estado de derecho respetuoso de los derechos del hombre, deben ayudar a los ruandeses a reconstituir toda la verdad sobre el drama, por medio de una Comisión de la Verdad y de la Reconciliación. Tal iniciativa conduciría a los ruandeses a enfrentarse a sus propias responsabilidades y a encontrar una respuesta política e institucional viable, susceptible de garantizar la participación política y la seguridad de todos los ciudadanos. Se escaparía así de los caminos peligrosos de la globalización de la culpabilidad genocida entre grupos étnicos. Estamos disponibles para proponer los términos de referencia. El final de éste proceso de verdad, reconciliación y ofrecimiento de garantías mútuas en que las Naciones Unidas habrían facilitado y acompañado el avance, sería ciertament el momento indicado para ellos de pedir perdón al pueblo ruandés.

Agradeciendole la atención que querrá prestar a esta materia, le rogamos acepte, Sr. Secretario General la expresión de nuestra más alta consideración.

Dr. Dismas NSENGIYAREMYE
Coordinador del Congrès Démocratique Africain