CAMPAÑA PARA EL FIN DEL GENOCIDIO, PARA LA DEMOCRACIA Y LA RECOCILIACION EN LA REGION DE LOS GRANDES LAGOS AFRICANOS



En la región de los Grandes Lagos Africanos, los grandes aliados de la administración norteamericana, LOS DICTADORES TUTSIS EXTREMISTAS DE UGANDA, RUANDA Y BURUNDI, CONTINÚAN EJECUTANDO UN GENOCIDIO DE ENORMES PROPORCIONES CONTRA SUS PROPIOS PUEBLOS, EN LOS QUE LA ETNIA HUTU ES AMPLIAMENTE MAYORITARIA, en el más absoluto vacío de informaciones e imágenes. Las estrategias usadas en estos últimos años en la conquista de los recursos y los mercados de esta región son muy semejantes a las desplegadas en Latinoamérica durante las últimas décadas, aunque perfeccionadas. Se ha "mejorado" especialmente todo lo referente al embargo de informaciones y imágenes, que están consiguiendo que sea casi absoluto. En Africa aún son posibles barbaries que ya no lo son en Latinoamérica.

1. EEUU A LA CONQUISTA DE AFRICA

A comienzo de 1996, Ronald Brown, secretario de comercio de EEUU, explicitaba públicamente lo que para muchos observadores empezaba a ser ya una evidencia: "La era del dominio económico y de la hegemonía comercial de Europa en Africa ha terminado. Africa nos interesa". Esta conquista económica y comercial era algo que a algunos nos parecía inevitable, dado el derrumbe de la otra gran potencia, la Unión Soviética, y el debilitamiento político de las metrópolis coloniales europeas, que en la conferencia de Berlín se habían repartido Africa. Pero lo que no esperábamos era tal barbarie en su ejecución. O si se quiere decir de otra manera (ahora que la administración norteamericana culpa sólo a Pinochet, Videla, etc. de los "excesos" en la ejecución del plan global que ella misma había elaborado y coordinado), lo que no esperábamos es que la administración norteamericana y las multinacionales se aliasen de nuevo con genocidas tan crueles como Museveni, Kagame o Buyoya. Pero es cierto que sin ellos nunca hubiesen podido llegar a esa hegemonía, o no lo hubiesen hecho tan rápidamente.

Los responsables de la administración norteamericana presentan a los regímenes de Uganda y Ruanda como los dinámicos y prometedores gobiernos africanos emergentes. Sin embargo, a estas alturas ya deben ser conscientes de que la historia, una vez más, les pedirá cuentas por haber formado en sus escuelas de Fort Bragg y Fort Leavenwoth a estos genocidas (como antes había hecho en La Escuela de las Américas con los futuros dictadores latinoamericanos y otros 80.000 militares de esos países) y de haber participado en la planificación y ejecución de sus "rebeliones", que más bien pueden ser consideradas invasiones en toda regla. Estos "prometedores" líderes, al igual que Pinochet, Videla, etc., son verdaderos nazis. Con la imprudente prepotencia propia de todo nazi, se permiten hacer declaraciones como ésta de Museveni el 4.4.97: "Mi misión es la de encargarme de que Eritrea, Etiopía, Sudán, Uganda, Kenia, Tanzania, Ruanda, Burundi y Zaire lleguen a ser Estados federales bajo una sola nación....Lo que Hitler hizo para unificar Alemania, lo hemos de hacer también aquí. Hitler era un tipo inteligente". Su genocidio lleva camino de igualar al de su admirado ídolo.

2. LA TRAMA OCULTA

Todo lo sucedido en Latinoamérica durante estas últimas décadas no fue algo casual, sino el desarrollo de un elaborado y detallado proyecto. Sin embargo, en los primeros momentos parecía tratarse sólo de una serie de confusos e inconexos acontecimientos. Confusión inducida, ciertamente, desde poderosos imperios mediáticos. Ahora, en la conquista de la región de los Grandes Lagos Africanos nos encontramos aún en esa etapa inicial. Y aquellos que empezamos a ser conscientes de la trama que está oculta tras estos acontecimientos somos calificados de anti-norteamericanos y "radicales", cómplices casi de genocidio, por más que tengamos multitud de queridos compañeros de "lucha" precisamente en la misma sociedad norteamericana y que seamos seguidores fieles de los principios de la no-violencia. En los lugares mediáticos más estratégicos siempre aparece alguien que desde la supuesta profesionalidad y el supuesto saber, bien conscientemente o bien influido por el omnipresente "pensamiento único", desautoriza o ridiculiza a los "fundamentalistas" anti-norteamericanos.

Desde hace unos años la administración norteamericana tiene un proyecto bien elaborado para garantizarse, sobre todo, el acceso a los recursos mineros de la región. Para asegurar su ejecución la administración norteamericana eligió como gendarmes africanos a un extremista lobby de la etnia tutsi, los ha formado y los ha asistido en las conquistas de Ruanda y Zaire. Y en el ámbito internacional los ha protegido diplomática y mediáticamente, logrando que sus desmanes sean olvidados. Este proyecto ha sido definitivamente consagrado en 1997, en la cumbre del G-7 en Denver. El Congressional Blak Caucus, un grupo de representantes negros del Congreso norteamericano, ha calificado esta cumbre de "segunda Conferencia de Berlín". También ha sido en ella en donde Francia y los EEUU han acordado una política común, dejando aparte sus diferencias.

Al gran "obstáculo" que para este proyecto es la gran masa de la población, organizada en grupos políticos y armados, se ha añadido el "inconveniente" de que Kabila parece alejarse cada vez más de la órbita norteamericana. Es por ello que se le intenta adjudicar ahora el genocidio de los refugiados hutus en Zaire, genocidio que en realidad cometieron los elementos tutsis de la Alianza que "liberó" este país y cuya realidad fue durante año y medio reiteradamente negada. Pero la posición de Kabila se ha visto recientemente fortalecida por el apoyo militar que acaba de recibir de otros países de la región.

3. EL GENOCIDIO DEL 94

En Latinoamérica la gran coartada fue la defensa de la civilización cristiana y occidental frente a los siniestros marxistas, aunque un enorme número de víctimas fueran precisamente cristianos comprometidos en la lucha contra la injustícia, la miseria y la exclusión. En Africa la gran coartada ha sido y está siendo la de acabar con los terribles "genocidas-hutus", aunque la gran víctima del genocidio que no parece tener fin sea precisamente la etnia hutu, eliminada en un número muy superior al de la tutsi. La criminalidad de los "genocidas-hutus", incuestionable según la versión "oficial" masivamente difundida por la mayoría de los medios de comunicación, es la coartada maestra, aunque no la única, para masacrar ahora sistemáticamente a cientos de miles de civiles hutus indefensos. Todo lo que hoy se habla o escribe sobre esta región está irremediablemente referido al genocidio del 94.

Desde esta versión oficial no importa que durante siglos la aristocracia tutsi haya esclavizado y asesinado a sus pueblos. No importa que el FPR haya iniciado en 1990 una terrible invasión que, con el apoyo de Uganda y EEUU principalmente, ocasionó incontables matanzas y un millón de desplazados y refugiados. Que en los meses previos al estallido del 94 se haya asesinado a tres presidentes hutus. Que el mismo genocidio del 94 no haya estado dirigido sólo hacia los tutsis, sino hacia todos los oponentes. Que, ya el mismo 7 de abril, los tres batallones del FPR en Kigali iniciaran sus masacres. Que incluso entre los genocidas interahamwe hubiese cabecillas tutsis. Que haya suficientes indicios y testimonios de que el FPR necesitaba que la minoría tutsi, en la que se escuda, apareciese ante el mundo como la gran víctima, para lograr así la "burundización" del conflicto ruandés. (En 1972 en Burundi, bajo la presidencia del tutsi Micombero, el Plan Simbananiye proyectó la eliminación de miembros de su misma etnia, en una supuesta operación hutu de desestabilización, para justificar el asesinato masivo de hutus, especialmente de las élites. Se calcula que fueron masacrados 300.000 de ellos en menos de tres meses, con la activa colaboración de decenas de refugiados tutsis ruandeses). Nada de esto importa.

Es importante no caer en la trampa de identificar a los tutsis en general con esa élite extremista tutsi que es el FPR, que hoy controla todo el poder en Ruanda. Elite que desde luego no fue víctima en el genocidio del 94, sino más bien corresponsable, como mínimo, de éste. Y que después del 94 es la ejecutora de un sistemático y ocultado genocidio, que ya ha superado en mucho a aquel. En el la gran víctima es la etnia hutu, compuesta por millones de seres humanos, que no parece se puedan liberar ya de ese estigma colectivo de "genocidas", aunque sólo una insignificante minoría extremista sea realmente culpable. El obispo Munzihirwa, al igual que monseñor Romero, tres días antes de ser asesinado clamaba: "Pedimos a los lobbys tutsis que dirigen Ruanda y Burundi que dejen de organizar la desinformación a fin de engañar a la opinión internacional".

4. CORTINAS DE HUMO QUE DISTRAEN DEL PRESENTE

Centrándonos casi en exclusiva en la presente responsabilidad de EEUU no pretendemos en absoluto exculpar el gravísimo rol jugado anteriormente por las potencias coloniales europeas. Pero no queremos caer en la trampa de quienes encubren las complicidades que operan en el presente tras la denuncia de las ya pretéritas. Centrar la atención mediática sobre los dictadores caídos ya en desgracia es la mejor cortina de humo para ganar tiempo. Es una maquiavélica jugada para que la lucha por la justicia y los derechos humanos lleguen siempre tarde. La gran responsabilidad del genocidio que hoy se sigue perpetrando contra el pueblo hutu recae sobre las dictaduras tutsis y sobre el gobierno de los EEUU, por más que estas terribles intervenciones se hayan hecho siempre en nombre de los más grandes y nobles principios (liberar de las dictaduras, proteger a minorías oprimidas, etc.)

Por otra parte no todos los anteriores gobiernos en la región eran ni mucho menos dictaduras corruptas y asesinas como la de Mobutu. En Burundi miles de intachables demócratas hutus han sido vilmente asesinados por los extremistas tutsis golpistas. Los presidentes Ndadaye y Ntaryamira fueron los más significativos. En Ruanda al régimen de Habyarimana, también asesinado, se le han adjudicado todo tipo de corrupciones y crímenes. Cuando en la misma EEUU se asesina a presidentes, cuando el Pentágono y la CIA escapan sistemáticamente de todo control democrático y actúan como verdaderas organizaciones terroristas que violan la soberanía de otros países, ¿qué autoridad moral tiene el gobierno de este país para dictaminar cuales son malos o buenos gobiernos e intervenir militarmente de modo encubierto o descarado, no ya en misiones humanitarias en favor de miles de civiles indefensos, sino directamente en la política interna de estos países? Y en el mismo Zaire la "rebelión" no sólo acabó con el dictador Mobutu, sino también con los incipientes procesos democráticos tan arduamente construidos por los partidos de la oposición. Ni antes a los gobiernos europeos, ni ahora al norteamericano, les han interesado pueblos africanos políticamente maduros, dueños de sus propios destinos y de sus propios recursos. Si se hubiese apoyado a la sociedad civil, que en estos países lucha, con frecuencia heroicamente, por tomar las riendas de su propio destino, con la mitad de aportaciones financieras, logísticas, etc. que se han ofrecido a los dictadores, el respeto a los derechos humanos y la misma democracia en la región hoy no sería un futurible horizonte lejano.

5. CONSTRUIR UN FUTURO PARA TODOS

Por más que se intente hacer creer que el gran problema de esa región es el de la seguridad de la minoría tutsi, la realidad es bien otra. El comportamiento de las extremistas dictaduras tutsis, no se ajusta al de unas minorías en peligro, obligadas a autoprotegerse por todos los medios, sino más bien al de las élites opresoras que solo pueden mantener su dominio mediante la represión y el terror. Gobiernos elegidos democráticamente por mayorías abrumadoras, como el del presidente Ndadaye en Burundi, hicieron concesión tras concesión al extremismo tutsi y su ejército monoétnico. A pesar de todo, ese gran líder fue finalmente asesinado y mutilado salvajemente. También el presidente ruandés Habyarimana, tras múltiples concesiones al FPR en las conversaciones de Arusha, fue asesinado al retornar de ellas, junto al también presidente hutu de Burundi, Ntaryamira.

No hay más solución definitiva que la democracia. Por más que continuamente se emitan mensajes en el sentido de que la democracia no es para el continente africano, dada -según dicen- la particular estructura de sus sociedades, lo cierto es que jamás será posible la paz y la estabilidad en esta región sin que desaparezca la exclusión de esa inmensa mayoría que es la etnia hutu. Los dictadores tutsis lo saben muy bien. De ahí que una tan masiva eliminación de hutus, como la que se está haciendo en los últimos años, nos lleve a sospechar a muchos que el objetivo último de ella es el mismo que pretendía en el 72 el Plan Simbananiye, convertir la actual mayoría hutu -que hasta hace poco era el 85%- en una minoría. Pero después de que esta mayoría hutu ha detentado ya el poder, el retorno a la antigua esclavitud no será posible o sólo lo será por medio de los más brutales y expeditivos métodos. A pesar de la constante eliminación masiva y selectiva de los hutus, los movimientos de oposición política y armada son aún muy activos. Si se está creando un fuerte odio étnico y si a la misma etnia tutsi se la está poniendo en una situación de grave riesgo, los máximos responsables son los excesos de los extremistas tutsis y los cortos horizontes del beneficio inmediato que mueven a los poderes económicos a ellos aliados. Existen aún por el contrario, pese al asesinato de muchos de ellos, líderes moderados hutus capaces de asegurar el respeto a las minorías. La experiencia de Sudáfrica ha puesto en evidencia que con el fin del apartheid no tiene por que venir el caos, sino una mayor estabilidad. Finalmente la gran cuestión, intocable para los dictadores tutsis, es su absoluto control del ejército. Pero la democracia jamás será posible con unos ejércitos que no lo son del país, ni tan siquiera de la etnia minoritaria, sino de un pequeño y poderoso lobby . El presidente Ndadaye fue asesinado en el mismo momento en que pretendió dar a los hutus alguna participación significativa en el ejército. Y el otro gravísimo problema es el de una justicia totalmente parcial. Incluso el mismo Tribunal Penal Internacional de Arusha es, sencillamente, el tribunal de los vencedores. Impuesto por una resolución del Consejo de seguridad de la ONU, no fue constituido por voto de la Asamblea General. Quedan excluidos de su competencia todos los crímenes contra la humanidad y el genocidio perpetrados por el FPR y denunciados, entre otros, por el informe Gersony y Garretón, ambos de la ONU.

LLAMAMIENTO FINAL

Aquellos a los que nos resulta intolerable convivir con tanta injusticia y sufrimiento absurdo no podemos perder ya más tiempo. El objetivo de esta campaña es el de alertar a la opinión pública internacional (y a la norteamericana en especial) y presionar a las más altas instancias políticas mundiales (y a la administración norteamericana en particular) para impedir que ese proceso genocida y de brutal apartheid siga su curso. Hacemos pues un llamamiento a todas aquellas personas y colectivos que conocen o intuyen la verdad de cuanto acabamos de exponer y que tienen conciencia de que existen cuestiones ineludibles e innegociables, como es la obligación moral de denunciar y oponerse a cualquier genocidio. Nos dirigimos a todos aquellos que han apoyado nuestras anteriores acciones, a quienes en Latinoamérica han sufrido en su propia carne una injusticia semejante, a quienes tan admirablemente han luchado durante décadas para que esos genocidios no queden impunes, a quienes con el paso de los meses empiezan a comprender que la versión oficial no se corresponde con lo que está sucediendo en realidad. Llamamos también a unir esfuerzos a todos aquellos que trabajan en la misma causa.

Nos enfrentamos a un problema fundamentalmente político, ante el que las ayudas humanitarias, asistenciales o al desarrollo, o incluso las meras denuncias de las violaciones de los derechos humanos que evitan referirse a las motivaciones económicas y políticas últimas, no sólo son insuficientes, sino que tienden a convertirse en un analgésico que distrae a la opinión pública mientras el cáncer sigue avanzando inexorablemente. O lo que es peor, pueden convertirse en apoyo económico y reconocimiento internacional a dictaduras genocidas. En las próximas semanas decidiremos qué acciones vamos a emprender. Por ahora nos limitamos a dar la máxima difusión a esta campaña y a comprobar quienes y cuantos somos los que estamos dispuesto a trabajar en ella. Si Vds. desean participar de algún modo, rogamos se dirijan a alguna de las siguientes direcciones:

Inshuti (casbar@minorisa.es).
Fundación S´Olivar (vmascaro@pangea.org).

HACEN ESTE LLAMAMIENTO

Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nobel de la Paz (Argentina).
Pere Casaldàliga, obispo de Sao Felix do Araguaia (Brasil).
SERPAJ (Servicio Paz y Justicia) (Buenos Aires).
Araguaia, con el obispo Casaldáliga por las causas de la liberación.
Fundación S´Olivar d'Estellencs (Mallorca).
Inshuti, amigos de los pueblos de Rwanda y Burundi (Manresa).
Reagrupamiento para el Retorno de los Refugiados y la Democracia en Rwanda (RDR).
Comité de Ayuda a Burundi (Madrid).
Derechos Humanos de Mallorca.
Mima Sant Granados, socia de GRAMC (Teià, Catalunya).
Jordi Riera i Bas, socio d'EcoConcern (Teià, Catalunya)

Viernes 1 de enero de 1999