Situación actual en la región de los Grandes Lagos Africanos


Inshuti
Manresa
30.08.99


La aparente calma que se vive en el interior de Rwanda en estos momentos es debida a la guerra que mantiene en la R.D. del Congo. El intento fallido de Rwanda de derrocar a Kabila y la implicación de varios países en el conflicto ha conducido a un envío masivo de tropas ruandesas a combatir en territorio congoleño. A la vez, la guerrilla ruandesa o Ejército de Liberación de Ruanda (ALIR) ha desplazado sus efectivos a las provincias congoleñas del Kivu Norte y Kivu Sur para combatir al lado de las guerrillas mai-mai, con lo cual el interior de Rwanda está pasando por un periodo de paz, aunque el control férreo del ejército continúa en todo el país pero sin las masacres que fueron la tónica general hasta el pasado año, casi todas obra de los militares. Sin embargo, se están reclutando forzosamente a los prisioneros hutu para ir a combatir a la guerra del Congo, donde son obligados a batirse en la vanguardia de las posiciones del frente y si se retiran son abatidos por los oficiales tutsis.

Las cárceles ruandesas siguen llenas y se desconoce el número de prisioneros aunque seguramente deben ser unos 200.000, no solamente en las cárceles reconocidas oficialmente sino también en locales clandestinos. La justicia no funciona y la asociación IBUKA, formada por supuestas víctimas del genocidio, sigue actuando como un auténtico sindicato de delatores. Así mismo, en el noroeste del país, la población sigue obligada a vivir concentrada en campos donde apenas pueden cultivar y donde la alimentación y las medicinas escasean de manera alarmante. La dimisión de la Secretaria de Estado para Asuntos Interiores, la señora Beatrice Sebatware-Panda, obedece en buena parte a la situación crítica de los campos.

Con motivo del quinto aniversario del genocidio, se detuvo al obispo de Gikongoro, Msr. Augustin Misago, bajo la acusación de implicación en el genocidio, con lo cual se ha intensificado la persecución que la Iglesia católica viene sufriendo desde el acceso al poder del FPR en 1994. La reacción del Vaticano ha sido significativa.

Uno de los hechos más notorios de estos últimos meses ha sido la huida del país de Jean Pierre Mugabe, un tutsi ruandés editor del periódico "Le Tribun du Peuple", quien ha desvelado la corrupción del gobierno del Frente Patriótico Ruandés (FPR) en un artículo donde se detalla la malversación de fondos públicos por parte de los más altos cargos del partido, así como la concentración del poder en un núcleo duro entorno del hombre fuerte, el presidente del partido y vice-presidente del gobierno, el general Paul Kagame.

Cada vez está más claro que la clave de este enorme conflicto se encuentra en la interpretación que se haga de las terribles masacres de 1994, el llamado genocidio. Se está pidiendo desde hace tiempo una investigación sobre el hecho desencadenante de las masacres, el asesinato del presidente ruandés Juvénal Habyarimana. Aunque el relator especial de la ONU responsable de la investigación de los hechos, René Degni Segui, en una de sus conclusiones decía que pueden existir vínculos entre los autores del asesinato y los que planificaron las masacres, la ONU se resiste a la investigación y el FPR la bloqueó en su momento, mientras que los Estados Unidos no muestran ningún interés en ella. Si es tan claro que los hutus calificados de extremistas fueron los autores, ¿por qué ellos la piden, como han hecho 24 detenidos del Tribunal Internacional, y el FPR no?

En Burundi la actualidad se centra en las negociaciones de Arusha, donde el mediador, Julius Nyerere, acaba de manifestar su decepción por la falta de voluntad de las partes para llegar a un acuerdo. Se han formados tres bloques. El primero constituido por siete partidos, el principal de los cuales es el FRODEBU del presidente asesinado Melchior Ndadaye. El segundo bloque está formado por ocho partidos pequeños y el tercero por el Gobierno, la Asamblea Nacional y el UPRONA, partido del actual presidente golpista Pierre Buyoya.

La falta de resultados en las negociaciones burundesas está conduciendo a un recrudecimiento de las hostilidades. Así, el día 12 de este mes se ha producido una matanza de más de 180 civiles en manos de los militares al sur de Bujumbura. Los ataques de la guerrilla hutu de las Fuerzas de Defensa de la Democracia (FDD) están aumentando y ello provoca las represalias del ejército contra la población, tal y como ha sucedido recientemente en el mercado de Kanyosha, en Bujumbura.

Los campos de reagrupamiento de la población son aún una realidad en el norte de Burundi. Las condiciones de vida en estos campos son terribles y la población se ve sometida a todo tipo de abusos por parte de los militares, como se refleja en una llamada que hizo la población de Bubanza el pasado año.

En la R.D. del Congo, la atención se ha centrado últimamente en las negociaciones de Lusaka y en los combates entre tropas ruandesas y ugandesas en Kisangani, acontecimientos que están muy relacionados. La escisión de los llamados rebeldes del RCD, entre partidarios de Ernest Wamba dia Wamba y Emile Ilunga, obedece a dos estrategias distintas de plantear el conflicto. Mientras que los primeros han dado muestras de querer negociar con Kabila y han recibido el apoyo del presidente ugandés Museveni, Ilunga es el hombre que los ruandeses de Kagame han puesto al frente de la llamada rebelión, la posición de los cuales es más inflexible y utiliza métodos mucho más expeditivos, ya que todo apunta a que son los autores de las grandes masacres contra la población civil, en represalia ante los ataques de los guerrilleros mai-mai, si bien las tropas de Kabila han sido acusadas de una gran masacre de 300 civiles, realizada el mes de Enero en el noroeste del país. La repartición del pillaje de las riquezas minerales del Congo entre ugandeses y ruandeses alimenta también esta división, aunque detrás se adivinan los intereses de grandes multinacionales.

Los combates habidos durante este mes de Agosto en Kisangani obedecen a la voluntad de los ruandeses de imponer la facción de Ilunga como parte firmante de los acuerdos de Lusaka y no la de Wamba. Después de haber destruido el centro de Kisangani, las tropas ruandesas apoyadas por las burundesas han hecho huir a los partidarios de Wamba, que han contado con el apoyo de militares ugandeses. Inmediatamente después, la facción de Ilunga ha declarado que iba a firmar los acuerdos de Lusaka, cuando hasta ahora eran los únicos que se negaban a hacerlo. Aunque ahora dicen que firmarán conjuntamente con Wamba, después de los combates es indudable que la correlación de fuerzas en el interior del RCD ya no es la misma.

La aplicación de estos acuerdos de Lusaka serà muy difícil ya que no se ha considerado como parte a los representantes tradicionales de la población del este del país ni a la guerrilla mai-mai. Ni está nada claro como van a desarmarse las múltiples guerrillas que operan en el territorio. Ni se habla de justicia para las múltiples víctimas de las masacres habidas. Ni se resuelve como van a fusionarse los tres ejércitos contemplados cuando la parte principal de los militares de la RCD son ruandeses, burundeses y ugandeses. Ni se plantea, en fin, la ausencia de un Estado de derecho en Rwanda, Burundi y Uganda, mientras que se exige a la R.D. del Congo.